Mensajes en botellas desde el Congo

Por Rosa Moro

El sistema liberal-capitalista ha explotado con la máxima crueldad al Congo desde su nacimiento. No hay que olvidar que el Congo, antiguo Zaire, tal y como lo conocemos, es un país delimitado por sus riquezas.

Por Rosa Moro

El plan del imperio para el Congo

En general toda la República Democrática del Congo (RDC), pero sobre todo su parte este, es inmensamente rica en los minerales más preciados por el hombre, desde oro, plata y diamantes, pasando por el famoso coltán, uranio, hierro, tierras raras y todos los imaginables. Tiene incluso carbón, petróleo y gas, además de caza, pesca, madera, agua, mucha agua y tierra fértil. Su biodiversidad abundante y muchas veces única es muy preciada por las grandes biofarmaceuticas, sus reservas naturales de animales y vegetales como Virunga o Ruwenzori y su gigantesca selva son verdaderamente importantes para el planeta, también sus sabanas ¡todo! parece imprescindible para el mundo, toda su riqueza es imprescindible menos la que debería ser la más preciada, su población. Si esa gente no estuviera allí…

mensajes en botellas

Butembo es la ciudad más importante de Beni. Beni es un territorio situado en la provincia de Kivu Norte, al este de la RDC. Tanto el Kivu Norte como en Kivu Sur sufren desde hace más de 20 años la invasión, el saqueo de sus recursos y el genocidio de su pueblo, por parte de Uganda y Ruanda.

A principios de mayo pude leer por intermediación de no sé muy bien quién, un comunicado emitido desde Cáritas Butembo-Beni, lanzado en francés a no sé muy bien quién. El comunicado es desgarrador. En la Federación de Comités de Solidaridad con el África Negra, Umoya, lo hemos traducido. Es este. Cuentan la insostenible situación humanitaria en la que viven decenas de miles de personas, los asesinatos que no cesan, en mitad de la noche, a plena luz del día. Los cuerpos desmembrados son dejados a la vista de todos para aterrorizar a la población. Hemos preguntado a Cáritas en España, pero hasta que les preguntamos, no sabían nada de tal comunicado.

Es desolador. No sabemos qué hacer con esa gente y ellos no saben cómo hacer que hagamos algo. Escriben comunicados, llevan un registro lo más fehaciente posible de los asesinados cada mes: nombre, edad, lugar de residencia, lugar y condiciones del asesinato, fotos… Plasman sobre el papel lo que les parece que nos llamará la atención a los de fuera. Crímenes, testimonios, pistas y pruebas de quiénes son y/o quiénes dicen ser los que asesinan. Hay que cerrar los ojos y ponerse en su lugar, imaginárselos, imaginarnos a nosotros mismos en su situación, reunidos discutiendo qué poner, cómo, a dónde mandarlo… para esto. El ajetreo de la vida diaria fuera de Beni, fuera de Kivu, hace que apenas un puñado de personas lea su mensaje de socorro, porque es eso: un mensaje de socorro en una botella lanzada a un océano. Esperan que alguien, algún día lo lea y reaccione. Están muriendo asesinados de la manera más aterradora y macabra. Hoy dos, mañana 28 en total en seis pueblos atacados de forma simultánea, antes de ayer, cinco… Resisten, sobreviven gracias a la solidaridad entre ellos, a la conciencia, a las agallas que tras más de dos décadas de guerra han desarrollado sin remedio.

Su principal problema, además de que los matan y violan cruelmente, es que quien manda en el mundo, los potentados de la llamada “comunidad internacional” han declarado que esa guerra ha terminado. Como también deciden quién es el bueno, quién el villano y quién es prescindible en el guión (simple, para mentes simples) de la película que nos cuentan los medios cada día en sus “informaciones”. El problema de los congoleños es que el resto del mundo no podemos preocuparnos por ellos porque se nos ha inculcado la convicción de que son prescindibles, no hay remedio para su agujero inmundo, deshumanizado. Son “una carga para el buen hombre blanco”.

Hemos deshumanizado a los congoleños. Hemos llegado a esto gracias a la impagable colaboración de los grandes medios de comunicación que no venden más que la historia fabricada acorde con los intereses de sus dueños. Edward Herman y David Peterson en su libro “The politics of genocide” llaman a este proceder de los medios el “Modelo [adaptado a las] necesidades del Departamento de Estado [norteamericano]”. De ellos se abastecen el resto de medios de menor escala del mundo, todos repiten estos guiones fabricados convirtiéndolos en la “verdad oficial”: el Congo, qué pena de sitio, esa pobre gente salvaje.

