Miseria y muerte en la era de las ciudades inteligentes del capitalismo

Por José Iglesias Fernández

En medio de los planes de ciudades inteligentes, en las que se reclaman y prometen modelos ecológicos sostenibles, gestionados por políticos al servicio de los capitales de estas multinacionales, la gente muere de frío y hambre, carente de las energías más elementales, y que son un bien común de la humanidad: tierra, agua, aire limpio, sabiduría, espacio y tiempo social…

Por José Iglesias Fernández*

1) Dos hechos que confirman la presencia del capitalismo distópico

Estos días, las empresas más importantes de todo el mundo celebran el Congreso Mundial de las Ciudades Inteligentes en Barcelona. El encuentro presume de pasar de ser una “feria de teorías para convertirse en un lugar de realidades. Ya no solo se presentan proyectos de futuro, ideas, sino que muchos municipios de grandes ciudades y empresas exponen ya casos reales, prácticos, de cómo las tecnologías están transformando el día a día de los ciudadanos”.1 Consideran ejemplos de esta novedad a “los medios de comunicación gobierno-ciudadano, los robots policía, las cabinas inteligentes, la emprendeduría, los cambios en el transporte y las tiendas inteligentes”. Son iniciativas en marcha relacionadas con las ciudades inteligentes que el capitalismo distópico proyecta de acuerdo con sus nuevos objetivos de acumulación y apropiación de riqueza.

Por estas mismas fechas, los mismos medios informan como una persona de 81 años de edad, que tenía la luz cortada por falta de recursos económicos, muere en un incendio causado por una vela. La víctima llevaba dos meses sin suministro eléctrico e utilizaba estas lamparillas tan de tiempos antiguos, de pueblos y aldeas de la edad media, para iluminarse; antiguallas en comparación con lo que nos dicen que son las sociedades inteligentes. Según fuentes consistoriales, la mujer recibía ayuda para pagar el agua pero no había pedido la de la electricidad, pese a que le correspondía. Es decir, “por sufrir pobreza energética debería de estar viva y con electricidad si los mecanismos previstos por la ley hubieran funcionado. Pero nadie, ni siquiera ella misma, alertó de lo precario de su situación. A pesar de que la ley 24/2015 obliga a que las compañías de servicios básicos (luz, agua y gas) informen a los servicios sociales de que van a cortar el servicio por falta de pago, la mujer pasó los dos últimos meses de su vida a oscuras”. Mientras, el ayuntamiento y la suministradora se echan la culpa de la muerte de esta ciudadana; el alcalde denunciará ante la fiscalía el corte de luz que obligó a la mujer a usar velas, mientras la empresa alega que el ayuntamiento no avisó de la vulnerabilidad económica de la mujer. ¿Cuántas personas más, incluso familias, están en esta situación de abandono social? ¿Cuántas más no irán muriendo? Lo que queda claro es que el consistorio (Reus) por la suministradora (Gas Natural), y ésta por aquel, la casa sin barrer. La Generalitat y los servicios sociales oficiales tampoco quieren asumir responsabilidades. 2

Pero estos dos hechos, coincidentes en el tiempo, no deben sorprendernos. Este es el capitalismo distópico, un “sistema caracterizado por los elementos más negativos de las sociedades despóticas, crueles y totalitarias […] un mundo malo”.3 Los medios de comunicación denuncian situaciones de carencia y atropello sin tener en cuenta que no es una ley administrativa la que protege a las personas ciudadanas, sino que es la lógica depredadora del sistema la que genera estas situaciones de explotación, desigualdad y desamparo. Las leyes que salen y administran sus instituciones oficiales no pueden amparar lo que el propio capitalismo como sistema necesita para su desarrollo. En otro artículo ya avanzaba la existencia de un periodismo alienante, 4 otra de las actividades indispensables para la consolidación y legitimación del capitalismo distópico. Al periodista, tertuliano, parlanchín, le cuesta aceptar que ejerce el papel de policía bueno del sistema.

