Independentistas que no lo eran

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Desde la segunda mitad de los años sesenta de la militancia que se consideraba el “fet nacional” catalán fue la soñar en una futura Unión de Repúblicas, y desde esta posición más o memos elaborada, asistí a las carreras clandestinas del 11 de septiembre.

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Desde la segunda mitad de los años sesenta de la militancia que se consideraba el “fet nacional” catalán fue la soñar en una futura Unión de Repúblicas, y desde esta posición más o memos elaborada, asistí a las carreras clandestinas del 11 de septiembre. Como emigrante que ya tenía plantados sus orígenes, siempre me he sentido de mi tierra, lo que significa ser un poco más sensible a sus historias, pero también identificar otras a través de ella; de un Andalucía que quiso una reforma agraria y lo pagó muy caro. Ese es el origen de una emigración que a mi edad significó sin exagerar, “un nuevo nacimiento”. Efectivamente, soy como diría un tanto despectivamente Gregorio Morán, un “xarnego” agradecido. Más tarde, no tuve problemas en asimilar los criterios sobre el hecho diferencial en mis lecturas de Maurín y Nin.

En nombre de estos criterios me opuse a las propuestas independentistas de un sector de la “Lliga Comunista” de finales de los ochenta. Mi nombre figura en algunos manifiestos por el derecho de autodeterminación. José Borrás me echó en cara en uno de estos debates que ahí había truco. Que de alguna manera entraba con la suya (el reconocimiento de este derecho), para salir “con la nuestra”: la unión de Repúblicas…Que la cuestión estaba no tanto en el programa sino en la política viva. En otros tiempos lo que ahora está sucediendo en Catalunya, seguramente lo habrían liderado la CNT, el POUM, y en los setenta el PSUC y la izquierda radical que no era moco de pavo.

Después de la “gran derrota”, del suicidio de la izquierda realmente existente, el proceso de (re)movilización catalán se está dando desde el terreno del asociacionismo natural que es el que ha permitido a Catalunya mantener la llama de sus aspiraciones a pesar de la barbarie franquista y de la “refundación nacional” que significaron las emigraciones, de las que me siento tan parte como de la propia Catalunya, madre adoptiva. Me habría gustado que esto lo protagonizara el movimiento obrero y la izquierda digna de ese nombre, pero la historia está pasando por otro lado, y heme aquí que, con buena parte de mi gente familiares incluidos, que me he convertido en abogado del “Si”, cómplice con el independentismo de izquierdas pero especialmente preocupado por el encaje con los adoptivos. La principal razón de este giro personal está en el análisis de la calle, de la gente que está siendo protagonista de una odisea en la que le asiste la razón: nadie puede ser obligado a ser de otro país que el que cree suyo. Creo que este proceso de recomposición social inédito es la clave, el pueblo no sale detrás de una bandera, sale porque quiere otra vida…

Estoy de acuerdo que aquí y ahora es la alternativa más sentida por una población que aspira a una Catalunya democrática y social. Me siento identificado con los que consisten en la tarea de subrayar los aspectos más “inter-nacionalistas” o más “sociales”. Una Catalunya independiente significa otra España, otra realidad en la que la oligarquía deje de dictar sus horrores económicos y democráticos a los políticos de turno.

Sin embargo, la “cuestión nacional” es ya de por sí bastante co0mpleja, y no digamos cuando resulta como en Catalunya que dos de cada tres catalanes somos de procedencia foránea, de otros pueblos del Estado. Se trata pues de entrar en la discusión y en lo posible, repasando textos y libros adquiridos. Entre estos, uno de los últimos ha sido “Repensar la España plurinacional” una recopilación que Ana Domínguez ha dirigido para Icaria-Instituto-25M-democracia, Barcelona, para una colección llamada “Argumenta” que ha conseguido un considerable prestigio. Se trata de una obra “abierta” en la que aparecen trabajos de personajes tan representativos Pablo Iglesias (Turrión), el historiador Xavier Doménech, el galleguista Xosé Manuel Beiras que se supera a sí mismo con los años, amén de una lista en la aparecen Dominique Saillard, Enric Juliana, José A. Pérez Tapias, Vicenc Navarro, entre otros, todos ellos partidarios en teoría de ese “derecho a decidir” asumido por el 80% de los catalanes. Se trata por lo tanto de una obra que muestra una considerable variedad aunque sea partiendo de esa misma premisa. Los autores no se han bajado del tren de la defensa del derecho de autodeterminación de Cataluña (y de Euzkadi y Galicia…Con caminos abiertos hacia otros desafíos como lo de Canarias o Andalucía, una respuesta alternativa a un país (España) que ansió crear un Imperio (aunque fuese en los corrales del Marruecos), pero que desde 1898 ni tan siquiera ha conseguido convencer como país, de ahí que el concepto plurinacional esté logrando cada vez más adeptos, y que la “marca España” con esta monarquía fuera de la ley este tratando de salvaguardar arrebañando adhesiones sin muchos miramientos..

Desde esa base que ya casi nadie se cuestiona desde las izquierdas, exceptuando algunos comunistas como Francesc Frutos o Ferrán Gallego, y se establece la recopilación desde el principio expresado por la directora: “Hoy en día es indudable que el ordenamiento jurídicopolítico de nuestro país de países no obedece a su realidad plurilingüística y diversa. El proceso soberanista en Cataluña evidencia que el Estado de las autonomías, si en algún momento llegó a cumplir su cometido, en la actualidad se muestra como un modelo fracasado”. Encuentro estas notas mientras desde TV3, la tele aborrecida por Albert Rivera, se sigue informando de algo que normalmente desaparece del resto de los medios: la llegada de multitudes que están llegando desde todas partes incluyendo aeropuertos y trenes desde todos los rincones de Catalunya y desde grandes ciudades de Europa y las Américas.

En mi memoria, el debate, los textos se inscriben en una fotografía que sorprendió a propios y extraños: aquel día de mitad de julio cuando las calles de Barcelona iniciaron una descomunal manifestación contra las medidas del PP-Tribunal Constitucional contra las propuestas reformadoras del “Tripartit”, y lo hacían gritando “independencia”, algo que hasta entonces era cosa de una minoría agitada, parte de la cual protagonizada las algarabías del después de las “Diadas”. ¿Qué hay detrás de todo esto?. Pues muy sencillo: después de la desastrosa experiencia neoliberal convergente, nadie quiere gestionar una “autonomía” rebajada para aplicar más recortes. Esto sucede en la aldea global, o sea en el territorio ocupado por las multinacionales sin oposición. Es oposición vendrá desde “casa nostre”. Cierto es que todavía quedan muchos hispanocatalanes no se fían y tienen sus razones, aunque la “Diada” de C´s (30 personas contadas), reflejan claramente que lo que ellos llaman la “mitad” de Catalunya, muestra eso, desconfianza 8electoral), pero los españolistas 100 por 100, quienes esgrimen la España monárquica y autoritaria oficial ha convertido a muchos federalistas en “cómplices” que también queremos un Estado propio y cercano.

¿Algún argumento que justifique que nuestro ordenamiento jurídico-político no recoge nuestra realidad diversa?  Se da como una evidencia. A pesar de que en nuestra Constitución, cosa nada frecuente si la comparamos con otras de países próximos, habla de una nación compuesta de nacionalidades y regiones. Por su parte Pablo Iglesias, se recoge en la contraportada, señala que “repensar el Estado español supone asumir el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro.

 

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