Publicado en: 10 noviembre, 2017

Influencia del marxismo y de la Revolución de Octubre en los intelectuales del Ecuador II

Por ABP ecuador

Y lo que es más, cobijándose bajo la bandera del socialismo, manifiesta que éste que “ha empeñado ruda batalla contra el régimen capitalista”, que terminará “por destruir tan infamante régimen”.[2

Oswaldo Albornoz Peralta

II

LOS PRIMEROS RESPLANDORES

Después del colapso liberal con el asesinato de Alfaro, aunque sea lentamente, las ideas avanzadas del socialismo van siendo asimiladas por algunos intelectuales progresistas, a la par que van penetrando en las organizaciones obreras en el fragor de la lucha por sus propias reivindicaciones. Pero casi siempre estas ideas, como es comprensible, tanto entre los intelectuales como entre los trabajadores, están mezcladas con una serie de concepciones erróneas, provenientes del anarquismo y del socialismo reformista que se combinan sin mayor discernimiento con el socialismo científico marxista. Se puede decir que hasta antes de la Revolución de Octubre, debido a nuestro retraso económico y a la consiguiente debilidad de la clase obrera, no hay una real diferenciación entre las distintas tendencias socialistas, no se separa aun lo que es verdaderamente científico de lo que no es. Todavía, estas diferentes tendencias son consideradas en un plano de igualdad podríamos decir, lo que hace que los hombres de avanzada de ese entonces adquieran sus conocimientos en una u otra fuente, mezclando los principios verdaderos con los falsos.

Desde luego, existen anticipaciones muy notables dignas de ser mencionadas. Tal es el caso del doctor Luis Felipe Chaves, que partiendo desde el liberalismo –asiste como delegado al Congreso Liberal de 1923– se convierte en uno de los fundadores del Partido Socialista Ecuatoriano en 1926.

Él, ya en el año 1912, en su tesis doctoral titulada Escuelas Económicas, remitiéndose al materialismo histórico de Marx, sostiene que la economía es el factor determinante del desarrollo social. Dice:

“A esta vacilación, a esta incertidumbre de la Filosofía de la Historia, pone término el genio de un hombre extraordinario, de un analizador profundo y desapasionado de la vida de los pueblos, del inmortal Carlos Marx, quien descubrió el factor–eje de la vida social; factor conocido de todos desde mucho tiempo atrás, pero cuya extraordinaria importancia nadie había apreciado antes, con la claridad y certeza de Marx; tal factor de las sociedades, el que constituye la trama íntima y eterna del Todo Social, es el factor económico”.[1]

Y lo que es más, cobijándose bajo la bandera del socialismo, manifiesta que éste que “ha empeñado ruda batalla contra el régimen capitalista”, que terminará  “por destruir tan infamante régimen”.[2]

También en su trabajo, como era de prever, hay la conjunción de ideas y doctrinas no afines, que a nuestro modo de ver, por ser producto de la época, no borran los méritos antes señalados. Por ejemplo, siguiendo a Spencer –a quien cita– cree que el darwinismo puede servir de aliado “en la determinación de las numerosas formas de evolución sociológica”. Es notoria sobre todo la influencia del reformista burgués Henry George, cuyas principales obras son conocidas en nuestro país, pues el Catálogo General de la Librería Española de Janer e Hijo de Guayaquil que se publica en 1911, constan Progreso y miseria, La condición del Trabajo y Protección y librecambio,[3] esta última, mencionada por Chaves. De este autor toma la idea de la necesidad de la supresión de la propiedad territorial, y siguiendo su modo de pensar, propone que “verificada  la apropiación social de la tierra –nacionalizada– ésta debería continuar en poder de los actuales poseedores en aquella parte que realmente utilizan, pero que se permitiría que de la tierra no utilizada tomen posesión los que deseen trabajar, los que deseen utilizar este común agente natural de producción”.[4]

Se trata, en fin de cuentas, de la entrega de las tierras no cultivadas de los latifundios  ‒cuya existencia condena con vigor– para beneficio y usufructo de los campesinos. Para ese tiempo es una proposición progresista, acogida por los ideólogos más radicales del liberalismo. Proposición que también constará por largo tiempo, como punto programático de los jóvenes partidos de izquierda.

Prosigamos.

