Publicado en: 24 febrero, 2018

Llorar por los cerdos

Por Pepi Vegas

A nadie le importan esos seres sintientes, masificados como cosas, nadie escucha sus lamentos… y tras las mugrientas paredes y oscuras estancias de las granjas del horror, seres equivalentes a niños de cuatro años, son sistemáticamente torturados y asesinados de forma brutal y sin control…

Un cerdo tiene la misma inteligencia que un niño humano de entre tres y cuatro años. Su actitud, inocencia y carácter es semejante a la de un perro.

Un cerdo es sensible al dolor, siente miedo, sed, hambre, estrés, frio y calor como cualquier ser humano.

Un cerdo se aparea, procrea cuida de sus crías los amamanta, los protege del peligro, los enseña a jugar y los guía en su desarrollo, igual que cualquier otro mamífero, igual que los humanos.

A lo largo de la historia de la humanidad el cerdo, en un principio salvaje, era capturado para alimento de las tribus o clanes en las cavernas. Mas tarde pasó a ser criado en cautividad abierta o cerrada en los asentamientos humanos, y matado igualmente con el mismo fin.

A partir de entonces, y hasta nuestros días en algunas zonas rurales, era cebado, engordado hasta el limite, y un día entre enero y febrero, asesinado por su dueño para convertirlo en cecina y conservas caseras que duraban todo el año.

Hasta ahí es aceptable; la cultura, la época, la necesidad de alimentarse, la escasez de recursos y las costumbres propiciaban estas prácticas, equilibradas al fin.

En la actualidad existe una demanda brutal de sus cuerpos para ser consumidos, existe un comercio de industria cárnica egoísta cruel y despiadada, y su producción desmedida e incontrolada en las llamadas granjas porcinas, que en realidad son fábricas de cerdos creados y engendrados artificialmente, paridos del útero de madres apresadas en jaulas del tamaño de su cuerpo, amamantados a través de los barrotes un tiempo, o separados nada mas nacer para ser congelados y envasados al vacio… es una degeneración de aquellas matanzas familiares de un animal para todo el año por necesidad.

El trato recibido durante los pocos meses de vida que les conceden es un infierno; demostrado y filmado por infiltrados de ONGs animalistas de renombre en todo el mundo. Recientemente en España el ultimo caso documentado, grabado por el programa Salvados del periodista Jordi Évole, y difundido en todos los medios.

Cerdos lisiados, con tumores terribles, con heridas infectadas… maltratados, apaleados y torturados por trabajadores, a veces inmigrantes, a los que controlan poco y pagan menos. Otro caso en España hace unos años sacó a la luz otra de esas granjas del horror, en las que unos empleados se divertían con una vieja espada oxidada atravesando a los cerdos desvalidos y aterrorizados, mofándose de ellos y haciéndose fotos para divertirse. Todo está documentado.

Ausencia de inspecciones por parte de los organismos competentes… Las empresas, a las que proveen de cadáveres para el consumo humano estas mal llamadas granjas, miran para otro lado, el origen del producto y el protocolo aplicado hasta llegar descuartizados a las fábricas de procesado, envasado y etiquetado no importa, eso es otra cuestión, lo que importa es el marketing, la presentación final y la publicidad engañosa que invita al público ciego e ignorante a consumir carne de cerdo, como si fuesen pedacitos de gloria caídos de un árbol mágico. Carne que contiene cantidades ingentes de fármacos, antibióticos, productos químicos, cancerígenos, y sufrimiento atroz.

A nadie le importan esos seres sintientes ignorados manipulados, masificados como cosas, nadie escucha sus lamentos…. De todas formas hay que matarlos… y tras las mugrientas paredes y oscuras estancias de las granjas del horror, seres equivalentes a niños de cuatro años, son sistemáticamente torturados y asesinados de forma brutal y sin control, ni ética, ni compasión alguna.

Yo he llorado por los cerdos.

Solo tenia siete años… una madrugada me despertaron los gritos desgarradores del cerdo que durante todo el año había visto, alimentado y jugado con él en el corral de mi casa. Un pueblo de Extremadura, una familia normal y una práctica normal. Lloré y grité casi como él, pero no me dejaron verle ni estar a su lado. Para mi estaban asesinando a mi amigo, que sin saberlo entonces, era un niño de cuatro años con aspecto diferente al mío.

Es el egoísmo desmesurado de la industria cárnica, más que la propia demanda del mercado de consumo. Es el despilfarro, la desidia, la maldad, el engaño y la falta de ética. Miles de cerdos son apartados por excedencia o defectos… como los tomates, para no perder ganancias son descartados, arrojados a fosas o contenedores, vivos, para que mueran cuando puedan… solos.

Los más son transportados, repartidos a los mataderos, hacinados en camiones, que a veces vuelcan en las carreteras… en estos casos está prohibido a las organizaciones animalistas prestarles socorro, son cargados nuevamente mal heridos o abandonados agonizantes…

Generalmente llegan al destino con patas rotas, heridos sufriendo la sed y el terror indescriptible de viajes infernales.

He llorado por esos cerdos…

“Cerdo”: Adjetivo que aplicamos a quien nos parece indecente, deshonesto, obsceno, sucio, despreciable, mala persona. Qué error tan imperdonable… confundir cerdo con “Humano”.

Pepi Vegas

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