La segunda muerte de Antonio Martin, con noticias sobre su asesinato

Por Antonio Gascón Ricao, Agustín Guillamón Iborra

Antonio Martín, líder anarqusita de la Cerdaña, fue asesinado en una embosca preparada en Bellver el 27 de abril de 1937. Archivos contra leyendas, documentos contra mitos, historia sin adjetivos contra la historia sagrada y sus sumos sacerdores

Por Antonio Gascón Ricao, Agustín Guillamón Iborra

“Un héroe tiene cien muertes, y no es posible que muera de una sola manera”

(J. García  Oliver)

El mito del eterno retorno

En estos últimos tiempos y en función de los vientos que soplan por Cataluña, los elementos soberanistas vuelven de nuevo por sus fueros, rememorando lo que para ellos fueron sus viejas glorias o sus supuestas hazañas durante el periodo de la guerra civil española, en ocasiones sin citar las fuentes de donde han salido aquellas historias o citándolas mal, pensamos que de manera muy consciente [1], en campañas mediáticas que incluso han logrado traspasar las fronteras nacionales.

Y así el desafortunado asunto de la profanación del cadáver de Antonio Martín Escudero en 1941, historia más propia de tiempos de la Inquisición, que de la época contemporánea, no tan solo ha sido aireado en Cataluña sino también en la cercana Andorra, suponemos que por lo inquietante y macabro de aquella historia.[2]

Circunstancia que ha permitido a Queralt Solé, autora del trabajo volver a explicar, una vez más, su versión de los Hechos de Bellver, los acaecidos en abril de 1937, justificados según ella por el dominio tiránico que los anarquistas ejercieron sobre la Cerdaña.

Pero eso sí, olvidando referir al lector los orígenes de aquella historia local, que de forma simple se podría resumir afirmando de ella que fue una vulgar reyerta económica, muy propia del elemento campesino de la época, en su caso al ser muy reticente a cualquier cambio revolucionario que intentara alterar su modus vivendi, pero reyerta  que finalmente concluyó con sangre.

 

“Olvidos” y ocultaciones

Del mismo modo que también se ha dejado en el olvido explicar la poco edificante actuación de los nacionalistas o del PSUC en aquella comarca, antes y después de la muerte de Martín a las puertas de Bellver, con el correspondiente rastro de persecuciones y muertes de sus adversarios políticos, los de cualquier signo.

Y en el caso concreto de Martín, asesinado de mala manera en lo que se podría calificar como una vulgar emboscada, propia de bandoleros de camino real, al haber estado planeada a conciencia y en comandita por varios grupos distintos de asesinos, posiblemente tres, pero que en dos de los casos, como mínimo, estaban sujetos a las órdenes de destcados miembros de la Generalitat.

Individuos, más bien sicarios, que aparecieron por la comarca convenientemente camuflados bajo el amparo de una falsa documentación oficial, y todo ello debido a la falta de valor de las autoridades, dado que hasta entonces nadie había sido capaz de cursar un sola orden de detención sobre Martín, que podría haber sido apresado sin problema alguno durante alguna de las innumerables visitas que éste realizó a Barcelona, a donde bajaba habitualmente para informar.

O sea, asesinado por los mismos personajes que poco antes clamaban a gritos justicia contra “los incontrolados” anarquistas, y en lo que significó un exitoso ensayo general de lo que después fueron los llamados Hechos de Mayo barceloneses,[3] y cuyo telón se levantó en primer lugar, no en Barcelona, sino en el Ripollés o en la Cerdaña.

 

Los orígenes de la represión

La misma “justicia” que aplicarán sin piedad los nuevos “amos” de la situación a las gentes de la CNT y del POUM en la Cerdaña a partir de mayo de 1937, eso sí, olvidando buscar entre ellos mismos o en sus aledaños a los verdaderos instigadores de las matanzas del año anterior, que al final resultarán ser su excusa principal a la hora de justificar aquellas persecuciones políticas.

Matanzas acaecidas en la Cerdaña bajo la sombra de la sospecha de sucias y turbias venganzas personales y políticas, ya que en su trasfondo se intuía que con ellas se trató de  devolver  con creces la represión que habían sufrido en sus carnes los nacionalistas, tras el fracaso de su  movimiento, en octubre de 1934. De hecho, un ejemplo que cundió en muchas otras comarcas catalanas. Persecuciones o asesinatos  que hasta la fecha no han merecido el interés de ser estudiados por alguien.

 

El nacimiento de los mitos locales

Si analizamos con cuidado todo lo referente a la muerte de Antonio Martín, no resulta difícil descubrir el origen de su leyenda negra, tanto respecto a su muerte como a los orígenes del posterior mito de Bellver.