Hasta antes y durante la primera guerra mundial, según hemos podido averiguar consultando los catálogos de algunas librerías, en el Ecuador, se conocen las siguientes obras marxistas:

—    De Carlos Marx:

Precios, salarios y ganancias.[5]

El Capital,  Manifiesto Comunista, Precios, salarios y ganancias (sic).[6]

El Capital y estudio sobre el socialismo científico, Precios, salarios y ganancias, Miseria de la filosofía. Contestación a Proudhon.[7]Y Crítica de la Economía Política.[8]

—    De Federico Engels:

Origen de la familia, propiedad privada y el Estado.[9] Anti–Dürhing o la revolución de la ciencia.[10] El socialismo utópico y el socialismo científico.[11]

El socialismo y la religión, y Socialismo utópico y el socialismo sin título.[12]

Literatura francesa.[13]

—    De Marx y Engels:

Comunista (Manifiesto),  por Carlos Marx y Federico Engels.[14]

—    De August Bebel:

La mujer.[15]

Socialización de la sociedad.[16]

—    De Paul Lafargue:

El derecho a la pereza (dos tomos).[17]

Idea de la Justicia y del Bien.[18]

El matriarcado.[19]

El derecho a la pereza, Por qué cree en Dios la burguesía y Jaurés y Lafargue  (controversia): El Concepto de la historia.[20]

—    De Karl Kautski:

La cuestión agraria

Parlamentarismo y socialismo.[21]

La defensa de los trabajadores y la jornada de ocho horas.[22]

—    De Antonio Labriola:

Materialismo  Histórico

Reforma y revolución social.[23]

Los títulos están copiados como constan en los catálogos consultados. Cuando se menciona El Capital de Marx, se trata con seguridad del primer tomo traducido al castellano en el siglo XIX, pues que se enuncia un solo libro.

Al lado de las obras marxistas, existen muchas otras de los teóricos anarquistas o de los exponentes del socialismo pequeñoburgués y reformista. Se lee mucho a Kropotkin, de quien se conoce como una decena de libros. Constan en los catálogos Federalismo y socialismo, El patriotismo yDios y el Estado de Bakunin. De Proudhon, entre otros, son conocidos los siguientes trabajos: ¿Qué es la propiedad?, Psicología de la Revolución,  Única salvación y La creación del orden. Son leídos también Sorel, Luisa Michel, Henry George, Malatesta, Malato y Reclús. Así mismo Vandervelde.

A lo anterior habría que agregar ciertas obras de carácter científico, como las de Darwin, Haeckel, Büchner, Spencer e Ingenieros –para no citar sino unos pocos– que contribuyen también a la formación ideológica de nuestros intelectuales progresistas. Y habría que añadir algunas obras de crítica religiosa como las de Straus y Renán, por ejemplo. Que gozan de una difusión muy amplia.

Algunas concepciones de estos autores, totalmente falsas y negativas, gravitan en el pensamiento de nuestros pensadores avanzados, aun en el de los primeros socialistas, constituyendo por lo mismo, un obstáculo para su claridad y avance.

Se habrá notado que entre los pensadores marxistas que se conocen en el Ecuador, no existe ninguno de Rusia. Los haces de luz del pensamiento inmenso de Lenin, no irradian todavía nuestra tierra.

No es equivocado afirmar, que en la época, a Rusia se la conoce solamente a través de su gran literatura, porque sus escritores clásicos –Gogol, Turguenev, Dostoievski, Tolstoi y Chejov– ellos sí, son leídos, inclusive comentados algunos desde fines del siglo XIX y principios del XX. Y también Gorki, puente de unión de dos épocas diferentes.

De aquí que para nosotros, sea un verdadero deslumbramiento la llamarada de la Revolución de Octubre.

Inmediatamente suscita interés, un deseo inmenso por conocer los hechos y las primeras realizaciones, tanto entre los trabajadores como en los círculos de los intelectuales progresistas. Su gran artífice, Vladimir Illich Lenin atrae magnéticamente las miradas. Todos quieren conocer sus obras, su vida de revolucionario tenaz y abnegado, la hazaña grandiosa de la revolución que dirige magistralmente.

Es como si las puertas de la esperanza se abrieran de par en par.

Ya en 1919, los estudiantes de la Universidad Central de Quito, piden a su rector, doctor Cueva, que se les explique el significado de la revolución socialista.

