¿La clase obrera sigue siendo el sujeto social?

Por Roberto Laxe

Más allá de cuestiones terminológicas sobre la clase obrera, que como luego veremos no son tan formales, esta es la pregunta del millón ante la crisis y decadencia más que evidente del sistema capitalista; incapaz de salir del pozo en el que se metió hace más de diez años.

Los cambios formales en las relaciones de trabajo no modifican el fondo de la discusión, el trabajo asalariado, la venta de la fuerza de trabajo por un salario, para producir una mercancía que se lleva al mercado, y con su venta el tiempo de trabajo contenido en ella se transforma en capital, y su forma monetaria, el dinero.

Cuando Marx planteó el problema del sujeto social, no lo hizo de manera “teleológica”; no “señaló” a la clase obrera como el sujeto, fue más científico y menos religioso; estableció los criterios de porqué una clase es revolucionaria, basándose en la experiencia revolucionaria que tenía más reciente; la revolución francesa, y habla de la burguesía como clase revolucionaria. Lo hizo antes de escribir el Manifiesto Comunista.

Para Marx la clase obrera, el proletariado asalariado en su sentido más amplio (aquel que solo tiene a su prole, y su fuerza de trabajo), deviene la clase revolucionaria cuando en la Primavera de los pueblos la burguesía demuestra su verdadero carácter contrarrevolucionario; en concreto en las jornadas de Junio de Paris, cuando la burguesía se alía con la aristocracia contra el proletariado en lucha.

 

¿LA CLASE OBRERA SIGUE SIENDO EL SUJETO SOCIAL?

Más allá de cuestiones terminológicas sobre la clase obrera, que como luego veremos no son tan formales, esta es la pregunta del millón ante la crisis, y decadencia más que evidente del sistema capitalista; incapaz de salir del pozo en el que se metió hace más de diez años. Llevan diez años especulando con todo lo especulable, desde la deuda soberana de los estados hasta los jugadores de futbol, porque no hay un sector o sectores de la producción que tengan las rentabilidades para los inversores que tiene la especulación.

En su momento fue la máquina de vapor y la mecanización de la industria, con el desarrollo del transporte ferroviario; posteriormente el motor de explosión y el fordismo, la industria que se mueve alrededor del petróleo, que en los sesenta del siglo pasado alcanzó su cenit. En el 72 / 73 este esquema rompió, y durante años estuvieron desindustrializando, hasta que a finales de siglo se produjo la explosión de la informática, la informatización de la sociedad.

En todos los casos se produjeron movimientos en la organización del trabajo y las relaciones sociales; la mecanización sustituyó miles de puestos de trabajo que provocó la destrucción de maquinara, vista como el “enemigo”. El fordismo destruyó definitivamente las formas artesanales de producción, y la informática sienta las bases para la socialización del trabajo, al hacerlo más productivo: un solo trabajador, con una maquina produce hoy lo que toda una cadena de producción hace décadas. Pero como en el pasado, se abren nuevos sectores ligados a la fabricación de nuevos productos, todavía sin desarrollar.

La nanotecnología, la ingeniería genética, la industria de la salud, la industria eólica o solar, la de las mareas,… ; la fabricación de la maquinaria precisa para esos nuevos sectores sin desarrollar, asi como la minería de extracción del material preciso para esas tecnologías (litio, coltán, piedras raras, etc.) apuntan a que el trabajo de la clase obrera sigue siendo imprescindible para el sistema capitalista. Dicho de otra forma, mientras sigua habiendo capitalismo habrá trabajo asalariado, son inseparables.

Los cambios formales en las relaciones de trabajo no modifican el fondo de la discusión, el trabajo asalariado, la venta de la fuerza de trabajo por un salario, para producir una mercancía que se lleva al mercado, y con su venta el tiempo de trabajo contenido en ella se transforma en capital, y su forma monetaria, el dinero.

La crisis se manifiestan en una decadencia social que amenaza conducir a la sociedad a futuros apocalípticos más parecidos a los Juegos del Hambre o Divergente, que a la realidad actual. El problema no está en diagnosticar la crisis del capitalismo, hasta ellos mismos cuando estallo la crisis en el 2007, hablaron de “refundarlo”, el quíz de la cuestión estriba en definir qué alternativa social, y por ende, que sujeto social puede catalizar la respuesta social.

