Publicado en: 11 noviembre, 2017

Influencia del marxismo y de la Revolución de Octubre en los intelectuales del Ecuador III

Por ABP ecuador

Son ellos, por lo tanto, los que dejan una hermosa tradición de honestidad para la intelec­tualidad ecuatoriana. Y por lo mismo, son ellos los acreedores de nuestro agra­decimiento y nuestro respeto más profundo.

Oswaldo Albornoz Peralta

 LAS IDEAS SE HACEN CARNE

En efecto, de la labor propagandística y de difusión teórica, se pasa a la organización de los primeros grupos socialistas. Ya para el año 1924 funciona en Quito el grupo “La Antorcha”, que tiene como órgano doctrinario el periódico del mismo nombre. También funciona en esta misma ciudad el grupo denominado “So­ciedad Amigos de Lenin”, dirigido por el distinguido escritor mexicano Rafael Ramos Pedrueza, que pone a disposición de sus miembros su biblioteca, la que cuenta con numerosas obras marxistas difíciles de encontrar en el medio y que por lo mismo contribuyen mucho para la formación ideológica de sus componentes, quienes realizan una acción digna de encomio y que llegan a pedir la afiliación de su agrupación a la Tercera Internacional Comunista. El 13 de Julio se crea el “Núcleo Central Socialista de Quito” que tiene mucha actividad y que inclusive organiza asam­bleas públicas para propagar las nuevas ideas. Así mismo, en otras provincias y poblaciones del país, funcionan grupos que se van creando paulatinamente. En Cuenca existe el “Núcleo Socialista del Azuay”, en Riobamba se funda él “Partido Demócrata Social”, en Manabí tiene actividad el “Núcleo Revolucionario de Manabí” y en Tulcán actúa el grupo socialista denominado “La Reforma”. Las ciudades de Loja, Ambato, Ibarra y Otavalo, tienen también sus grupos socialistas. Y en Guayaquil, el 28 de marzo de 1926, se realiza la primera asamblea local socialis­ta.

Los grupos socialistas que acabamos de citar están conformados mayoritariamente por intelectuales, debiéndose exceptuar tan solo el de Guayaquil, que gra­cias al desarrollo económico de la ciudad, puede contar con una buena represen­tación obrera. Muchos de los intelectuales que integran los primeros núcleos socialistas están llamados a ocupar un elevado lugar en el campo de las letras y de la cul­tura nacional. Para que se vea que esto es así y que no exageramos, teniendo en cuenta que sus nombres son poco conocidos por las jóvenes generaciones de hoy, vamos a mencionar, aunque sea en pocas líneas, la producción intelectual de al­gunos de ellos.

Empezaremos con el grupo “Antorcha”.

Este grupo está formado por 11 personas –ver El 15 de Noviembre de 1922 y la Fundación del Socialismo relatados por sus protagonistas,[1]– casi to­dos intelectuales, de los que, en aras de la brevedad, mencionaremos únicamente a los más distinguidos. Ellos son:

Jorge Carrera Andrade

Este poeta está considerado, sin discusión, como una de las altas cimas de la poesía ecuatoriana, y no solamente ecuatoriana, sino latinoamericana, razón por la que consta en múltiples antologías. Son numerosos sus libros y cuadernos poéticos, de los cuales citamos solo estos pocos: Biografía para uso de los pá­jaros, Canto al puente de Oakland –con traducción al inglés– Cargaison oceanique –en francés– Lugar de origen y Hombre planetario. También traduce al caste­llano a los mejores vates de Francia, traducciones contenidas en su obra Poesía francesa contemporánea. Sus libros en prosa, sobre variados temas, son paradigma de elegante decir y muestrario de erudición.Latitudes, Viaje por países y libros, Interpretacio­nes latinoamericanas, El camino del sol, Galería de místicos y de insurgentes, La tierra siempre verde, son sus producciones más notables en este campo.

