Los clásicos, la enseñanza y la vida

Por Iñaki Urdanibia

Un par de obras que reivindican el papel y la necesidad de ellos en este tecnificado y deshumanizado mundo, guiado por el criterio de utilidad y la ganancia material.

Por Iñaki Urdanibia

Es bastante frecuente que se alcen voces a favor de conservar o ampliar la presencia de las humanidades en los planes de enseñanza; clamando contra su creciente discriminación cuando no abandono en beneficio de una profesionalización técnica que pretende crear zoquetes para la producción – que decía por ahí- o del engorde de pollos de la que habla Nuccio Ordine, el nombre de este profesor en la universidad de Calabria puede sumarse con méritos propios y sobrados a la cohorte de defensores de las letras y su presencia en la enseñanza desde sus primeras etapas. Así junto, y no paso lista, a los Carlos García Gual, Francisco Rodríguez Adrados, Martha Nussbaum, Edgar Morin, Salvador Giner, Rafael Argullol, Jordi Llovet, Emilio Lledó, y una legioncilla que coincide en dicha reivindicación con el, nada desdeñable propósito, de conservar su puesto de trabajo o al menos mantener horas en su especialidad. Las argumentaciones de Ordine, en este terreno, como digo, resultan sagaces y sobresalientes como ya dejase ver en su necesario La utilidad de lo inútil. Manifiesto ( Acantilado, 2013). Ahora vuelve a la carga con unos torpedos de indudable potencia, en su Clásicos para la vida . Una pequeña biblioteca ideal ( Acantilado, 2017), y me refiero a las casi cincuenta páginas iniciales del ensayo ( Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos); y vamos por partes.

Como ya queda señalado desde el mismo título el libro trata de los clásicos, apropiados para llenar los anaqueles de una selecta biblioteca, al tiempo que les otorga un papel de importancia con respecto a nuestro hoy, a nuestra vida. Es decir, no consiste en repetir el canon del panteón de los escritores y pensadores célebres y celebrados sino extraer lecciones de sus escritos: una cincuentena de autores – una sola mujer: Marguerite Yourcenar- y sus obras más destacadas son presentados con sagacidad . Desde Antoine de Saint-Exupéry hasta Albert Einstein, pasando por Shakespeare, Platón, Thomas Mann, Maquiavelo, Goethe, Zweig, Borges, Gordano Bruno, Rilke, Cervantes, Pessoa, Cavafis, Clavino, Montaigne, Flaubert, y…no cito a todos. Desde luego la selección es de altura y son todos los que están aunque siempre, como en toda selección, podría haber otros. Los trabajos presentados fueron publicados inicialmente en el suplemento semanas del Corriere della Sera.

Como señalaba en la Introducción, que podría valer por si misma, se rompen lanzas a favor de la enseñanza, y el papel que en ella ha de reservarse a la lectura de los clásicos; el mismo profesor indica como en su labor como enseñante ha recurrido a recurrido a la lectura de los textos clásicos , deteniéndose en las enseñanzas que se puede sacar de ellos, muy en especial para la vida de los alumnos. Destaca en estas páginas preliminares la importancia que en la enseñanza ha de reservarse a la lectura de los clásicos, dándoles vida y no como seres muertos o reducidos a su época, y la impronta que pueden dejar los buenos profesores, ya que su labor puede orientar las vidas de los alumnos( se refiere al homenaje realizado por Albert Camus, con ocasión de la recepción del Nobel de literatura, a quien fuese su profesor , Louis Germain); si siempre se habla- en los boletines oficiales- de que le educación han de perseguir la creación de sujetos autónomos, creativos y críticos, desarrollando para ello la imaginación, la realidad y los planes de estudio están en las antípodas de tal espíritu, ya que la lógica imperante es la empresarial , no solo preocupándose única y exclusivamente en formar alumnos que puedan ocupar puestos en la cadena de producción, sino también en el funcionamiento interno de los centros que hacen que los directores, convertidos en afanados técnicos de empresa, hacen que el profesorado se vea sometido a ciertas exigencias burocráticas que hacen que no pueda dedicar el tiempo debido a su labor pedagógica. Las tablets, y otros ensalzados – e impuestos- medios digitales son desenmascarados como medios ineficaces para incitar la curiosidad y la creatividad de quienes ya están saturados de tal tipo de medios con sus propios ordenadores, móviles y otros artefactos que les mantiene todo el día conectados. Esta lógica empresarial señalada se traduce igualmente, como señala Ordine con tino, a la valoración de los bienes culturales como si de bienes relacionados con el mero beneficio se tratara, aspecto que desborda el plano pedagógico y formativo, para ampliarse a los planes de las administraciones en lo que hace al turismo, y las obras de arte, que se mide por el precio-petróleo que pueda suponer en visitantes, quedando el aspecto cultural y civilizacional ignorado o despreciado.