La información que se quiere es difícil encontrarla en un principio. La prensa en manos de los capitalistas y terratenientes, tergiversa las noticias e inunda sus páginas con burdas calumnias contra la revolución, incluyendo las más ridículas e increíbles, como se puede comprobar revisando los periódicos burgueses y católicos de su tiempo. El clero cumple igual papel con las furibundas pastorales, donde así mismo, campea el engaño y la mentira. Por esto, que se busque con afán las fuentes verdaderas. Los pocos folletos y libros en español que se consiguen, procedentes de los partidos y organizaciones revolucionarios, llegan a constituir joyas auténticas. Y muchas veces los intelectuales, para inquirir la verdad –tal como prueba la bibliografía que consta en algunas obras– tienen que recurrir a publicaciones en idiomas extranjeros, el francés principalmente.

No obstante las dificultades enunciadas, en el mismo año de 1919, algunos intelectuales y trabajadores avanzados inician la tarea de la propagación de las ideas socialistas, tarea esta, que tiene la virtud de alarmar a la prensa reaccionaria. El Comercio de Quito, por ejemplo, se expresa de esta manera en relación a este hecho:

“Se ha dado comienzo en esta capital a una obra de propaganda, más que socialista abiertamente bolcheviquista, mediante la cual, y con fines políticos, que saltan a la vista del más miope, se trata de soliviantar a la clase trabajadora contra los que tienen fortuna, de hacerle concebir irrealiza­bles esperanzas como aquella de la distribución de la propiedad entre todos, cosa que no se ha realizado todavía ni en la misma Rusia”.[24]

También se alarman grandemente los capitalistas y terratenientes, tanto, que organizan apresuradamente una Liga Nacional Obrera Antisocialista, encargada –según se dice en el periódico antes mencionado– “de buscar medidas adecuadas para el apoyo recíproco entre loscapitalistas y la clase obrera”.[25] Miembros de esta Liga son, entre muchos otros, Víctor Manuel Peñaherrera, Pablo Guarderas, Francisco Chiriboga y Julio Tobar Donoso. Este último, persistiendo en el empeño, publica más tarde, en 1926, la revista La Defensa, donde escribe una serie de artículos –que después son reuni­dos en el folleto titulado Cooperativas y mutualidades– propugnando el coopera­tivismo obrero católico, para impedir en este campo, “los peligros que encerraría la anticipación de los socialistas”.[26] Para ser convincente, cita el ejemplo de los católicos belgas, afirmando que gracias a esta iniciativa, han recuperado el terreno perdido.

La alarma, empero, tiene razón de ser, ya que en verdad las ideas socialis­tas son acogidas con mucha simpatía y siguen difundiéndose a pesar de las tergi­versaciones y calumnias de la oposición reaccionaria.

El sociólogo Belisario Quevedo es uno de los primeros en mostrar su adhe­sión a las nuevas ideas por medio de la prensa, razón por la que es combatido con acritud por sus contrarios. Su libro póstumo Sociología, política y moral –escrito antes de 1921 y publicado solamente en 1932–demuestra con claridad su pensamiento social. En él, si bien cree que el socialismo no es adecuado para el Ecuador en el momento, lo considera sin embargo como “una necesidad histórica que tiene su tiempo determinado para aparecer a pesar de cualquier cataplasma con que se pretenda evitar o retardar su advenimiento”.[27] Allí, también, pone a la opinión pública en alerta a las falsas informaciones de los periódicos y cables burgueses, “interesados en desfigurar y desacreditar la gran revolución actual, “quizá de mayores consecuencias que la del 89”.[28] Allí, además, polemiza con vigorcontra aquellos que en esos tempranos tiempos inician la campaña anticomunista. Un ejemplo. Cuando Velasco Ibarra afirma en una revista que el socialismo mata el arte y el cultivo de la belleza, él contesta en esta forma: “No obstante, en­tre los ministerios de la Dictadura proletaria hay uno de educación; que a la cabeza del Departamento de Literatura extranjera se halla Gorki; que se está llevando a cabo una intensa renovación en la música; que se sostienen las acade­mias y los museos y que los muchachos de las escuelas y de las masas populares están, por primera vez, contemplando, guiados por maestros competentes, las gran­des obras de arte y oyendo conferencias y conciertos”.[29] Es decir, que frente al sofisma y a la afirmación sin base, se oponen los hechos, que no tienen réplicaposible.

Otro tanto, y quizás con mayor extensión, sucede en la ciudad de Guayaquil. Allí aparecen algunos periódicos obreros, como los editados por el dirigente gremial Juan E. Naula, que difunden las ideas socialistas. El mismo periodista citado, en el año de 1921 publica un libro dePrincipios de Sociología Aplicada, que si bien adolece de errores explicables en la época, tiene el mérito de aplicar el marxismo en la interpretación del desarrollo de la humanidad, pues en general se rige por las ideas desarrolladas por Engels en El origen de la fa­milia, de la propiedad privada y del Estado. Y, sobre todo, tiene el mérito in­discutible de saludar la Revolución de Octubre y de defender con ardor a la na­ciente patria del proletariado.

