Hace 50 años: Indonesia, octubre de 1965: golpe de Estado de Suharto y la matanza de comunistas

Por Francisco Ponzán

Hace cincuenta años, en octubre del 1965, el ejército indonesio y su jefe, el general Suharto, tomaban el poder apartando al presidente Sukarno. Era el inicio de una represión brutal contra las masas indonesias y el Partido Comunista indonesio (PKI). Se ignora la cifra exacta de víctimas, de 500.000 a 2 millones de muertos, pero el PKI, el mayor partido comunista de Asia después del partido chino, fue liquidado con sus 3,5 millones de miembros. Todos sus dirigentes fueron asesinados.

Por Cédric DUVAL

Las organizaciones de masas animadas por el PKI (sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres que sumaban de 15 a 20 millones de miembros, es decir un quinta parte de la población) fueron también borradas del mapa.

En este inmenso archipiélago, se movilizaron expediciones de castigo formadas por milicias religiosas musulmanas, pero también católicas o protestantes, o al servicio de los terratenientes, que fueron enviadas en todas las islas. En Bali, en una sola expedición, 50.000 comunistas fueron masacrados. Centenares de miles de prisioneros, fueron encerrados en campos de concentración. Simulacros de procesos acabaron con exterminios en masa. Esta ola de terror prosiguió durante todo el reino de Suharto, hasta su caída en 1998.

La que fue una de las mayores matanzas del siglo 20 le valió las felicitaciones de dirigentes del imperialismo norteamericano. Diarios estadounidenses hablaron “de la mejor noticia para Occidente en Asia desde hace años”.

El PKI era el objetivo del ejército, de los terratenientes y de los grupos religiosos musulmanes profundamente anticomunistas, apoyados y animados por los USA. Pero pagaba también por su propia política nacionalista y reformista, y por el hecho de no haber querido nunca preparar a las masas indonesias a enfrentarse a los poderosos y a su ejército.

Un partido nacionalista estalinista

El partido comunista indonesio había sido fundado en 1920, al paso de la ola revolucionario de entonces. Pero rápidamente pasó a aplicar la política definida por los dirigentes de la URSS ya en periodo estalinista. En lugar de buscar la alianza revolucionaria de los obreros y los campesinos bajo la dirección de la clase obrera, contra la burguesía y contra el imperialismo, Stalin proponía la unidad con una burguesía nacional aderezada de virtudes antiimperialistas, bajo la dirección de esta última. En Indonesia, eso quería decir deber de obediencia a los nacionalistas del Partido Nacional indonesio dirigido por Sukarno.

Los holandeses habían puesto pie en el archipiélago a fines del siglo 16 y desde entonces saqueaban las riquezas del país convertido en su colonia. En 1940, en un país de alrededor de 70 millones de habitantes, solo 9.000 niños indonesios iban a la escuela primaria y 240 a un centro de secundaria. Incluso en los Países Bajos se alzaron voces contra esta brutal explotación.

Sukarno, dirigente burgués “no alineado”

Durante la Segunda Guerra mundial, el país fue ocupado por los japoneses, que liberaron de las prisiones holandesas a los nacionalistas, como Sukarno, que tuvieron así la posibilidad de desarrollar su movimiento. En agosto de 1945, en el momento de la capitulación japonesa, éste proclamó la independencia del país, pero hicieron falta todavía cuatro años de guerra y la intervención de los USA para que los Países Bajos se retirasen definitivamente. La bandera indonesia ondeó sobre Yakarta, la capital, la antigua Batavia holandesa.

A partir de 1949, Sukarno, nacionalista, fundamentalmente anticomunista, reprimió ferozmente el PKI. Sin embargo los vínculos entre el PKI y Sukarno evolucionaron cuando éste último quiso tomar distancias con las potencias imperialistas y buscó servirse del partido comunista para hacer contrapeso a las presiones de éstas. Sukarno creó la Nasakom, una alianza de todas las fuerzas nacionalistas y religiosas, incluyendo también a los comunistas. Al aceptar unirse a ella, el PKI se puso a remolque de la burguesía nacional y arrastraba con él a las masas pobres que estaban dentro de su influencia.

