Manuela Carmena. Alcaldesa partidaria del buenismo cívico más que de la justicia social

Por José Iglesias Fernández

Cuanta mayor pobreza haya y más numerosa sea, mayor felicidad para estas piadosísimas personas y entidades que pueden practicar la caridad. Como Manuela Carmena, que prefiere las buenas obras a la justicia social.

Por José Iglesias Fernández

Cuando era pequeño me hablaban de que debía ser bueno con los demás; bueno sin más. Supongo que eran personas bondadosas, amigas de la caridad que, como afirma Manuela Carmena, “preocuparse por los demás produce mucha felicidad”. 1 Cuando era pequeño, y me preguntaba porque era pobre, porque vivía en la miseria como muchísimas otras personas conocidas, nadie me daba una explicación; debía ser que se es pobre y se ha de ser bueno sin más. Eso sí, muy de vez en cuando, veía que mi familia recibía ayuda de los programas municipales y de alguna organización caritativa (religiosa o de la sección femenina), ayudas sociales destinadas a mantenernos vivos en nuestra pobreza. Y, a juzgar por lo que dice la alcaldesa de Madrid, a cambio de mantenernos pobres, estas personas debían recibir mucha felicidad. Corolario. Cuanta mayor pobreza haya y más numerosa sea, mayor felicidad para estas piadosísimas personas y entidades que pueden practicar el buenismo, la caridad.

Sólo de muy mayor, cuando pude estudiar, entendí cuál era el mecanismo sistémico engrasado diariamente por el capitalismo para mantener su lógica de generación y apropiación de la riqueza producida permanentemente por las poblaciones pobres. 2 Si mantienes a la gente pobre, esta tendrá que convertirse en obreros y trabajar para los empresarios por lo que ofrezcan: contratos precarios, condiciones de trabajo inhumanas, largas jornadas laborales, y salarios de pobreza. Los programas de ayuda a la pobreza, municipales o por entidades del tercer sector, no pueden oponerse, y menos pretender romper está cadena. Por el contrario, su objetivo consiste en mantener viva la fuerza de trabajo sin dejar de ser pobre, para que esté siempre a disposición de la demanda laboral determinada por las exigencias y necesidades de beneficio de las empresas capitalistas.

A la alcaldesa actual de Madrid, Manuela Carmena, “le sorprende la crítica al buenismo”, pues este sentimiento destaca por “tener una tolerancia cero con el sufrimiento”. El buenismo significa tener un sentimiento de compasión con aquel prójimo que padece desgracias sociales, ambientales, etc. Somos unos anticapitalistas aquellos que aportamos la crítica a esta compasión. Sin embargo, Wikipedia aporta una definición que me parece acertada: “buenismo es un término acuñado en los últimos años, y aún no recogido en el DRAE, para designar determinados esquemas de pensamiento y actuación social y política (como el multiculturalismo y la corrección política) que, de forma bienintencionada pero ingenua, y basados en un mero sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados reales, pretendan ayudar a individuos y colectivos desfavorecidos o marginados”. 3 La alcaldesa no se para a reflexionar sobre la indignidad que supone la explotación de tantos millones de personas trabajadoras que sufren el empobrecimiento diariamente. Sólo su corazón se “estremece ante esa niña llorando en un hospital destruido” por las guerras que se están dando en tantos lugares del planeta. Pero estas guerras son fruto esencialmente de la rapiña organizada estatalmente por intereses de empresas multinacionales luchando entre ellas por conseguir una parte mayor de la riqueza que se genera a nivel planetario. Cuando todavía una buena parte de la izquierda no se había convertida en funcionarios municipales y estatales, esta hablaba de guerras entre naciones imperialistas, de imperialismo de Estado. Para la alcaldesa de Madrid la explotación parece no generar sufrimiento, la lucha por el reparto de la riqueza que genera la explotación mundial no parece ser la causante de la mayoría de las guerras que se dan en el mundo.

