Naziha Al Idrissi : “La revuelta se extenderá en Marruecos”

Por Teo Navarro

El miércoles 28 de junio se cumplieron ocho meses del inicio del Hirak, el movimiento pacífico de protestas surgido tras la muerte de Mouhcine Fikri, un vendedor ambulante de 31 años, triturado por un camión de la basura en Alhucemas cuando intentaba recuperar la mercancía, el pescado, que le había confiscado la policía.

Naziha Al Idrissi (Alhucemas, 1969) tiene un hablar suave, calmado, que solo se quebrará y elevará unas notas en algunos instantes de la conversación, en aquellos en los que la marginación y la represión en su tierra, el Rif, se hace cuerpo y, a veces, nombre: el de las mujeres que pierden la vida en el parto en las zonas rurales por no poder acudir a un hospital; el de su primo muerto a mitad de camino cuando se dirigía a Oujda, a unas cuatro horas en coche, para recibir diálisis; el de su vecino cuyo hijo apareció calcinado, junto a otros cuatros chavales, en una sucursal del banco Chaabi en Alhucemas el 20 de febrero del 2011 y de cuyas muertes aún se desconoce casi todo; el de su amigo Mohamed el Mejaoui, detenido y pendiente de juicio por participar en el Hirak.

El miércoles 28 de junio se cumplieron ocho meses del inicio del Hirak, el movimiento pacífico de protestas surgido tras la muerte de Mouhcine Fikri, un vendedor ambulante de 31 años, triturado por un camión de la basura en Alhucemas cuando intentaba recuperar la mercancía, el pescado, que le había confiscado la policía. Ocho meses de revuelta que, para Al Idrissi, comenzaron, en realidad hace años. En 1958, tras la independencia de Marruecos de Francia y España.

“Los rifeños lucharon contra el colonialismo, español y francés. Y cuando llegó la independencia, si podemos llamarla así, la monarquía alauí excluyó a los rifeños de la administración. Ellos intentaron negociar, pero el gobierno les dio la espalda. Entonces, empezaron a manifestarse, subieron a las montañas. Y Marruecos en vez de sentarse a negociar, envió al ejército que cometió todo tipo de barbaridades, violaciones, saqueos, robos, vejaciones”, recuerda esta mediadora intercultural que llegó a Madrid en 2000, huyendo del miedo a la represión, con un bebé de cinco meses. Su marido, expreso político, había aterrizado un año antes.

“LOS RIFEÑOS LUCHARON CONTRA EL COLONIALISMO, ESPAÑOL Y FRANCÉS. Y CUANDO LLEGÓ LA INDEPENDENCIA, SI PODEMOS LLAMARLA ASÍ, LA MONARQUÍA ALAUÍ EXCLUYÓ A LOS RIFEÑOS DE LA ADMINISTRACIÓN”

Licenciada en Derecho, Al Idrissi terminó la carrera y las luchas estudiantiles en 1996, y comenzó a militar en Diplomados en paro, una organización que reclama la creación de empleo público para los licenciados y la erradicación de la corrupción y el nepotismo en los procesos de contratación. “Antes de que detuvieran otra vez a mi marido, pensamos que teníamos que salir, que buscar una oportunidad fuera”, explica, para añadir, a modo de justificación, tal vez demasiadas veces pedida, que optó por irse de Marruecos porque presa no podía aportar mucho al cambio social, pero libre sí.

Ahora participa en el Hirak de Madrid, una estructura informal de rifeños, y no rifeños, que intenta respaldar y dar difusión a las protestas. Gracias a las redes sociales los emigrantes –los exiliados– ven, casi en directo, lo que ocurre en las calles de Alhucemas, Imzouren, Nador, Midar y otras ciudades y pueblos del Rif  y se movilizan: comunicados, concentraciones delante de los consulados y embajadas, del Ministerio de Asuntos Exteriores, entrevistas en medios de comunicación y con partidos para recabar su apoyo.

Hasta ahora en España, cuenta Naziha en una terraza del madrileño barrio de Lavapiés, les han recibido Los Verdes, Podemos e IU. Los eurodiputados de estas dos últimas formaciones Marina Albiol y Miguel Urbán están preparando un acto en la sede del Europarlamento en Bruselas para el próximo 11 de julio, en el que contarán con miembros de distintas coordinaciones europeas de apoyo al Hirak, informa uno de sus responsables de prensa.

El grupo de Los Verdes solicitó a mediados de junio que el Parlamento Europeo emitiese una resolución de urgencia sobre la represión en el Rif y a favor de una “resolución pacífica de las tensiones”, pero fue rechazada.

“La UE se niega a tratar el tema del Rif. Tienen que olvidar sus intereses económicos y políticos. Tienen que velar por los colectivos y familiares de los rifeños”, denuncia Al Idrissi, que recuerda la gran presencia de la diáspora rifeña en países como Holanda y Bélgica o España. En su familia, por ejemplo, son ocho hermanos y cuatro viven en Europa. En la de su marido, cinco de ochos. “Esto ocurre en casi todas las casas. Cuando bajas a Alhucemas o Nador en verano, oyes todos los idiomas posibles”.