2) El veneno de la mentira repetida

El título ya es llamativo en sí mismo, propio de un ecologicista todo terreno. 5 Seguramente por eso le conceden el premio Ramón Margalef de la Generalitat de Cataluña, por prestarse a culpar a la humanidad de los desastres ecológicos que amenazan al planeta, y así exculpar al capitalismo de sus responsabilidades. No es el primero, tampoco será el último. 6

Josep Peñuelas (JP) repasa y repite con ánimo catastrofista los conocidos tópicos de la tribu académica ecologicista: el crecimiento del CO2 se dispara; inundaciones y sequías anti cíclicas en diferentes partes de planeta; todo ello pone en peligro muchas de las actividades productivas económicas o las altera geográficamente; cierto que la inversión en tecnologías pueden ayudar, aunque no sean suficientes; la especie humana está amenazada por el cambio climático; los gobiernos han de intervenir más; pero sobre todo, y he aquí el valor del premio, la culpa de todo esto la tenemos los humanos por nuestra persistencia en los hábitos de consumo y nuestra manía de consumir “por encima de lo que puede soportar la Tierra, tanto en recursos alimentarios como en determinados minerales. No hay para todos y además está mal repartido, algo que solo puede desembocar en problemas”. ¿Un galardón por repetir estos viejos y carcomidos eslóganes? Se ve que hace tiempo que el mercado de académicos está bastante abaratado…

Causas y culpables o consecuencias y víctimas…

Cierto que está cambiando el clima; ahí está el deshielo en los polos para confirmarlo. Cierto que aumentan los residuos urbanos y rurales, aunque también es verdad que el capitalismo está encontrando soluciones sobre las que obtiene pingües beneficios; por ejemplo, se están ya empleando nuevos modelos productivos basados en el reciclaje y reutilización de materiales y recursos. Cierto que se mantienen alteraciones en el ecosistema, aunque está por demostrar que los cambios negativos que se dan en un lugar del planeta no sean beneficiosos en otro. Cierto…

Sin embargo, en otros trabajos ya denunciábamos en un buen número de ecologicistas la actitud catastrofista y de poner el énfasis en el nosotras las personas como culpables de tales agresiones al planeta. 7 Según estos autores, no es el capitalismo, depredador de los recursos naturales y explotador de la fuerza de trabajo el que aparece como responsable, sino que, con la excusa de apoyarse en el conocimiento científico, consiguen que la humanidad nos sintamos culpables de tales desastres y que está, por tanto, en nuestras manos el corregirlos.

Releyendo la entrevista a JP, no encontramos en ningún momento que sea el capitalismo el que mal usa los recursos energéticos y los humanos, polucionando y creando residuos en todas las fases de su actividad: producción, consumo, inversión, creación de necesidades innecesarias, o destruyendo recursos productivos y generando paro, pobreza, desigualdad. Se queda tan tranquilo constatando que el cambio en “la distribución de los corales y de los manglares, además de modificar la distribución del agua” se debe a los efectos climáticos, y estos al sistema económico que practican los humanos; no a la decisión y gestión de las empresas multinacionales. Es decir, los purines y hormonas de las industrias cárnicas no se deben a estas empresas sino a los humanos; el cultivo de productos transgénicos, o genéticamente modificados, que destruyen el suelo no se debe a las compañías que producen las semillas, y a los terratenientes que las plantan, sino a los humanos; la contaminación 8 térmica y el vertido a los ríos de residuos de nitratos y metales pesados no se debe a las empresas sino a los humanos; la culpa de las emisiones de compuestos químicos y gases tóxicos emitidos a la atmósfera por industrias químicas, metalúrgicas, energéticas, etc., es de los humanos; la potenciación del uso del transporte privado (coches, camiones; viajeros y mercancías) a expensas del público, no está inducido por la acción de los Estados sino por la irresponsabilidad de los humanos; la mala gestión y pésima distribución de la riqueza no se debe a ese 1% que es propietario privado de la misma, sino al 99% de los humanos que somos incapaces de responsabilizarnos de nuestras vidas. Es resumen, lo que para JP es preocupante es la economía de los humanos, pues el capitalismo como sistema social nos existe, y lo que no existe no puede ser la causa de la contaminación y demás agresiones al planeta: lo dice claro en una de sus respuestas: “el cambio actual es muy rápido. Además, eso no es lo que está fundamentalmente en juego: a la vida quizá no le pase nada, pero los humanos sí podemos salir perjudicados. No es un problema ambiental, sino un problema global. Afecta a todas nuestras actividades, como la agricultura, la salud o el turismo. ¡Quién querrá venir a veranear a nuestras tierras si estamos todos los días a 40 grados!”. No se acuerda de que el turismo ha dejado de visitar los países de la otra ribera del Mediterráneo, debido a las guerras de baja intensidad que las poderosas empresas multinacionales han desencadenado en esa rapiña y control por las energías y metales que poseen esos territorios.

