Publicado en: 2 Septiembre, 2015

(La Europa de la vergüenza) La corcetina húngara se fabrica en Málaga

Por Kaos. Derechos humanos

Una valla de espino de 175 kilómetros se alza en la frontera de Hungría a Serbia para impedir la entrada de los miles de refugiados que luchan estos días por pisar territorio húngaro. El alambre dentado que pretende impedirles el paso ha llegado al país tras un viaje de más de 3.000 kilómetros, procedente de […]

Una valla de espino de 175 kilómetros se alza en la frontera de Hungría a Serbia para impedir la entrada de los miles de refugiados que luchan estos días por pisar territorio húngaro. El alambre dentado que pretende impedirles el paso ha llegado al país tras un viaje de más de 3.000 kilómetros, procedente de la única fábrica de concertinas de Europa, situada en Málaga.

La empresa Mora Salazar, que emplea el nombre de ‘European Security Fencing’ para el mercado extranjero, es la única empresa que produce concertinas o alambre con cuchillas de acero inoxidable en Europa, y la que ha comercializado la concertina que se ha colocado estos días en la frontera húngara, según cuenta José María Gómez, portavoz de la empresa. De todas formas aclara que “únicamente hemos suministrado el material, no realizado la instalación”.

El modelo de alambre dentado escogido para la frontera de Hungríaes el mismo que se utilizó en la valla de Ceuta y Melilla para impedir el paso de los inmigrantes procedentes del Norte de África, la concertina 22. No es el peor de los modelos disponibles, ya que la empresa ofrece todo tipo de cuchillas con ganchos puntiagudos, extremos en forma de flecha y en varias direcciones o combinando diferentes puntas cortantes en el mismo alambre. El elegido para la frontera húngara entra dentro de los que el fabricante califica como “estándar” para “niveles de seguridad medio alto”.

La cuchilla, en este caso, una de 22 milímetros de largo por 15 de ancho, es el origen del debate acerca de cuánto daño pueden hacer estas concertinas. Frente a las declaraciones del ministro del Interior previas a la instalación por segunda vez de concertinas en la valla de Melilla, en las que Jorge Fernández Díaz aseguraba que “no eran agresivas”, ya que sólo podían causar “erosiones leves, superficiales”, está el testimonio de quienes trabajan con inmigrantes que han sufrido estas heridas.

“La semana pasada intentaron cruzar la valla de Ceuta dos chicos que están hospitalizados graves por los cortes de las concertinas”, asegura Mikel Araguás, secretario general de Andalucía Acoge, una ONG dedicada a la atención de los inmigrantes. “Ha habido multitud de casos de desgarros en las manos y los pies: está claro que sí que provocan daños y no evitan que la gente entre en los países. Si se construyen pero no se consigue su objetivo, ¿entonces para qué están?”, se pregunta Araguás.

Es un debate que va más allá del ‘valla sí o valla no’, aseguran desde la organización. “Nos van equivocando el debate y nos vamos planteando únicamente lo visible, y es que ya no es sólo un debate de cooperación internacional, sino que habría que reforzar los gobiernos de los países del sur. Mientras la vida de esas personas corra peligro en su lugar de origen, cuando huyen del hambre y de la guerra, ¿qué medida disuasoria va a servir?”, prosigue Araguás.

Mora Salazar, según aseguran desde la propia empresa, también ha suministrado concertinas a Marruecos, Túnez, Argelia, Turquía, Grecia y Rumanía desde 1975, el año en el que se creó la empresa, “aunque hemos vendido en los cinco continentes, desde la Polinesia Francesa hasta las Maldivas”, cuenta Gómez. “Y normalmente la concertina se utiliza en centros penitenciarios, centrales nucleares, farmacéuticas, petroquímicas, refinerías, centros de menores, aeropuertos, puertos, instalaciones ferroviarias, buques para salto anti-piratas, depósito de vehículos…”.

Prensa

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