Fronteras para las riquezas

El sistema liberal-capitalista ha explotado con la máxima crueldad al Congo desde su nacimiento. No hay que olvidar que el Congo, antiguo Zaire, tal y como lo conocemos, es un país delimitado por sus riquezas. Es decir, antes de la colonización, sus fronteras no eran como son ahora, al igual que las del resto de los 55 países de África. Esas fronteras se concretaron en torno a un mapa sobre la mesa en Berlín, en 1885, cuando las potencias europeas de la época se repartieron el pastel del continente africano, masacrando o esclavizando a sus pueblos, que eran los verdaderos dueños de las riquezas a repartir. El Congo nació de la enorme parte del pastel que el rey Leopoldo de Bélgica se apropió en ese reparto. Capitalismo en estado puro.

Después de eso, llegó la independencia que no fue más que un sueño del que despertaron con el asesinato del primer jefe de estado que el pueblo eligió libremente, un antiimperialista llamado Patrice Lumumba. La CIA y los servicios secretos belgas conspiraron y actuaron para su asesinato y la eliminación de su proyecto político. Las grandes potencias, dominadas como están por unos pocos multimillonarios propietarios de grandes corporaciones, no pueden permitirse que las riquezas del Congo no estén bajo su poder, pero nunca irían ellos mismos a las minas, sino que buscan aliados regionales que les envíen esos recursos a casa, a su zona de confort. Más al este del este del Congo, Estados Unidos y Gran Bretaña encontraron a los aliados perfectos, los regímenes de Uganda y Ruanda.

Sus dirigentes, Yoweri Museveni de Uganda y Paul Kagame de Ruanda, gozan de prestigio en los parquéts más pulidos de la esfera internacional, a pesar de ser dos de los mayores criminales vivos y en activo que existen en la actualidad. Responsables de los peores crímenes que la legislación internacional recoge en sus textos: guerras de agresión, terrorismo, invasión y saqueo de un tercer país, genocidio… Pero ya sabemos que lo que hace que se te juzgue y castigue por tus crímenes no es que los hayas cometido o no, sino que “el Imperio/Sistema” te acuse de ello (sea o no sea cierto), o que lo hagas sin su colaboración, cosa que creo que es económica, militar y políticamente inviable en el mundo de hoy. Las únicas víctimas que merece la pena salvar son las blancas, las de los villanos. Las víctimas mucho más numerosas del imperio, no se llaman víctimas, se llaman daños colaterales, terroristas, o simplemente se esfuman, como los 5 o 6 millones de congoleños, no existen.

La guerra en Congo nunca terminó. Los guionistas de la película que cuentan los medios dijeron que sí, pero los congoleños saben que no es así. Es cierto que si de verdad la ONU quisiera que se acabase, la guerra terminaría mañana mismo. La guerra del Congo, como otras, se planea y desarrolla en torno a una mesa con café y pastas, por señores que visten trajes de miles de dólares.

Lo que llamamos guerra, en realidad es un sistema, un sistema muy rentable que no interesa ganar, como bien explica David Keen en su libro “Useful enemies, when waging wars is more important than wining them” porque el beneficio está en mantenerla, no en ganarla, ni tan siquiera en derrotar al supuesto enemigo ¿quien es el enemigo de la guerra del Congo?

El enemigo oficial, el villano de la película, no tiene cara ni nombre “son rebeldes asesinos y malvados que nadie sabe de dónde salen y dónde se esconden”. El enemigo real, el pueblo, está vencido desde el principio, no tiene escapatoria, ni la más minima posibilidad. Pero de vez en cuando ese pueblo es útil como excusa, como víctimas a las que “tenemos la responsabilidad de proteger” de los villanos… para que la maquinaria de la guerra siga girando. Se nos permite conocer una realidad “¡Las mujeres del Congo son violadas!” “¡Hay niños soldados!” “¡Cinco, siete, ocho millones de muertos!” “¡hay que derrotar a los rebeldes!” “Hemos acabado con los rebeldes, pero han venido otros!” “Más armas aquí! ¡Más soldados!”… y así hasta el infinito, como si fueran catástrofes naturales que han sobrevenido por sorpresa. Lo principal es que no relacionemos esas “catástrofes” con ningún responsable reconocible y que ofrezcamos el dinero de nuestros impuestos y el de nuestro bolsillo para intervenir en Congo.

