Francia. La lucha de Notre Dame des Landes y su magia

Por Floreal Romero

Pese a todo ello y a toda la campaña de propaganda de desprestigio orquestada por el Estado, la Zad prosigue su camino constructivo, y así en como se levantan in situ, unos sesenta “lugares de vida”, entre cabañas, granjas y aldeas.

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  1. Breve recapitulación de los hechos históricos

  • El proyecto con más de 50 años a la espalda es iniciado en 1965 por parte del Estado francés con la escusa del alza del tráfico aéreo, por lo que encarga a su administración para encontrar un sitio idóneo en el Gran Oeste.

  • Tras barajar varios lugares, el comité interministerial se decide en el año 1970 por el municipio de una aldea de una gran zona rural: Notre Dame des Landes (NDDL), situada en el departamento del que Nantes es la capital.

  • En 1974 se crea oficialmente la ZAD (Zone d´Aménagement Différée o sea algo como “zona de ordenación territorial diferida”) – bautizada más tarde por la resistencia al proyecto con las mismas siglas ZAD, como (Zone A Défendre, o sea “zona por defender”) – Esta cualificación obliga practicamente a los campesinos y municipios a vender sus tierras via la utilización del derecho preferente. Estamos hablando de una superficie de 1650 ha de un gran valor ecológico, con unos ecosistemas ricos y que a lo largo de estos 50 años han sido preservados de la agricultura intensiva por ese mismo proyecto de aeropuerto. Así pues se quedó estancado en el antiguo modelo de policultivo y ganadería de tipo tradicional, con sus prados, sus numerosos setos y bosques en una zona que cuenta con un 98% de humedales.

  • En el año 2000, el gobierno activa el proyecto y abandona la idea de un tercer aeropuerto en la región parisina.

  • En el 2008 la zona es declarada de utilidad pública, lo que permite iniciar la operación de ordenación territorial.

  • El año 2009 es cuando se incia la ocupación del lugar y el 1 de enero del 2011, el gobierno le concede oficialmente las tierras al grupo Vinci que posee por si solo más de la mitad de las autovías en Francia. Las personas opositoras en ese invierno del 2010-2011, inician numerosas giras en los colectivos, okupas urbanos y otros espacios autgestionados en vistas a agregar fuerzas. El rencuentro con la red “Reclaim the fields”que actua en vistas a recuperar tierras es la más fecunda. Pues este colectivo internacional se propone favorecer la reapropiación de las tierras fuera del sistema productivista y capitalista. A la vez las personas que deciden quedarse a vivir en este lugar van a lanzar proyectos agrícolas colectivos concretos y esforzándose en crear puentes con los campesinos del lugar.

  • Entre los años 2011 y 2015 se afianza la ocupación gracias a una gran capacidad de diálogo entre las tendencias presentes y un empeño ejemplar en la resistencia. Una resistencia que se traduce por una oposición frontal física y el sabotaje en contra de las tareas preliminares de las empresas que trabajan para el grupo Vinci. También llevan sus acciones a la ciudad de Nantes en plena campaña electoral y ocupan el aeropuerto de Nantes. En la primavera del 2012 consiguen reunir a más de 10 000 personas en las calles de Nantes acompañados con 200 tractores pese a la difamación contínua de los medios al servicio del Estado quienes tratan a los opositores de gamberros. Sigue la lucha con una huelga de hambre, que durará hasta el día de las elecciones presidenciales, consiguiendo una promesa por parte del nuevo gobierno de no expulsar a las personas y los campesinos legales hasta agotar numerosos recursos jurídicos. En cuanto la policía afloja su presión miles de personas vienen a apoyar una decena de proyectos agrícolas con una operación nombrada “Siembra tu Zad” en la que se siembran unas 24 ha en las que Vinci iba a emprender las obras. En unos meses la cantidad de habitantes se ha triplicado, con un paso permanente de simpatizantes. Se establecen diálogos, debates en torno a todos los temas: la agricultura, el uso de las máquinas, las reuniones y formas de organización, las relaciones de género y las diferencias de ventajas sociales y económicas, el mantenimiento de las barricadas, el uso de las drogas, el concepto de naturaleza, la acogida de personas rechazadas por la sociedad, el mantenimiento de las barricadas, etc. Este dialogo y estos debates se extienden a lo largo del año a las miles e incluso decenas de miles de personas que acuden a sus festivales (festizad), sobre todo en verano. Pero después de la derrota de las operaciones policiales y su alejamiento fuera de la zona, la amenaza se centra en una amenazadora implosión entre las diversas tendencias al interior mismo de la ZAD. Unas divisiones alimentadas por los pro-aeropuerto quienes alimentan el rechazo de la población en contra de los “zadistas”. En vano, el movimiento le hace frente al desafío y poco a poco va construyendo la posibilidad de vidas compartidas en una zona parcialmente liberada. Los promotores siguen en su empeño de seguir con las obras con lo cual también la oposición con su resistencia y el 22 de Abril del 2013, 60 000 personas con 500 tractores se manifiestan en el centro de Nantes dando lugr a brutales enfrentamientos con la policía. Esta sigue experimentando otros medios de intervención como las expulsiones, pero se construyen barricadas. Siguen las detenciones a partir de las grabaciones de las manifestaciones pero no duran por el apoyo continuo y determinado con cajas de resistencia y manifestaciones repetidas ante los tribunales. En octubre del 2014 es asesinado Rémi Fraisse por la policia, un joven anarquista que se manifestaba en otra ZAD, la del Testet, cerca de Toulouse lo que conlleva una ola de manifestaciones muy reprimidas e ignoradas por la izquierda. Las solidaridades se multiplican y la palabra ZAD está en todas las bocas. Pero dos fenómenos dificultan todavía más la resistencia. Por una parte, la nueva ley Macron, respalda a los emprendedores eliminando unas medidas jurídicas establecidas que todavía podían frenar los proyectos de ordenación territorial. Por si fuera poco los atentados extremistas teofascistas de Enero del 2015 le dan alas a unas leyes tipo “ley mordaza” que facilitan la vigilancia policial y posibilitan una intervención más rápida.