La clase asalariada existe, es empiricamente comprobable; los datos de la OIT así lo confirman, tanto en el campo como en la ciudad la mayoría de la población activa (el 50 y el 70% respectivamente) lo componen trabajadores y trabajadoras que venden su fuerza de trabajo por un salario, los asalariados y asalariadas. Pero como llevamos muchos años sumidos en la dispersión social, en la visión fragmentaria de la sociedad, sin que se haya avanzado ni un ápice en la transformación social, al revés, se ha retrocedido, se demuestra que las tesis que defendían el “adiós al proletariado”, la “muerte del socialismo”, han fracasado estrepitosamente. Y ahora toca reconstruirlo.

En este sentido, y frente a esa visión fragmentaria de la realidad que busca remedios a la sociedad sobre la base de la suma aritmética de opresiones, hay que recuperar la máxima que es una conquista del pensamiento humano, “el todo es superior a la suma de las partes”; pero entendiendo el “todo” no como la suma aritmética, sino como la síntesis, la clave de la bóveda, que une esas partes y les da una coherencia interna.

1.- Es portadora de un nuevo modo de producción

Decía Marx en la Critica al Filosofía del Derecho de Hegel que una clase es revolucionaria sólo hablando “(…) en nombre de los derechos universales de la sociedad (…). La energía revolucionaria y la conciencia moral del propio valor no bastan solamente para tomar por asalto esta posición emancipadora y, por lo tanto, para el agotamiento político de todas las esferas de la sociedad en el interés de la propia esfera”.

Se pueden buscar los sectores sociales que dicen hablar en nombre de los derechos de toda la sociedad, y seguro que desde un punto de vista moral hay muchos, las mujeres, las naciones oprimidas, las razas oprimidas,… Todas ellas tienen moralmente todo el derecho del mundo para hablar en nombre de los derechos de la sociedad; sin lugar a dudas. Pero no es una cuestión ni de energía ni de conciencia individual, sino colectiva, social; de una alternativa en “todas las esferas de la sociedad”, que se concreta en tres palabras, “modo de producción”.

Un “modo de producción” es la forma que tienen los seres humanos de organizar la producción de bienes y servicios, para su reproducción como especie. Modos de producción previos al capitalismo ha habido en toda la historia de la humanidad: el “comunismo primitivo” basado en el uso común de los recursos (el concepto de propiedad les era desconocido), el modo de producción asiático, que suponía una relación muy concreta con grandes accidentes naturales sobre los que basaban su riqueza, a los que debían controlar (el Nilo o el Yang Tse, el Tigris y el Eufrates, grandes cordilleras como los Andes, etc.), el modo de producción esclavista, basado en el trabajo esclavo y la guerra, y el feudalismo, incluso en su versión más reciente, el estado absolutista, apoyado en la servidumbre y la guerra.

Todos ellos tenían una relación de dependencia total de las fuerzas de la naturaleza; eran estas las que determinaban en gran medida su ascenso y caída. Además, no eran modos de producción “económicos” (como demuestra Rosa Luxemburgo en Qué es la Economía?), sino que se basaban en la fuerza militar para su expansión y acumulación de riqueza. El colonialismo de los imperios antiguos, fueran asiáticos, americanos, europeos o africanos, tenían como fuerza expansiva la ocupación militar para el saqueo de las riquezas y de mano de obra esclava, o el cobro de los impuestos; el ejemplo más perfeccionado de este colonialismo fue le Imperio Romano.

La citada dependencia de las fuerzas naturales era consecuencia de su escasa productividad, el trabajo estaba basada en la fuerza fisica del ser humano o de los animales, lo que hacia que las crisis se manifestaran en la forma de “subproducción”. Cualquier sequia o cambio en la climatología provocaba hambrunas y epidemias que acababan con millones de seres humanos y desorganizaban la sociedad, con constantes revueltas campesinas y populares. Como ninguna de ellas eras “portadora” de un nuevo modo de producción, sino que reproducían el anterior, el tránsito se solía resolver en un cambio de dinastía gobernante… hasta la siguiente crisis. La expansión del Islam es paradigmático de este fenómeno, que solo supuso un cambio en la superestructura militar y gobernante, sin que hubiera una modificación de las relaciones sociales de producción; solo cambiaba quién se apropiaba de los excedentes de producción vía impuestos.

