Publicado en: 13 septiembre, 2017

La vida según Juan Marsé

Por Jose Luis Merino

Juan Marsé, Premio Cervantes 2008: un inteligente autorretrato, a través de sus palabras

Por Jose Luis Merino

Al morir su madre en el parto, el niño Juan Faneca Roca fue adoptado por el matrimonio Marsé. Desde entonces fue conocido como Juan Marsé. Esto sucedía en Barcelona en los primeros días de enero de 1933.

Cuando en 2008 le concedieron a Juan Marsé el Premio Cervantes de 2008, se dieron a conocer los títulos de sus mejores libros: Encerrados con un solo juguete (1960), Últimas tardes con Teresa (1965), La oscura historia de la prima Montse ((1970), Si te dicen que caí (1973), Un día volveré (1982), Ronda del Guinardó (1984), Teniente Bravo (1987), Rabos de lagartija (2000).

El mismo día de la concesión del preciado Cervantes, yo me encontraba parado en la esquina de una duda y desocupado. La desocupación me llevó a recordar algunas palabras de Juan Marsé en forma de autorretrato. Estas son: “Escribo para recuperar la memoria usurpada por 40 años de franquismo, pero hace ya tanto que lo digo que constatarlo me resulta deprimente a más no poder”… / “Se trata de un sujeto sospechoso de inapetencias diversas y como deslomado, desriñonado y despaldado. Ceñudo, maldiciente, tiene la pupila desarmada y descreída, escéptico los hombros, la nariz garbancera y un relámpago negro en el corazón y en la memoria”… / “La lengua es una manera de entenderse; cuando la convierten en bandera para algo ya meto la mano en el bolsillo porque sé que me robarán la cartera”… / “El tipo es bajo, desmañado, poco hablador, taciturno y burlón. No se considera un intelectual, y soporta mal que le traten como si lo fuera”…

Acto seguido revisé algunas de sus respuestas a preguntas mías. Ahí están en dulce montón: ¿El escritor es un falsario redomado, cuando finge que la vida está pasando en lo que escribe? El buen escritor no falsea la realidad: simplemente la rectifica. La novela no está ahí para reflejar la vida como es, sino como debería ser. ¿La felicidad no se puede contar? ¿Sólo lo amorfo y la frustración son parte de la literatura? Dejemos que la literatura se ocupe de la infelicidad. De la felicidad ya se ocupan los entrevistadores. ¿Es preferible escribir aquello que se piensa antes que aquello que se habla? ¿Por esa razón, la escritura es aquella parte nacida para no ser dicha? Está claro que la escritura es para ser leída. Pero la escritura incluye lo que se dice y lo que se piensa, que, a veces, es una sola y misma cosa. ¿Has observado que ahora enseñan las piernas para anunciar casi todo? No he observado nada de eso. Y, desde hace tiempo, ni siquiera piernas: todas las mujeres usan pantalones. ¿El escritor intenta hacernos ver que la ficción es más atrayente que la realidad? Lo intenta siempre, pero a veces no lo consigue. Si la ficción no fuese más atrayente que la realidad, no escribiría ni Dios. ¿La contradicción es el motor del mundo? ¿Todas las cosas se contradicen a sí mismas? Una mente sólida es aquélla capaz de albergar dos ideas contradictorias al mismo tiempo y convivir con ellas. Cuando los predicadores y/o escritores afines nos hablan del alma, ¿es para darnos la lata? ¿Lo mismo podía decirse de los políticos cuando intentan “explicarnos” la vida? Teresa de Ávila y Juan de la Cruz nos hablan del alma sin darnos la lata. Todo consiste en tener algo que decir y decirlo bien. En cuanto a los políticos, jamás han sabido (o querido) explicar nada. ¿La vida es un knock–out interminable? Hombre. Es una idea.

Visto el autorretrato y sus respuestas, me queda la duda sobre si Marsé ha tratado de decir insinceramente en ellas determinadas verdades y emitir sinceramente unas pocas mentiras.

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