Pese a todo ello y a toda la campaña de propaganda de desprestigio orquestada por el Estado, la Zad prosigue su camino constructivo, y así en como se levantan in situ, unos sesenta “lugares de vida”, entre cabañas, granjas y aldeas. Lugares que albergan un montón de actividades como talleres, panaderías, radios, enfermerías, salas de deporte y de conciertos, molinos enpacios informáticos, conserverías, cervecerías, etc… Centenares de hectáreas son retomadas a Vinci y cultivadas de forma colectiva para abastecer a las habitantes de la zona, las personas amigas de los alrededores, como a los migrantes okupas, los lugares en lucha, así como las cantinas populares de Nantes y Rennes. Estas actividades estrechamente compartidas, no es que allanen del todo las líneas de tensiones pero sí que despiertan empatía. Se establecen amistades previamente impensables en torno a las asambleas, las fiestas, los riegos y las actividades compartidos. Con las respectivas victorias se ha ido afianzando la convicción de que pueden ganar y que el aeropuerto no se va a hacer. Además, en previsión a esa victoria, las partes asociativas, campesinas y ocupas se ponen de acuerdo en un manifiesto común. La Zad seguirá siendo una zona fuera de normas que incluye todas y todos aquellos que han compatido esta lucha, imaginando la medida para que puedan coexistir formas legales e ilegales de ocupación del territorio y de decidir conjuntamente del destino de las tierras liberadas.

Al final de 2015 el Estado vuelve a la carga para acelerar las expulsiones tanto de los ocupantes como de los agricultores. Otra vez volverán a levantarse barricadas. El gobierno ya no se atreve a intervenir directamente en el lugar y amenaza con multas, incautación de ganado, etc. Luego intentan aislar a unas personas “clave” pensando que se rendirán mediante una asfixia económica. Ante esta amenaza organizan en diez días otra manifestación gigante y el 9 de enero del 2016 convergen en Nantes, unas 20 000 personas, centenares de ciclistas y 400 tractores. Se establece un campamento entre las cuatro vías del periférico, con carpas enormes, un horno para pizas, una radio móvil y paja para dormir. Por la noche es rodeado y atacado por la policía pero el bloque se mantiene durante varios días. Decenas de manifestaciones y sabotajes de apoyo de darán en todo el país. El día 25 de ese mismo més de enero, el juez sigue apoyando la posibilidad de expulsión, pero sin las sanciones económicas.

El 11 de febrero el gobierno anuncia su decisión de convocar un referéndum al respecto: “sí o nó al aeropuerto”. Sabiendo que esta propuesta esconde una trampa política, dos semanas mas tarde, 60 000 opositores ocupan las cuatro vías cercanas a la zad y ofrecen un concierto y aprovechan para levantar una torre de vigilancia de acero de 11 metros de altura.

  • En julio de 2016, cae el veredicto del referéndum con un grito de victoria de Manuel Valls, ministro del socialista François Hollande: sí al aeropuerto con 55,7 por ciento de los votos. Esta consulta puede parecer acorde con unos principios democráticos sin embargo es denuciada por muchísimas personas como siendo el resultado de una manipulación política de gran envergadura. Se hizo la consulta nacionalmente a sabiendas de que en general las personas votantes, no estaban metidas en el ajo por lo que difícilmente podián saber lo que ocurría de verdad. Máximo cuando las informaciones que daban los medios no eran racionales sino todo lo contrario, apoyandose en argumentos descualificativos acerca de los zadistas, por sus pintas y sus manifestaciones. Y siempre con la falacia de la creación de empleos. Sin embargo los resultados a favor del no en el conjunto del departamento, salvo la capital por pocos votos, no dejaban lugar a dudas.

