Publicado en: 16 julio, 2018

Karl Kraus, el poder de las palabras

Por Iñaki Urdanibia

Si en el artículo anterior me detenía en una novela que tomaba como objeto de sus críticas el periodismo; ahora me detengo en este el escritor vienés que era un verdadero martillo de periodistas, y… otros.

Por Iñaki Urdanibia

«El aspecto esencial por el que la obra de Kraus permanece, consiste en el fundamento ético-discursivo que pretende dar no sólo a la crítica del hecho artístico, sino también al análisis mismo del lenguaje»

                                           ( Massimo Cacciari )

« En antiguos grabados vemos pasar a un mensajero, gritando, con cabellos desgreñados, agitando una hoja en las manos , una hija que, llena de guerras y pestilencias, de asesinatos y sufrimientos, de incendios e inundaciones, sirve para hacer llegar a todas partes el “Nuevo diario”. Un periódico en este sentido es La Antorcha »

                                            (Walter Benjamin )

« Odiaba la guerra, y durante la Guerra Mundial había logrado publicar en Die Fackel, pese a la censura, muchos textos antibelicistas»

                                        ( Elias Canetti )

« Yo hablo de mí, pero se trata de la cosa. Ellos hablan de la cosa, pero se trata de ellos»

« Al final era la Palabra. Habiendo matado el espíritu, no le quedaba otra elección que emprender el acto»

                                         ( Karl Kraus )

Hay quien afirma que somos lo que leemos, del mimo modo que otros mantiene que lo que vemos, comemos…o vaya usted a saber. Dejando de lado mayores precisiones al respecto lo que es claro y notorio es que el llamado cuarto poder tiene una importancia esencial, más si cabe en estos tiempos de hiper-información por tierra, mar, y aire. Hegel se refería la prensa como el desayuno del hombre moderno, y en esa materia, qué duda cabe, hay desayunos y desayunos, hay quienes se desayunan con vinagre, otros con loas al estado actual de cosas, prácticamente todos con la voz de su amo, con pequeñas diferencias y matices, me refiero a los ciudadanos del estado español, ya que si se exceptúan unos pocos periódicos, con soporte papel, y unos cuantos medios digitales…la materia (des) informativa con la que desayunarse es basura, y no alimentará a nadie en el terreno del espíritu crítico. Sabido es – al menos desde que el mentiroso, por decirlo suave, Goebbels lo dijese y los pusiese en práctica- que una mentira, o una media verdad, repetida mil veces se convierte en una verdad a parte entera, y sabido es también que al Estado no le duelen prendas a la hora de cerrar medios si éstos le resultan molestos [ precisamente por estas fechas de hace viente años, el 15 de julio de 1998, doscientos policías a las órdenes de Baltasar Garzón super-star, tomaron por asalto los locales del diario Egin y de Egin Irratia, para clausurarlo, como más tarde harían con Egunkaria, etc .]

No es cosa nueva otorgar gran importancia a la prensa de cara a formatear la mente de los ciudadanos, en una onda sumida en el más puro espíritu agit-prop, o en posturas algo más disolventes, ahí están algunos ejemplos destacados que no ocultaban su propósito sin ocultarse tras las eternas y falaces proclamas acerca de la objetividad, la neutralidad, etc. , como el Iskra bolchevique , chispa que pretendía ser el modo de incendiar la pradera, o aquel otro órgano del misterioso nombre de B.Traven, y su revista de nombre inequívoco: Der Ziegelbrenner (El ladrillero, fabricante de ladrillos, siempre dispuesto a fabricar ladrillos para lanzarlos contra la autoridad y para construir, con ellos, un luminoso futuro de fraternidad), o todavía y de manera realmente ejemplar y llamativa, la revista creada por el inconformista Kar Kraus, Die Fackel ( la antorcha, que pretendía dar luz en los oscuros tiempos del hundimiento de los Habsburgo, como Diógenes redivivo); de él decía Walter Benjamin: « este gran carácter burgués se ha convertido en un comediante, en guardián del tesoro de la lengua legado por Goethe, en un polemista, este hombre de bien irreprochable es un rompedor».

El intempestivo personaje ( Jicin, Bohemia, 1874 – Viena, 1936) que a nadie dejaba indiferentes con su afilada pluma, autor de un par de obras de innegable importancia: Los últimos días de la humanidad ( publicada por Tusquets y una versión escénica por la hondarribitarra Hiru) y La tercera noche de Walpurgis, editada igualmente por la última de las editoriales nombradas , en las que dejaba ver unos claros tonos apocalípticos y proféticos, se convirtió en los años que van desde 1899 al de su fallecimiento en verdadero azote de periodistas y otras especies empeñadas en limitar la libertad o vender motos averiadas ; con respecto a la primera de las profesiones nombradas sus dardos eran permanentes y potentes, ya que otorgando una importancia esencial al lenguaje, él juzgaba que los periodistas desvirtuaban el papel de éste, corrompiéndolo al convertirlo en mero instrumento mercantil y en medio de defender lo dado.

