Publicado en: 20 Noviembre, 2015

La filosofía y la vida

Por Iñaki Urdanibia

¿ Otro maldito libro de acercamiento a la filosofía? En este caso estamos ante una obra que apuesta por defenderla ante las tijeras ministeriales, y otras, al tiempo por sacarla del enclaustramiento académico,

Por Iñaki Urdanibia

Afirmaba el Estargirita que se filosofaba de todas , todas, ya que si se filosofaba porque se filosofaba, si no se filosofaba para explicar por qué no se filosofaba, el caso es que siempre se filsofaba. Lo que sí que resulta innegable es que desde que aparecieron los primeros tanteos en la Grecia del siglo VI antes de nuestra era hasta el presente los humanos no han dejado de filosofar, entendiendo por tal no solo lo que etimológicamente significa el termino ( amor a la sabiduría) sino también como búsqueda de la felicidad, de una vida que case con el mundo, tratando de lograr la armonía: de ahí la vida comunitaria que llevaban los primeros filósofos, y muy en concreto los pensadores del helenismo. La persistencia de esta singular actividad ( si hablo de «singularidad» es debido a que la definición de su materia parece ser su propia materia y no hay más que ver en este orden de cosas la cantidad de obras dedicadas a definir qué es esa cosa llamada filosofía: Heidegger, Ortega, Merleau-Ponty, Lyotard, Deleuze&Guattari, Danto, Rubert de Ventós, Danto, Nagel, Korner, García Morente, Ajdukiewicz, Gourinat, José Echeverría, Emilio Lledó, Merleau-Ponty, Alain, Hollis, Bontempo y cía, Techman y Evans, Auzenbacher, Pierre Hador , Güell y Muñoz, Bertrand Russell, Julián Marías, Sánchez Meca, Manuel Cruz, Gómez Pin, ,etc., y no sigo…pues daría para llenar varias páginas de la páginas amarillas); así pues, el quehacer del que hablo, suponga quizá una muestra de la neurosis del género humano tal y como aseveraba Kolakowski, o como inevitable consecuencia del surgimiento del lenguaje que hace que los humanos pretendamos explicarnos todo yendo para ello más allá de la realidad pura y dura ( los límites del lenguaje son los límites de nuestro mundo , decía Wittgenstein). A pesar de los cantos fúnebres que se han entonado una y otra vez, en especial en el pasado siglo y lo que va del presente, como continuación del inacabado XX, los filósofos siguen añadiendo notas a pie de página al inagotable Platón , que dijese Witehead. Conste que cuando hablo de « filosofía» no me refiero a la espontaneidad del pensamiento que hace afirmar a algunos, como para vaciar / difuminar el contenido de una disciplina bien concreta, que todos somos filósofos…quizá siguiendo inconscientemente la división que establecía Kant entre filosofía académica y mundana, con lo cual todo quedaría reducido a la filosofía del porquero( ya que la verdad es verdad la diga este o Agamenón). Nada hablemos del uso del término para referirse a sandeces varias como la filosofía del club, de la empresa, o…yo qué sé.

Vienes provocadas estas reflexiones a modo de preámbulo por la publicación de un atractivo libro de la profesora de la universidad de Zaragoza, Mrina Garcés ( Barcelona, 1973): « Filosofía inacabada », editado por Galaxia Gutenberg. El libro se divide en dos partes que se complementan en la medida en que tras la aproximación a la actualidad de la filosofía, se pasa a la exposición de una serie de retratos de pensadores / obras esenciales en el inacabado siglo pasado.