La única realidad es que sin su sistema de guerra, todo esto no sucedería.

Las agendas se acoplan, sistema de guerra win-win

Cada parte interesada tiene su agenda, su plan de negocio, y la guerra consiste en acoplar unas agendas a otras, para que la maquinaria pueda seguir rodando y produciendo beneficios aceptables para todas las partes “en guerra”. Se trata de un sistema donde todos ganan, de win-win.

La agenda en el Congo de Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña principalmente, pero también la de Francia, Bélgica, Alemania… está dominada por las grandes corporaciones que buscan saquear en lugar de comprar los minerales y demás recursos; por las corporaciones de seguridad y armamento, que si no fuera por agujeros inmundos como el este de Congo, ¿quién iba a pensar que las necesita, quién las iba a comprar con dinero público, contratar y usar? (También, gracias a las campañas periódicas de “acabemos con este villano y salvemos a su pueblo a bombazos”; gracias a la lucha contra los refugiados que el propio sistema produce, mal-llamados inmigrantes; a la vigilancia de las fronteras; gracias a los métodos de luchar contra la desestabilización o protestas ciudadanas, y un largo etcétera, el armamento y la seguridad privada son EL negocio sin ambages que más dinero mueve en el mundo); por las grandes corporaciones que explotan el agua y la tierra de toda África con macro cultivos de -o que abastecen a- grandes grupos “alimentarios” (aunque yo los llamaría mejor negocios que producen hambre y dinero); por las grandes corporaciones que buscan apropiarse de la biodiversidad para sus laboratorios, también implantar la dependencia de sus semillas modificadas, en fin, grandes negocios y sus lobbies.

La agenda de los dirigente de la administración local, regional, nacional, institucional y a todos los niveles de Congo, sus funcionarios, jefes tradicionales por la fuerza, por la religión, etc, obtienen unos beneficios económicos que jamás hubieran podido ni soñar si la explotación y exportación de los recursos nacionales se hiciera de forma legal y sostenible, sin trabajo esclavo y con transparencia y rendición de cuentas ante el pueblo. La agenda de algunos de ellos es simplemente salvar el pellejo, porque en este mundo, o sigues la corriente o te matan y encima te etiquetan como villano.

La agenda en Congo de los socios en la región, los dos países vecinos, sin cuya colaboración todo este saqueo y genocidio silenciado sería impensable, es diferente. Sus dirigentes (que no sus pueblos) obtienen ingentes beneficios económicos. Pero además, obtienen poder, un poder que de otro modo nunca hubieran podido tener.

Uganda gracias a ser el socio más leal a Estados Unidos, goza de carta blanca e impunidad garantizada. A Yoweri Museveni no se le lleva la cuenta de los mandatos en el poder, no se le investigan los crímenes, ni la represión de los ugandeses, tiene el poder desde hace 30 años y todo su círculo cercano es inmensamente rico y corrupto. Yoweri propone y dispone en toda África como delegado de todos los organismos internacionales, misiones militares, económicas o de cualquier tipo, y nadie rechista, -algo así como en su día pudo parecer Gadaffi- con la diferencia de que Yoweri Museveni sabe muy bien qué mano no debe morder, no sirve a los intereses de África, sino a los de los neo-colonizadores.

En el caso de Ruanda, si Kagame y sus secuaces no hubieran buscado el patrocinio de Estados Unidos en los años 80, nunca hubieran gozado del poder y la riqueza que gozan. Son la minoría tutsi, pero no generalizar con la etnia tutsi, no son todos los tutsis, sino solamente la realeza, los que se consideran a sí mismos himas, la élite de la élite de los tutsis, que gobernaron Ruanda bajo el yugo de un sistema feudal hasta los años 70, derrocados por la maldita democracia a la europea. Cuando se vieron obligados a celebrar elecciones, la inmensa mayoría del país, de etnia hutu, votaba a un gobierno de su etnia, nunca más llegarían al poder mediante unas elecciones limpias, esto no tenía solución pacífica posible. Así que los hima tutsis se exiliaron en Uganda, se armaron, financiaron y entrenaron, y tomaron a fuego y sangre el poder en Ruanda, (guerra de agresión de 1990-1994), hasta hoy. Sus padrinos además de brindarles toda la ayuda necesaria para ganar la guerra sucia, manipularon a la “comunidad internacional” a la que dieron ya escrito el guión de la película que contaron los medios. En esa película los agresores, el Frente Patriótico Ruandés de Paul Kagame, interpretaban el papel de salvadores. Una vez en el poder de su país, los hima tutsi, el círculo cercano de Kagame y sus aliados pretende llevar a acabo en la región de los Grandes Lagos un plan totalmente sanguinaria, solo comparable a Israel con Palestina: la exterminación de la mayoría hutu de la región y la exterminación de los habitantes originarios de los dos Kivus de Congo, el norte y el sur, que están repoblando con asentamientos de sus “colonos” (Llegan en camiones por las noches. “la comunidad internacional” ha obligado a Congo a darles la nacionalidad congoleña) para finalmente anexionárselos a Ruanda y así formar su soñada Tutsilandia, donde no puede vivir cualquiera. Lo están haciendo, como Israel, a la vista de todos, con mucho dinero invertido en propaganda y relaciones públicas de la talla de Tony Blair, por cierto, también asesor de Tel Aviv.