Ángel Modesto Paredes

Es el encargado de la difusión de AMAUTA, la gran revista de José Carlos Mariátegui, en nuestra patria. Dos veces, nos parece, colabora en ella.

Se destaca en sociología y derecho internacional sobre todo, aunque no deja de adentrarse en otros campos, inclusive en el literario, pues es autor de algunas novelas.

En su especialidad principal, la sociología, entre otros, escribe los si­guientes libros: Sociología general aplicada a las condiciones de América (1924), La conciencia social (1927), Los resultados sociales de la herencia (1935), Pro­blemas etnológicos indoamericanos (1947) y Biología de las clases sociales (1954). Y en derecho internacional: Informe sobre la importancia de ratificar la conven­ción sobre derecho internacional privado, suscrita en la Habana y el nuevo derecho internacional y Las bases de la paz en América.

Su producción intelectual, si bien democrática y progresista en su época, está alejada del marxismo. El sociólogo Rafael Quintero –prólogo a la antología de Paredes titulada Pensamiento Sociológico publicada por el Banco Central– dice que su “tragedia fue no poder escapar a las determinaciones de su tiempo”.[2]

Hugo Alemán 

Poeta, Y como poeta es un puente, pues emerge del modernismo y de la in­fluencia de la generación decapitada, para llegar al canto nuevo y defender la causa del hombre y de los pueblos. Sale del pesimismo–“Del mal de ser poeta, de esta melancolía que me hace amar lo enfermo,  las imágenes mustias”– para arribar al vibrante ¡No pasaran! y condenar al fascismo que inunda en sangre la España Republicana: “Ni el asesinato procaz de ancianos, niños y mujeres –dice– han podido vencer la resistencia y el vigor proletarios”.[3]

Prosista. Libros y folletos de variados temas: Presencia del pasado –dos to­mos– Tránsito degeneraciones, Ernesto Noboa y Caamaño artífice del soneto “Emo­ción vesperal”, Antonio C. Toledo: poeta del amor y del infortunio y Sucre: parábola ecuatorial. Este, su legado.

Augusto Arias

Es intelectual múltiple: poeta, periodista, biógrafo, crítico literario y pedagogo. El  volumen de sus Obras selectas publicado por la Casa de la Cultura en 1962, donde se ha reunido la mayor parte de sus trabajos en prosa, consta de diecinueve temas. Entre ellos, los más conocidos, son los siguientes: Cristal indígena, Vida de Pedro Fermín Cevallos, Luis A. Martínez, España eterna y Al­mas y lugares. Obras poéticas: Poemas íntimos yEl corazón de Eva. Y su texto, Panorama de la literatura ecuatoriana, ha enseñado esa materia a muchas generaciones de estudiantes secundarios.

Delio Ortiz

Es autor de algunos libros. EI más notable, quizás, es Diplomacia de gánsters que estudia el Tratado Salomón‒Lozano celebrado entre Colombia y el Perú, en mengua de los intereses ecuatorianos. Benjamín Carrión, que prologa esta obra, considera a Ortiz “como a uno de los más vigorosos escritores políticos del Continente”.[4] Aunque el jui­cio, sin duda exagerado, sirve para evaluar su categoría.

El Grupo “Lenin

El grupo “Lenin” está integrado así mismo por algunos intelectuales. Tres son ingenieros: Alberto Suárez Dávila, Pablo Charpantier y Timoleón Jácome. Hay un periodista: Luis Anda Rumazo. Pero la figura más sobresaliente es la del pro­fesor Fernando Chaves, conceptuado como el precursor de la gran novela indigenis­ta ecuatoriana, con su conocido libro Plata y bronce, publicado en 1927. Es autor además de La embrujada y Escombros pertenecientes al mismo género novelístico, y de Oscuridad y extrañeza, un ensayo sobre Franz Kafka, que precede a su tra­ducción de La carta al padre del escritor checo mencionado. Y fuera del campo literario escribe Ideas sobre la posición actual de la Pedagogía, donde aborda importantes asuntos relativos a esta disciplina científica.