Solo en momentos puntuales, cuando el “agotamiento” de la sociedad anterior era abrumador, esta colapsaba y se derrumbaba; de sus cenizas surgía un nuevo modo de producción. Pero lo hacia no de una manera instantánea, sino que se iba conformando a lo largo de los siglos a través de la fusión de viejos y nuevos elementos, sin la menor consciencia social de que algo nuevo estaba surgiendo.

En los márgenes de estas sociedades siempre hubo mercado, trabajadores y trabajadoras libres, que vivían de la venta de su fuerza de trabajo. En contra de lo que se cree, las pirámides fueron obra de trabajadores libres, y es en Egipto donde se registra la primera huelga de la historia. Pero es en los márgenes del sistema, la acumulación de riqueza y el poder no se construyen alrededor del trabajo asalariado y del mercado, sino de la fuerza militar para ocupar otros pueblos. Será la burguesía la que cambie de arriba abajo esta relación, y la primera que provoque un cambio de modo de producción de manera consciente; los filósofos de la Ilustración y burgueses(Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Kant, Hegel,…), los economistas clásicos (Smith, Ricardo, Say,…) y los teóricos de la política (Maquiavelo, Montesquieu,…) construirán la teoría del modo de producción capitalista y del estado burgués.

La hegemonía de la burguesía comporta un modo de producción opuesto por el vértice a todos los anteriores, lo que le permitió “hablar en nombre de los derechos de la sociedad”. Frente a ellos que basaban su riqueza en la fuerza militar, la burguesía lo hace a través de la libertad, libertad para contratar y ser contratado, libertad para vender fuerza de trabajo, “libre” de la esclavitud, libertad para comprar y vender la tierra y sus productos, “libre” de las servidumbres feudales (la reforma agraria); con su programa revolucionario se identificaban esclavos y siervos, campesinos y pueblos oprimidos.

Para la acumulación de riqueza ya no es necesario tener un ejército ampliamente superior al del enemigo, ahora con explotar a millones de seres humanos basta; y con tener una fuerza policial suficiente para que éstos seres humanos acepten “libremente” la venta de su mercancía fuerza de trabajo. Surge con ellos una nueva clase que también es portadora de un nuevo modo de producción, el proletariado en su sentido más amplio.

Como la burguesía, es portadora de un nuevo modo de producción basado en la desaparición de la “libertad” burguesa de explotación; por eso, a diferencia de otros sectores sociales, hablan en nombre de los derechos de toda la sociedad no por un criterio moral o de voluntad revolucionaria, sino por su papel en esa misma sociedad, en la producción y distribución de bienes y servicios.

Si la clase obrera tomara el poder no se subrogaría como clase dominante y explotadora, porque en su esencia está no ser propietaria individual de los medios de producción y distribución, su alternativa social , el socialismo, solo es viable si es colectiva, social. En su esencia esta no poseer nada más que su fuerza de trabajo, y al liberarse de las cadenas de la explotación, liberan al conjunto de la sociedad del dominio burgués. El ejemplo del ascenso y fracaso de los estados obreros demuestra que, o bien avanzaban hacia el socialismo, es decir, la destrucción definitiva de la propiedad privada de los medios de producción y distribución, o volvían al capitalismo; al ponerse al mando de estos Estados la burocracia contrarrevolucionaria, la vuelta al capitalismo era la principal opción. La burocracia no comportaba un nuevo modo de producción, sino que era una casta social parasitaria del estado obrero, que empujaba en el camino de la restauración.

2.- Es la clase explotada por excelencia

Esos millones de seres humanos, hombres, mujeres y niños, a los que el capital expropia sus medios de supervivencia, los artesanos son arruinados, los campesinos libres pierden su tierra, los esclavos son “liberados”… para trabajar en fábricas y haciendas por un salario, se constituyen en clase en sí; es decir, no tienen más propiedad que su fuerza de trabajo, que tienen que vender a un capitalista si quieren sobrevivir. Son “proletarios” en el sentido etimológico de la palabra, “solo tienen a su prole”. En este sentido hablaba Engels de la “proletarización” de las clases trabajadoras (artesanos, campesinos, pequeño burgueses, esclavos,…).

