Estadista o cleptócrata

Por Manuel Carmona Curtido

Jared Diamond, es profesor de geografía de la Universidad de California, es miembro de la Academia de Artes y Ciencias, de la Academia Nacional de Ciencias y de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos.

Por Manuel Carmona Curtido

Jared Diamond, es profesor de geografía de la Universidad de California, es miembro de la Academia de Artes y Ciencias, de la Academia Nacional de Ciencias y de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos. Entre los numerosos premios que tiene en su haber está el premio Pulitzer de 1998 por su obra Armas, gérmenes y acero.

Esta obra lleva a cabo un ambicioso análisis de la evolución de las distintas sociedades, partiendo de hace 13.000 años, cuestionando la prepotente visión occidental del progreso humano y dando una explicación a la situación actual y cómo han llegado a originarse las desigualdades existentes.

En uno de los capítulos de este libro, Jared Diamond establece la diferencia entre un  estadista sabio y un cleptócrata, la diferencia entre ambos “está en el porcentaje del tributo recaudado de los productores queda en poder de la élite, y  hasta qué punto le agradan a los ciudadanos corrientes los usos públicos a los que destinan los tributos redistribuidos”.

En un país donde el empobrecimiento de la mayoría es cada vez mayor, donde los servicios públicos son cada vez de peor calidad, debido a la infrafinanciación de dichos servicios, donde la gente muere esperando las ayudas de dependencia, donde los pensionistas pierden capacidad económica año tras año, donde la empresas energéticas hacen negocio de las necesidades de la gente, y como contrapeso, tenemos infinidad de casos de corrupción, donde se regala a la banca sesenta mil millones de euros, donde las élites políticas y económicas se reparten pingües beneficios a costa de sembrar miseria, donde el partido que gobierna está acusado de financiación ilegal y un Presidente del Gobierno acusado de cobrar dinero “en negro”, es evidente que los ciudadanos corrientes no pueden estar muy contentos de como son redistribuidos sus tributos.

El coste de la corrupción es de 90.000 millones de euros al año según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (http://www.huffingtonpost.es/2016/12/09/coste-corrupcion-espana_n_13532158.html)

Imagínense cuantos recortes hubieran sido necesarios si el Estado hubiera contado con 90.000 millones más en su presupuesto cada año, ninguno. Los recortes en sanidad, educación, recortes laborales, etc., hubieran sido innecesarios, las arcas estarían saneadas, pero claro, algunos serían un poquito menos ricos.

En definitiva, nuestro país cuenta con numerosos casos de corrupción, un poder judicial para pobres y otro para ricos, unas leyes que benefician a las grandes multinacionales en vez de beneficiar a los ciudadanos y un presidente del gobierno que ha incumplido sistemáticamente todos los programas electorales con los que se ha presentado su partido.

Después de analizar todos estos datos contesten a esta pregunta ¿estamos gobernados por un “estadista sabio” o por un cleptócrata?

Salud.

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