Y en los otros grupos de provincias, como ya se dijo, el panorama es pareci­do. Únicamente daremos dos ejemplos. En el socialismo de Guayaquil está el gran escritor José de la Cuadra, cuyos cuentos y novelas que son numerosas y muy co­nocidos, por su alta calidad literaria, no faltan nunca en las principales anto­logías de la lengua castellana. Y en el grupo socialista de Cuenca está Carlos Aguilar Vásquez –médico– cuyas Obras completas publicadas en la década del 70 se componen de seis gruesos volúmenes, dos de poesía y cuatro de prosa, donde podemos hallar una gran variedad de géneros: novela, cuento, teatro, periodismo y ensayos histórico–sociológicos, como Xima por ejemplo, que demuestra su humana preocupación por la causa del indio.      A base de todos estos grupos se forma el Partido Socialista Ecuatoriano. Del 16 al 25 de mayo de 1926 sesiona la primera Asamblea Nacional Socialista que aprueba tres documentos importantes para su marcha y posterior desenvolvimientos: Declaración de Principios del Partido Socialista Ecuatoriano, Programa de Acción del Partido Socialista Ecuatoriano y Estatutos del Partido Socialista Ecuatoria­no. En 1928, el Partido ingresa a la Tercera Internacional Comunista.

La procedencia social y profesional de los delegados a este primer Congreso es muy heterogénea, pero se puede decir, que en general, predominan los elemen­tos intelectuales de origen burgués, los que en gran parte son elegidos para in­tegrar el Consejo Central Ejecutivo Socialista, como se puede ver examinando la nómina constante en el folleto titulado Labores de la Asamblea Nacional Socialista, donde se recogen las actas y documentos de este certamen de inmensa trascendencia para la vida política de nuestro país. Pero, no cabe duda, que la influencia y el impulso que ha dado el movimiento de los bolcheviques a todas las fuerzas progresistas del mundo, está presente en la mente de los delegados.[5]

Al igual que hicimos antes con los miembros de los grupos socialistas, va­mos a mencionar la obra de unos pocos delegados al primer Congreso del Partido, para confirmar lo que se apunta arriba.

Emilio Uzcátegui 

Es sin duda uno de los escritores ecuatorianos de mayor producción, sobre todo en lo que atañe a pedagogía y problemas educativos en general. Imposible por lo mismo citar aquí todos sus trabajos, debiéndonos limitar, por consiguien­te, a señalar los más importantes tan solo: Los pedagogos de la libertad, El niño en la legislación ecuatoriana, Historia de la educación en Hispanoamérica, Páginas de cultura y educación, Bosquejo histórico de la escuela laica ecuato­riana y Medio siglo a través de mis gafas.

Ocupa varios elevados cargos. Es Director General de Institutos Normales del Ecuador, Director General de Educación y Decano de la Facultad de Filosofía, Le­tras y Ciencias de la Educación de la Universidad Central. Además es Senador Fun­cional por la Educación en los Congresos de 1930–1935 y Diputado por la Educación en la Asamblea Constituyente de 1544–1945.

Juan Pablo Muñoz   

Es músico y escritor notable. Sus principales trabajos sobre música son Nacionalismo y americanismo musical y La música ecuatoriana. Escribe también un ensayo titulado Glosario de Amiel –1938– donde rebate algunas opiniones del doctor Gregorio Marañón vertidas alrededor de la personalidad del autor del renombrado Diario íntimo. Y en 1943,el “Grupo América” publica, entre otras, su conferencia Confrontación americanista de la post–guerra. Desempeña el cargo de Director del Conservatorio Nacional de Música. Deja, al morir, algunos libros inéditos.

Reinaldo Murgueytio

Es un maestro sobre todas las cosas, pues consagra su existencia íntegra, a la educación de la juventud ecuatoriana.

