Las Edades del “Hambre” y la insaciable avaricia del clero

Por Juan Vallejo

La presunta estafa de que se les acusa es un delito gravísimo, no ya por tratarse del dinero del pueblo soberano en gran parte, sino por estar urdido por gentes, que a modo de hechiceros, botafumeiro en mano, tratan de embaucar al personal; a fe que lo consiguen.

Las nomenclaturas que la Iglesia instala en su dogma no deja títere con cabeza en lo que a la mujer se refiere. Tanto en los libros bíblicos como en las asociaciones y leyes que fragua, relega el sexo femenino al desprecio más absoluto, no digamos a los otros colectivos u opciones gays, lesbianas, transexuales, etc. Viene esto a cuento del nombre con que intitula las exposiciones sobre arte religioso por varias ciudades de Castilla y León: Las edades del hombre. No optan por las edades del ser, o de la gente, de la persona, no: del hombre.

Cualquier evento en donde el arte religioso en forma de imaginería, de códice, de cuadros, de reliquias, etc., es utilizado por la mitra correspondiente para succionar del Gobierno, del pueblo, de la Junta correspondiente, de la banca o el sursum corda; todo lo que se tercie. Y es que el “espíritu de recogimiento” de la clerigalla no escarmienta a pesar de los escándalos que subrayan su historia de codicia e hipócrita relación con la pobreza.

Resulta que Las Edades del Hombre tienen ante si una sarta de embustes emanada desde sus cuentas y subvenciones que debe dirimir la Justicia. Les han denunciado. Nadie cree las cifras hinchadas que pregonan en sus muestras, la de Oña por ejemplo, a la cual asistí un par de jornadas, y ni mucho menos la cifra de 1.200 asistentes diarios, ( concitó tal evento 175.000 asistentes ) según pregona la organización que ubica su contabilidad y sede en el monasterio de Valbuena, cuya restauración ha trincado numerosas subvenciones y créditos para paliar los más de 4.000.000 de euros de pérdidas que lleva. Con esta trampa saducea intentan y lo consiguen, que la Junta les unte generosamente, mediante adjudicación directa, con varios millones de euros. Esto, que no tiene parangón, se realiza sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, gratis et amore, por amor al arte.

Los 11.000.000 de habitantes que suman tales exposiciones no se los cree ni el mismísimo San Marcos en Venecia. Eso sí, la alcahuetería de la Seo correspondiente, va a misa y hace comulgar con ruedas de molino su delirio de gentío en sus “edades”.

Ahora se denuncia esta trampa por el Partido Castellanista, PCAS y un particular al que tildan de oportunista, cuando en realidad es uno de los grandes editores mundiales ( acaba de producir una maravilla: el Voynich ), el responsable de Siloé, Juanjo García, que con Pablo Molinero, su socio, resisten el temporal, la insidia y la envidia de haber abierto un  museo del Libro en tierra hostil, Burgos, donde tienen la empresa editorial. Dos trabajadores admirables. Acusan a la Fundación de las Edades del “Hambre” de fraude, falsedad de documento oficial, malversación, prevaricación, etc. Me refiero con esto del hambre, a la insaciable avaricia del clero correspondiente, capaz de consagrar la fe que venden en el arca de la alianza de la banca y el dinero: avidez en suma por el oro. ¡Cuánta desvergüenza!

Los cálculos, según la asistencia que imprimen en sus cifras, serían más de 33.000.000 de euros recaudados, si ponemos una media de tres euros la entrada. ¿Dónde está ese dinero? ¿Porqué claman deudas, requieren prebendas y subvenciones a la Junta, banca y todo lo que se menea? Hasta la Fundación Villalar ha caído en la red de la codicia turiferaria. Parece que la mentira se vuelve contra ellos, como si los fariseos del evangelio les hubieran levantado la sotana dejando al aire sus vergüenzas, eso si: forradas de dinero. Esperemos que los jueces no entren en sus bendiciones, deletéreas e insanas.

Esta manía de exponer sus tesoros cada año debe poner fin ya. Las últimas historias exhibidas son muy pobres, muy flojas en cuanto a arte se refiere. Hace mucho que agotaron su esplendor. El público asistente, desde hace varias “edades”, es muy escaso y sale desilusionado. Han tenido que ser trufadas con arte contemporáneo dado su débil bagaje cultural. Lo han acabado de rematar.

La presunta estafa de que se les acusa es un delito gravísimo, no ya por tratarse del dinero del pueblo soberano en gran parte, sino por estar urdido por gentes, que a modo de hechiceros, botafumeiro en mano, tratan de embaucar al personal; a fe que lo consiguen.

Por si les sirve, a pesar de mi deseo de que se olviden de esta añagaza a costa del arte, rematen el homocéntrico asunto con Las Edades de la Mujer: material tienen más que de sobra con las Once mil vírgenes y Santa Úrsula, del museo del Prado; la Gran Ramera del Apocalipsis, y la Magdalena de la catedral de Burgos, seguro que recaudan lo suficiente para vivir como Dios. Y, ¿por qué no? Todas las fotografías y documentos de las mujeres rapadas, exhibidas, violadas, silenciadas y fusiladas por el franquismo, por la delación y acusación de curas, párrocos y demás tonsuras durante la Guerra y Civil; después sometidas al luto y la mordaza; la pobreza y la miseria durante más de cuarenta años por el mero hecho de ser mujer, madre o hija de un republicano, de un maestro o no comulgar con las bulas de la santa Cruzada.

Las Edades del “Hambre” y la insaciable avaricia del clero

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