La molesta presencia de este permanente polemista de Cacania ( K u K/ Kaiserlich und Königlich, imperial y real) ) como nombrase su no tan amigo Robert Musil al imperio austrohúngaro, brillaba con sus duras críticas contra la burocracia, el ejército, el clero e incluso contra la intocable casa de los intocables Habsburgo, contra todo ello alzaba su airada e irónica voz ese martillo de periodistas; como ya vengo señalando sus embestidas no dejaban indiferente a nadie, a los periodistas les tenía, como es de suponer, realmente contentos, y junto a quienes le temían por su sarcasmo, no faltaban quienes le elogiaban sin ambages: Walter Benjamin, Bertold Brecht, Georg Trakl, Alban Berg, Ludwig Wittgenstein, Adolf Loos, Stefan Zweig, Hermann Broch o Elías Canetti que no ocultó la influencia que sobre él tuvo Kraus, a quien admiraba dejando constancia de ello en su La antorcha al oído, admiración que ya queda expresada hasta en el mismo título de la obra, al dar a entender que la presencia de la antorcha krausiana, era la música de fondo que alimentaba sus oídos y los de no pocos de sus contemporáneos. Consciente era el aludido de su fama y audiencia, cuando afirmaba que « muy pocos pueden evitar la dificultad de hablar de mí»; si sus contemporáneos quedaron iluminados y en algunos casos deslumbrados por la luz de la antorcha krausiana, posteriormente no han sido pocos quienes se han detenido en explorar su obra y su persona ( 1 ).

Esta furia contra el peligro que representaban los periodistas que no hacía sino conducir a la guerra, fue lo que le impulsó a publicar la anti-revista ya nombrada, y en los que a partir de 1911 él ó a ser el único redactor, de las que ahora Ediciones del Subsuelo acaba de publicar « Glosas» , en donde Adan Kovacsics ( 3 ) ha seleccionado casi un centenar de textos cortos, algunos cortísimos, a través de los que somos acercados a la visión crítica y satírica del autor, que se convirtió en conciencia crítica de la Viena de su tiempo y cuyas punzadas, salvando las distancias que hay que salvar, conservan una absoluta pertinencia para nuestro presente. Estos textos breves fueron publicados bajo la rúbrica de Glosas, que son comentarios a noticias recogidas en la prensa de la época, frases que entresaca por su estupidez, editoriales que dejan ver las tendencias dominantes de su tiempo en su país imperial. Se detiene igualmente en los gazapos no solo en el terreno del uso sino también del poco cuidado que se prestaba en los diarios al léxico y a la propia sintaxis…que estaban alcanzando cotas de auténtico desastre; en palabras de Walter Benjamin: « sus fórmulas son siempre de tipo aterrador no consolador », y desde luego no le faltaba razón, como queda en los textos presentados en los que igualmente sobresale la capacidad de sacar de alguna aparente insignificancia una afortunada lección, expresada en ocurrentes y sagaces sentencias . Kruas no se inventa nada, habla acerca de lo que ha oído, lo que ha visto, lo que ha leído.

Lo dicho no quita para poder afirmar que el hombre era al tiempo un ser contradictorio, afirmación que no sería del su gusto, ya que afirmaba que quienes leían algunos de sus textos – especialmente en sus opiniones sobre los judíos, el mismo era de tales orígenes si bien luego se convirtió al catolicismo, para desconvertirse en breve plazo- y opinaban que eran políticos, u otros mantenían que eran muestra del arte por el arte, respondía que eso venía « de que no comprenden nada ni de lo uno, ni de lo otro, y de ahí proviene que toda crítica, toda contradicción y todo reproche de contradicción deben forzosamente dirigirse con respecto a mí…». Se traducían sus posturas que a veces resultaban discordantes al menos de manera aparente en su absoluta independencia de cualquier espíritu gregario o del seguimiento de cualquier disciplina: así si durante una época mostraba su judaísmo, sus reyertas con el sionismo hacia que los seguidores de éste le tildaran de antisemita[ no parece andar nada desencaminado el recopilador de los textos, Adan Kovacsics, cuando señala la clara impronta que la ideología judía había dejado en nuestro hombre, en lo que hace a la importancia atribuida a la palabra…]; mostrando, por otra, parte una fogosa admiración hacia la clase obrera a la que elogiaba esperando de ella la liberación, sus embestidas contra la socialdemocracia que en aquella época se autoproclamaba como representante de tal clase…hacía saltar no pocas diatribas contra él por parte de los dirigentes de tal partido.