Esto es lo que significa lo que Marx afirma en la obra citada, “para que coincidan la revolución de un pueblo y la emancipación de una clase particular de la sociedad burguesa; para que un estado de la sociedad se haga valer por todos, todas las fallas de la sociedad deben encontrarse, a su vez, concentradas en otra clase”.

La opresión es un concepto social, que aunque tiene consecuencias económicas obvias (ahorro de gastos por parte del capital, por ejemplo), no es igual a la explotación, no se produce con su uso un nuevo valor, una plus-valía sobre el capital invertido; entender esta diferencia es clave para determinar el sujeto social de la revolución; para que “coincidan la revolucion de un pueblo y la emancipación de una clase particular de la sociedad burguesa”, esta clase debe ser objeto de explotación.

Cuando el capital envió millones de seres humanos a las fábricas no lo hizo por especial maldad, de hecho en muchas ocasiones supuso superar el estadio de servidumbre o esclavitud al que estaban sometidos; sino que lo hace porque solo el uso de la fuerza de trabajo, conseguido a través de su venta libre en el mercado de trabajo, genera más valor.

La fórmula del capital es D-M-D’, de la que D es el capital invertido, M la mercancía producida y D’ el capital invertido incrementado por los beneficios incorporados a la mercancía a través del trabajo humano, de la clase que trabaja para el dueño del capital. La clase obrera concentra en si la explotación económica, y la opresión social y política. La producción de mercancías aliena a la persona trabajadora, puesto que con su fuerza de trabajo produce una mercancía que no es suya, sino del dueño del capital, y la cosifica, puesto que la convierte en una mercancía parte de la maquinaria productiva; asimismo transforma todas las relaciones humanas en relaciones económicas, los seres humanos no se relacionan como tales sino a través del mercado y la compraventa de mercancías, entre cosas, del que dinero es el “poderoso caballero”. Esta es la base material, interna al sistema, de todas las opresiones que se concentran en la clase obrera.

Además sufre una opresión externa al propio proceso productivo; la “libertad” del capitalismo es formal, los trabajadores y las trabajadoras no acuden al mercado de trabajo ni “libremente” ni en igualdad de condiciones que el capitalista, sino que lo hacen compelidos por la necesidad de sobrevivir, y para hacerlo, el capitalista tiene sus herramientas politicas, sociales e ideológicas que los fuerzan. Las relaciones sociales contradictorias surgidas de la explotaciòn nos conducen al tercer elemento para definir el sujeto social del cambio.

3.- Clases enfrentadas

“Para que una clase sea la libertadora por excelencia, otra clase debe, por lo tanto, ser la clase evidentemente opresora”. Esta es la conclusión de Marx para definir objetivamente el sujeto social de la revolución.

Frente al proletariado aparece como explotadora la burguesía, la propietaria de los medios de producción y distribución que acumula la riqueza generada por la explotación en la forma de ganancia. La lucha de clases es la consecuencia lógica entre los que producen la riqueza socialmente y los que se apropian de ella privadamente; se reduce, en última instancia, a la lucha por quién se apropia del plusvalor generado en la producción de mercancías, o el dueño del capital o el dueño de la fuerza de trabajo.

Los clase propietaria (o sus representantes) aparece evidentemente como la clase opresora; como la beneficiaria concreta de la opresión que sufre la otra clase; es contablemente demostrable. El Ministerio de Hacienda es más “marxista” que muchos que se dicen marxistas, pues diferencia con claridad entre “rentas de trabajo” y “rentas de capital”. Y tan beneficiaria es de esta opresión la clase burguesa o capitalista, que desde hace décadas la relación entre la aportación al PIB de un estado de las rentas de capital respecto a las del trabajo se está decantando abiertamente por las primeras.