La resistencia sin embargo sigue adelante con más ahínco que nunca, con el respaldo de la duda. En realidad existían pocas probabilidades que los desalojos empezaran poco antes de las nuevas elecciones elcciones presidenciales que se avecinaban. Macron sale presidente el 7 de mayo del 2017 y nombra a Nicolas Hulot como ministro del Medio Ambiente. Pero las dudas seguirán en torno a si el nuevo gobierno se decidiá a seguir con la resolución del gobierno anterior o nó.

  • El 17 de Enero del 2018, el gobierno de Macron, anuncia por fín el abandono del proyecto de aeropuerto en Notre Dame Des Landes. Es una gran victoria para la Zad. Pero también plantea unas angustiantes dudas respecto a qué hará ahora el gobierno respecto a la ZAD. Además unas fisuras empiezan a abrirse entre las diferentes componentes del movimiento de resistencia, sobre todo cuando las administraciones competentes les proponen soluciones legales de corte individual.

Sigue la lucha

  • El lunes ocho de Abril a las tres de la madrugada empieza la intervención de 2500 gendarmes armados hasta los dientes, con granadas ensordecedoras y lacrimógenas, tanquetas para barrer las barricadas y aretros para destruir granjas y casas.

Los desalojos y la destrucción de unos 30 emplazamientos en la ZAD tuvieron lugar en medio de negociaciones bastante constructivas entre la administración y el movimiento de ocupación. El 28 de marzo se celebró una reunión entre el Dirección del Departamento los residentes del ZAD para examinar las 80 hectáreas de tierra -de un total de 1.650 hectáreas- consideradas en conflicto por el Estado. Hicieron una lista oral de los proyectos agrícolas y de artesanía previstos para las 300 hectáreas cuyo uso reivindican: cultivos de cereales, cultivos de patatas, producción y transformación de productos lácteos, y presentaron un proyecto de federación de cooperativas para agruparlos todos… Y enumeraron a las personas jurídicas responsables de los mismos, según un participante.

Los zadistas pidieron otra reunión y se comprometieron a presentar una lista escrita de proyectos para ser oficializados. En “Les Cent Noms”, esta granja colectiva destruida el lunes por los gendarmes, las ovejas fueron declaradas a la Cámara de Agricultura, etiquetadas, con número y todo. El veterinario había venido recientemente para la profilaxis. El martes, un agricultor de la ZAD, en proceso de instalación y miembro de la MSA, Wilhem, expresó su consternación: “Creíamos en el diálogo, pero nos tenían engañados. Hemos estado bajo amenaza de desalojo durante diez años. Cuando uno se quiere legalizar con todas las trabas que nos ponen, el tiempo perdido en las formalidades burocráticas, nos reprimen con toda violencia.”

Otra reflexión, la de Camille, residente de la ZAD, es todavía más explicita “Revela un patrón social neoliberal en el que la aventura colectiva de los campesinos del Larzac parece haberse vuelto muy difícil de aceptar”. Me enorgullece que este debate colectivo versus individual haya vuelto al centro de nuestras discusiones políticas”.

En realidad las autoridades perdieron los papeles, seguramente por la presión de las fuerzas policiales con espíritu vengativo por sus contínuos fracasos anteriores. Al final el tiro les salió por la culata y lo que han conseguido es unir de nuevo y radicalizar el movimiento entorno a la ZAD y acrecentar la ola de solidaridad de forma aritmética. Así en la ZAD, une gran pancarta en un campo de lúpulo en el lugar llamado “Fosses noires”, otro lugar colectivo histórico responde con humor al análisis de las autoridades: « Nicole Klein (Jefa de la prefectura) me has radicazada.o. Camille ».

Durante todo el día, cientos de granadas de gas lacrimógeno llovieron sobre los residentes y sus partidarios. Pero bajo los chorros de gases irritantes, las sonrisas aparecieron al final de la mañana cuando, por primera vez desde el inicio de la operación, los gendarmes retrocedieron. La escena tuvo lugar en Les Vraies Rouges, un lugar de vida colectiva, organizado en torno a algunas cabañas y un huerto. Aquí se encuentra la cabaña más antigua de la ZAD, la que en 2012, durante la operación César para evacuar la zona, la pancarta “So Caesar, are you wading?”. Aquí también vive uno de los miembros de la delegación del ZAD, que está negociando con la prefectura sobre el futuro de los residentes de la zona. A su lado se encuentra el inmenso campo de la huerta Roja y Negra, parcelas de huerta de cultivo colectivo. Es un lugar poético y rural.

