Publicado en: 12 septiembre, 2018

México. Al final del sexenio no hay duda de que las fosas clandestinas son la expresión del terrorismo de Estado

Por Frente Nacional de Lucha por el Socialismo

Los nuevos hallazgos de fosas clandestinas y el trato de las autoridades respecto al tema devela la formación indolente de cada funcionario público; exponen sin ningún rubor los restos mortales de las víctimas, sus pertenecías y vestimentas, con lo cual conducen a los familiares a la revictimización.

11 de septiembre de 2018

Al final del sexenio de Enrique Peña Nieto (EPN) no hay duda de que las fosas clandestinas son la expresión del terrorismo de Estado, son la prueba fehaciente del cometido de múltiples violaciones a los derechos humanos como la desaparición forzada, tortura y ejecución extrajudicial; crímenes de lesa humanidad que tienen patente en el gobierno mexicano, al ser los responsables materiales e intelectuales del cometido de espeluznantes crímenes.

El hallazgo reciente de la fosa clandestina en el Arbolillo, municipio de Alvarado en el estado de Veracruz con más de 166 cuerpos, 200 prendas de vestir y 14 identificaciones expresa la magnitud del terror que se vive en toda la geografía mexicana; manifiesta la continuidad de esta política de gobierno transexenal que desde el año 2007 emergieron como hongos en diferentes entidades federativas.

El cambio de administración evoca en algunos sentimientos de alegría esperanzadores, sin embargo, para las familias que son víctimas de crímenes de lesa humanidad le agolpan sensaciones de angustia, dolor e indignación porque la violencia institucional tocó las puertas de su casa y les arrancó de un sólo tajo a su ser querido; acontecimientos que se cometen a diestra y siniestra sin que hasta el momento haya pronunciamiento alguno por estos deleznables crímenes de Estado.

Lo que sucede en el estado de Veracruz continúa como botón de muestra de lo que se vive en todo el territorio nacional, entidad federativa gobernada por Miguel Ángel Yunes Linares quien a inicio de su campaña se comprometió a devolver la tranquilidad y la paz a los veracruzanos, sin embargo, la realidad es otra, su administración continuó los designios del gobierno federal: militarización y terrorismo de Estado.

Durante la administración yunista la violencia incrementó de manera exponencial, aparecieron las fosas clandestinas con cientos de restos mortales, una de ellas considerada las más grande de América Latina en el Colinas de Santa Fe con más 300 restos mortales hallados, quienes hasta la fecha no existe identificación alguna de las víctimas, ni la mínima intención de las autoridades por conocer el nombre, vida e historia de cada una de quienes son trastocadas por esta política criminal.

La detención de Javier Duarte de Ochoa, a quien no se le juzga por su responsabilidad en las miles de desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, significa lo pervertido que está la justicia en nuestro país y habla de la impunidad otorgada a funcionarios útiles al régimen.

En la actual administración de Yunes Linares los crímenes de lesa humanidad no cesaron, al contrario, éstos incrementaron exponencialmente, sobre todo en los lugares donde hay mayor flujo de mercancías, por tanto, los crímenes de Estado y de lesa humanidad tienen un origen económico que revela los intereses del capital monopolista transnacional y nacional que se imponen a costa de la sangre del pueblo trabajador.

¿Qué diferencia hay entre los gobierno de Javier Duarte de Ochoa, Miguel Ángel Yunes linares y Enrique Peña Nieto? Ninguna, todos son hombres formados en las entrañas del régimen cuya labor es perpetuarlo. Los matices entre uno y otro develan las particularidades del desarrollo político y económico para sostener el régimen neoliberal.

Responsabilidad tiene Javier Duarte de Ochoa como Miguel Ángel Yunes Linares y Enrique Peña Nieto, en tanto que son políticos de oficio de las estructuras del Estado y como tal sus funciones como representantes gubernamentales fue dotar de legitimidad a la voracidad empresarial, asegurar sus intereses con el terrorismo de Estado como política de gobierno.