Otro tema en el que la alcaldesa aparece abiertamente ambigua es en el de la violencia. Habla de ella como si esta fuese un virus que padecen algunos grupos, especialmente alineados con ideologías de extrema derecha. Esto es una parte del problema, y loable la denuncia. Pero hay una violencia institucional, de Estado, y en la que muchos ayuntamientos no son ajenos, que frecuentemente ampara estos grupos extremistas, que debe ser denunciada y controlada por entidades con poder ciudadano, de forma que la grupal y la estatal no puedan ejercer este dominio y sus correspondientes abusos. Una reunión de alcaldes funcionarios es condición necesaria, pero debe superar el buenismo que contiene e incorporar entidades de ciudadanos, especialmente los más proclives a sufrir esta violencia institucional, como son los inmigrantes, los manteros, las mujeres maltratadas, las personas retenidas en CIES, etc. “Las personas ciudadanas que componen estos grupos” han de estar entre las primeras en la lucha contra la violencia institucional.

En definitiva, Manuela Carmena (y las del grupo mencionado) debe abandonar la idea de ser la alcaldesa de todos y conseguir que las personas incorporadas a la gestión pública se conviertan todas en alcaldesas, en ciudadanos que se autogestionan. Pasar del municipalismo de gestión representativo, vertical, a un modelo de municipalismo de gestión popular, horizontal, un modelo dónde se recupera la polis, las asambleas populares transformadoras. 4 Entonces, y sólo entonces, estaremos construyendo otro modelo de sociedad y no una red de personas e instituciones buenas contra la pobreza. Que la suavizan pero que no la destierran para que pueda haber mano de obra barata y abundante.

José Iglesias Fernández

Barcelona, 9 mayo del 2016

¿Qué ha sido de aquel nieto que hace 10 años quería juguetes bélicos? Ahora es un maravilloso muchacho de 16 años, sensible, buena persona, preocupado por su entorno. Hubo soldaditos de plomo; ahora hay soldaditos tecnológicos. Los chicos tienen que disfrutar siendo personas.

Personas bondadosas. Sí. Me sorprende la crítica al buenismo; preocuparse por los demás produce mucha felicidad. Debemos tener tolerancia cero al sufrimiento. Fíjese en las imágenes de Alepo. Me estremece el dolor. Esa niña llorando, el hospital destruido.

Welcome refugees dice el cartel que puso en el Ayuntamiento. Pero han venido menos que letras tiene esa bienvenida… Han venido, aunque se han quedado pocos. Por la estación Sur de Madrid han llegado 2.000; los hemos atendido, se han dado cuenta de que lo de welcome era verdad.

Trata de entender a todos. ¿A sus adversarios también? Sé que hay barreras; trato de dinamitarlas. Todo vale para ir abriendo caminos. Cuando descalifican en los plenos me digo: qué innecesario enredarnos en lo que nos distancia…

¿Eso hace difícil el gobierno? Aprendes a gobernar así. Te tienes que echar a la espalda esos adjetivos; los adelgazas para que no tengan importancia.

¿Cree que esa España que mató a sus compañeros del despacho de Atocha puede regresar? Yo creo que no. Pero es importante seguir trabajando en cómo combatir la violencia. Estamos preparando aquí un foro de alcaldes para estudiar cómo educar contra la violencia. Es un virus que hay que atacar.

¿Qué le preocupa de ahora al respecto? Los insultos, las descalificaciones. Es una manera de hacer política equivocada. Insisto en el buenismo: es una de las cualidades que hay que valorar en política. El político, cuanto menos mentiroso más bondadoso, mejor para la sociedad.

¿Su trabajo aquí le ha traído amigos o enemigos inesperados? Amigos, algunos. Y enemigos, no; me niego a tener enemigos. Creo que la ideología no debe ser obstáculo para el entendimiento personal. La política ha despersonalizado tanto a los individuos que cuando se producen conflictos en los partidos se buscan etiquetas personales.

¿Tiene una receta para no tener enemigos? Reflexionar, pensar, leer. De niña creía que hablaba con Dios; hablaba conmigo. La capacidad de análisis te produce mucha paz.

¿Y no le gustaría echar broncas? No me atrae nada… Cómo abrir puertas sí que es un reto.