Y es así que el martes 10 de abril, un carro blindado de la gendarmería arrancó temprano por la mañana para despejar una barricada. Delante de él, una decena de personas lanzan invectivas a las fuerzas del orden. Angélique, una campesina de COPAIN (asociación de agricultores), grita su cólera y advierte: en cuanto el vehículo se pone en marcha, la gente se sienta bajo la barricada, con el riesgo de ser aplastada bajo sus neumáticos. A su alrededor, los ojos lloran y las bocas escupen, ahogadas por el gas lacrimógeno. Proyectiles de piedra, lodo y pintura vuelan hacia los gendarmes. El enfrentamiento dura más de una hora. Finalmente, las fuerzas del orden se retiraron y retrocedieron varios metros. Los Rojos Reales ganaron el indulto de un día. Pero otros lugares han caído, según las estimaciones de los habitantes del ZAD. Esta victoria de los Real Reds y la alegría que despertó en sus defensas no debe ocultar un claro aumento de la tensión. Por la tarde, los enfrentamientos, que se concentraban a pocos metros de este lugar, se hicieron más intensos. A los lanzamientos de piedras, botellas e incluso cócteles molotov, los gendarmes móviles respondieron in situ con granadas de gas lacrimógeno y ensordecedoras. Cada día se repitieron escenas de este tipo, pero lo más preocupante es el testimonio del equipo de Médicis que señala la brutalidad de los intercambios. En su informe publicado a las 6:30 p.m., anunció que unas 30 personas fueron tratadas durante el día”. Dos personas gravemente heridas tuvieron que ser evacuadas al hospital, y cuatro personas fueron tratadas por lesiones consideradas graves”, añade el informe. Estos cuidadores también afirman que las personas han sido heridas por el fuego de LBD (sucesor de Flashball) y concluyen su evaluación con un tema de “grave preocupación para los días venideros”. Podríamos citar mil testimonios de la brutalidad de los gendarmes y de la violencia de los enfrentamientos pese a que hablaban de parsimonia mientras asistimos a una erradicación de una gran amplitud.

La convergencia de las luchas

Lo más más interesante es como ha seguido evolucionando la resistencia hasta el momento presente. En un clima subversivo en el que los estudiantes y los ferroviarios parecen festejar el 50 aniversasario del mayo del 68 con una huelga tras otra en contra de las privatizaciones y los recortes de Macron, la ZAD hace un llamamiento para una convergencia de luchas.

  • El domingo 15 de Abril. La gran ola: La magia de la ZAD

El llamamiento ha sido entendido. A pesar del bloqueo policial, une multitud de 15 000 a 20 000 personas consiguió con todo su empeño acudir en diversos lugares de la Zad y desbordar el dispositivo este domingo. Desde el amanecer, sin embargo, los gendarmes tomaron todas las precauciones para socavar aquel impulso de solidaridad: cortes de carretera y puestos de control por todas partes, controles policiales en las salidas de la autovía, con llamamiento a los conductores a que no intenten acudir al lugar. Más de cien personas fueron secuestradas todo el día en la granja de La Grée. Es la primera vez que el Estado busca impedir una gran protesta de ese tipo en la Zad y llevar la tensión en un punto tan álgido. Pero aquí el espíritu colectivo no se deja intimidar tan fácilmente: los apoyos conocen los caminos, los campos y se pasan en grupo a través de las barreras policiales. El movimiento que pudo con el proyecto de aeropuerto se volvió a reunir ese día con toda su fuerza y su diversidad para defender la Zad.

Momento solemne en la granja de Bellevue a las 2 de la tarde: los miles de palos clavados en el suelo como un juramento y compromiso en contra del aeropuerto, el 8 de octubre del 2016 fueron desenterrados. Otro hecho algo más que simbólico, es ese conjunto de personas de todas las edades con esos bastones por el camino de Suez, escoltando una gran estructura de madera llevada por un convoy de tractores. Una estructura hecha con madera de la Zad y contruida por una decena de carpinteros solidarios. Los manifestantes hicieron retroceder varias veces a las lineas policiales, cantando uno junto al otro con el palo en mano. Al final de la tarde, una esplendida estructura se elevaba en el sol poniente en un campo cercano al camino de Suez. Algunos bailaban al sonido de un acordeón.

Hacia las 9 de la noche, la policía ha dejado la zona, quitando todo su dispositivo. Enseguida el entusiasmo nos ha hacho mover montañas… y la estructura del nuevo edificio colectivo que habíamos anunciado querer instalar se puso en el lugar de vida destruido, en Gourbi. Más de cien personas habían agarrado la estructura y la llevaron en las carreteras de la Zad, paso a paso, en un impulso y una euforia formidables.

Se acabaron las protestas del día con más de 10.000 personas ayer en las calles de Nantes, sindicalistas, estudiantes y apoyos a la Zad, todos juntos. Las acciones de solidaridad se multiplican en numerosas ciudades en Francia y en muchos lugares del mundo este fin de semana. El porvenir de la Zad se va a jugar en los próximos días semanas con el apoyo de los movimientos sociales en marcha por todo el país. Hacia las 9 de la noche, la policía se había retirado de la zona, quitando todo su dispositivo.