Mito que nació del pacto secreto entre dos personas muy concretas: Joan Solé, alcalde de Bellver, y Francesc Viadú, delegado de orden Público en Lérida. Ambos se encargaron además de construir otra leyenda: la de Joan Jordá, apodado “el penja-robes”, como asesino de Antonio Martín.

Esta última leyenda intentó encubrir la autoría del asesinato del líder de Puigcerdá, haciendo creer que Martín había muerto a manos del antiguo anarquista “arrepentido” Joan Jordá.  De ahí que ambos personajes (Solé y Viadiú) se dedicaran a señalar con el dedo a Jordá, proponiéndolo como presunto asesino de Martín, con la insana intención de que a su vez sus antiguos camaradas de Puigcerdá lo asesinaran[4]; objetivo que no se cumplió, puesto que Jordá vivió muchos años, falleciendo de muerte natural en Francia.

Con aquella maniobra, ambos personajes trataron de encubrir su propia responsabilidad personal en todo aquel asunto, o la responsabilidad moral y judicial de los auténticos autores materiales de aquel asesinato, en su caso el de un supuesto grupo de policías, o la del grupo enviado directamente por Estat Catalá, y entre cuyos miembros figuraba el capitán Carles Balaguer, antiguo comandante en jefe de la compañía de esquís, apresada en la Molina el 1 de marzo de 1937 por los hombres de Martín.

Desajustes y chirridos de la versión “oficial”

El colmo de todo aquel esperpento fue que tras la muerte Martín, ni su propio cadáver quedó tranquilo, tal como ha recogido Queralt Solé en un trabajo reciente, publicado en un revista local, donde aprovechando la introducción al mismo, vuelve a repetir los falsos tópicos de siempre, en algún caso recogidos anteriormente en la obra de Pons Portu y Solé Sabaté[5], pero con algunas novedades que consideramos dignas de mención.

La primera es que Queralt Solé, sin que entendamos muy bien por qué, ha decidido reducir sensiblemente el número de asaltantes, supuestamente dirigidos por Martín aquel 27 de abril de 1937, cuantificándolos en tan solo 100, cuando en su día Viadiu daba  la cifra de 210, mientras que  Pons Portu  y Solé Sabaté dieron la de 350; guarismo sospechosamente idéntico al que aparece en el folleto editado por el Ayuntamiento de Bellver en 1937,  puesto que allí se daba ese mismo número.

La nueva versión de Queralt implica una rebaja sustancial de 250 asaltantes menos. Por otra parte, esa rebaja no se justifica de ninguna forma. Del mismo modo que tampoco hace referencia alguna respecto a las incongruencias existentes entre los autores que la han precedido en el tema.

Otra cuestión que Queralt Solé tampoco justifica es la presencia en Bellver de un grupo de guardias de asalto, según ella enviados por la Generalitat, que en este caso no se atreve a cuantificar.  Por otra parte, es necesario subrayar que existe un documento oficial, que Queralt Solé parece desconocer, según el cual los susodichos guardias de asalto era en realidad mozos de escuadra, y no de asalto. Se trata, por lo tanto, de un cambio “de cuerpo” realmente curioso y carnavalesco

Detalle que su padre, el también historiador Solé Sabaté, aportó en su libro, en su caso afirmando que el total de los guardias de asalto era de seis, eso sí, sin citar la fuente o el origen de tal afirmación[6], fiel indicador del escaso rigor de la obra y de su autor.

La presencia de los susodichos guardias de asalto en Bellver es una cuestión muy sorprendente, puesto que con la misma se enmendaba la plana, y la historia, al propio alcalde Solé, que se había pasado la vida afirmando, incluso en declaraciones recogidas en el propio libro de Solé Sabaté, que en Bellver, durante los sangrientos hechos del 27 de abril de 1937, no había habido fuerza pública de ningún tipo.

Es por ello que de ser cierta aquella presencia, y con indiferencia de que fueran mozos o guardias, dicha presencia hace trizas el elaborado mito local de que el pueblo de Bellver fue el protagonista único y solitario de aquella heroica defensa.

Se desvanece el mito

Una defensa local, según el mito protagonizada sólo y exclusivamente por los habitantes de Bellver, harto discutible, ya que de realizar un simple recuento, en la mañana del asalto, por Bellver deambulaban, a su aire, en primer lugar unos supuestos pirenaicos al mando de un sargento directamente relacionado con un alto cargo de la Generalitat; en segundo lugar, un grupo de supuestos policías, bajo las órdenes de un tal Climent, que después resultó ser el responsable político del PSUC de Puigcerdá; en tercer lugar, un grupo de Estat Catalá, denominado los Patos[7], del cual debía formar parte Esteve Albert i Corp[8], en aquel momento apresado en La Seu d´Urgell; y en cuarto lugar el grupo de guardias de asalto, ahora conocido y puesto en el lugar por Queralt Solé.