Como digo, y reitero, estas páginas introductorias – del interés de las otras qué decir, obviamente- son de una lucidez deslumbrante y deberían estar presentes en todos los centros educativos ( y en quienes realizan las programaciones) como guías para una formación cabal de las nuevas generaciones, ya que como concluye el ensayista: « es preciso partir de los clásicos, de la escuela, de la universidad, de aquellos saberes injustamente considerados inútiles( la literatura, la filosofía, la música, el arte, la investigación científica de base para formar a las nuevas generaciones de ciudadanos. Porque, como recordaba Giordano Bruno en un bellísimo pasaje del Candelero, todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado significará, irremediablemente, seguir cometiendo error tras error ».

Iluminaciones literarias

.Contra esta marginación de las Letras en los procesos de enseñanza se alza igualmente una atractiva obra de Antonio Iturbe y Jordi Lafebre: Cincuenta momentos literarios ( Bridge, 2017). La táctica seguida por los autores es tratar de motivar a quienes se acerquen al libro, centrado como se puede adivinar desde el propio título en la literatura.

Si en los programas educativos se margina a tal disciplina, su decreciente presencia se reduce en los manuales en la repetición de fechas, lugares y enumeración de obras de un autor tras otros, lo que no conduce obviamente al aumento del interés del alumnado sino que, al contrario, hace que tal asignatura sea considerada además de inútil , un peñazo infumable; en contraposición a este sistema, Iturbe y Lafebre recurren a narrar cincuenta momentos literarios, que van siendo expuestos como destellos en el curso de la humanidad. Desde el poema de Gilgamesh u Homero hasta Roberto Bolaño y David Foster Wallace, asistimos al surgimiento y las circunstancias de tal de obras estelares de la historia de la literatura en casos destacados – y no cito todos, entre los que desde luego no hay desperdicio- como los de Emily Dickinson, Lev Tólstoi, Cervantes, Austen, Goethe, Poe, Thoreau, Camus, Virginia Woolf, Kafka, y así hasta cincuenta narraciones en las que se da vida a obras y el momento y las condiciones de su creación.

El viaje es acompañado de ajustadas ilustraciones de Jordi Lafebre, lo que hace la presentación y la lectura más amena y clarificadora todavía. Un acertado surtido de ejemplos de creación y de las condiciones de surgimiento de lo más granado del mundo de las letras, que juzgo que , sin dudarlo, ha de servir de acicate y consiguiente motivación para acercarse a las obras y autores visitados.

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Reivindicación de los clásicos

Si alguien dedicó luminosas páginas al asunto, este fue Ítalo Calvino , de quien me permito reproducir algunos de sus consejos extraídos de Por qué leer los clásicos. Tusquets, 1992; pp. 13-20:

1) Los clásicos son estos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo…” y nunca “Estoy leyendo”.

2) Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

3) Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

4) Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

5) Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.

6) Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

7) Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado ( o más sencillamente, en el lenguaje o las costumbres).

8) Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

9) Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

10) Llamase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

11) Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

12) Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.

13) Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

14) Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

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