El lunes la ZAD se vuelve a organizar con asambleas, dedicando zonas concretas para el descanso, la enfermería, las comidas, por todas partes y en previsión de nuevos ataques. Ya tiene invitación la delegación intercomponente por parte de las autoridades de la prefectura y tiene que decidir de la respuesta conjuntamente. El martes la policía con perros intenta detener a personas sueltas y las máquinas de destrucción están al acecho. El presidente Macron advierte que la ZAD no es más que “ la tiranía de ciertas minorías, acostumbradas a que se les ceda, rechazando transformar el país.“

Y advierte: “ Inscribánse a la MSA (la Mútua Social Agrícola) conformaos para entrar en el marco de este debate”…. En eso estamos, pasado este plazo adicional (el 23 de Abril), para aquellos que tengan un proyecto, pero al final de este plazo, todo lo que tiene que ser evacuado será evacuado porque el mandato que es el mío, es que el orden republicano debe ser respetado.

II- Pero ¿qué representa la ZAD de NDDL.?

Para la ecologista Vandana Shiva, sin embargo, la ZAD de NDDL es un lugar ejemplar. Pero el gobierno del Sr. Macron está tratando de destruir esta comunidad humana:

Esta zona muestra el camino para otros lugares. (…) Este es el futuro que todos los jóvenes deberían poder aprender. (…) Vosotros sois el laboratorio vivo que muestra como podemos cultivar el futuro, volviendo a encontrar nuestro lugar en la tierra y nuestra humanidad.”

Vandana Shiva en la ZAD el 24 de Febrero del 2018

Habla ahora una peridodista:

La ZAD es también la aventura de sus construcciones. Son edificios agrícolas renovados en grandes obras colectivas, nuevas naves agrícolas con impresionantes marcos; es también la fuerza poética de las numerosas cabañas en los árboles, en medio de un lago, en la esquina de un páramo o de un campo; es también la presencia de hábitats ligeros o nómadas, camiones, caravanas, yurtas que completan este paisaje habitado.

Extraordinarias, múltiples, diversas, poéticas, adaptadas, retocadas, ligeras, sobrias, precarias, hechas de materiales locales o reutilizados, en tierra, madera, paja o recuperadas, estas construcciones responden a su escala a los desafíos ecológicos y energéticos, ante el telón de fondo del mundo que la industria del hormigón y del acero está construyendo en todo el planeta. Son también el resultado de una inventiva arquitectónica, manual, de bricolaje y creativa, promovida por la estimulación colectiva del ZAD, empujando a personas, habituales o principiantes, a reapropiarse del acto de construir. La multiplicidad de las formas construidas muestra posibilidades de vivir y construir fuera de la lógica del suelo y de los bienes inmuebles basada esencialmente en la especulación que deja poco margen a los habitantes y arquitectos para proponer soluciones alternativas.

Quien ha atravesado este territorio, quien ha participado en sus obras, conoce el valor de las fuerzas que fueron capaces de renovar estas granjas y construir estas cabañas. Porque lejos de la imagen autárquica que se le transmite, el ZAD es un espacio de paso, de intercambio, un lugar que hace escuela escuela de vida, pero también escuela de vivir y construir.

Lo que está en juego aquí es la invención de una lengua vernácula contemporánea hecha de temas globales y materiales locales. Lo que está en juego aquí es también la defensa de un patrimonio vivo resultante de una lucha solidaria que abre nuestra imaginación.

Profesora emérita de la Universidad de Nueva York, Kristin Ross es especialista en historia cultural y política francesa de los siglos XIX y XX y acaba de publicar en inglés “Contrées”, del colectivo Mauvaise Troupe (Mala Tropa). En francés, podemos leer: “Mai 68 et ses vies ultérieures” (2005) y “L’Imaginaire de la Commune” (2015).

Macron soñaba con celebrar el 68 de mayo. Luego envió armadura al ZAD

Este mismo gobierno se puso en contacto conmigo el pasado mes de octubre, a través de Sylvain Fort, asesor “Discursos y memorias” de Emmanuel Macron. Quería que fuera al Elíseo a hablar con él sobre el 68.

“Con motivo del cincuentenario del 68 de mayo, el Presidente tiene previsto participar en la reflexión nacional que no dejará de desarrollarse a lo largo del año”. Su colaborador me escribió. En este correo electrónico, los acontecimientos se asociaron a temas como la “modernización”, los “callejones sin salida” o la “posible escasez de utopías que puedan haber surgido”.

Es el relato clásico según el cual 68 habría agotado y enterrado las últimas ilusiones revolucionarias y que a partir de ahora, a falta de alternativa, habría que renunciar a cambiar el mundo. Por el contrario, en mi trabajo como historiador, he demostrado que 68 inventaron nuevas formas de acción, de las cuales movimientos como Notre-Dame-des-Landes todavía se alimentan hoy en día. No creo en la idea de un callejón sin salida y, por lo tanto, he rechazado la propuesta del Elíseo.

“Visité la ZAD en la primavera de 2016, hace dos años. Me impresionó la mezcla de gente -había más ancianos y más mujeres de lo que se suele encontrar en lugares como éste- y también la mezcla de actividades.

Había sido invitado por miembros del colectivo “Mauvaise Troupe” a hablar de mi libro “l’Imaginaire de la Commune”, que acababa de ser publicado en francés. ¿Cómo construir “formas comunes”? Esa era la pregunta que se hacían y habían elegido el título original de mi libro, “Lujo Comunitario”: lujo comunitario. Fue una fórmula que circuló durante la Comuna entre el mundo de los artistas y artesanos: no compartir la torta por igual, sino compartir lo mejor.