Quién no solo se ha pronunciado, sino que ha dejado claro su apoyo a Rabat, es el Ejecutivo español, mediante las palabras del secretario de Estado de Exteriores, Ildefonso Castro, en la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, el pasado 1 de junio. Primero, tiró de fórmula diplomática: el ejecutivo siempre pide “diálogo y al respeto a la ley y a las formas propias del Estado de Derecho”. Y luego ya entró en materia: el Hirak es “una protesta eminentemente de reivindicaciones socioeconómicas” y el Gobierno marroquí “está intentando poner los medios para intentar solucionarlas”.

Un aquí paz y después gloria que hace oídos sordos a las voces de los rifeños en Marruecos y en España. “Yo no tengo la nacionalidad española, pero me siento española, siento que pertenezco a este país igual que a Marruecos. Merecemos un poco de atención. El gobierno español está muy pendiente de Venezuela, pero Marruecos está al lado. ¿Por qué no nos escucha?, ¿por qué se mira al otro lado?”, se pregunta Al Idrissi, cuyos dos hijos sí tienen un documento nacional de identidad español.

LOS ARRESTADOS O CONDENADOS POR LOS TRIBUNALES ALCANZAN YA LOS 183, A LOS QUE HAY QUE SUMAR 18 PROCESADOS EN LIBERTAD CONDICIONAL, SEGÚN LOS ÚLTIMOS DATOS OFICIALES

Hasta el momento, solo dos administraciones municipales han mostrado su solidaridad con los rifeños: el Ayuntamiento de Barcelona, con la aprobación de una declaración de denuncia del “proceso de militarización del Rif”, a iniciativa de la CUP, y a la que se opusieron solo el PP y Ciudadanos; y el de Cádiz, con una declaración a favor del cumplimiento de los derechos humanos por parte del Estado marroquí, apoyada por todos los partidos.

detenidos — todos hombres, menos una mujer– que en muchos de los casos se han quedado sin el principal proveedor económico, en una región asolada por el paro y donde las mujeres han de afrontar grandes dificultades para acceder a un empleo remunerado. “Hay familias con dos hijos arrestados. Hay que pagar facturas. Hay nuevos gastos como el billete hasta Casablanca para poder visitar a aquellos que han sido trasladados allí. No se castiga solo a los detenidos, se castiga también a las familias”, señala Al Idrissi.

Para recaudar dinero, han recurrido a dos tradiciones magrebíes y rifeñas, la  zakat (la obligación islámica de responder a las necesidades de aquellos miembros de la sociedad que lo necesitan) y la touiza (la ayuda mutua y el trabajo colectivo). “Cada uno pone lo que puede. Cuando se trata de ayudar a algún rifeño, nos unimos todos”, afirma orgullosa Al Idrissi. “Estas son las ayudas que reciben nuestros familiares y amigos, lo poco que cada uno puede aportar”, insiste cuando se le pregunta por las sospechas sembradas por algunos políticos y medios marroquíes de financiación extranjera. “Acusan a los compañeros de recibir apoyos del Polisario, de Mauritania, de Israel o de Irán. Es algo muy grave e ilógico”.

Gas mostaza y napalm

La marginación histórica del Rif pareció llegar a su fin con la llegada al trono del entonces joven y prometedor Mohammed VI en 1999, tras la muerte de Hassan II, quien como príncipe heredero había asumido la represión de las revueltas de 1958-1959, ordenando incluso el bombardeo con napalm de los rebeldes (Una recomendación: vean el documental Romper el silencio, de Tarek Idrissi, si quieren profundizar en esta cruel episodio). El que fuera el segundo monarca alauí, tras la independencia, siguió durante su reinado castigando a una región que nunca visitó. Su hijo, sin embargo, realizó su primer viaje oficial a Alhucemas y desde entonces suele acudir todos los veranos a sus playas. Pasados 18 años de aquella primera y esperanzadora visita, muchas de las inversiones y mejoras aún no han llegado.

Cuando a Naziha se le pregunta por en qué quedó todo lo prometido, toma carrerilla y no para:

“No tenemos ninguna fábrica, no tenemos hospital oncológico, a pesar de tener la mayor tasa de cáncer de todo Marruecos, por el uso de armas químicas que hizo España [Un estudio de 2015 mostraba que casi el 80% de los adultos y el 50% de los niños enfermos de cáncer atendidos en el hospital de oncología de Rabat procedían de la zona del Rif donde la aviación española bombardeó con gas mostaza entre 1924 y 1927 ]. Tenemos un centro de diálisis, pero sin los recursos materiales ni humanos necesarios. No tenemos universidades, solo una extensión de ingeniería que construyeron hace tres o cuatro años. Para estudiar hay que irse a Tetuán, Fez, Rabat, Oujda, Tánger. Hay una alta tasa de paro. La mayoría viven de lo que mandan sus familiares en Europa y ahora mucho de ellos están desempleados. En la zonas rurales no tienen centro de salud”.

