Grecia dice adiós al rescate: ¿Solución correcta o patada adelante?

Por Pilar Blázquez, La Vanguardia

Los problemas que lo originaron están lejos de haberse solucionado La prima de riesgo griega se sitúa hoy en 404 puntos. Hace algo más de ocho años, cuando el 15 de enero de 2010 el país se quedó sin acceso a los mercados ese indicador estaba en 406 puntos. La cifra de entonces hacían saltar todas las alarmas en los […]

Los problemas que lo originaron están lejos de haberse solucionado

La prima de riesgo griega se sitúa hoy en 404 puntos. Hace algo más de ocho años, cuando el 15 de enero de 2010 el país se quedó sin acceso a los mercados ese indicador estaba en 406 puntos. La cifra de entonces hacían saltar todas las alarmas en los mercados por un país que, entre otras cosas, tenía una deuda pública del 126% del PIB y al que nadie quería prestarle. Hoy, en cambio, con una prima de riesgo similar y una deuda pública del 178% todo parece una fiesta.

El director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE en sus siglas en inglés), Klaus Regling, ha afirmado: “queremos que Grecia sea otra historia de éxito, que sea un país próspero en el que confíen los inversores”. “Hoy podemos terminar con seguridad el programa del MEDE sin más rescates a continuación, ya que por primera vez desde principios de 2010 Grecia puede mantenerse por sí misma en pie”, rezaba también un comunicado firmado por el presidente del cuadro de gobernadores del MEDE, Mario Centeno. En los últimos meses, las agencias de rating también han anunciando las buenas perspectivas del país y mejorado sus calificaciones.

¿Qué ha cambiado?

Una euforia que cabe poner, cuanto menos, en cuarentena. Detalles a un lado, la clave está en que se ha cambiado el color del cristal con el que se mira a Grecia. Y uno de los cambios de color más importantes en esta historia se produjo el pasado 22 de junio de 2018. Ese día, el Eurogrupo acordó algo que hubiera sido impensable cuando estalló la crisis hace ocho años: permitir a Grecia extender el plazo de vencimiento de su deuda en 10 años y otros tantos de período de cadencia para el pago de intereses.

Esto significa que Atenas queda liberada pagar deuda e intereses en una década y además consigue un “colchón” de efectivo de unos 24.000 millones de euros para afrontar necesidades urgentes.

La solución que no se quiso en 2008

Fueron muchos los economistas que plantearon una solución similar en los primeros momentos de la crisis griega. Si la flexibilidad actual se hubiera aplicado entonces, la historia de la Grecia actual hubiera sido muy diferente.

Pero la solución no era cuestión de solo de números. Los “rescatadores” griegos, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y el FMI y, sobre todo Alemania, tenían una intención casi declarada: había que dar un escarmiento a Grecia por haber manipulado sus cuentas públicas y mostrar su caso como un ejemplo para el resto de países europeos que osara no cumplir con la austeridad promulgada por Angela Merkel.

Pero también había una intención oculta. En 2008, los principales acreedores griegos eran bancos privados, sobre todo alemanes. Si hubieran aplicado una refinanciación de deuda como la acordada el pasado junio, tal vez esos bancos hubieran quebrado. ¿Se iba a permitir eso Angela Merkel? Imposible.

Imagen de archivo del ex primer ministro griego George Papandreu y la canciller Angela Merkel, en 2011
Imagen de archivo del ex primer ministro griego George Papandreu y la canciller Angela Merkel, en 2011 (Sean Gallup / Getty)

Sociedad devastada

Así comenzó la historia de los rescates, un inyección entre el de 2010, 2012 y 2015 de 286.000 millones de euros en que su totalidad han servido primero para que el Estado griego y el Banco Central Europeo comprasen la deuda a los bancos privados, luego para pagar los intereses de la deuda y, en una mínima cantidad, para pagar los gastos públicos: pensiones, salarios de funcionarios, sanidad, educación…

Así, la economía griega ha pasado de registrar un déficit del 15% en 2009 a un ligero superávit en 2017. Y las positivas estimaciones internacionales apuntan a que su economía crecerá entre un 2%, según el FMI, y hasta un 2,5% en los próximos dos años, según el último informe sobre el país de la agencia de calificación S&P.

Si eso ha sido posible no ha sido por la lluvia de millones internacionales sino por los ajustes a los que ha sido sometida la población. La economía que crece no es la del 2008, sino una un 25% más pequeña que la de aquel año.

Una imagen de Atenas
Una imagen de Atenas (Milos Bicanski / Getty)

El 35% de la población en riesgo de exclusión

Desde el comienzo de la crisis, los hogares griegos han perdido el 40% de sus ingresos, las pensiones se han reducido alrededor de 15 ocasiones, la sanidad y la educación públicas han quedado reducidas a prestaciones testimoniales. La tasa de paro ha pasado de un máximo del 28% en 2013 a algo menos del 20% actual. Aunque en el caso de los jóvenes supera el 50%.

Quienes están trabajando tampoco se consideran muy afortunados, los sueldos se han desplomado y los 500-euristas casi pueden considerarse clase alta. El 35,6% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social.

Aún hay más. El fin del rescate no implica que estos ajustes hayan terminado. El sufrimiento para la población griega continúa. La Comisión considera que el país sigue afrontando riesgos respecto de su estabilidad financiera. Grecia está ahora en vigilancia reforzada. Eso es que los hombres de negro seguirán marcando en corto a las autoridades de Atenas.

Una tienda de souvenirs en Atenas
Una tienda de souvenirs en Atenas (Milos Bicanski / Getty)

Se acaba el rescate, no los ajustes

“Le hemos concedido a Grecia préstamos a muy largo plazo. Somos un acreedor muy paciente. Pero queremos ser pagados”, advirtió Klaus Regling, director del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede). Pero a diferencia de lo que ocurría en 2008, ahora los mercados tienen casi seguro que esos ajustes y esos pagos se cumplirán.

Lo ha demostrado el gobierno de Syriza. La coalición de izquierda radical liderada por Alexis Tsipras, que tanto miedo daba a los mercados cuando llegó al poder en 2015, ha demostrado ser tan dócil ante los hombres de negro europeos como cualquier otra ideología.

En contra de todo lo enarbolado en su campaña electoral Tsipras acabó aceptando un tercer rescate y aplicando los recortes que tanto había criticado. Por eso ahora, Europa y los mercados se atreven a hacer lo que no quisieron hacer en 2008, una extensión de deuda que asumen los actuales acreedores, las entidades públicas.

Alexis Tsipras, en Bruselas en marzo
Alexis Tsipras, en Bruselas en marzo (John Thys / AFP)

Las tensiones en los mercados amenazan a Grecia

Y se atreven porque con la extensión del vencimiento de la deuda se han dado un respiro y porque si los más radicales ya aplican las restricciones que se consideran necesarias cualquier gobierno que llegue después no hará menos.

Aun así, no conviene lanzar las campañas al vuelo. El FMI ya lo ha advertido: “a largo plazo Grecia no podrán pagar su deuda”. Y si atendemos a la sensibilidad de su prima de riesgo a los problemas de Italia o las derivadas de la crisis turca la mecha de la instabilidad puede volver a encenderse en cualquier momento.

www.lavanguardia.com/economia/20180820/451386118412/grecia-rescate-mercado-tsipras-economia.html

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