Exitosa huelga metalúrgica en Alemania

Por Daniel Sugasti

La poderosa clase obrera industrial de Alemania ha entrado en escena y protagonizó la mayor oleada de huelgas desde 1984, cuando conquistó la reducción de la semana laboral de 40 a 35 horas. Su organización y lucha muestran el camino a seguir.

El pasado jueves, los obreros alemanes cruzaron los brazos durante 24 horas en más de 260 empresas, paralizando 80 plantas eléctricas y metalúrgicas. Participaron, en un proceso que incluyó huelgas “de aviso” y totales, alrededor de un millón y medio de trabajadores. La dirección fue del mayor sindicato del país, el IG Metall, que desde 2012 aumentó su número de afiliados de 2,3 millones a más de 4 millones actualmente.

Tras seis ruedas de negociaciones con la también gigante patronal Suedwestmetall, el resultado concreto consiste en un aumento salarial de 4,3% a partir del mes de abril; un pago único de 100 euros para el primer trimestre, además de otros pagos repartidos en 27 meses; y, lo más sonado, la posibilidad, para un sector de trabajadores, de reducir la semana laboral a 28 horas. El negociador del sindicato, Roman Zitzelsberger, celebró este acuerdo desde Stuttgart, diciendo que “los trabajadores tendrán más dinero en sus bolsillos en términos reales, obtendrán una parte justa de los beneficios de la compañía y eso impulsará el consumo”.

Por su parte, el representante de Suedwestmetall, Stefan Wolf, apuntó que el coste para los patrones sería inferior a 4% anual.

Los límites de la propuesta del IG Metall, y del acuerdo con los patrones, son claros: en materia salarial, el acuerdo está por debajo del 6% reivindicado desde la base; en cuanto a la semana de 28 horas, esta no es a escala nacional ni permanente –dura como máximo dos años – ni sin reducción salarial. Es más, a cambio, la patronal podrá incorporar más trabajadores que antes en semanas de 40 horas, violando la semana legal de 35 horas. El acuerdo “piloto”, con todo, se extiende hasta marzo de 2020 y contempla solo a los obreros de la región sudeste del país.

 

 

Si bien es evidente que las conquistas están por debajo de las acciones de la clase, lo importante es la dinámica del proceso. El potencial de movilización obrera es enorme. La patronal de empresas como Audi, BMW, Porsche, Siemens, etc., tuvo que abandonar su intransigencia y ceder, luego de que, tras las huelgas “de aviso” que duraron 24 horas, el IG Metall amenazó votar una huelga general del sector metalúrgico. El “éxito de la negociación”, que estaba en su quinta tentativa, fue determinado directamente por la lucha en curso y su potencial de desarrollo.

 

Un obrero de Mercedes Benz

Para tener una idea del impacto de este “ensayo” del movimiento obrero alemán, solo las huelgas “de aviso” costaron a los fabricantes de coches, proveedores y otras empresas de ingeniería casi 200 millones de euros en ingresos perdidos. Entre los más afectados estuvieron colosos como Daimler, BMW y Airbus. No es difícil entender por qué la patronal y la propia burocracia se apresuraron a firmar un acuerdo. La pregunta es: ¿será suficiente para detener el proceso por abajo?

La clase obrera alemana, con su tradición histórica, se puso en movimiento y se siente más confiada en sus propias fuerzas. Con esto, existe una nueva referencia y se abren mejores perspectivas para los pueblos de Europa. El escenario de la lucha es la poderosa industria alemana, la espina dorsal de la economía del país  y la “locomotora  de Europa”. La base debe superar esa dirección y no detenerse en lo conquistado, que es importante, pero es solo una pequeña muestra de lo que es posible conseguir a través de la movilización y la huelga. Es necesario ampliar la organización desde la base e ir por más.

 

Exitosa huelga metalúrgica en Alemania

 

 

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