Publicado en: 20 junio, 2018

Europa, una interrogante para la historia islámica

Por emiro enrique vera suarez

Latinoamérica, en este caso, Venezuela. También padece de hambre, aunque existen índices de crecimiento agrícola

La Tecla Fértil

El debate que genera el Aquarius nos desvela a la perfección casi todo: el nuevo gobierno de Italia cierra sus puertos a los desesperados, reforzando así la posición de los países más feroces como Hungría, Eslovaquia o Polonia, e incendia la política alemana (Merkel a tortas con sus aliados históricos de Baviera y otros) Austria, Chequia, Francia… y, en general, de todos los países de Europa. Porque lo cierto es que ni Europa ni cualquier otro poder en el mundo, por enorme que sea, tiene respuesta para las grandes avalanchas humanas. Y África y el oriente musulmán, que se despedaza en guerras, lo son. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, ha alertado de lo que se nos viene encima en las primeras horas de su mandato: «O ayudamos a África a que se desarrolle, cree empresas y empleo masivo, o Europa no podrá soportar la presión de tanta hambre».

Latinoamérica, en este caso, Venezuela. También padece de hambre, aunque existen índices de crecimiento agrícola, pero, los cultivos son controlados por las mafias oficialistas, muy mal llamados colectivos y un ala militar que corresponde a la GNB y Policía Nacional Bolivariana- PNB- recién creada y con un cuerpo académico autónomo, pero sus jóvenes funcionarios, ya tienen problemas con la sociedad venezolana.

Hace varios años que la diplomacia, viaja a las grandes capitales políticas africanas en busca de acuerdos con sus autoridades, que ayuden a detener la invasión humana. Pero no basta con la ayuda humanitaria urgente o el parche de las sacrificadas oenegés. Es la hora de la inversión y la empresa. El socorro de la ONU, a través de sus grandes agencias, o el Banco Mundial no basta, y menos aún la acción del capitalismo depredador neocolonialista que aplican en el continente, países como China y otros.

España recibe a las familias del Aquarius y los medios de comunicación pueden confundirse, como el caso del submarino Ara en tierras argentinas en un simulacro de guerra no convencional, el objetivo era la oficial y sus marineros especializados en asuntos de triangulación marina, al tratar con sensacionalismo este episodio, que también es el gesto del gobierno español que mejor diferencia de las actuales autoridades italianas. Pero se trata solo de un barco. A diario llegan centenares de migrantes o refugiados a las costas europeas: casi 30.000 solo en España en el año 2017, el doble que 2016. Pero el problema principal no es el esfuerzo económico y humano de su acogida y encaminarles hacia su integración en nuestras naciones, sino el debate corrosivo que crece en Europa con la coartada de su llegada constante. Quizás sea este el encargo más difícil que la historia reciente hace a Europa.

Pero, José Luis Zapatero, tiene la última voz, ahora se parece a los esposos Clinton. Hillary y Bill Jefferson quienes a través de una ONG controlan el Atlántico y Pacifico Sur. Están instalado en República Dominicana con el ex presidente Leonel Fernández, ahora resulta que los ex presidentes son asesores de los nuevos líderes, pero, cuando fueron presidentes no les preocupo el pueblo y el desarrollo de sus naciones. Tuvieron la oportunidad de hacer inversiones en base a modelos productivos, pero, les falto iniciativas y un gran espíritu de servicio hacia sus comunidades y, el tiempo cobra fractura.

El desplazamientos y cambios de residencia de grupos humanos de unas zonas a otras, han sido constantes desde la remota prehistoria. Nomadismos, invasiones, peregrinajes, expediciones comerciales y colonizaciones han construido el mundo que hoy conocemos. El Mediterráneo no escapa a ello, el gran interrogante es la religión islamita y las concepciones mulsumanas. El Corán arremete contra La Biblia Católica y el cristianismo, regresa a la Edad Media, un nuevo tiempo para una realidad global, el regreso al colonialismo y la sociedad esclavista, dogmatizada por un concepto de origen religioso, el problema es la ambivalencia, diferentes costumbres bajo un solo signo, Javeh o Mahoma.