¿Se siente rara en este mundo de hoscos? No vivo en ese mundo. Hablo con la gente. Me han interpelado sólo dos personas muy enfadadas. No querían escucharme, tenían miedo, quizá, de ser convencidas.

Quiere ser la alcaldesa de todos. ¿Los que están a su lado la apoyan también en esa intención? Te debes a los ciudadanos, no a los partidos. Esa es la grandeza de la democracia, te debes al bien común, a la lucha contra la desigualdad que hay. Y eso debe guiar tus líneas de gobierno.

¿Le ha costado comprender los errores de los suyos? Los errores de mis colaboradores son también míos, y he de procurar que haya menos errores.

Dijo usted hace 10 años que Madrid sería una ciudad con menos miedo y más felicidad. Y lo es. Hay poco miedo en Madrid. Hicimos ahora en el Retiro una celebración poética con Israel Elejalde y Blanca Portillo… Qué felicidad había allí…

A lo mejor la concita usted. Yo creo que sí.

Quizá está enamorada. Sí. Estoy enamorada de la posibilidad de la aventura personal.

1 Juan Cruz. “Manuela Carmena. Me niego a tener enemigos”. El País, 8 mayo del 2016. La mayoría de los entrecomillados son extraídos de su entrevista

2 Para una argumentación de la pobreza y la desigualdad más rigurosa, ver José Iglesias Fernández. La pesadilla del “american dream”: pobres entre los más ricos. En AAVV. Viaje al corazón de la bestia. Virus, 1999.

4 José Iglesias Fernández. El municipalismo como un proceso contra el capitalismo.

En http://2014.kaosenlared.net/colaboradores/92261-el-municipalismo-como-un-proceso-contra-el-capitalismo

1 Comentario
  1. Dedicado al jubilado apparátchik Iglesias, abducido por la cínica neolengua del clerical-fa$ci$mo... dice:

    “Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo”. Albert Camus

    Al constatarse la identidad de los más rancios totalitarismos, evidenciada en el naziestalinismo tras el Pacto Molotov-Ribbentrop, al leer a Iglesias -autor de La renta básica según san Pablo- utilizando con impudicia el vocablo de amplio predicamento oPpu$ino “buenismo”, me ha venido a la memoria cierto brillante artículo que de seguro ha de reducir su soberbia de pensionado rentista, pagado de sí mismo, a la altura que merecen sus demagógicas insidias.

    SOBRE EL “BUENISMO”. Rafael Poch

    “Ser solidario, aspirar a la justicia y buscar un orden social y un mundo mejores, está feo. Es ingenuo, y si te descuidas sólo sirve para hacerles la cama a los terroristas y dictadores de un mundo de telediario de cadena privada, universo de verdades teológicas que se divide en buenos y malos, “democracias” y “dictaduras”. Para ser “realista”, hay que defender las canalladas del poder instituido, tanto a nivel nacional como mundial.

    Ser sindicalista, por ejemplo, defender los derechos laborales, y hacer huelga es algo “trasnochado”. Protestar contra políticas supuestamente “sin alternativa”, fundamentadas en la “coyuntura económica”, la “situación internacional”, o la “tendencia demográfica”, políticas que son decididas por instituciones (desde el FMI y Wall Street, hasta Bruselas, pasando por la OTAN) no electas y que quedan fuera del alcance de todo voto, todo eso, está pasado de moda. Tener ideales es lo que los catalanes describimos en nuestra lengua como “soñar tortillas”, ser un iluso.

    El mensaje de que hay que estar con la gente que manda, es tan antiguo como la historia, pero ahora se presenta como algo moderno y rompedor. Lo que se lleva es ser malo, retro, egoísta y de derechas. No pensar en colectivo, sino en individuo. Tú solo en la intimidad con tu ordenador, y bien atento a la cotización de las acciones de bolsa, único valor verdadero y real… Un poco de todo eso es lo que sugiere el término “buenismo”.