Para justificar su apoyo ya sin reservas a Sukarno, el PKI puso por delante la política exterior de éste, marcada especialmente en 1965 por la conferencia de Bandung. En esta ciudad indonesia, Sukarno reunió un “movimiento de países no alineados” (de los EE.UU o de la URSS). Los participantes llegados de 29 países, de China de Mao a la India de Nehru pasando por el Egipto de Nasser o la Yugoslavia de Tito, tenían en común intentar limitar el saqueo de sus riquezas por los trusts imperialistas y, por ello, querer afirmar la independencia política de sus países. El PKI vio en Sukarno un campeón de la lucha anticolonialista cuando, en 1957, este se apoderó de los bienes de la compañías holandesas, expulsó a 46.000 holandeses, luego nacionalizó el petróleo e inicio una tímida reforma agraria. Esta política de apoyo a Sukarno parecía justificada por los rápidos éxitos del PKI que se convirtió en una fuerza electoral y militante de primera orden. En 1957, era el primer partido del país en el plano electoral, con 8 millones de votos. En 1965, tenía cinco ministros en el gobierno, entre ellos el presidente y el vicepresidente.

Hacia la matanza

Pero, cuanto más parecía ganar influencia el PKI, más se inquietaban y preparaban la confrontación sus adversarios, los generales indonesios, los terratenientes y los religiosos de toda ralea, sin olvidar a los EE.UU. El secretario de Estado norteamericano Dulles declaró que “el PKI se había convertido en el principal problema en Indonesia” y el embajador norteamericano explicaba que no era posible vencerle “recurriendo a los medios democráticos ordinarios”. Para los USA comprometidos cada vez más masivamente en la guerra de Vietnam, no entraba en sus planes que Indonesia oscilase al campo de China o de la URSS.

Sin embargo, frente al aumento del ruido de sables, el PKI solo supo aproximarse más a Sukarno, presentándole como la única tabla de salvación contra los generales más anticomunistas. El PKI se definía maoísta, porque había elegido el campo de China frente al de la URSS. Pero, incluso cuando la agitación más aumentaba en el campo, continuaba proponiendo la paz social y la moderación. Se limitaba a repetir que sería en el seno del gobierno de Sukarno donde las masas encontrarían apoyos para ir pacíficamente al socialismo. Y de este modo en octubre de 1965, anestesiado por años de apoyo al régimen de Sukarno, el PKI fue incapaz de reaccionar y luchar contra el golpe de Estado de Suharto y la ola de terror blanco que le siguió. El 18 de octubre de 1965, el PKI fue oficialmente prohibido pero ya no existía en la práctica.

Sukarno, que debía ser la muralla y el más fiel aliado de las masas y del PKI no impidió nada. Incluso dio la orden a Suharto y al ejercito de “mantener el orden en Yakarta” contra los comunistas, acusados de haber intentado tomar el poder. El ejército lo mantuvo en su cargo pero, en marzo de 1966, transmitió todos sus poderes a Suharto, que se convirtió en presidente de Indonesia un año después. Sukarno murió en 1970.

Treinta años de brutal dictadura

El PKI no se recuperó nunca de esta derrota. El ejército en el poder impuso un régimen de terror brutal durante casi treinta años. El ateísmo fue prohibido, la enseñanza religiosa musulmana se convirtió   en obligatoria, las huelgas fueron reprimidas. Los trusts occidentales saquearon las riquezas del país, aprovechándose de una mano de obra barata.

Los dirigentes actuales conmemoran todavía a Suharto como “uno de los mejores hijos de Indonesia, que rindió muy grandes servicios a la querida nación”. Rinden homenaje a un asesino que, matando a comunistas y a pobres, mostró qué destino puede reservar la burguesía a aquellos que teme y que amenazan su dominación, por muy reformistas, nacionalistas y “razonables” que puedan mostrarse.

Cédric DUVAL

Lutte Ouvrière

Traducción de Francisco Ponzán

 

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