Nuestros ancestros, hicieron la primera migración originaria desde el África. Fueron diferentes oleadas para expandirse por el mundo, hasta la llegada de los bergatines españoles y los cayucos de pequeños pobladores circundantes a Italia y Grecia. ¿Qué les empujó a emprender tan colosal viaje?  Probablemente aquellas primeras avanzadillas de Homo Ergaster, acuciadas por el hambre y por un aumento de la población aprovecharon una bonanza climática hace 1,7 millones de años para entrar en Asia y colonizar nuevos territorios. Después, sucesivas oleadas de homínidos cada vez más evolucionados siguieron avanzando en busca de mejores oportunidades de caza, hasta alcanzar Europa, donde la presencia humana (Homo antecessor) está fechada hace unos 700.000 años.

Los chinos, mongoles y rusos, aventureros naturales siempre despreciaron la raza negra, ahora, por asuntos energéticos buscan ligarse en núcleos familiares, son acuerdos y acomodatos para sobrevivir en el cambio climático por venir, oleadas de frio y tiempos muy calurosos, contaminados esos vientos por el exceso de plástico, que ya  se encuentra presente en los alimentos procesados que crean enfermedades cancerosas y pulmonares- renales en el hombre contemporáneo. Una vez asegurada la ocupación de África y Eurasia, ya en tiempos del hombre moderno (Homo sapiens sapiens), tuvo lugar el poblamiento del continente americano, uno de los episodios del pasado que más controversia suscita. La tesis más aceptada por los antropólogos es la de que los primeros americanos eran cazadores asiáticos que llegaron desde las tundras siberianas hace unos 15.000 años a través del estrecho de Bering, buscando grandes mamíferos,

Esto fue posible porque durante los periodos de glaciación, Siberia y Alaska formaban un solo territorio emergido por el que se podía pasar andando de un continente a otro. Las otras teorías sobre la penetración humana en América, como la de la travesía del Pacífico por australianos o polinesios, o la navegación del Atlántico por europeos, resultan menos verosímiles. Alrededor de 8000 a. de C., la revolución agrícola del Neolítico permitió que algunas comunidades se hicieran sedentarias en Asia Menor y la cuenca del Mediterráneo, foco de las primeras civilizaciones, pero el impulso viajero no menguó.

Por esas fechas, sucesivas partidas de pueblos con lenguas similares agrupados bajo la denominación de indoeuropeos empiezan a poblar Europa. Su origen es incierto: pudieron venir de la India, de las estepas siberianas, del Cáucaso o incluso de Dinamarca. En todo caso, su paulatina conversión de cazadores- recolectores en agricultores elevó la demografía y provocó nuevos movimientos de población. Hacia 2200 a. de C., estos pueblos se desplegaron por el continente; las migraciones hacia el sur (Creta, Chipre, Tesalia) dieron origen al mundo grecolatino, mientras que en el centro y oeste proliferaron las tribus celtas y germánicas.

Regresando, aunque continuare con este tema en dos artículos progresivos, En términos generales se considera “migrante” a cualquier persona que emigra desde su país de origen hacia la UE. Dentro de ese grupo de personas hay distintas categorías, desde solicitantes de asilo, refugiados y beneficiarios de protección subsidiaria a inmigrantes en situación irregular o regular. os eurodiputados pidieron a Estados Unidos que revertiera su reciente decisión de congelar 60 millones de dólares de su contribución a las agencias de migración en todo el eje del Mediterráneo.

Desde 2004, los ciudadanos de la UE gozan de libertad de circulación y residencia dentro del territorio comunitario. En este contexto, cuando se utiliza en la Unión el término “inmigración” se refiere a la circulación de ciudadanos no comunitarios.

La política de inmigración a nivel europeo se ocupa tanto de la inmigración regular como irregular. En cuanto a la inmigración regular, la UE decide sobre las condiciones de entrada y residencia legal. Los Estados miembros conservan el derecho a decidir sobre los volúmenes de admisión de las personas procedentes de terceros países para buscar trabajo.

La Unión Europea también se ocupa de la inmigración irregular, especialmente mediante una política de retorno que respete los derechos fundamentales. En cuanto a la integración de estas personas, no hay armonización de las legislaciones nacionales. Sin embargo, la UE puede desempeñar un papel de apoyo, sobre todo desde el punto de vista financiero.

