Juan Gabriel Jiménez Cebrián, escribiendo poesía sobre las cosas que de verdad importan

Por Rafael Calero Palma

Hay libros de poemas que caen en tus manos y cuando los lees te provocan un seísmo por ahí dentro. Yo acabo de leer uno de estos libros. Se titula Naturalezas vivas. Y es el primer poemario que publica el poeta extremeño Juan Gabriel Jiménez Cebrián, Juangra

Por Rafael Calero Palma

Hay poetas que jamás verán su nombre escrito en el Babelia ni en ningún otro suplemento literario del establishment. Hay poetas que nunca optarán al Premio Loewe o al Premio de la Crítica o a cualquier otro premio poético de esos que apestan a enchufismo (ni falta que hace). Hay poetas que, aunque vivan ciento quince años, en su vida van a conseguir una beca de tal o cual fundación. Hay poetas que no buscan las palmaditas en la espalda. Hay poetas que pasan olímpicamente de los mamoneos institucionales. Hay poetas a los que se las trae floja el Babelia y el Premio Loewe y las becas y las instituciones y las palmaditas en la espalda y los mamoneos institucionales de todo tipo. No nos engañemos. No es que haya muchos poetas así, pero haberlos, los hay.

Yo conozco a uno de ellos. Se llama Juan Gabriel Jiménez Cebrián.

Hay poetas que escriben sus poemas desde la honestidad más radical. Hay poetas que se entregan por completo en cada uno de sus versos. Hay poetas que hacen de la brevedad, de la sinceridad, de la sencillez, su bandera. Hay poetas que miran a su alrededor con la mirada de un niño, pero eso sí, de un niño muy inteligente, muy sensible y muy libre. Hay poetas que hacen poesía hasta cuando van a cagar. Hay poetas que pasan de lo políticamente correcto, de lo estéticamente correcto, de lo poéticamente correcto. No nos engañemos. No es que haya muchos poetas así, pero haberlos, los hay.

Yo conozco a uno de ellos. Se llama Juan Gabriel Jiménez Cebrián.

Hay libros de poemas que caen en tus manos y cuando los lees te provocan un seísmo por ahí dentro. Hay libros de poemas que son pequeños tesoros llenos de palabras mágicas. Hay libros de poemas que hacen que te preguntes “¿y por qué coño no se me ha ocurrido a mí este verso? Hay libros de poemas que te hacen pensar, que te hacen reír, que te hacen sentirte mucho mejor de lo que sueles estar, que te hacen querer llegar al último verso para volver al principio y empezar otra vez, y llegar al final y volver a empezar otra vez, y así una y otra vez. Hay libros de poemas cargados de sinceridad, de pureza, de fuerza, de integridad. Hay libros de poemas en los que la belleza campa a sus anchas. Hay libros de poemas en los que las cosas que de verdad importan son el fuego del hogar, una tarde de lluvia, un pequeño ratón de campo, una brizna de hierba veraniega, un árbol gigante, una mirada furtiva o la luna en cuarto menguante. Hay libros de poemas herederos de la poesía inmortal de Whitman, de Issa, de  Thoreau. No nos engañemos. No es que haya muchos libros de poemas así, pero haberlos, los hay.

Yo acabo de leer uno de estos libros. Se titula  Naturalezas vivas. Y es el primer poemario que publica el poeta extremeño Juan Gabriel Jiménez Cebrián, Juangra, editado hace apenas unas semanas por la pequeña editorial onubense Crecida.

Hay libros de poemas que no se pueden comprar en el Corte Inglés. Hay libros de poemas que no serán jamás el número uno de la lista de ventas. Pero también hay libros de poemas que se salen de lo manido, que son un soplo de aire fresco dentro del manoseado mundo de la poesía española contemporánea. Hay libros de poemas tan libres que parece mentira que existan. Hay libros de poemas que son un regalo para los sentidos. Hay libros de poemas que todo lector de poesía debería de leer. Hay libros de poemas muy, muy buenos. Tan buenos que dan envidia (sana).

Yo acabo de leer uno de estos libros de poemas. Es un libro sorprendente, con poemas breves, intensos, asombrosos, alegres, plenos. Se titula Naturalezas vivas. Y lo ha escrito Juan Gabriel Jiménez Cebrián. Toma nota y búscalo por ahí. Tanta belleza no puede ser sólo patrimonio de unos pocos afortunados.

1 Comentario
  1. Andrés dice:

    Es una broma? este libro es una prueba de que la estupidez no tiene límites.
    Solo espero que el Apocalipsis llegue pronto

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