De lo que nosotros conocemos, ha publicado Yachay-huasi, Llacta cuyani y Tierra, cultura y libertad. El primer libro es bilingüe –castellano y quechua– que contiene una serie de leyendas, cuentos, fábulas y poesía aborígenes. El se­gundo es una obra de teatro escrita en colaboración con el profesor Jorge Rome­ro para ser presentada en escenarios rurales preferentemente. Y el tercero, de carácter pedagógico, es un valiente alegato en favor de una “reforma educativa, agraria y social” encaminada a la redención del campesino y del indio ecua­toriano.[6]

Su desvelo, y su lucha en contra de la explotación y menosprecio del indí­gena, son méritos, méritos muy grandes, de Reinaldo Murgueytio.

Miguel Ángel León

Otro poeta y gran poeta. Abre también surcos nuevos en la poesía ecuatoriana, modificando su forma y contenido, pues al lado de la innovación formal introduce su visón de la cruel realidad que le rodea, y rompe lanzas contra la injusticia. El indio irredento, cargado como un Cristo de injusticias, inspira su Elegía de la raza: “Canta mirlo negro. Di tu deprofundis torcaza, / río que vienes gritando desde arriba, / llora mi dolor y el dolor de la raza”.[7]

Sus poemas están recogidos en el libro titulado Labios sonámbulos. Tiene además tres obras de teatro: Hacia el Oriente, Tarqui y Héroes anónimos.[8] Ejerce el magisterio, llegando a Rector del Colegio “Pedro Vicente Maldonado” de la ciudad de Riobamba.

Gregorio Cordero y León

Su obra intelectual es muy poco conocida, pues que desterrado por la dic­tadura de Federico Páez se radica en la ciudad de México, donde permanece hasta su muerte. Autor teatral de preferencia, allí publica tres de sus obras en 1954: Dios consiente, Dies irae y Maldito el fruto de tu vientre, recogidas en un volumen con el título de Tres tragedias rurales.[9] Y en Guadalajara se edita su pieza denominada Hampa.

Antes de partir al exilio, en 1935, según noticia que da Ricardo Descalzi en su Historia critica del teatro ecuatoriano, había logrado la representa­ción de algunas de sus obras dramáticas que permanecen todavía inéditas.[10]

Siguiendo la tónica de su generación –la generación del 30– el contenido de su producción teatral es realista, donde aflora la rebeldía y el ansia de reivindicación social. La denuncia, a veces a grito herido, está presente a lo lar­go y a lo ancho de su obra.

Abraham Moscoso

Se trata de un gran pintor, considerado justamente como precursor de la pintura de denuncia social. Comprometido con su pueblo, retrata en sus cuadros la injusticia y la hipocresía de las clases dominantes, que en la atmósfera pa­cata de su época son motivo de protesta de los sectores más retrógrados de la sociedad, que no logra amilanar, en ningún momento, el filo de su pincel revolucionario.

Al lado del artista, está el luchador político. Interviene en la organización de los trabajadores intelectuales en el Centro Nacional de Bellas Artes en 1924 y luego en la Sociedad de Artistas en 1935. La cárcel, la persecución, son consecuencias de su accionar revolucionario. Muere tempranamente a los cuarenta años de edad, pese a lo cual, su nom­bre no puede faltar en la historia del arte ecuatoriano.

Quedan varios otros intelectuales al margen de este estudio, unos pocos más serán mencionados en las páginas que siguen.

Pero lo visto es demostración suficiente del papel honroso que cumplen como pioneros del movimiento revolucionario al transformarse en combatientes de la causa socialista y difusores de la verdad del marxismo‒leninismo.