“Por fin –dice– sonó en Rusia el clarín de las huestes oprimidas que, en un hermoso gesto de rebelión y resolución, se lanzan a la conquista de la sublime Libertad Económica y Moral, derribando el trono, pisando la corona y abatiendo prejuicios y privilegios, que, por tantos siglos se habían cebado sobre el tormento y la humillación de las clases obreras”.[30] Y ensalza a Lenin como enemigo de toda tiranía y “adorador fervoroso de la verdadera Libertad”.[31]

Más adelante, puntualiza con más claridad su admiración por la Revolución Rusa, como la patria obrera libre de explotación del hombre por el hombre:

“La República de los Derechos del Hombre, proclamada por los marximalistas, tiene por base la equidad económica mediante la socialización de los medios de producción que son: el suelo, el subsuelo, las aguas, los inmuebles, las maquinarias y en general los útiles de trabajo… Por socialización de los medios de producción se entiende hacerlos del uso de la sociedad, todos esos elementos de vida, para servicio común de los pueblos y no sea propiedad particular de ningún individuo”.[32]

Y al mismo tiempo, acogiendo indudablemente las tesis de Lenin sobre la guerra imperialista, alerta sobre lo peligroso que es la pervivencia del imperio de capital para todos los pueblos del mundo:

“Ya hemos dicho que la última guerra mundial no fue otra cosa que una lucha de capitales. Por tanto la paz del mundo, ahora, no significa sino la explotación del mundo, por los capitales triunfantes… Para imponer esa explotación están mandando tropas aliadas contra el Soviet de Rusia, por la explotación se ahorca, se asesina y se martiriza en Norte América; por esa explotación, pretenden tener el palo levantado contra el movimiento reivindicatorio de los Derechos del Hombre en todo el Mundo”.[33]

El 15 de Noviembre de 1922, las fuerzas represivas de la oligarquía que do­minan el país, realizan una infame matanza de centenares de obreros, cuyos cuerpos masacrados, para esconder el crimen, son arrojados a la ría. Esta jornada de lucha heroica del proletariado ecuatoriano, tiene ya la inspiración de la Revo­lución de Octubre, donde se ve un ejemplo y se vislumbra el futuro. Desgracia­damente, no tiene aún la dirección de un partido obrero y predominan todavía las concepciones anarquistas, hecho que permite la intromisión de provocadores y agentes de la burguesía, que desvirtúan sus objetivos, y que, al final, le lle­van, a la derrota y al fracaso. Fracaso, bautizado con sangre.

Al estupor que le causa a la oligarquía, que esas masas de proletarios ecuatorianos traten de encontrar nuevos caminos para librarse de la explotación, se suma la airada diatriba del clero encabezada por altos prelados como el obispo de la provincia de Bolívar Carlos María de la Torre, más tarde jefe de la Iglesia católica ecuatoriana. Así se expresa el 28 de abril de 1923:

“Los tristes y deplorables acontecimientos ocurridos en Guayaquil el mes de noviembre del año pasado, despertaron en el ánimo de los ecuatorianos consternación y espanto, porque a la vista estaba, el temible Socialismo, preñado de amenazas, había puesto su planta en nuestro suelo (…) Todo lo nuevo atrae y fascina; y si bien el Socialismo, parto monstruoso del cerebro humano, lleva ya largos años de existencia, hasta hace poco, no había penetrado en nuestra Patria (…) Pero ahora no sólo amenaza apoderarse de las sencillas masas populares, a quienes engaña y seduce con los mirajes de la falsa dicha, más también pretende arrastrar, en su impetuosa y desoladora corriente, a aquellos que, por sus estudios y condición, debieran conocer mejor lo falso y desastroso de tal sistema.” [34]

Mas nada detiene el avance de las nuevas ideas, que siguen germinando cada vez más lozanas y vigorosas, como que si el suelo ecuatoriano se hubiera ferti­lizado con el sacrificio de las víctimas. Sus portadores, cada vez, son más nu­merosos.