Para JP, en todo esto de la ecología siempre hay alguna gente que gana (no son los capitalistas) y mucha que pierde (no es la trabajadora), pero no clasifica a la humanidad en clases sociales: opresores y oprimidos, explotadores y explotados, etc. Sino que todas las posibles soluciones las simplifica o reduce a un repetitivo nos: “lo que necesitamos es cambiar de manera significativa el estilo de vida para no agotar los recursos […] Es posible que podamos cultivar naranjas en Girona […] No estamos preparados para estos cambios bruscos […] Siempre habrá gente que gane, por supuesto, pero la mayoría saldrá perjudicada […] No hay para todos y además está mal repartido, algo que solo puede desembocar en problemas […] No entiendo por qué nuestros gobernantes no liberan más el uso de energías alternativas en el ámbito doméstico, que la gente se lo haga en casa. Los veo muy en manos de los grupos de presión económica. Sé que no es fácil, pero el cambio energético es algo que necesitamos de forma inmediata”.

Con este discurso de la ambigüedad social, la humanidad es siempre la culpable, no el sistema; es decir, tan culpable es el rey como su porquero, el director de Monsanto como el segurata que le abre la puerta cuando llega por la mañana a tomar decisiones y dar órdenes.

3) Recopilando: tres sucesos

Dos mundos en contraste, el de la explotación, miseria, desamparo, y muerte, y el de las ciudades inteligentes con su cibernética, ciberespacio, inteligencia artificial, robótica, electrónica, sus modelos sostenibles y otras tecnologías que se irán descubriendo. Entonces, ¿a qué y en qué mundo vivirán las personas? Si David Harvey tiene razón, él ya nos advertía que, actualmente, las ciudades crecen y se desarrollan de acuerdo con las exigencias de acumulación de capitalismo. 9 Por tanto, como en Metrópolis,10 la gran mayoría de la gente vivirá en los subterráneos de las ciudades inteligentes mientras que ese afamado 1% vivirá en la superficie, un espacio edénico, todo jardín, disfrutando de un aire limpio y un sol radiante como parece que acríticamente defiende JP sin tener en cuenta las realidades sociales, de clase, que componen y son explotadas dentro del capitalismo.

Hemos juntado tres hechos sobre los que debemos reflexionar. En medio de los planes de ciudades inteligentes, en las que se reclaman y prometen modelos ecológicos sostenibles, gestionados por políticos al servicio de los capitales de estas multinacionales, la gente muere de frío y hambre, carente de las energías más elementales, y que son un bien común de la humanidad: tierra, agua, aire limpio, sabiduría, espacio y tiempo social. Mientras, parte de las izquierdas aplauden y se sientan plácidamente en la mesa del amo a consolidar el capitalismo distópico.

José Iglesias Fernández

Barcelona, 15 noviembre del 2016

1 En http://www.elperiodico.com/es/temas/smart-city-26971 . 13 a 16 de noviembre del 2016.

2 Para ver y entender el papel burocrático de los funcionarios y políticos, especialmente relacionados con los servicios sociales, véase Yo, Daniel Blake, película reciente de Ken Loach.

3 José Iglesias Fernández. “Viene el capitalismo distópico, si antes no lo paramos”. Próxima publicación en Directa. En https://directa.cat/ .

5 Josep Peñuelas: «Estamos consumiendo más de lo que la Tierra puede soportar». El Periódico de Cataluña, 14 noviembre del 2016. En http://www.elperiodico.com/es/noticias/medio-ambiente/entrevista-josep-penuelas-premio-ramon-margalef-5626138

6 José Iglesias Fernández. El final está cerca, pero el comienzo también. Desde el marxismo, reflexiones para la recuperación del ecologismo. Para escudriñadoras Baladre, 2014.

7 José Iglesias Fernández. Renta Básica, sustentabilidad, sostenibilidad. Cuadernos nº 6. Baladre Zambra, 2005. Decrecimiento. El vano intento de poner a dieta a la bestia. Cuadernos nº 9, Baladre/Zambra 2007. Sobre el decrecimiento y otras rendiciones. Interpretación crítica sobre el decrecimiento y el consumo responsable. Libreando Baladre, 2010. La miseria del decrecimiento. De cómo salvar el planeta con el capitalismo dentro. Libreando Baladre, 2011.

8 Los contaminantes, primarios y secundarios pueden depositarse en la superficie de la tierra por precipitación, deposición seca o húmeda e impactar en determinados receptores, como personas, animales, ecosistemas acuáticos, bosques, cosechas y materiales.

9 David Harvey. Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana.

En http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/CIUDADES_REBELDES.pdf

10 Fritz Lang. Metrópolis. En https://www.youtube.com/watch?v=pT4A-76CS28

Economista

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