En el ZAD, trabajamos mucho, pero no por un salario, y eso lo cambia todo.

Entre el público, algunos tenían una amplia formación literaria y otros eran autodidactas. A nivel de la ZAD, hubo tensiones, por supuesto. Regularmente, en las asambleas generales, se reprochaba a los graduados la facilidad con la que hablaban, con el riesgo de aplastar a otros, incluso sin quererlo.

Volví seis o siete veces, por diversión. Me gusta la relación con el tiempo que se vive allí. Esto no tiene nada que ver con la temporalidad del capitalismo. En el ZAD, trabajamos mucho, pero no por un salario, y eso lo cambia todo. Tenemos que cuidar de los animales, de las cosechas, de los niños. Siempre están ocupados construyendo, ampliando y reparando sus espacios vitales.

También han construido edificios comunitarios e instalaciones recreativas, incluido un faro. Un faro en medio de un bocage, que se construye y se mantiene con cuidado: ¡este es un ejemplo de lujo comunitario!

Los días también están ocupados por actividades políticas y culturales. Esto es lo que “Bad troupe” llama la actividad de “composición”: tomarse un tiempo para vivir juntos, con todas estas sensibilidades. Esto pasa por las AG, que pueden durar hasta 6 horas. Desde la distancia, uno puede sentirse tentado a sonreír, pero cuando uno vive estos momentos en el lugar, siente admiración por la energía puesta en inventar una vida diferente.

Veo una tremenda libertad en el modo en que asumen una forma de “pobreza”. Limitan sus necesidades, privilegian el trabajo colectivo, aprenden a ser autónomos. En compensación, se les da una riqueza de vida; y por supuesto pensamos en comunidades precapitalistas, o comunidades franciscanas, pero sin la dimensión religiosa. Como en todas partes, puede haber personas que plantean problemas, pero tienen un sistema de mediación: cada mes, doce personas son escogidas por sorteo para ser mediadores.

Esta acumulación de experiencia, solidaridad y compartir es básicamente el activo más preciado de la ZAD. Empezamos defendiendo una tierra y poco a poco, lo que hacemos juntos se vuelve tan importante como esta tierra. Construir solidaridad entre personas diferentes es realmente lo que necesitamos hoy.

Debemos defender estos espacios “fuera del sistema”. La izquierda radical utiliza a menudo la palabra “resistencia”. Pero resistir es admitir que ya has perdido y que tienes ante ti un poder enorme e invencible. Prefiero la idea de “defensa”, que está en el corazón de la experiencia ZAD: defendemos cuando ya tenemos algo, cuando lo valoramos, cuando lo apreciamos. El ZAD no era una utopía, sino una comunidad que había estado funcionando durante diez años. Eso es lo que el gobierno francés quería destruir.

Macron quería destruir una utopía que había estado funcionando durante diez años.

Jean-Baptiste Vidalou entrevista

Licenciado en filosofía, hoy en día un constructor de piedra en seco situado en el Pays d’Oc

Sí, “gestionamos” la naturaleza en el sentido de que la consideramos en términos de planificación del uso del suelo y de transición económica. Un día puede ser necesario invertir el cursor: elegir entre una visión separada de todo o una visión unida al lugar donde uno vive. Y no importa si se trata de un barrio de París, de un bocage nantais o de una campiña del Aveyron…..

En “Ser bosques, vivir en territorios en lucha”, se regresa a un ZAD diferente. ¿Por qué preferir el término “vivir” y no “ocupar”, para designar a las personas que viven allí?

Tengo la impresión de que el término “ocupación” tiene una connotación colonial. Mientras que en Notre-Dame-des-Landes o en otras zonas hay algo más intenso que defender: es una forma de hábitat en el sentido literal del término: la idea no sólo de vivir en una casa, un pueblo, una ciudad, sino la idea de vivir en el mundo como tal.

Hay una especie de reciprocidad aquí. Llegamos a un punto en el que la frontera entre el habitante y el hábitat desaparece. El sujeto no se ve a sí mismo como externo a este mundo, sino en relación inmediata con él.

Usted habla del apego casi carnal de los zadistas a estas tierras, en particular a través del testimonio de una mujer que luchó en la ZAD de la Testet. “Era como si me estuvieran robando una parte de mí”, dice. ¿Qué nos dice esta anécdota sobre nuestra relación con la tierra?

Lo que es interesante con estos ejemplos es ver a los seres humanos que no piensan en el bosque o la tierra como un recurso, una potencial mina de oro o de carbón… Se ven a sí mismos directamente en conexión con estas tierras. Mientras que la economía en crisis está haciendo una pseudo-legitimidad invocando la transición energética.