Mientras todos miremos distraídos la película que nos cuentan los medios todo va bien. Incluso si vemos los comunicados de los quijotes de Butembo, que lanzan mensajes en botellas al Océano, porque no lo comprenderemos. “Es complicado”, “pobrecitos”, “qué malos son los rebeldes que matan a machetazos y violan sin razón”… bueno… sí tienen una razón, les pagan muy bien por cumplir con precisión ese trabajo asignado por los regímenes de Ruanda y Uganda, con el consentimiento de Estados Unidos principalmente.

La solución existe, es un camino que hay que empezar a hacer

¿Que cómo se acaba con esta guerra? Acabando con la impunidad de los responsables. Igual que se hace, se puede acabar con ella en torno a una mesa con catering. No es complicado. Todo movimiento se comienza por un primer paso, después va el segundo y después has dado tantos pasos que pierdes la cuenta y estas moviéndote en la dirección que querías tomar. Es cierto que el sistema, el gran imperio estadounidense que provoca tanto sufrimiento en el Congo, no se puede cambiar de un día para otro, no es fácil, pero no por ello los congoleños se van a resignar a ser asesinados o expulsados de sus casas.

Hay iniciativas judiciales, legislativas y políticas, de fuera y dentro del Congo y la región de los Grandes Lagos, para hacerlo, solo deben querer implantarlo los señores potentados del sistema de guerra, o verse obligados a ello por sus ciudadanos conscientes. El primer paso está dado en España, por ejemplo, un juez de la Audiencia Nacional emitió una orden de detención internacional contra 40 de los muchos responsables de todo este tinglado, 40 miembros del círculo cercano de Paul Kagame, porque tuvo evidencias más que suficientes para acusarles de su parte en estos terribles crímenes. Si la interpol y los gobiernos interesados en acabar con la guerra de Congo sirvieran a la justicia -y no a los intereses del Imperio, habrían detenido ya a esta gente, se los habría juzgado, y la feria de sangre y fuego empezaría a dejar de ser tan fácil y divertida para algunos. Debemos tomarlo en serio. No es el único paso dado.

Mientras tanto, en los últimos 15 meses, se han visto expulsados de sus hogares unas 70.000 personas. Otras tantas las han acogido en sus hogares. Ni unos ni otros pueden ir a la escuela, a los campos, porque son asesinados, por ello no tienen alimentos ni dinero para pagar escuelas, medicinas… Van cientos de asesinados en la última campaña de “rebeldes-villanos”. Es probable que mueran más de hambre y enfermedades. Los congoleños no se van a rendir. Tendrán que matar hasta al último de ellos. Ahí están, lanzando mensajes en botellas al océano de este mundo. La verdad es que ningún señor de la guerra, ni occidental ni de la región, se esperaba esta fortaleza y resistencia hace 20 años cuando pensaron que era fácil espantar a los salvajes de los congoleños. Pues vaya, se les ha torcido el plan.

Rosa Moro

1 Comentario
  1. Qué bueno leer algo real, de cómo están las cosas en Congo. La guerra de 1994 en Ruanda no permite a nadie denunciar la verdad sobre el genocidio y la limpieza étnica del Congo, por lo menos de la parte oriental del país, que están llevando acabo los tutsis. Como ya sucedió con Olocausto, lo que permitió a Israel acabar con los palestinos. No es una casualidad que Israel y Ruanda sean tan amigos…

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