El papel protagónico que desempeñan, empero, prueba por otro lado la debi­lidad de nuestra clase obrera, que no cuenta todavía con una representación que garantice una conducción firme del Partido recién creado. Las consecuencias de este fenómeno son grandemente negativas y muy pronto se dejan sentir. Provenien­tes de la burguesía y de la pequeña burguesía en su mayor parte, sin una mayor solidez ideológica, pronto algunos intelectuales defeccionan en la lucha y has­ta traicionan a la revolución abiertamente. Otros, adoptando una posición de de­recha, se convierten en abanderados de ideas revisionistas y forman fracciones que propenden a la división partidaria, como en el caso de la llamada Institu­ción Llamarada de Quito y de la Asociación Revolucionaria Ideológica de Ambato.

A la postre, este propósito se hace realidad: un grupo del Consejo Central, alegando dizque la degeneración de la Internacional Comunista, se separa de la dirección y llama a formar un nuevo Partido Socialista, que efectivamente se organiza en 1933. Todo esto, después de una lucha ideológica intensa.

No obstante lo indicado, una gran parte de intelectuales se mantienen fieles a sus ideas y participan valientemente en las luchas democráticas de nuestro pueblo, dando su aporte desinteresado para el progreso de la patria. Son ellos, por lo tanto, los que dejan una hermosa tradición de honestidad para la intelec­tualidad ecuatoriana. Y por lo mismo, son ellos los acreedores de nuestro agra­decimiento y nuestro respeto más profundo.

 

[1] Leonardo Muñoz enumera a los miembros del Grupo Antorcha: “Éramos los hermanos Paredes (Ricardo y Ángel Modesto), los hermanos Carrera (Jorge, César), Ernesto Mogollón, Gonzalo Pozo, Hugo Alemán Fierro, Julio H. Peñaherrera, Delio Ortiz, Augusto Arias y Leonardo Muñoz… Tienen que estar once”. El 15 de Noviembre de 1922 y la Fundación del Socialismo relatados por sus protagonistas, Segunda Parte, Corporación Editora Nacional – INFOC, Quito, 1982, p. 90.
[2] Rafael Quintero, “Estudio introductorio”, en Ángel M. Paredes, Pensamiento Sociológico, Banco Central del Ecuador Quito, 1981, pp. 44-45.

[3] Hugo Alemán “¡No pasarán!”, en Nuestra España, Talleres Gráficos Romero,  Quito 1938, p. 56.

[4] Delio Ortiz, Diplomacia de gánsters, Imprenta de la Universidad, Quito, 1941.

[5] Durante la sesión nocturna del 17 de mayo, “el compañero secretario general [Ricardo Paredes], se levanta y dice: «El compañero que me ha precedido en la palabra, para combatir la total abolición de la propiedad privada, ha puesto como argumento el que la Rusia de los Sóviets, no ha podido aún extinguirla, llamando a la Revolución proletaria bolchevista ‘una locura mística’. Si, la revolución comunista rusa es un movimiento místico que está conmoviendo al mundo en sus más hondas raíces, que amenaza derrocar la sociedad burguesa, suprimir todos los privilegios, romper todas sus tradiciones de mentiras, para fundar una sociedad comunista donde el bien y la justicia sean las supremas normas. Si, la revolución bolchevista es un movimiento mítico, porque tiene la fe de las anunciaciones, porque marca el comienzo de una nueva era, acaso la más grande de la humanidad. Labores de la Asamblea Nacional Socialista, 1926, pp. 35-36.

[6] Reinaldo Murgueytio, Tierra, cultura y libertad, Antecedentes para las Reformas Educacional, Agraria y Social en el Ecuador. Talleres Gráficos Minerva, Quito, 1961, p. 6.

[7] Miguel Ángel León, Labios sonámbulos, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1954.

[8] Franklin Barriga López y Leonardo Barriga López, Diccionario de la literatura ecuatoriana, t. III, Ed. Casa de la Cultura del Ecuador – Núcleo del Guayas, Guayaquil, 1980, p. 40.

[9] Gregorio Cordero y León, Tres tragedias rurales, Ediciones Rondador, México, 1954.

[10] Ricardo Descalzi, Historia critica del teatro ecuatoriano, t. III. Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1968, p. 1030.

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