Aquí no se trata de un retorno a la tierra (los pueblos, los campanarios), sino de un retorno a la tierra, como explica el sociólogo Bruno Latour. Y no debemos mezclarlo todo: todavía hay un trasfondo fascinante en el regreso a la tierra. Vichy, etc. No debemos caer de este lado, sino más bien en la idea de que no debemos seguir siendo esta humanidad depredadora que desea desarrollar estas tierras.

“la lucha y la vida están entrelazadas en el ZAD”. Entrevista a Frank, militante en la ZAD en el primer encuentro de ecología política de Morlaix en Bretaña el día 14 de Abril del 2018

De hecho, el ZAD tiene una organización horizontal, como en Rojava y Chiapas, que permite esta interpenetración. Sobre todo porque la gente que vino realmente lo hizo para invertir su vida en el lugar y con la intención de practicar este tipo de horizontalidad.

Ha habido una llegada constante y una coexistencia prolongada de diferentes componentes, que van desde los ciudadanos (actuando a través de canales institucionales, organizados en asociaciones declaradas) hasta los “radicales” (a falta de otra palabra con un sonido menos peyorativo) como primitivistas o “anti-civilización”, pasando por naturalistas del colectivo “Naturalistas en lucha”. No obstante, la coexistencia está garantizada por esas personas que tienden puentes entre las diversas tendencias. Por lo tanto, la ZAD no es exactamente una cohabitación de estructuras divergentes, ni un continuo completamente armonioso, sino algo entre las dos cosas, o ambas a la vez. Exactamente de la misma manera que la luz es a la vez onda y partícula, como se descubrió en las ciencias físicas, antes llamadas ciencias naturales. La ZAD, como la vida misma, no es un cliché, es una realidad en movimiento, multidimensional.

La ZAD recibe, alberga y acoge y también se compone en parte (y sólo en parte) de personas des-socializadas, maltratadas por la no-vida que nos proponen en esta antisocialidad que son las estructuras de dominación opresivas. Estas personas encuentran en la ZAD un lugar de vida en el que pueden ser aceptadas tal y como son. Dan rienda suelta a unas prácticas que les permiten aliviar sus sufrimientos y, muy a menudo, consiguen al final, pasar de esos sufrimientos. Le dan sentido a sus vidas, cuando esto ya se daba por imposible, por la muerte moral impuesta en todo el espacio-tiempo controlado por el estado policial, la milicia del capital.

No nos equivoquemos, la ZAD no es una zona autónoma, que se bastaría a sí-misma. Por el contrario, los intercambios con el mundo exterior son una piedra angular de la experiencia. Gente de paso, de horizontes muy diferentes, que salen cargados de utopías, historias de luchas que se extienden por los cuatro rincones de Francia e imágenes simbólicas que alimentan la imaginación del resto de los metropolitanos, entre tantos otros observadores interesados.

Comercio, sí, pero no comerciantes, en la medida de lo posible. Por ejemplo, con la celebración de un no-mercado cada semana, donde las producciones locales se ponen a disposición de la comunidad, a precio libre.

Fuera de las “normas”, también (porque no existen en la realidad, o con tan poca legitimidad), hasta la auto-gestión de los conflictos. Así, el “ciclo de los 12” propone intervenir en la gestión de los conflictos interpersonales, si se acepta invocarlos. Estos 12 voluntarios, elegidos al azar, ofrecen un servicio de mediación, que reúne a personas separadas por un conflicto, para resolverlo todas y todos, estudiando su origen. La resolución se logra a través del diálogo, la pedagogía y la educación conjunta. De este modo, el o la afectada y el afectador, aprenden a conocerse, comprenderse y, naturalmente, respetarse mutuamente. A veces se establecen medidas de reparación, pero éstas deben estar marcadas por la voluntad de la parte perjudicada de querer reparar. Así pues, nos salimos de una cultura de sanciones y de justicia expeditiva, y boicoteamos el recurrir sistemáticamente al Estado para la gestión de los conflictos. Es un proceso que lleva tiempo, pero es de acorde con el hecho de que la vida (naturaleza, comunidad) necesita tiempo para regenerarse después de haber sido herida.

Aunque la ZAD está formada por objetores a las leyes así como también por defensores de normas, la discusión entre todos a lo largo de los años ha permitido consensuar las dos tendencias sobre la necesidad de establecer unos límites morales en la vida colectiva para no dejar que se produzcan los abusos más graves (prohibición de armas de fuego, agresiones físicas…), confiando también en el sentido de responsabilidad individual (en el término no capitalista sino comunal del término) para actuar apropiada y legítimamente, sin tener que explicitar leyes inflexibles e impersonales. Así pues, cuando surgen conflictos, no se trata sólo de entenderse para resolver el problema, sino también de entender el impacto que esto tiene en el colectivo, ya que cada uno es un componente del mismo. Los autónomos más fervientes aceptan así el hecho de que son autónomos pero dentro del colectivo, y que les incumbe de facto una responsabilidad individual hacia lo colectivo, porque podemos extraernos del todo de un contexto social, a partir de que dos seres se comunican. Al igual de los moralistas, aquellas personas que quieren imponer un comportamiento uniforme, idéntico al suyo propio, porque lo auto-juzgan perfectos para el interés general, aprenden la autocrítica, a reconocer que su modelo personal, íntimo, configurado para sí mismos, no es infinitamente exportable. Los y las partidarias del colectivo aprenden de este modo a aceptar que es imposible establecer leyes universales, intrusivas e imponentes en la búsqueda de una sociedad que respire. El lugar se deja a la individualidad en el colectivo, a la diversidad en la unidad. Al igual que en el caso contrario, los límites son co-pensados y co-aceptados, en el reconocimiento de un proto-marco ya existente de sociedad de facto, y del cual es necesario explicar algunos valores, aunque sólo sean básicos, para permitir la deseada convivencia.