Mucha gente foránea para seguir sosteniendo el supuesto mito de la defensa exclusiva por parte del pueblo de Bellver.  Pero no podemos olvidar al grupo de anarquistas “arrepentidos”,  que al parecer estaban bajo el mando del Penja-robes, grupo heterogéneo, que se podría cifrar en más de 35 individuos, sino eran más, ninguno de ellos originario de Bellver. A todos estos forasteros habría que sumar un número indeterminado de vecinos, armados con escopetas de caza, o con  16 mausers y 20 pistolas reglamentarias del ejército, procedentes del depósito del ejército de Lérida, en este caso proporcionadas por el diputado Canturri.

Sin descartar que también pudiera haber algún que otro carabinero, de los recién salidos de Puigcerdá, puesto que la antigua compañía de dicha población llevaba ya unos días acampada en la Molina, al haber decidido abandonar en masa su antiguo destino, ante el inminente asalto que sobre Puigcerdá se preparaba desde Ripoll, por parte de los carabineros y con la ayuda del PSUC. “Huída” que siguieron con entusiasmo otros 10 guardias de asalto más, que en su caso realizaban labores de policía en Puigcerdá, y que acabaron marchándose en el mismo tren.

Otra presencia en Bellver, que no se puede descartar, es la de algunos grupos autónomos de Estat Catalá, como los dirigidos por Baidies o Dalmau, tolerados y permitidos por Viadiú, que andaban por la zona amparados bajo el disfraz de los típicos “monos” propios de los milicianos, aunque camuflados bajo las reconstruidas Patrullas de Muntanya de l´OMNS, pertenecientes al grupo “Nosaltres Sols” de Daniel Cardona[9]. “Milicianos” anónimos que son citados explícitamente en diversas ocasiones en el folleto que después de los hechos del 27 de abril editó el Ayuntamiento de Bellver. Folleto que se extrajo del informe oficial que realizó Viadiu a la conclusión del incidente, tal como consta en un Acta municipal[10].

Tampoco podemos olvidar los guardias de asalto que Josep María Benet, jefe de los Pirenaicos, cuantificaba en “dos autocares”, en el comentario que hizo en la entrevista que le hizo Estanislao Torres: “Precisamente Balaguer tomó parte en aquella acción, (en la de la muerte de Martí). Les enviamos armas y recibieron la ayuda de guardias de asalto, que llegaron en dos autocares“[11]. Asunto que también confirmó el diputado Canturri, pero sin dar una cifra concreta[12].

Hay que revisar las fuentes

Del mismo modo que la excusa de la violencia política, señalada por muchos cronistas como motor de la resistencia de Bellver, ya no se mantiene hoy en pie, ya que tal como subrayaba el historiador Miguel Izard, en una entrevista, la Cerdaña no fue precisamente el lugar donde hubo más represión en la retaguardia, al contrario de lo acaecido en Tarragona o  en Lérida:

“Hay que decir, sin embargo, que las comarcas con un porcentaje de muertes mayor son las zonas agrarias de Tarragona y Lleida, donde la CNT no tiene implantación.

Habría que preguntarse qué represión habían sufrido antes estas zonas para reaccionar así. No hay que olvidar el contexto de represión desde hacía siglos a manos de la Guardia Civil, la Iglesia o los pistoleros de la burguesía. También es cierto que muchos aprovecharon el momento de cambio para las venganzas personales”.[13]

Comentario que obliga a replantearse muchos tópicos aceptados como reales, incluidos los de las víctimas, al haberse planteado su estudio con otros fines, o al adjudicar victimas al “grupo” de Martín, cuando en muchos casos fueron los carabineros los autores de aquellas tropelías, tal como consta en los archivos[14].