    En España nació en la caverna intelectual de la FAES, el “think tank” que preside José Maria Aznar, entre los recursos para la defensa abierta de la barbarie racista israelí contra los palestinos, de la guerra y contra el pacifismo, o de la interpretación franquistoide actualizada de los valores nacional-católicos. Es “buenismo” defender los derechos de los palestinos, de los emigrantes, incluido el respeto a sus creencias religiosas y hábitos culturales -y en ese contexto el “buenismo” se invoca para denunciar supuestos “filoterrorismos” e integrismos, o para reivindicar el viejo y rancio racismo y la intolerancia a lo diferente y extranjero. Es “buenismo” practicar o predicar la solidaridad -y en ese contexto el “buenismo” es invocado para fomentar el egoísmo y el darwinismo social… En cualquier caso, ese concepto suele ser utilizado como cuña para introducir la normalización de esquemas que hasta hace poco se consideraban éticamente dudosos o inadmisibles.

    El “buenismo” de la FAES no fue un invento celtíbero, sino una mera traducción al español (entre tanto ya han surgido variantes “autonómicas”) de la cocina intelectual “neocon” de Estados Unidos. Allá el desprecio a los “Good minds”, su equivalente, se creó en los años ochenta y noventa en el contexto del debate sobre el multiculturalismo, para ridiculizar posiciones feministas, sexualmente heterodoxas y antiracistas, y casi siempre vinculado retóricamente con el latiguillo sobre lo “políticamente correcto”.

    Hoy en Europa, quienes emplean el término “buenismo” hablan también de transgredir lo “políticamente correcto”, refiriéndose con ello a aspectos del consenso social europeo desde la posguerra: seguridad y nivelación social, solidaridad, antifascismo, anticolonialismo, que hay que superar en nombre de un “realismo” postmoderno. Se intentan presentar como convencionalismo y actitud blandengue e ingenua, conceptos y consensos éticos de la cultura democrática prácticamente institucionalizados en los últimos cincuenta años o más.

    En la Europa de hoy la crisis está dando un nuevo vigor al eterno intento de reventar ese consenso, lo que precisa de determinados recursos retóricos. Ahí se sitúa el uso como comodín del “buenismo” y sus referencias a lo “políticamente correcto”. Se trata de allanar el terreno a esa reacción restauradora que nos conduce de regreso al antiguo régimen, acabando de vaciar por completo de contenido real el sacralizado (y por tanto exento de ser analizado críticamente y revisado) concepto de democracia, reducido a votar de vez en cuando en consultas que suelen dejar fuera casi todo lo verdaderamente importante. Se presenta como ideología rompedora, realista y moderna, el mensaje más antiguo del mundo, que no es más que la fiera parda de siempre, la agresiva reacción de todas las crisis europeas de nuestro siglo XX. La versión alemana del término, “Gutmensch”, “Gutmenschlichkeit”, etc., lo sugiere con inquietante claridad.

    Un estudio de la Unión Alemana de Periodistas y del Instituto de investigaciones sociales y lingüísticas de Duisburg, sitúa el origen del concepto en el año 1941 y discute si fue obra del propio Goebbels o invento de un redactor del “Der Stürmer”, un semanario nazi que tenía una tirada de medio millón de ejemplares. Lo que está claro es el origen nazi del concepto y que la primera utilización del “buenismo” en Alemania fue para describir y descalificar a los partidarios del Cardenal von Galen (1878-1946), entonces obispo de Münster, que se atrevió a denunciar públicamente la matanza sistemática de disminuidos físicos y mentales practicada por el nazismo en vísperas del holocausto.

    Por eso, no es ninguna casualidad, sino algo completamente lógico e históricamente coherente, que el economista Thilo Sarrazin invoque en la Alemania de hoy el “buenismo” para arremeter contra los pobres y emigrantes que merman el Estado social, y mencione su propia “incorrección política” para introducir ideas clásicas alemanas de la eugenesia nazi, en su libro “Alemania se disuelve”, que ha vendido más de un millón de ejemplares en poco más de un mes.

    Von Galen se opuso a la eugenesia nazi y en 2005 fue beatificado. Un típico idealista, tontorrón, cargado de buenas intenciones, que no comprendía la científica dimensión de la moral de su tiempo. Por eso, hermanos y hermanas, cuando os llamen “buenistas”, regocijaos, que estáis en la buena vía.”

    https://www.youtube.com/watch?v=9KW219o5jw0

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