La auto-organización es complicada y toma tiempo, pero es el ritmo correcto para una vida de debate. Sin embargo, en las últimas semanas, el Estado ha logrado imponer su ritmo antisocial, lo que puede haber generado diferencias de opinión en las acciones a tomar con urgencia. En particular con respecto al desbloqueo de la carretera de las “chicanes” (paso en zig-zag), y en el hecho de entablar o no negociaciones con las instituciones del Estado. Porque aún existían, antes de la agresión militar, iniciativas sobre estos y otros temas que todavía no se habían discutido colectivamente, llegando incluso a producirse acciones en contra de lo que el colectivo decidía. La legitimidad de la acción individual, ante una emergencia o según convicciones compartidas o no por el colectivo, es uno de los problemas que queda por explorar. Sin embargo, la guerra social declarada por el Estado permitió establecer que en tiempos de resistencia se desee y apruebe cualquier acción individual de apoyo a la colectividad.

Franck Simonnet, miembro del Grupo “Mammalogique Bretón” y conjuntamente con este, director de publicación de un Atlas de los mamíferos de Bretaña (ediciones Locus Solus), también nos habla de la excepcionalidad de la naturaleza en el ZAD. Pero también recuerda que esta naturaleza era al principio una banalidad, pero la destrucción generalizada de los ecosistemas (a escala europea, el 80% de los insectos han desaparecido) es lo que la hace excepcional, provocando la extinción de especies que antes eran comunes.

En la zona, la protección de la naturaleza está a cargo de las personas que viven en ella, ya que su sensibilidad ecológica al ecosistema local se ha desarrollado de forma natural con su anclaje en la zona. Algunos dirían “no cagues donde comes”. Este sentido común se expresa muy concretamente, cuando dejamos que el tiempo ayude a enraizarnos, a contra-corriente de nuestras individualizaciones progresivas, y el desarraigo que le sigue.

La vida en la ZAD es orgánica, es decir, es vivificante, no mortal, como lo es el crecimiento infinito del capital y su mecanismo de reducción infinita de costos. La vida está viva allí y, como un bucle, se muerde la cola y como una espiral, se contempla a sí misma. Así, el tiempo vivido en la ZAD permite volver a plantearse las cuestiones de la relación con la vida y con lo que la compone, a veces en exceso, como el trabajo, a veces en la necesidad, como la amistad. La ZAD es un espacio existencial, donde nos hacemos preguntas existenciales. Son estos espacios los que el Estado quiere matar.

De estos espacios, hay muchos en el territorio ocupado por el Estado francés. Colectivos informales (es decir, no declarados al Estado) que satisfacen las necesidades sociales que el Estado no satisface (cuando no las provoca él mismo), sin perder el tiempo con el papeleo que se requiere para comprobar si se ajusta a las leyes definidas por los intereses del capital. Este es el caso del centro de refugiados autoconstruido de Vercheny. Experiencias de autonomía también, municipios rebeldes o incluso libertarios, como el de Commercy, o ecológicos y sociales, como el de Saillans. La revista Silence les dará muchos ejemplos desafiando el pesimismo del leitmotiv: “nada se mueve, esto no cuaja”.

La diversidad, en el ZAD, se expresa también en los métodos de acción: no institucionales (sabotaje, desobediencia…) además de los ciudadanos, a menudo agrupados en ACIPA (Association Citoyenne Intercommunale des Populations concernées par le projet d’Aéroport de Notre-dame-des-Landes).

Diversidad en el apoyo también, procedente de todas partes, especialmente de más allá de las fronteras. Y diversidad en las formas de apoyo: señalización, mítines, acciones relámpago (ocupaciones del ayuntamiento en Forcalquier y Die). Incluso los obispos han dado su apoyo a “Notre-ZAD-des-oiseaux-de-fer” (Nuestra ZAD de los pájaros de hierro). Apoyar no sólo lo que es, sino lo que representa, lo que podría ser, lo que significa. Apoyo a esta búsqueda indefinida de libertad y responsabilidad, individual, colectiva, popular, básica, directa, ecológica, amorosa. La ZAD es espiritual, llena las almas de un nuevo soplo de vida.

¡Por las ZADs en todos sitios, la federación de las ZADs y su Confederación!

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