El viejo mito del “enemigo” del pueblo

Otro de los tópicos que figura en la entradilla del trabajo de Queralt Solé es el simplista análisis que realiza del incidente de Bellver, el de abril de 1937, describiendo con todo lujo de detalles la supuesta escena de la muerte de Martín, con una precisión casi cinematográfica y muy novelesca. Visión que se desacredita por si misma al dar a entender que la suficiencia o la chulería de Martín fue la causa principal de su muerte. Las apreciaciones y explicaciones de Queralt Solé están muy alejadas de la realidad, y sólo responden a unos juicios de valor subjetivos, absolutamente opuestos a las características físicas y éticas de Antonio Martín:

“La suficiencia de los atacantes y sobre todo de su capitoste, El Cojo de Málaga, hace que éste se ponga al frente de los hombres que empiezan a cruzar el puente sobre el río Segre. Chulesco, descarado e inconsciente. Y se disparan los primeros tiros. Y uno de ellos tiene un objetivo muy claro: el Cojo. Y le toca. Y lo mata. Y el combate se acaba de golpe. Sin su líder, los 100 hombres ácratas que tenían que tomar el pueblo y hacerse con su control se encuentran descolocados, sin saber qué hacer.” [15]

De hecho, a Antonio Martín, hasta sus peores enemigos lo describían de forma muy distinta, afirmando que  Martín “era un hombre joven de aspecto simpático, muy decidido y valiente, y su aspecto en conjunto lo hacía agradable”. La anterior descripción se la debemos al diputado Canturri, personaje poco sospechoso de sentir muchas simpatías por Martín[16].

Tal descripción  física y del carácter de Martín entran en evidente conflicto con la realizada por la profesora Queralt Solé que lo calificaba como “chulesco, descarado  e inconsciente”. Ante esta discrepancia, una cosa es evidente: Canturri conoció a Martín, pues lo trató personalmente en varias ocasiones, mientras que la profesora Queralt, no. Y de entrar en matizaciones, los calificativos decidido y valiente, dados por Canturri, no se corresponden precisamente con los de chulesco e inconsciente aportados por Queralt Solé. Sin más comentarios.

Los auténticos motivos del incidente de Bellver

Al igual que hicieron Pons Portu  y Solé Sabaté, Queralt Solé también desconoce  (o bien oculta) los auténticos motivos por los cuales Martín había aparecido ante las puertas de Bellver aquel día. Motivos que conocía detalladamente la policía francesa, como consta en sus informes. Pero un historiador no puede inventar o novelar cuando ignora un hecho.

Es más, según dejaban caer Pons Portu  y Solé Sabaté en su obra, nada hacía sospechar que las intenciones de los de Puigcerdá pudieran traer como consecuencia un ataque a la población, “y si bien se mantenía una vigilancia permanente a la entrada de la población, la vida en el pueblo seguía su  normal transcurrir”.[17]

De dicho comentario se desprende una cuestión fundamental, alguien de Bellver les había explicado que había “una vigilancia permanente a la entrada de la población”, sin que se especifique en qué lugar exacto estaba situado dicho control, ya que el control podía estar en el cruce de la entrada, sobre la carretera de Puigcerdá, en la entrada del puente, o atravesado éste, en la subida al pueblo. Lo que dichos autores no explican en su obra es que aquella “vigilancia permanente” estaba provocando constantes y peligrosos roces. ¿Desconocimiento o inconveniencia para su leyenda negra de demonización de los anarquistas de Puigcerdá?

Historia que hoy conocemos por dichos informes franceses. Historia documental y no épica leyenda. Así, hoy, conocemos los constantes hostigamientos, retrasos y molestias que provocaban las autoridades y gente armada de Bellver con su control de la carretera, ya fuera en dirección a Puigcerdá, o en dirección a La Seu. Control que finalmente fue el detonante del enfrentamiento de abril de 1937. Esta es una historia desconocida y/o ocultada hasta la fecha. Desconocemos si por ignorancia o para encubrir la irresponsabilidad de las autoridades locales de Bellver ante aquellas constantes provocaciones, que en cualquier momento podían desembocar en una sangrienta colisión.

Así, el mismo día del incidente, el 27 de abril a primera hora de la mañana, un grupo de anarquistas de La Seu decidió desplazarse a Puigcerdá, con la intención de reunirse con sus compañeros de aquélla población, para comentar las noticias del aparatoso despliegue que estaban realizando aquellos días los carabineros, pues por ejemplo, en Ripoll, estaban acampados desde el día 23 de abril más de 500 hombres.

Se había constatado además que en Ripoll los carabineros contaban con el apoyo total e incondicional del PSUC local, lo cual había dado lugar a la implantación de controles en las carreteras, a detenciones ilegales, a intervenciones telefónicas, al desalojo de locales de la CNT o al emplazamiento de ametralladoras en lugares estratégicos, como era la propia estación de ferrocarril, sin que la Generalitat tomara medida alguna contra aquellas arbitrariedades.

De aquel modo aconteció que la expedición anarquista de La Seu, al pasar frente a Bellver, fue detenida en el control de la carretera por gente armada. Tras un buen rato de discusiones y un abundante intercambio de amenazas, finalmente la gente de La Seu pudo reanudar su marcha, llegando finalmente a su destino. ¿Litigio fortuito o premeditada provocación?

