Publicado en: 18 mayo, 2018

Venezuela. Maduro el presidencialista

Por Jose Medina

La gran promesa del presidente-candidato es que con su victoria el momento del renacimiento económico será una realidad, porque ahora él sí está preparado para lograrlo.

A 4 días de las elecciones presidenciales venezolanas, los partidos ya ocupan sus posiciones. Este hecho, normal en toda contienda electoral, nos está permitiendo descubrir a un nuevo Nicolás Maduro y, dejar por ver si existe una nueva sociedad venezolana.

El presidente se ha comprometido a convertir a su país en una potencia, pero para lograrlo necesita 10 millones de votos el próximo 20 de mayo.

En su empeño de ser reelegido está ofreciendo, a quienes tengan el carnet de la patria, recompensarles si votan, una fiscalización en toda regla para los que no lo hagan. Maduro no tiene límites, poco parece importarle haber fracasado durante 18 años de revolución.

El hijo de Chávez le ha hecho un flaco favor al proceso bolivariano, no ha sido capaz de encajar la ideología socialista como objetivo en la Venezuela del siglo XXI, la ha llevado al esperpento del socialismo, la ha convertido en primitiva.

La tragedia, al estilo chavista, es que ni Maduro ni Chávez, ni nadie de su partido, es responsable de algo que se haya hecho mal; los malos siempre han estado y están del otro lado, las mafias continúan formando parte de la eterna oligarquía mundial, no existe la mafia bolivarista, la responsabilidad de la huida de 1.5 millones de venezolanos de Venezuela no es de la revolución, ni la inseguridad, ni el desabastecimiento, nada es culpa de los revolucionarios.

Maduro no ha creído nunca en la autocrítica, Chávez tampoco, aunque en una campaña electoral en 2008 gritaba que para despertar al pueblo había que alimentarle con el debate, con la crítica y con la autocrítica, porque ello era una especie de ADN de su revolución. Sin embargo para el comandante la crítica y la autocrítica era pura cuestión de dentro, de ellos, sin interferencias externas.

Después de 18 años la crítica desde fuera, de los creadores de la guerra económica, es que el método chavista del ensayo y error no ha acertado, no ha funcionado, que el PSUV se convirtió en una unidad cerrada y que la oligarquía de hoy, es la de ellos y, la que ellos mantienen con las subvenciones milmillonarias.

Maduro ha nacido bajo el ordeno y mando de la figura de Chávez, el reclamador de lealtades sin colores grises, sin fisuras en la obediencia, aunque se partiera la sociedad.

Cuando Chávez exigía crítica y autocrítica, Maduro era Canciller y gritaba y regañaba a los intelectuales por no estar “en sintonía con la agenda del PSUV”, les llamaba habladores de paja, les espetaba que el pueblo no era intelectual porque los intelectuales eran una casta que creían tener “la fórmula del bien y del mal”.

Ese es el presidente que ahora se ha reinventado en otro hombre, en el hombre de Estado para un país donde la principal fuerza política opositora (MUD) no quiere saber nada de su discurso decidiendo no acudir a las urnas, como si ello fuese a disuadir al hombre que habla con las vacas y los pajaritos.

La gran promesa del presidente-candidato es que con su victoria el momento del renacimiento económico será una realidad, porque ahora él sí está preparado para lograrlo.

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