Publicado en: 13 septiembre, 2018

La huella del pasado

Por Iñaki Urdanibia

Los recuerdos son como el pharmakon griego: medicina y veneno.

Por Iñaki Urdanibia

« Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti»

                                   ( Friedrich Nietzsche Más allá del bien y el mal)

Hablaba Henri Bergson de la durée – la duración- como tiempo vivido, tiempo existencial que del mismo modo, que la sensación térmica no corresponde exactamente a la temperatura de los termómetros, no corresponde con el tiempo del reloj ni de los calendarios. Es obvio que el paso del tiempo no es vivido de igual manera por todo el mundo, al igual que a uno mismo el tiempo se le esfuma de las manos o se le trona eterno, dependiendo del gusto o del disgusto de la situación que se atraviese. Añádase a estas salpicaduras de superficie, el particular funcionamiento de la memoria, que en su almacén guarda acontecimientos o sucesos, que parecen haber desaparecido de la conciencia de un sujeto determinado, quien confrontado con algún estímulo determinado hace que éste sirva de trampolín para hacer saltar al primer plano aquello que parecía desaparecido y que, sin embargo, estimulado por alguna circunstancia recobra relevancia inusitada, o que a veces funciona como un ladrón al presentarse de improviso, por sorpresa y sin avisar; esto último no es el caso de lo que les sucede a los protagonistas de la novela leída.

Viene todo lo dicho provocado por la lectura de la última novela de Fulgencio Argüelles ( Aler, Asturias, 1955) : « El otoño de la casa de los sauces » ( Acantilado, 2018). En ella se presenta la situación provocada por uno de los componentes de un grupo terrorista que había combatido contra una férrea tiranía, que decide reunir a los siete componentes que junto a él, y un líder que era la voluntad y la voz máxima que les había captado y había dirigido sus acciones; Héctor se llamaba y falleció en uno de los atentados por ellos provocados. Con diferentes invitaciones, a regañadientes por parte de casi todos, consigue que al final todas acudan a la mansión en que vive Zígor junto a su esposa Alma, heredera de una familia aristocrática, cuya dedicación, que ahora tiene aparcada es la arqueología, el estatus de alto standing de la pareja hace que además de una cohorte de sirvientes ( Águeda, Terina. Bárbara, Inga y Telmo) que cuidan de ellos en la lujosa vivienda, .

Pues bien , Zígor , enterado de que su vida va a durar poco ya que la diagnosticado una grave enfermedad, urde un plan del que hace partícipe a su mujer, que no ve la conveniencia de llevarlo adelante, mas por amor hacia su marido enfermo , se mantiene a su lado: el plan, en principio es – como queda dicho- reunir a quien hace una veintena de años habían completado junto a él y al desaparecido Héctor, un grupo que había cometido algunos sangrientos atentados y cuya base de apoyo, y de desfogue con anterioridad a las acciones, era la casa de los sauces. Desde entonces no se habían visto, ni tenían noticias los unos de los otros. En principio, nadie parece ver la conveniencia de la reunión, de la que por otra parte no conocen qué propósito pretende cumplir. Así, pues, con iniciales resistencias, todos aceptan dirigirse al la mansión a la que han sido invitados. Brenda, Conrado con su esposa Gracia, Ramiro, Olenka , Orlando, Fausto y Doralisa van llegando al lugar flipan ante el lujo de la casa y el esmerada atención de los fieles sirvientes; todos ellos comparten la duda de para qué han sido convocados, no teniendo ninguna gana de retroceder a los años de fuego, y qué querrá decirles el convocante, ahora enriquecido hasta las entretelas.

Las preguntas que se plantean a Zígor con el fin de que aclare sus intenciones, son esquivadas con cada cosa a su tiempo: la tensión es como una red que atraviesa a todos los presentes; el propio matrimonio propietario del lugar, tiene sus desavenencias acera de continuar con el plan proyectado por él, Zigor se mantiene firme. El roce entre los diferentes invitados, por roces anteriormente acumulados a lo que se ha de añadir la diferentes situación y ocupación dispares ( comisario de inmigración , guarda jurado, profesora de universidad, sacerdote…) de cada uno de ellos, hace que los encontronazos sean naturales, a lo que se ha de sumar la tensión que se acumula de manera creciente ante el desconocimiento del propósito para el que han sido convocados. …ciertas pasiones, triste y también alegres, se desatan no solo entre los recién llegados sino también entre los sirvientes que se ven removidos por la nueva situación creada, saliendo a la superficie sentimientos que había quedado aplazados.

Copas, sofisticadas comidas y cenas y una puesta en escena supercuidada por el organizador de la reunión , hace que las lenguas se disparen, más todavía cuando la cosas son llevadas por Zïgor a los límites del abismo, lo que produce ataques varios que van de la ansiedad, a la violencia, o, por qué no, a la complacencia…Las diferentes reacciones con respecto al pasado, rememorado, con secretos desvelados tanto el ámbito organizativo como personal, y a las valoraciones presentes con respecto a todo aquello: arrepentimiento ante el sinsentido e inutilidad de la violencia ejercida, resentimiento al ver que la lucha por acabar con el nefasto sistema hubiese acabado con algunos de ellos absolutamente asimilados, la preocupación por las víctimas inocentes que produjeron algunos de sus atentados, los pretensiones de justificar el comportamiento presente como continuación la rebeldía de entonces, o los intentos de conseguir la conversión …la rebeldía como motor para cambiar las cosas, el nihilismo y sus diferentes rostros, el gregarismo infundido por un líder carismático (?).

Además de las historias y genealogías de los diferentes personajes, y sus respectivos , las derivas reflexivas que toman la página y que azuzan la mente lectora invitándola a la rumia, la novela está magníficamente estructurada en la medida en que los diferentes retratos de los protagonistas se entrecruzan sin crujido alguno, resultando, por otra parte destacable la tensión que invade las páginas desde el inicio para no abandonar al lector hasta el final, en donde se dan unos logrados vuelcos que disparan las cosas más allá de la negrura que en algunos momentos parecen anunciar el fin.

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