Los nuevos hallazgos de fosas clandestinas y el trato de las autoridades respecto al tema devela la formación indolente de cada funcionario público; exponen sin ningún rubor los restos mortales de las víctimas, sus pertenecías y vestimentas, con lo cual conducen a los familiares a la revictimización y a laceran más al ser psíquico.

No es el sentimiento de identificar a las víctimas, ni acelerar el proceso de entrega de los restos a sus seres queridos, en el fondo lo que se intenta promover es la zozobra, la angustia taladrante de miles de familias que recorren las puertas de las instituciones sin respuestas concretas sobre el paradero de sus seres queridos. Esta es la perversidad e indolencia de los representantes gubernamentales.

Acostumbrarse a la proliferación de las fosas clandestinas, hacer común el encontrar restos humanos esparcidos por toda la geografía mexicana es una condición a la que intentan conducir los gobiernos en turno, por lo que es preciso reflexionar sobre la actitud que debemos adoptar los que somos agraviados directa o indirectamente de esta política criminal.

Los crímenes de lesa humanidad son graves violaciones a los derechos humanos que cobran cada día una cuota de sangre del pueblo organizado y no organizado, política transexenal desarrollada por distintas nomenclaturas partidistas porque independientemente quien esté al frente de la silla presidencial su cometido como parte del terrorismo de Estado se mantiene incólume.

En toda la geografía nacional han encontrado, según datos oficiales, mil 307 fosas clandestinas, si estas estadísticas expresan la versión institucional, ¿qué será lo no institucional?, ¿cuántas fosas clandestinas existen realmente en todo el país?, interrogantes que pueden tener una respuesta en el momento que todas las víctimas de la violencia institucional unifiquen esfuerzos para dar con el paradero de las víctimas, exigir justicia y castigo a los responsables.

La magnitud del fenómeno va en comparación con las exigencias de los familiares de las víctimas, quienes buscan a sus seres queridos y no tienen ningún dato sobre ellos. Las instituciones lejos de investigar someten a papeleos burocráticos a las víctimas indirectas y aplazan los tiempos para pretender olvidar.

Las fosas clandestinas son la prueba fehaciente de la responsabilidad del gobierno mexicano en el cometido de múltiples crímenes de lesa humanidad, ante ello no debe existir el conformismo de encontrar restos mortales y dejar de movilizarnos, porque el Estado le apuesta a eso, que los familiares no se movilicen ni exijan juicio y castigo los perpetradores.

Es indignante que las instituciones citen a los familiares de las víctimas a ver los catálogos de ropa y restos mortales para identificar a sus seres queridos, es la revictimización de las víctimas, donde no conformes con el dolor de no saber dónde están sus seres queridos, las someten a mayores angustias para supuestamente identificar a sus familiares.

A los familiares de víctimas del terrorismo de Estado les decimos que por muy fuerte que sea el dolor que los embarga, debe estar presente la indignación para exigir el derecho a la verdad, es decir, ¿qué le sucedió a nuestro familiar?, ¿quién lo hizo?, ¿por qué el gobierno mexicano no hace nada por erradicarlo?, interrogantes que quedan sueltas si olvidamos y perdonamos.

Las violaciones a los derechos humanos de las víctimas directas e indirectas son una constante del gobierno mexicano, el cual, desde que inició la administración de Enrique Peña Nieto, estuvo alejada de las necesidades del pueblo trabajador; por tanto, no resolver los casos de desaparición forzada lo hace responsable por omisión, además por tratarse de una política de gobierno es responsable por omisión, comisión y aquiescencia.

La impunidad e inmunidad a los perpetradores es la consigna política para no castigar a los responsables; evidenciar y desenmascarar el carácter contrainsurgente de esta política deleznable, cuya intención es acallar las voces protesta e impedir que emerjan nuevos brotes de organización e inconformidad es una tarea constante para el pueblo organizado y no organizado.

Es necesario levantar los puños combativos para no permitir más crímenes de Estado y de lesa humanidad, callarnos no es la solución, el silencio sólo fortalece a los perpetradores, la denuncia política y movilización arrancará de sus mazmorras a nuestros seres queridos, enjuiciará  y castigará a los responsables materiales e intelectuales de estos deleznables crímenes.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo

(FNLS)

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