Asi, las modificaciones jurídicas de las relaciones capitalistas de producción no cambian el trabajo asalariado, sino quien se apropia cada vez más de la riqueza social generada por la clase trabajadora. Este es el fondo material de la lucha de clases, del enfrentamiento entre las clases sociales, que se manifiesta en todos los ámbitos de las relaciones sociales y políticos, desde la vivienda hasta el ocio o la salud. La pertenencia a una clase u otra determina, y de que manera, la esperanza de vida de las personas, su calidad de vida y hasta sus actitudes más personales.

“Clase asalariada, clase obrera y proletariado industrial”

La crisis sacó del “paraíso” a millones de ser humanos, pues les dejó sin su medio de vida, el salario. De súbito, se dieron cuenta de que eran asalariados/las, clase obrera en el mas amplio sentido, todos aquellos que viven de la venta de su fuerza de trabajo por un salario.

Es una vieja discusión no sólo en el marxismo, sino tambien en el conjunto de la izquierda, sobre el concepto de clase, y en el concreto, de clase obrera, pues ni Marx, ni los marxistas dejaron una definición clara de clase obrera, más allá del hecho objetivo de que una clase “no se define por la cantidad de dinero que lleva en su bolsillo”, sino por su relación con la propiedad de los medios de producción, distribución y financieros.

Esta claro que el desenvolvimiento del capitalismo, la extensión de las sociedades por acciones y el imperialismo, que suponen una separación entre la propiedad de la empresa y su gestión, dejada en las manos de “asalariados” como los gerentes, consejeros delegados, administradores, etc introduce elementos nuevos en la definición. En realidad estos sectores supuestamente asalariados/as vienen a ampliar el concepto de burguesía, que ya no es el propietario directo de la empresa sino un lío de accionistas, grandes y medianos, altos ejecutivos, directivos,… todos ellos con importantes ingresos a costa de la producción y distribución de las mercancías, aunque tengan la forma de “salario”. La clase burguesa actual se caracteriza por ser un agrupamiento de seres humanos que les une, no tanto la propiedad directa sino también las inversiones productivas o especulativas en empresas, bancos, aseguradoras, fondos de inversión, etc., etc., de donde sacan sus rentas.

En otro polo de la sociedad, entre los y las asalariadas, se produce la “proletarización” de las capas medias de la sociedad, de los técnicos y licenciados, que no hace tanto eran profesionales liberales como forma muy “elegante” de hablar de pequeños burgueses. Hoy, la mayoría de los médicos, arquitectos, químicos y técnicos en general tienen como su futuro su proletarización, y una minoría se incorporará a la burguesía. La sociedad se polariza, como lo demuestra que un sector de la vanguardia de la lucha contra las privatizaciones de la sanidad en Madrid sea llevada por los médicos.

Y sí, es proletarización, porque muchos de ellos van incorporarse a las grandes empresas que por mor del desarrollo de la capacidad productiva del sistema, hace de ellos los obreros industriales del futuro (la nanotecnología, que fabricará en laboratorios lo que hoy se hace en plataformas petrolíferas, refinerías, etc.).

La clase obrera industrial, el “viejo” proletariado en sentido estricto, tiene iguales estratificaciones que la producción, el sector I, extracción de materias primas (minería, pesca, agroganadería, etc.) y fabricación de maquinaria para la industria, el comercio, servicios, (bienes de equipo), transformación de la materia prima, etc., cuyo mercado son los propios capitalistas como dueños del capital. El sector II de la economía, la fabricación de bienes de consumo como el textil, el automóvil, la industria del ocio y el ocio, teléfonos móviles, aplicaciones informáticas,…, que pueden tener como punto final las masas o en una especialización, el consumo de bienes de “alto standing”, dirigido a los capitalistas como individuos.

El consumo, el uso, de estos bienes suponen la satisfacción de una necesidad real o ficticia del ser humano; pero hay un sector que desde los años 40 el 50 controlan el 50% de la economía yanqui y el 20% mundial, el llamado “aparato militar industrial”; es la industria de la guerra y el armamento, que aún generando plusvalía, en realidad no satisface ninguna necesidad social, su uso/consumo sólo puede ser destructivo.