Como señalaba líneas más arriba sus palabras tienen plena actualidad con respecto a la prensa del presente, y en ese sentido y con diferentes enfoques sí que hay algunos pensadores que se encargan con absoluta puntería a subrayar los fallos, su generalizado carácter tramposo, de los llamados medios de comunicación: ahí están los Ignacio Ramonet( en alguna ocasión en compañía de Noam Chomsky), Sebastiá Serrano, Armad Mattelart et compagnie o más cerca de nosotros Txema Ramirez de la Piscina….la búsqueda de la verdad ha de ser precedida de la lucha contra la mentira. Es el caso. « Cuando las ideas no son verdaderas, las palabras no son justas; si las palabras no son justos, las obras no tienen lugar; si las obras no tienen lugar, la moral y el arte no van bien; si la moral y el arte no van bien, la justicia no se aplica bien; si la justicia no se aplica bien, la nación no sabe dónde colocar su pie ni su mano. Luego, no es tolerable que haya desorden en las palabras, pues de ellas depende todo», sostenía Kraus glosando a Confucio.

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Notas

( 1 ) Si figura ha provocado cantidad de ensayos y acercamientos; vayan algunos a modo de muestra:

Elias Canetti, « La Antorcha al oído ». Muchnik Editores, 1982.

Walter Benjamin, Karl Kraus, hombre universal in « Sobre el programa de la filosofía futura». Planeta, 1986; pp. 159 et ss.

Massimo Cacciari, « Hombres póstumos. La cultura vienesa del primer novecientos». Península, 1989; pp. 177 et ss.

Edward Tomms, « Karl Kraus, satírico apocalíptico. Cultura y catástrofe de la Viena de los “Habsburgo”». Visor, 1990.

Sandra Santana, « El laberinto de la palabra. Karl Kraus en la Viena de fin de siglo ». Acantilado, 2011.

Jacques Bouveresse, « Sátira y profecía. Las voces de Karl Kraus». Ediciones del Subsuelo, 2011.

También, como no podía ser de otro modo, se le dedican análisis en obras que retratan el ambiente vienés de fin de siglo:

Allan Janik y Stephen Toulmin, « La Viena de Wittgenstein». Taurus, 1974.

William M. Johnson, « L´esprit viennois». PUF, 1985.

José María Valverde, « Viena, fin del Imperio». Planeta, 1990.

Claudio Magris, « El anillo de Clarisse. Tradición y nihilismo en la literatura moderna». Península, 1993.

Josep Casals, « Afinidades vienesas. Sujeto, lenguaje, arte». Anagrama, 2003; pp. 84 et ss. Dedicando igualmente algunas anotaciones en su « Constelación de pasaje. Imagen, experiencia, locura». Anagrama, 2015

( 2 ) el autor ha sido tratado con cierta generosidad de Pirineos abajo:

Karl Kraus, « Contra los periodistas y otros contras ». Taurus, 1981.

Karl Kraus, « Escritos ». Visor, 1990.

Karl Kraus, « Los últimos días de la humanidad». Tusquets, 1991.

Karl Kraus, « Dichos y contradichos». Minúscula, 2003.

Karl Kraus , « Los últimos días de la humanidad»( versión escénica del propio autor). Hiru, 2010.

Karl Kraus, « La tercera noche de Walpurgis». Hiru, 2010.

Karl Kraus, « La Antorcha”. Selección de artículos de “Die Fackel”». Acantilado, 2011.

( 3 ) Si, en otro orden de cosas, John Langshaw Austin, hablaba de cómo hacer cosas con palabras ( How to do Things with Words), resulta indudable que los diferentes discursos alientas distintas posturas ideológicas que provocan acciones. Resulta significativo en esta onda el brillante análisis que el especialista, traductor y recopilador del glosario que ha provocado estas líneas, sobre la importancia del lenguaje y los cambios a que éste fue sometido en el Imperio austro-húngaro que al calor de la Gran Guerra creó un Cuartel de Prensa:

Adan Kovacsics, « Guerra y lenguaje». Acantilado, 2007.

Otras obras recomendables en este terreno:

Jean-Pierre Faye, « Los lenguajes totalitarios ». Taurus, 1974.

Lutz Winckler, « La función social del lenguaje fascista». Ariel, 1979.

Victor Klemperer, « LTI. La lengua del tercer Reich. Apuntes de un filólogo». Minúscula, 2001.

Eric Hazan, « LQR. La propaganda de cada día». La oveja roja, 2007.

Domenico Losurdo, « El lenguaje del Imperio. Léxico de la ideología americana». Escolar y Mayo, 2008.

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