A su llegada a Puigcerdá, y dado el caldeado estado de ánimo de los anarquistas de La Seu, se convocó una asamblea en la que los de La Seo explicaron a sus compañeros de Puigcerdá el lance sufrido en el control de Bellver, así como su preocupación ante el masivo envío de carabineros a distintos lugares de la frontera, o la presencia de gentes extrañas en algunas poblaciones, como era el caso del propio Bellver. Por esta razón los anarquistas hablaban de las constantes provocaciones a que estaban siendo sometidos: el control de la carretera de Bellver, la masiva invasión de carabineros en la Cerdaña y en toda la frontera, la intromisión de las Milicias Pirenaicas, y un largo etcétera.

La delegación de parlamentarios

La asamblea de Puigcerdá decidió enviar una delegación a Bellver, compuesta por Antonio Martín como portavoz de Puigcerdá y por Julio Fortuny en nombre de La Seu, con el objetivo preciso de parlamentar con las autoridades de Bellver, para conseguir que no se repitiesen más incidentes, como el acaecido aquella misma mañana. Como medida de precaución y argumento de peso en las conversaciones se decidió enviar a esa delegación, armada y con escolta.

Y así fue como la delegación de parlamentarios de la CNT-FAI, formada por anarquistas de Puigcerdá  y de La Seu, cayó en la emboscada que se les había  preparado en el puente de Bellver, donde en los días anteriores, de forma previsora, se habían cavado trincheras. Las constantes provocaciones en el control de la carretera, frente a Bellver, aparecían ahora como parte de un plan preconcebido para atraer a los anarquistas de la Cerdaña a la emboscada del puente de Bellver.

Por otra parte, el hecho que se les esperara, como confirmó un testigo[18], lleva a la sospecha de que alguien infiltrado debió avisar a Bellver de la llegada de aquella delegación. Sin descartar que fuera la propia gente de Puigcerdá la que se pudiera haber encargado de avisar de antemano de su llegada, en previsión de que no ocurriera algún desgraciado enfrentamiento. En ambos casos, se explicaría que los estuvieran esperando en el puente, tal como afirmó muchos años más tarde el ya citado testigo, y no en la propia carretera, como era de esperar.

Explicado lo anterior, ahora tiene sentido la aparición de dos convoyes procedentes de La Seo y Puigcerdá, a una hora tan inusual como era las dos y cuarto de la tarde, porque si se hubiese tenido la intención de atacar Bellver, se hubiera hecho de noche o de madrugada, al estilo de lo que había acontecido con el asalto al chalet de La Molina, en lo que se conocía como un “golpe de mano”.

 

La emboscada

Y de aquel modo, cuando Martín bajó decididamente del coche, ya pasado el puente, con intención de parlamentar, fue cuando, sin mediar palabra alguna, lo tirotearon, cayendo él y un jovencísimo Julio Fortuny, de 19 años, que estaba a su lado.

Luego a Julio Fortuny le cargaran truculentas historias, cuando su mayor delito, conocido por las autoridades, fue que había puesto un petardo en Barcelona con motivo de una huelga de su sindicato, el de Camareros.  De este modo se crean y alimentan las leyendas.

Viadiu explicó la historia de la muerte de Martín a una comisión de investigación de la CNT, alegando que aquellas desgraciadas muertes se habían producido a causa de los “nervios” (sic) que padecían los campesinos de Bellver, ante la visión de anarquistas, haciendo de aquel modo responsables del incidente a los vecinos del lugar, que corrían el peligro de sufrir represalias posteriores por un comentario tan falaz como mezquino.

Cabe destacar otro detalle importante del trabajo de Queralt Solé, cuando afirma que tras la caída de Martín, “sus hombres quedaron descolocados”, o bien, que “Y el combate se acaba de golpe”.  Esa afirmación de que el combate finalizó tras la caída de Martín se enfrenta brutalmente a la sagrada historia “oficial”, porque según la leyenda dicho combate duró hasta 46 horas (sic)[19], mientras que para otros testigos solo duró cuatro horas. En fin, nadie hasta la fecha se ha puesto todavía de acuerdo en algo tan elemental como es la duración de aquel mismo combate, que Quralt reduce a cero horas.

Tal detalle parece indicar que, tras la sorpresa inicial del fusilamiento, en el que  Martín y Fortuny fueron heridos o muertos, sus acompañantes debieron iniciar un tiroteo, más que de respuesta, de cobertura.