Sea como fuere, todos constituyen el proletariado industrial, es decir aquellos asalariados/as que con su trabajo modifican el producto original (sea materia prima o no) aportándole en ese proceso el tiempo de trabajo necesario para su producción (trabajo abstracto). Construya lo que construya, elabore lo que elabore, sea un producto material como un coche, un barco o la transformación de bauxita en aluminio, sea un producto inmaterial como un software, una aplicación informática, una serie de TV o un film (aunque todos ellos tengan un soporte material, un hardware donde se incorporan), es proletariado industrial en su acepción mas tradicional. Con su trabajo modifica el uso de la mercancía original de tal manera que el consumo de la fuerza de trabajo produce un excedente económico, incorporado a cada mercancía en particular (trabajo concreto). Este tiempo de trabajo incorporado en el cambio en el valor de uso, la plusvalía, adquiere su forma dineraria en el mercado, en la venta de la mercancía en la competencia con otros productores de mercancías. A través del incremento de la productividad del trabajo se determinara el valor de la mercancía fuerza de trabajo.

Este proceso de producción para el mercado implica otros sectores de la clase asalariada necesarios para que el tiempo de trabajo incorporado en la producción de mercancías lleguen el consumidor, es el transporte y la venta. Son los trabajadores/as no industriales, pero necesarios para que el bien producido se rentabilice en la forma en la que el capital quiere, dinero.

No generan ninguna plusvalía porque no modifican el uso de la mercancía original en una nueva, no le incorporan tiempo de trabajo excedente con su trabajo; pero no por eso no son necesarios, pues las mercancías no llegan solas al consumidor. Como se diría, todos son necesarios, pero sólo unos son imprescindibles.

La economía capitalista sublima la importancia de los primeros frente a los segundos porque en sus cabezas lo imprescindible es la forma dinero de la fuerza de trabajo. En la cabeza de los capitalistas solo cabe una idea, mercancía=dinero. Cómo esto se consigue, tanto le tiene, la cuestión es que se convierta en dinero.

Este, por cierto, es uno de los motivos que llevan la que los economistas actuales, los social liberales y los neoliberales, no acierten con la salida de la crisis. Unos recomiendan aumentar la inversión publico para aumentar el consumo, porque el problema es que ha un bajo consumo (las mercancías no hallan comprador), otros, recomiendas austeridad y rebaja de los llamados costos laborales, porque así, piensan, aumenta productividad y la competencia, olvidando que hoy hay exceso de competencia.

Ni unos ni otros ven el fondo del problema, que es a largo plazo y estratégico: la capacidad productiva del sistema es tan grande que la tendencia es la deflación, es decir, la caída del valor real de las mercancías y con ella de los beneficios empresariales.

El proletariado industrial es la parte imprescindible para el sistema capitalista, pues es aquel sector, mas o menos grande, que con su trabajo modifica el valor de uso de las mercancías. Pero el proletariado industrial no es la clase obrera/trabajadora/asalariada, es una de sus partes, y la lucha es la lucha de toda la clase.

La aristocracia obrera es la clase media

En definición de Lenin, la aristocracia obrera es aquel sector de la clase que se beneficia de las migajas que caen de la mesa de las grandes multinacionales, corrompiéndolas y haciéndolas cómplices de la opresión de los pueblos que saquean y de la explotación de sus clases trabajadoras.

Por su nivel de vida, de ingresos y mismo condiciones de trabajo, estos sectores ase asimilan a la pequeña burguesía, viven con ellos, en los mismos barrios e iguales condiciones. Este asimilamiento no podía por menos que tener consecuencias en la forma de pensar, en su visión de la vida. La ideología de las “clases medias” les permite explicar esa situación social, asalariado por la forma que tienen de ganarse la vida, pequeño burgués por las formas de vida.

Pero la “vida es dura”, y una crisis como la actual no podía dejar de golpear muy seriamente a estos sectores de “clase media”, recordándoles lo que realmente son, las capas altas de la clase obrera, la aristocracia obrera… venida a menos, en decadencia. Muchos de ellos se reintegraran entre la clase obrera, pero otros buscarán salidas individuales, “emprendedoras” a la crisis. Su profundización, que es inevitable en las condiciones actuales, les va a decepcionar con el ser humano y hará de ellos carne de fascismo.

Galiza, mes de junio de 2018

 

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