Tras señalar la autora la imposibilidad de escapar de las redes de la filosofía, señala su importancia y su universalidad en la medida en que no supone un camino personal o profesional sino que su influencia se amplía a todo el mundo aun siendo este ajeno a la disciplina de modo semejante -considera Garcés- a como la música empapa a músicos y personal en general de uno u otro modo . La preocupación acerca de cómo buscar soluciones a los problemas que acucian al mundo actual son enfocados desde la filosofía que en ese sentido ha de ser tenida en cuenta, muy en especial en los planes de estudio que desde hace tiempo no hacen sino tratar de arrinconar la enseñanza de tal asignatura ; sea dicho al pasar que la filosofía no se aprende sino que se aprende a filosofar, es decir, que no es cuestión de repetir una y otra vez el panteón de filósofos célebres desde Tales hasta Zziek, sino que se trata de poner el acento en agitar el pensamiento no como ejercicio auto-referencial sino recobrando la plaza que ocupaba en sus orígenes, allá en el ágora. La filosofía como bien público, como ejercicio ( me atrevería a calificarlo como « espiritual»-siguiendo a Pierre Hador o, en cierto sentido, a Michel Foucault, ambos dos en la senda del helenimsmo- . Este carácter inevitable y beneficioso es subrayado más allá del tan en boga principio de utilidad/ eficacia que todo lo mira desde el punto de vista de la pragmática de los negocios y el beneficio , que sonríe con descarada malicia preguntando ¿ para qué sirve? Si la importancia de la filosofía en la enseñanza es reivindicada por la autora, del mismo modo que lo hacían los Etats Généraux de la Philo que encabezaban con furia los Jankélevitch y Derrida en el país vecino, no se conforma con eso( que desde luego no es poco) sino que llama a desplazar la filosofía al espacio público, sacándola de los almidonados lares de los campus, en la medida en que puede servir para pensar los problemas de la sociedad e intentar hallar salidas al impasse en que parece que está sumida.

Destaca Marina Garcés el carácter inacabado, abierto, de la filosofía, lo que hace que ésta no ha de tomarse como un catálogo de verdades consagradas y de una vez por todas sino en una tarea permanente de pensar el presente. Lejos de cualquier modelo de sistema cerrado o de dogma obligatorio , nos planta ante un saber en continua construcción, revisión, reescritura y ampliación a nuevos campos en la medida en que los tiempos cambian y los saberes ( técnicos y otros) revisten nuevas formas y expresiones. Este inacabamiento que subraya Garcés hace que las cosas sean puestas en solfa y que el pensamiento piense nuestros propios modos de actuar no solo a nivel individual sino a nivel general.

Este acabamiento, se señala en la obra, ha de aplicarse al siglo pasado a los problemas que en él surgieron y a las obras de los pensadores que tales factores enjuiciaron. De este modo, en la segunda parte, Garcés expone con tino el pensamiento de varios autores que pueden servir no para adoptar sus pensamientos tal cual sino para servirse de ellos como quien utiliza los instrumentos que a uno le puedan interesar de una « caja de herramientas», en la medida en que la filosofía se tome como « campo de batalla» ( Kampfplatz ) en el que para participar con probidad resulta imprescindible pertrecharse de las necesarias armas. La lista de los pensadores presentados resulta-al menos para el que esto escribe- de gran interés y pertinencia; no me resisto a nombrarlos: Nietzsche, Husserl, Heidegger, Wittgenstein, Sartre, Merelau-Ponty, Gadamer, Zambrano, Arendt, Adorno, Habremas, Altusser, Negri, Foucault, Deleuze, Derrida, Butler, Lyotard, Popper, Rorty, Rancière, Blanchot, Agamben u Nancy; una amplia panorámica que algunos quizá consideren escorada, mas en mi opinión el acento está plenamente justificado en la medida en que los pensadores estudiados se mantienen en las sendas del espíritu crítico y emancipador( dicho lo cual también es verdad que se da cabida a algún santón consenso-comunicacional que hace al menos unos años era de mención obligatoria en cualquier tesis que se presentase) . Hasta es más me atrevería a añadir que la incursión por la obra de algunos pensadores, la mayoría de ellos no son los venerados en los pagos almidonados de la academia, resulta plausible y hasta en el propio modo de exposición-amén de seguir la cronología- se adivina las tonalidades que van de la constatación de los tiempos de crisis a los intentos de pensarlos y…darles una posible salida.

[ Sí que me gustaría indicar que en estos que suponen un « elogio de la filosofía» cabe el peligro de considerar a ésta como la que detenta la exclusividad de bien pensar, como casi afirman algunos manuales al considerar a la filosofía como un meta-saber que abarca a todas las ramas del saber; indudablemente no hay tal monopolio y otras esferas del conocimiento son complementarias de cara a acercarse al mundo: de filosofema/matema/poema hablaba Alain Badiou o los ya nombrdos Deleuze et Guattari señalan junto a la filosofía a la ciencia y al arte ].

No hace falta ni decirlo, tras lo ya dicho, que la autora se sitúa en el terreno de la crítica del penser autrement, lejos de los caminos trillados y en este orden de cosas no podría aplicársele a Marina Garcés lo que Jacques Bouveresse afirmase con contundencia «El medio filosófico que, por definición, debería ser crítico, subversivo y preocupado del cambio, es en realidad terriblemente conservadora».

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