Porque una cuestión queda clara, gracias a ese tiroteo los anarquistas pudieron retirar a la brava a sus compañeros mal heridos, primero en dirección a la salida del puente, y  después a Puigcerdá,  donde fueron trasladados en automóvil, aunque solo para ver como fallecían, Y fue por ello que ambos acabaron enterrados en su cementerio municipal,  Fortuny un día después que Martín.

El supuesto ataque a Bellver puesto en entredicho

A la vista de todo lo anterior habrá que admitir que el supuesto ataque a Bellver no debió existir como tal ataque, al resultar aquel combate una consecuencia lógica en respuesta a aquellos alevosos asesinatos, sin descartar que los “dos tiros” que se acostumbran a citar, aduciendo que fueron la señal que dio lugar al asalto, fueran los primeros que se dispararon contra Fortuny y Martín, y tras ellos las respuestas simultáneas de uno y otro bando, desde el puente los escoltas, y desde la muralla los defensores.

De ahí que el famoso despliegue de los anarquistas en torno a Bellver, debió obedecer más a una pura demostración de fuerza, después del control en la carretera sufrido por la mañana, y como argumento de lo que la delegación de parlamentarios anarquistas pensaba exigir a la gente armada de Bellver y a sus autoridades,  es decir, la inmediata supresión de aquel control.

Otras cosa debió ser lo sucedido tras la emboscada, cuando los anarquistas, en respuesta al asesinato de Martín y Fortuny decidieron entablar combate (ese combate o asalto a la que los historiadores oficiales de la leyenda negra hacen alusión), atacando por ambos flancos de la carretera. Esa respuesta anarquista justificó luego la historia/leyenda del supuesto asalto a Bellver. ¡Asalto a las altas murallas desde el puente, asalto a la carrera y a pecho descubierto, asalto encabezado por un cojo y un jovencito!

El mito de la superioridad del enemigo

La Causa General informa del número exacto de camiones que aquel día aparecieron por Bellver, cuyo número exacto se elevó exactamente a “seis” (sic),  a los cuales habrá que añadir además  “algunos coches pequeños, en los cuales venían los cabecillas”. Coches pequeños que debieron ser los mismos que debieron acabar cayendo en la emboscada del puente.

En resumen, seis camiones y algunos coches pequeños, un detalle numérico que permite afirmar, con rigor, que los “atacantes” sobrepasarían en muy poco el centenar de hombres. Cifra muy similar a la que estaba atrincherada en el pueblo, contando los grupos foráneos más los elementos locales.

Cuestión que explicaría el hecho de que el “asalto/respuesta” no llegara a progresar, ante la evidente igualdad de fuerzas existente;  a lo que habría que añadir la  supremacía de que gozaban los “sitiados”, en el plano estratégico, el tener sus posiciones situadas en las alturas de la muralla local,  con un dominio total  y absoluto de la carretera y del puente de acceso a la población, pudiendo batir desde allí ambos lados de la misma, que debió ser donde  debieron quedar los camiones del convoy, unos procedentes de Puigcerdá y los otros de La Seo.

Ventajas que se han intentado diluir aduciendo, la superioridad numérica del enemigo o su capacidad en fuerzas o en potencia de fuego, cuestiones discutibles a la vista de lo ocultado, ya que resulta evidente, que de tener intención de acabar con Martín, también se tendrían prevista la necesaria resistencia ante el previsible ataque que después se produciría, salvo que estuvieran dispuestos a sacrificar a la población civil en pro de la causa.

Las heridas de Martín

Si entramos en el capítulo de las minucias no deberíamos olvidar que el alcalde Solé habló en diversas ocasiones de las siete heridas de Martín: “Fue herido por diversas personas, porque presentaba siete heridas” Pero Martín tuvo una única herida de bala.

Buena muestra de que Joan Solé sabía que había, cuando menos, siete personas que le habían disparado al unísono, puesto que ese debería ser precisamente el número concreto de individuos que le estaban esperando a pie de carretera, los mismos que formaban parte de aquella conspiración, en resumen, los encargados de aquel asesinato. Concluida la historia de la primera muerte de Martín, pasamos a la segunda.

La profanación de la tumba de Martin

Concluida su introducción, Queralt Soler entra en el auténtico meollo de su artículo, la profanación del nicho donde reposaban los restos de  Antonio Martín en Puigcerdá, tras su muerte en Bellver.

Historia que Queralt Solé dice recoger de un expediente que, según ella, se encuentra depositado en el Arxiu  Comarcal de la Cerdanya, pero sin dar la correspondiente referencia, siguiendo así la costumbre de su progenitor, el historiador  Solé Sabaté.