El doctor Juan Honorato Peralta, otro pionero de las ideas socialistas, científico de valía, se adhiere lleno de entusiasmo y convicción a la gran Revo­lución de Octubre. Su nombre es casi desconocido entre nosotros, tanto que el es­critor Agustín Cueva Tamariz, le califica como un alto valor oculto. Peralta, discípulo de Ingenieros, es quizás el primero que en el Ecuador intenta dar a las ciencias una base materialista, principalmente en lo que se refiere a Psico­logía, Psiquiatría y Biología, aunque con las equivocaciones que el intento con­lleva. Espíritu inquieto, siempre en búsqueda de la verdad, sigue una larga trayectoria hasta descubrir el marxismo, que en su caso, no está limpio de re­zagos de la ciencia burguesa. Pero su valor, su gran valor, está en su papel de precursor y en su fidelidad a la clase obrera.

Su libro titulado La Propiedad –editado en Guayaquil en el año de 1924– es exponente de su pensamiento progresista. Muchas de las ideas allí constantes, como su posición antiimperialista al denunciar con energía la agresión de Estados Unidos a México durante el período de la revolución mexicana, merecen ser desta­cadas con mayor detalle. Mas aquí, nuestro objetivo es solamente mostrar su sim­patía y adhesión a la Unión Soviética.

“De este modo –dice– se ha iniciado la crisis del derecho de propiedad particular, individualista, a favor del dominio colectivo, como un medio necesario de dignificación moral, como una preparación para la vida en una forma de la sociedad futura, cuyos lineamientos empiezan a colum­brarse en los ensayos llevados a la práctica, con éxito brillante, por la Rusia sovietista.

La Rusia, como hemos visto antes, marcha a la vanguardia de ese gran movimiento de renovación moral y económica, de los pueblos oprimidos por las injusticias del régimen capitalista. La socialización de la economía pública, se ha decretado, en su fase inicial, para la gran industria, los latifundios, los medios de transporte y las instituciones bancarias.

La expropiación de los expropiadores, o sea la socialización de los medios productivos, ha venido, pues, a convertir la propiedad subjetiva e individualista, en una función social, en fuerza misma de las necesidades económicas, como una consecuencia inevitable del proceso histórico que atravesamos”.[35]

Más tarde, en 1927, escribe su Mensaje a los trabajadores en el X aniversario de la fundación del Soviet, que no es otra cosa, diríamos, que una reafirmación de fe en la revolución y en el provenir de la obra de Lenin.[36]

El jurista y escritor Antonio Quevedo –en esa época hombre progresista y simpatizante del socialismo– en su libro Ensayos sociológicos y políticos, en gran parte de su obra analiza con penetración y ensalza las grandes conquistas logradas gracias a la revolución. De Lenin dice lo siguiente: “Murió en Enero del presente año, después de haber dirigido la Revolución más grande que registran los siglos, en medio del amor y devoción religiosos ya legendarios, de la mayoría del proletariado ruso. Actualmente su nombre es el más popular del Globo”.[37]

Luis Felipe Chaves, que en la década del 30 llega a ocupar el elevado sitial de rector de la Universidad Central del Ecuador es otro de los intelectuales que con tesón impulsa la propagación de las ideas socialistas, ponderando la obra revolucionaria de Lenin en un opúsculo que escribe sobre el particular. Él también, como todos los pioneros revolucionarios, recorre un camino largo y lleno de obstáculos impuestos por el medio, hasta llegar a las fuentes del marxismo. Viene desde el liberalismo manchesteriano, donde después de buscar y escarbar con ahínco, no encuentra la justicia y la felicidad que ansía el hombre.

No es vano el esfuerzo por ellos desplegado para difundir la teoría revolucionaria y hacer conocer las conquistas logradas por el joven Estado Soviético. La influencia de las nuevas ideas se deja sentir en muchas partes. El mismo Partido Liberal, bajo la presión del sector izquierdizante y ante el temor de perder ascendiente en las masas populares, se ve obligado en el Congreso realizado en el año de 1923, a incluir en su Programa algunos postulados progresistas como la reforma agraria y una serie de medidas en favor de la clase obrera.

Uno de los integrantes de ese Congreso, Pío Jaramillo Alvarado –La Asamblea Liberal.- sus aspectos políticos, Quito, 1924– dice refiriéndose al Programa aprobado, que allí, “el liberalismo que es evolución, el radicalismo que es acción violen­ta, ha encontrado en el socialismo el significado novísimo de la sociedad frente al Estado, y ha conseguido con esto las grandes definiciones del derecho contemporáneo, singularmente en lo que toca al derecho de propiedad, base de la ri­queza generadora de la vida”.[38]Algunos de los delegados a este Congreso, poco después, abrazaron las ideas socialistas.

