Publicado en: 13 noviembre, 2017

La memoria de Tito

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Según noticias la mayoría de los croatas quisiera ver la efigie del líder comunista yugoslavo Josip Broz “Tito” (1892-1980) en las monedas de euro cuando el país asuma la moneda única, según una encuesta de un portal informativo.

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Según noticias la mayoría de los croatas quisiera ver la efigie del líder comunista yugoslavo Josip Broz “Tito” (1892-1980) en las monedas de euro cuando el país asuma la moneda única, según una encuesta de un portal informativo.  Esto es lo que se desprende  de un  sondeo. El rostro del antiguo líder comunista fue elegido por el 48% de los encuestados para adornar la cara nacional de las futuras monedas croatas de dos euros.

Este hombre que se había convertido en símbolo de la resistencia al dominio del III Reich nació en una familia humilde en 1892 y murió recibiendo el homenaje esplendoroso de los estadistas más conocidos de su tiempo y de una impresionante multitud de trabajadores en 1980. Destacado militante obrero, movilizado en 1914 en el ejército austríaco es hecho prisionero en el frente ruso. En 1917 participa en la revolución de octubre y se integra en el partido bolchevique en 1920, de vuelta yugoeslava trabaja en la clandestinidad con el partido comunista y se forma políticamente bajo la dirección del viejo comunista Mosa Pijade.

Huyendo de la policía se exilia a la URSS, donde asiste -intentando no hacerse notar- a la práctica aniquilación de la dirección de su partido y acepta en su momento el mando para reconstruirla. Dócil estalinista inicialmente, Tito aprueba el pacto nazi-soviético pero, al mismo tiempo, se pone a trabajar en la preparación de la resistencia contra las tropas de Hitler y Mussolini les declara la guerra a ambos. Dos semanas después de la invasión alemana a la URSS, orientándose formalmente por la política de frente nacional con la burguesía que, empero, no llega a admitir nunca su total predominancia en una guerrilla compuesta prioritariamente por obreros y campesinos. Las contradicciones con Stalin se desarrollan ya plenamente en este período, éste presiona y maniobra a través de la ayuda militar –imprescindible- que no llega hasta febrero de 1944 una y otra vez intenta imponer a tito una subordinación a la burguesía “nacional”.

En 1945, el referéndum da el 85 % de los votos a los comunistas y los ministros burgueses son desplazados. Sus medidas se encaminan hacia el socialismo, debe negociar con la URSS que impone condiciones difíciles. En 1947 las negociaciones son rotas, los acuerdos económicos bilaterales no tienen lugar. Las posiciones independentistas de tito, sus criticas al partido comunista francés por no haber tomado el poder, etc. Con estas bases tiene lugar la ruptura 1948. La misma que lleva a todo el movimiento comunista internacional a desencadenar una campaña de calumnias contra tito, que tiene su culminación en la “caza de brujas” que acaba con numerosos dirigentes comunistas en los países del este acusados de la nueva herejía, el “titoismo”.

Para sobrevivir en un estado aislado y atacado por el capitalismo y por Stalin, Tito ha de apoyarse en la profunda base popular que conquistó en una lucha increíble y. desnivelada contra los nazis y en una nueva concepción política que reúne su tradición estalinista con ciertas innovaciones. Concluye la colectivización forzada de la agricultura y adopta el sistema autogestionario en la producción, que no en la política que sigue rigiéndose por el esquema vertical y monolítico. En otro terreno, el Partido Comunista yugoslavo reconocen los derechos a la autodeterminación de los pueblos con un desarrollo cultural específico, medidas que luego atemperarán. Su pretendido “retorno a Lenin”, tiene sus limites. Tito busca calentarse al sol capitalista y con ocasión de la guerra de corea se sitúa al lado del imperialismo y denuncia “la agresión norcoreana”. Su política internacional se desarrolla manteniendo un equilibrio entre la URSS -que cambia su actitud con Kruschev– y el imperialismo, reafirmando su «vía nacional» al socialismo frente a la voluntad de dominación soviética. En consecuencia, no se integró en los sistemas de alianzas del bloque soviético (COMECON y Pacto de Varsovia), entablando por el contrario relaciones comerciales con los países occidentales e impulsando un movimiento de países no alineados (junto con Nasser, Nehru y otros líderes anticolonialistas de la época y otros).

La independencia política que le daba el hecho de ser la única de las «Repúblicas Populares» de Europa Oriental que no había surgido de la intervención soviética le permitió construir un régimen socialista original, descentralizado y autogestionario. Sin embargo, tanto el modelo económico del socialismo autogestionario como el modelo político de la federación yugoslava fracasaron; y las dificultades económicas y los conflictos nacionalistas impulsaron a Tito a endurecer gradualmente su dictadura hasta que murió. Sus sucesores fueron incapaces de frenar la descomposición del país, que tardó poco en llegar a la guerra civil. Si obra teórica es prácticamente inexistente, pero en su tiempo se publicaron diversas biografías suyas En la obra sobre “La crisis del movimiento comunista” (Ruedo Ibérico, ), Fernando Claudín dedica unos sustanciosos análisis a la revolución yugoslava, al cisma de tito, así como a la represión oficial de los llamados “titoistas” que en el caso español-catalán tuvo, entre otros, los nombres como los de Jesús Hernández, Joan Comorera, José del Barrio…

Hubo un momento en los años cincuenta-sesenta que la llamada “autogestión” yugoeslava suscitó un cierto interés en las izquierdas heterodoxas, y no faltaron anarquista que interpretaron dicha opción como una influencia de su pasaje por la guerra civil española como un cuadro de las Brigadas Internacionales.

 

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