Misteriosamente ese Archivo Comarcal no nos da razón de dicho expediente, del mismo modo que tampoco da razón de él el Juzgado municipal local, al que nos dirigimos después de la fallida gestión anterior, y por consejo del propio Arxiu Comarcal. ¿Cosas y casos del pueblo? Y, por esta razón, tendremos que fiarnos de la información que da en su artículo da Queralt Solé.

Así, según su historia, a primera hora del día 2 de noviembre de 1941, el secretario de la villa, Francisco Maurell Turiera, al hacer una visita al cementerio, que se supone fue rutinaria, había observado que una sepultura había sido violentada, en este caso la número 48, 1º de la fila B, “en la que estaba inhumado el cadáver de Antonio Martín Escudero, el Cojo de Málaga, presidente que fue del Comité Rojo de la localidad.”

Siguiendo con su historia Queralt Solé, continúa explicando que no se tienen noticias de cómo fue el entierro de Martín, aunque era evidente que allí había descansado su cuerpo hasta 1941. Entrando en disquisiciones de que debería ser público y notorio su enterramiento en dicho nicho, al ser evidente que el secretario sabía quién en concreto estaba allí inhumado.

Detalle que parecen corroborar  los testimonios de los enterradores que fueron interrogados en las investigaciones motivadas por aquella profanación, y el único que se atreve a ir un poquito más allá en aquella averiguación es el “sereno”, afirmando que ignoraba las circunstancias en que tuvieron lugar los hechos, ni quien o quienes pudieran ser los autores, insinuando que “el Cojo de Málaga, por su criminal actuación durante el dominio rojo, tiene muchos enemigos en el pueblo y en toda la Cerdaña”.

A destacar que en 1941 el injurioso sobrenombre de “El Cojo de Málaga”, puesto de moda por sus enemigos nacionalistas a la muerte de Martín en 1937, ya había prosperado en el  acervo popular, al haberlo hecho propio las autoridades franquistas de la época, motivo por el cual dicho alias continua hoy en día en vigor, cuando en sus inicios sólo era un apodo burlón, ideado por sus enemigos, que hacía referencia a un famoso cantante de flamenco, que en aquellos días gozaba de cierta fama en Barcelona, con un defecto en su pierna derecha casi idéntico al de Martín. Tal broma, que en su momento debió pretender ser tan graciosa como denigrante, tuvo la fortuna o la desgracia de perdurar hasta nuestros días, para infamia de quien no fue sino un revolucionario.

El misterio del ataúd

Otro de los testimonios, en este caso un albañil, informa en qué situación se encontraban los restos el día de autos: “… pudo observar que había sido violado (está hablando del nicho), habiendo sido sacada la caja de madera en la que el cadáver se hallaba depositado y trasladada (ésta) a un extremo del cementerio…”.

De aquel testimonio se puede inferir que la caja que contenía los restos de Martín había aparecido en un extremo del cementerio, después sabremos por otros testigos que en el mismo lugar donde de normal se depositaban los restos de los ataúdes que se sacaban  de los nichos,  ya obsoletos por el tiempo, aunque los adornos que presentaba el ataúd de Martín daban para mucho:

“La caja de madera con las iníciales del mismo perfectamente visibles y una insignia masónica comunista con dos manos en ademán de saludo se hallaba tirada en un extremo interior del cementerio, en el lugar donde se depositan los ataúdes que se van sacando paulatinamente de los nichos a medida que por el transcurso del tiempo se practican inhumaciones”.

No deja de ser curioso que sobre la tapa del ataúd de Martín  aparecieran, además de sus iníciales, algo tan incongruente como era “una insignia masónica comunista con dos manos en ademán de saludo”, ya que ignorábamos que masones y comunistas fueran tan de la mano en cuestiones simbólicas, y menos aún que los comunistas sintieran tanto respeto y afecto por Martín, cuando sabemos que en Bellver uno de los grupos que participó en el atentado estaba bajo el mando de un oscuro personaje que después será el responsable político del PSUC de Puigcerdá .

Los restos de Martín

Otra cuestión distinta es dónde habían ido a parar los huesos de Martín, tras la profanación, porque en la diligencia final, no queda nada claro, al decirse que: “En el huesario [osario] interior del mismo,  que se encuentra lleno de agua, se observan restos humanos que al parecer y por indicación del Sr. Presidente de la Junta del Cementerio aquí presente y según los libros del mismo deben pertenecer a Antonio Martín Escudero (a) el Cojo de Málaga”.

Decimos que no queda nada claro ya que según la interpretación de Queralt Solé, cuando se habla de “huesario”, se está refiriendo “a la parte inferior del nicho”, interpretación de la cual discrepamos, porque cuando se concluya el asunto veremos que con aquel término se están refiriendo al nicho propiamente dicho.