También en la transformación política del 9 de Julio de 1925 se deja sentir el influjo de las ideas del socialismo. Algunos jóvenes oficiales, gestores del movimiento, tienen ideas socialistas, aunque no bien estructuradas, razón por la cual no pueden dar una certera dirección a su gestión política, pero que sin embargo contribuyen para que en el primer momento –durante la etapa democrática– se tomen algunas medidas avanzadas. El principal dirigente civil de la revolu­ción juliana, Luis Napoleón Dillon –escritor y economista distinguido– poco más tarde, cuando se reúne la primera Asamblea Socialista, hasta envía su adhesión al nuevo Partido.[39]

Todo lo expuesto demuestra que el ambiente es favorable y que existen las premisas necesarias para la organización de un Partido Socialista, que sea la vanguardia del pueblo y de la clase obrera ecuatoriana.

[1] Luis Felipe Chaves, Escuelas Económicas, en Anales de la Universidad Central N° 4, Quito, 1912. Reeditado en la recopilación La propiedad privada y el salario, Estudio Introductorio de René Báez y Lucas Pacheco, Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano N° 30, Banco Central del Ecuador, Quito, 1987, p. 169.

[2] Idem, p. 177.

[3]  Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, Guayaquil, 1911, p. 293.

[4] Chaves, op. cit.,  p. 182.

[5] Catálogo de la Librería Española, Guayaquil, 1911, p. 133.

[6] Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, Guayaquil, 1915, p. 361; Bonifacio Muñoz, Catálogo General de la Librería Sucre, Quito, 1918, p. 259.

[7] Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 259.

[8] Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 145; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 260.

[9] Catálogo de la Librería Española, 1911,  p. 132; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 255.

[10] Catálogo de la Librería Española, 1915, p. 204; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 245.

[11] Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 258.

[12] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 135; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 158.

[13] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 189; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 251.

[14] Catálogo de la Librería Española, 1915, p. 140.

[15] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 131; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 154; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 253.

[16] Catálogo de la Librería Española, 1911,  p. 135; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 158; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 258.

[17] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 121.

[18] Catálogo de la Librería Española, 1915, p. 355.

[19] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 130; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 153.

[20] Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 140;  Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 259.

[21] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 132; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 155; Bonifacio Muñoz, op. cit. p. 257.

[22] Bonifacio Muñoz, op. cit. p. 364.

[23] Catálogo de la Librería Española, 1911, p. 130; Catálogo General de la Librería Española de Janer e hijo, 1915, p. 153; Bonifacio Muñoz, op. cit., p. 258.

[24] El Comercio, Quito, 1919.

[25] Idem.

[26] Julio Tobar Donoso, Cooperativas y mutualidades, La Prensa Católica, Quito, 1942, p. 14.

[27] Belisario Quevedo, Sociología, Política y Moral, Editorial Bolívar, Quito, 1932, p. 120.

[28] Idem, p. 81.

[29] Idem, p. 83.

[30] Juan E. Naula, Principios de  Sociología Aplicada, Tipografía y Papelería de Julio T. Foyain,  Guayaquil, 1921, p. 227.

[31] Idem, p. 228.

[32] Idem, pp. 228-229.

[33] Idem, p. 239. Las cursivas son del autor.

[34] Carlos María de la Torre, Escritos Pastorales, Quinta Carta Pastoral. Acerca del Socialismo, Editorial Ecuatoriana, Quito, 1933, pp. 101-10

[35] Juan Honorato Peralta, La Propiedad, Librería e Imprenta La Reforma, Guayaquil, 1924, pp. 155, 162 y 167.

[36] Juan Honorato Peralta, El Pasado el Presente y el Porvenir. Un Mensaje a los trabajadores, Imprenta el Progreso, s.l., 1927.

[37] Antonio Quevedo, Ensayos Sociológicos y Políticos, t. I, Tip. Editorial Chimborazo de V. Arturo Cabrera M.,  Quito, 1924, pp. 244-245.

[38] Pío Jaramillo Alvarado, La Asamblea Liberal. Sus aspectos políticos, s. e., Quito, 1924, p. 112.

[39] “Sesión nocturna del 17 (de mayo de 1926): Se leyó una comunicación del camarada Luis N. Dillon que se adhiere decididamente a la Asamblea del Partido Socialista, “su viejo ideal”, proclamando la ruina de los partidos tradicionales”, en Labores de la Asamblea Nacional Socialista y Manifiesto del Consejo Central del Partido, Imprenta El Tiempo, Guayaquil, 1926, p. 35.

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