Los hogares más pobres soportan más carga fiscal que casi todos los demás niveles de renta

Por El Boletín

Solo el 10% más rico paga más impuestos, proporcionalmente a su renta, que el 20% de las familias con menos recursos, según un informe de FEDEA.

No es una novedad, pero sigue sin corregirse: solo el 10% más rico de la población paga más impuestos, porcentualmente, que el 20% de los hogares más pobres en España. Es decir, este quintil con las rentas más bajas soporta más carga fiscal que casi todo el resto de la población.

Es una de las principales conclusiones del “Observatorio sobre el reparto de los impuestos y las prestaciones monetarias entre los hogares españoles” que realiza la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). El propio informe apunta el principal motivo: el peso que suponen para las rentas más bajas los impuestos indirectos, especialmente el IVA, así como las cotizaciones sociales, “sujetas a la aplicación de bases mínimas”.

Fuera de ese 20% más pobre, el sistema impositivo funciona de manera progresiva: la relación entre impuestos y renta de los hogares crece con la renta (pagan más los que más tienen). Pero el esquema pierde buena parte de su sentido al hacer aguas en el quintil con menos renta.

La tercera edición de este informe, con datos de 2015, muestra que todos los impuestos analizados reducen la desigualdad de la renta bruta: los hogares más ricos tienen una participación en la renta total después de impuestos inferior a su participación en la renta antes de impuestos. En especial, la participación de los hogares pertenecientes al 1% más rico disminuye un 12,23% después de pagar impuestos. Pero esa disminución también se da en los hogares con menos recursos.

Por otro lado, “todos los impuestos indirectos se comportan de forma regresiva”, explica Fedea. Aumentan la desigualdad de la renta de los hogares en un 4,35%. Entre ellos, “es el IVA el que más contribuye a ese efecto desigualador, lo que se explica, sobre todo, por su elevado volumen recaudatorio. Es un tributo que eleva la desigualdad de la renta bruta de los hogares en un 3,50%”.

Por lo que respecta a los impuestos directos, el IRPF y el Impuesto sobre el Patrimonio (“este, de manera anecdótica”, señala Fedea) son progresivos, mientras que las cotizaciones sociales son regresivas, debido a la existencia de bases mínimas y máximas de cotización.

La aplicación del IRPF reduce en un 7,55% la desigualdad en la distribución de la renta bruta de los hogares, lo que permite que el conjunto de impuestos directos tenga también un efecto igualador del 7,06%. El informe señala que el impacto agregado de todos los impuestos considerados en su estudio (cotizaciones sociales, IVA e impuestos indirectos, Patrimonio, IRPF e IBI, entre otros) reduce la desigualdad con la que se distribuye la renta entre los hogares.

Sobre la evolución con el ejercicio previo, el informe encuentra que la renta bruta total de los ciudadanos creció un 1,71%, y que la mayor parte se concentró en el 20% más pobre y en el 1% más rico. De hecho, la desigualdad de renta medida por el índice de Gini aumentó ligeramente de 2014 a 2015.

El que fue el cuarto año de gobierno de Mariano Rajoy rompió la tendencia de los dos años previos, pues casi todos los grupos de renta vieron caer su presión fiscal, y sobre todo, los hogares de ese 20% más pobre y del 1% más rico.

Ese año, el Impuesto sobre el Patrimonio y el IRPF redujeron su capacidad redistributiva, pues el estudio calcula que pasaron de reducir la desigualdad en un 3,15% (en términos de renta), para hacerlo en un 2,54% un año después.

 

Poca capacidad de los impuestos para reducir desigualdad

“A la vista de los resultados precedentes, y como ya sucedía en años anteriores, hay que convenir que la redistribución mediante impuestos no representa más que una parte muy pequeña del efecto redistributivo logrado por la intervención pública a través de flujos monetarios”, puntualiza Fedea.

Explica que la mayor parte de la política redistributiva se lleva a cabo con “prestaciones económicas”: “Las prestaciones públicas de carácter monetario reducen en un 28,93% la desigualdad de la renta primaria o de mercado de 2015” y hasta un 80% de ese efecto se debe al impacto redistributivo de las pensiones de jubilación y supervivencia.

Agregando los dos instrumentos de la intervención pública, el resultado es que los impuestos y las prestaciones disminuyen en un 30,73% la desigualdad de la renta de mercado. Pero solo las prestaciones públicas son responsables del 94% de ese efecto global, por lo que la incidencia de los impuestos en la redistribución de la riqueza es mucho más limitada.

Por tipos de hogares, Fedea encuentra que las familias en que al menos uno de sus miembros tiene más de 65 años, los dependientes de una pensión y aquellos cuyo sustentador principal es mayor de 65 años, son los que soportan un tipo efectivo menor, se benefician de un subsidio efectivo mayor y, por tanto, resultan los mayores beneficiarios netos de la intervención pública a través del conjunto de impuestos y prestaciones monetarias.

Sin embargo, los hogares que son los mayores contribuyentes netos a la Hacienda Pública son los formados por una persona menor de 30 años, los dependientes de autónomos y aquellos cuyo sustentador principal tiene entre 40 y 50 años. “En consecuencia, como en otros países, también en España opera una redistribución de los grupos de menor a mayor edad”, concluye.

 

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