Por otra parte, parece que aquellas investigaciones concluyeron rápido, al cerrarse  éstas el  13 de noviembre, es de suponer a causa de la dificultad de llegar a saberse quién o quiénes habían sido los autores, o por el desinterés de las autoridades por aclarar el asunto,  ya que en caso de conocerse a los autores, qué castigo se  les debería imponer, cuando aquellos restos correspondían  en puridad a un enemigo del régimen  franquista.

De ahí la resolución que el juez dio al asunto: “El señor Juez ordena que inmediatamente sea tapiado de nuevo el nicho quedado los restos del mismo en el huesario”.

Conclusión

Y así concluyó la segunda muerte de Martín,  tras ser importunado en su eterno descanso por  gente más propia de la época de la Inquisición, que de la época contemporánea, momento histórico en que se exhumaban los cadáveres de los herejes, para  seguidamente  ser quemados en una hoguera  levantada  en la plaza pública  del lugar, detalle que les faltó realizar.

Huesos,  los de Martín, que después de aquel segundo entierro volvieron a ver la luz del sol  16 años más tarde,  el 21 de febrero de 1957, cuando sus ya maltrechos restos pasaron, esta vez para siempre, a una anónima fosa común.[20]

 

 

[1]  Un ejemplo de ello que se puede ver en la página web:  ja-acops.blogspot.com/…/elspirinencs-i-lassassinat-d..donde se citan hechos o acontecimientos, pero citando mal la bibliografía, o “equivocándose” a la hora de citar a los autores, en un auténtico ejercicio de despiste.

[2] Queralt Solé, ”Els ossos del Cojo de Màlaga”, Cadí – Pedraforca, noviembre, 2013, nº 15, pp. 90-91; “L’última batalla del Cojo de Málaga”,  El Periòdic  d´ Andorra, 7-1-2014.

[3] Agustín Guillamón, El terror Estalinista en Barcelona 1938, Aldarull, Barcelona, 2013; Antonio Gascon Ricao, Los previsibles Hechos de Mayo barceloneses de 1937. Historia de una profecía anunciada. Cuadernos Republicanos, nº 76, Madrid, 2011

[4] Viadiu así lo confesará en una de sus múltiples intervenciones en la prensa.

[5] Joan Pons i Portu,  Josep M. Solé Sabaté, Anarquia i República a la Cerdanya (1936-1939), El “Cojo de Málaga i els Fets de Bellver, Barcelona, 1991

[6]  Op. Cit., p.135.

[7] Pere López Sánchez. Rastros de rostros en un prado rojo y negro, Barcelona, 2014.

[8] https://www.llibertat.cat/2014/12/la-vida-secreta-d-esteve-albert-a-la-guerra-civil-29138 .

[9] OMNS, Organización Militar Nosaltres Sols; Fermí Rubiralta, Una història de l’independentisme polític català. Barcelona, 2004. p. 167-168.

[10] Com ocorregueren els fets de Bellver de Cerdanya, s/n.; un original del mismo se puede consultar en la Biblioteca de la UPF, o en la Causa General.

[11] Estanislau Torres, La Bossa de Bielsa, Barcelona, 1977, p. 63.

[12] Enric Canturri i Ramonet, Memòries: república,guerra i exili, Ayuntament de la Seu, 1987, p. 193.

[13] Entrevista a Miquel Izard: “Nos han ocultado el verano del 36”, www.rojoynegro.info/…/entrevista-miquel-izard-nos-han-ocultado-el-verano- del-36

[14]“790 gironins van ser executats entre el 1936 i la fi de la Guerra Civil”, El Punt, 12-1-1990.

[15] Op. cit., p.90

[16] Canturri, Memòries, p. 191.

[17] Op. Cit., p. 132.

[18] El testigo se llamaba J. Castellá – Gassol, y el comentario apareció en un artículo titulado;  La Cerdanya  partida, que apareció en el  Avui, dissabte, 13-9-1980, p.9.

[19] Antonio Gascón Ricao, Agustín Guillamón Iborra,  La otra Memoria histórica, o como justificar determinadas muertes. El  caso de Antonio Martín Escudero, mal llamado el Cojo de Málaga. http://www.sbhac.net/Republica/Colabora/AntonioMartin.htm

 

[20]  El nicho B-48-1, era propiedad de J. M. G.; referencia obtenida gracias a la amabilidad del desaparecido amigo Sebastià  Bosom, Archivero de Puigcerdá, entrevista de Gascón, febrero de 1984.

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