Pero, el gran problema, es el terrorismo producido por Yihadistas e islamitas, Zapatero le dio entrada junto a Alemania en Europa. El Parlamento Europeo participa activamente en la adopción de nuevas leyes sobre la inmigración irregular y regular. Legisla junto al Consejo de la UE, en el que están representados los Estados miembros, en estos asuntos desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en 2009.

Desde 1999, la UE ha trabajado para crear un Sistema Europeo Común de Asilo (CEAS). Para que el sistema común funcione, claro, ya esta en ejercicio y debe tener, normas coherentes entre los Estados miembros y un mecanismo para determinar responsabilidades ante, cualquier solicitud de recepción. Asociaciones y cooperación con terceros países. Desde 2005, el Parlamento Europeo decide en pie de igualdad con el Consejo de la UE sobre legislación relacionada con el asilo.

El gran inconveniente es que jamás tomaron en cuenta al pueblo africano y de los Emiratos Árabes y de una manera repulsiva, poco asumieron los consejos de Muhammad Gadafi y Arafat, ambos muertos sin razones, al igual que Ernesto Guevara de La Serna, el Che. Ahora, por no escuchar argumentaciones, tenemos esta realidad geopolítica y territorial.

Desde 2015 hasta 2016, un año apenas, más de 2.5 millones de personas solicitaron asilo en la UE, más de 2.3 millones ejecutaron cruces ilegales de fronteras, detectadas vía satelital y personal, con una data de muerte de 2030 ahogados en el Mediterráneo en los primeros cinco meses de 2017

La actual crisis migratoria es la peor desde la Segunda Guerra Mundial. La crisis ha puesto de manifiesto las deficiencias del sistema migratorio europeo. El Parlamento y la UE han tratado de combatir este problema mediante la reforma de las normas de asilo de la UE y la creación de un sistema más equitativo de distribución de solicitantes de asilo entre los países de la UE, así como mediante el refuerzo del control fronterizo de la UE y el control de la inmigración irregular.

En Europa, el islam se ha convertido en la segunda religión en cuanto al número de seguidores, lo que hace del Viejo Continente, desde varios puntos de vista, una nueva frontera del islam.

La presencia musulmana constituye un cambio cultural radical, para las sociedades occidentales y más aún mediterráneas (especialmente Italia, España y Grecia), países que, hasta hace una generación, exportaban –más que importaban– su mano de obra. Además, teniendo en cuenta la tumultuosa historia entre el mundo islámico y Europa –especialmente en el Mediterráneo– la presencia del islam en Europa representa un importante punto de inflexión. Si en el pasado se hablaba de islam y Occidente, ahora, sólo cabe hablar de islam en Occidente, y en un futuro, a través de las segundas y terceras generaciones de inmigrantes, podremos hablar de un islam de Europa, aunque aún no de un islam europeo.

El islam ya no es un fenómeno transitorio cuya presencia sólo es temporal y al que se le puede mandar eventualmente de vuelta a “casa”. Hoy, de hecho, en Europa occidental viven al menos 18 millones de personas que pueden considerarse “culturalmente” musulmanas. Entre esta población es cada vez más difícil (y un sinsentido) distinguir –conceptual y empíricamente– entre musulmanes de “origen”, “poblaciones mixtas” –como las llamadas segundas generaciones, educadas “entre dos culturas” (o más…)–, matrimonios mixtos, musulmanes “autóctonos” (incluidos los convertidos al islam pero también la gente naturalizada).

El gran desafío depende del concepto de “integración”, que es muy distinto entre países. El modelo de conducta, el tipo de interacción con la sociedad que lo rodea y los métodos que utiliza la acción musulmana colectiva, dependen –además de las variables socioeconómicas como la salud de su economía y la capacidad de absorción de su mercado de trabajo– en gran medida de la estructura institucional del país anfitrión, la elasticidad variable de sus articulaciones sociales, las acciones e ideologías de referencia de sus fuerzas políticas, etcétera.

Por ejemplo, el discurso de ciertos movimientos sociopolíticos islámicos puede ser más radical y antioccidental o, por el contrario, colaborador e integrador, según la idea que las sociedades anfitrionas tengan de ellos. Muchos factores están en juego, incluida la escena política y la existencia de los empresarios políticos de la xenofobia e islamofobia. Este argumento es válido, no sólo para los movimientos musulmanes, sino también para las poblaciones musulmanas en su conjunto.

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