“TAL VEZ, POR MIEDO AL PRINCIPIO NO SE VEÍA A LAS MUJERES AL FRENTE DE LAS MANIFESTACIONES, PERO DESPUÉS DE LA DETENCIÓN DE ZAFZAZI Y LOS OTROS, MUCHAS MUJERES HAN COGIDO EL LIDERAZGO, NO SOLO UNA”

De esta retahíla de orillamientos históricos nacen las reivindicaciones básicas del Hirak, recopiladas en un documento elaborado tras la celebración a principios de febrero del aniversario de la muerte de Abdelkrim Jatabi, el héroe anticolonial que puso en jaque a los españoles y que llegó a fundar la efímero República del Rif (1921-1926). Su rostro, y la  bandera de su breve Estado, surcan las manifestaciones.

Entre las demandas, el fin de la corrupción, la construcción de servicios públicos como hospitales y universidades, la puesta en marcha de proyectos útiles y generadores de empleo, la promoción de instalaciones culturales y de ocio, el acabar con la expropiación de las tierras colectivas y el dominio de las mafias vinculadas al aparato de Estado de los recursos marítimos y forestales.  Y otras, como sacar del aislamiento a la región, eliminar el estatuto de zona militar, instaurado en el Rif desde los años cincuenta, justicia y verdad para los cinco jóvenes carbonizados el 20F, la condena penal de los verdaderos culpables del asesinato de Mouhcine Fikri [la Sala Penal de la Corte de Apelación de Alhucemas condenó el pasado 26 de abril a penas de prisión de entre cinco a ocho meses a siete de los acusados. Otros cuatro fueron absueltos] y la liberación de los detenidos.

Ninguna proclama relacionada con la independencia, insistirá Al Idrissi en repetidas ocasiones durante la entrevista. “Se nos acusa de separatistas, aunque no lo somos. Tampoco pedimos que se nos trate mejor que a los otros”, subrayará también varias veces.

La baza del separatismo no parece haberle funcionado, hasta ahora, al Majzen (el entorno palaciego y la oligarquía política y económica). Miles de marroquíes han salido a las calles en otras ciudades en solidaridad con el Hirak. La marcha más multitudinaria, la de Rabat del pasado 11 de junio, congregó en pleno ramadán a entre 30.000 y 50.000 personas, según las cifras dadas por EFE. Entre los asistentes, una mezcolanza similar a la del 20F, la ‘primavera’ marroquí de 2011, islamistas de Justicia y Caridad, organización ilegalizada, pero tolerada, pequeños partidos de izquierda y jóvenes indignados.

— ¿Cree que se extenderá el Hirak a otras partes de Marruecos?

— No lo creo. Estoy segura de ella. La gente que sale en diferentes ciudades de Marruecos pasan por lo mismo. Todos sufren marginación, pobreza. Los marroquíes son inteligentes y han entendido la trampa del Majzén de intentar hacer creer que los rifeños son enemigos del resto, que quieren la independencia por levantar la bandera amazigh o la de la República del Rif. Somos amazigh, reivindicamos esa identidad. No somos árabes, esa identidad no es la nuestra, pero la mayoría de los marroquíes tampoco son árabes, son arabizados.

Para poner fin a la revuelta, Rabat ha desplegado, según los activistas, unos 25.000 miembros de las fuerzas de seguridad en una provincia con apenas 400.000 habitantes, menores incluidos. Los arrestados o condenados por los tribunales alcanzan ya los 183, a los que hay que sumar 18 procesados en libertad condicional, según los datos facilitados por el portavoz del gobierno marroquí, Mustafa Jalfi, este jueves 29 de mayo en rueda de prensa. Entre ellos, Nasser Zafzazi, el desempleado de 37 años al que muchos, incluídos los medios de comunicación marroquíes y occidentales, han proclamado como líder.

Si en los primeros meses de protestas, la mayoría de los manifestantes eran hombres, poco a poco las mujeres, que participaban del Hirak, pero en un segundo plano, cuenta Al Idrissi, han ido tomando también las calles. “Ya no es esa imagen de una manifestación solo de machos. Comienza a escucharse la voz de las mujeres que empiezan a reivindicar la igualdad. Esto es muy saludable para la sociedad, para acabar con la marginación y el machismo amamantado desde nuestras infancias, en todo Marruecos. Tal vez, por miedo al principio no se veía a las mujeres al frente de las manifestaciones, pero después de la detención de Zafzazi y los otros, muchas mujeres han cogido el liderazgo, no solo una. Y el liderazgo es mejor que el líder. Así es más difícil que el Majzén acabe con nosotros”.

http://ctxt.es/es/20170628/Politica/13570/CTXT-Hirak-Rif-Marruecos-Naziha-Al-Idrissi-entrevista.htm

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