Publicado en: 6 agosto, 2018

España sigue bien

Por Antonio Lorca Siero

….sin llegar a exagerar -quizá un poco sí-, y haciendo caso de la propaganda, podría decirse que España va bien, o mejor, que va muy bien; incluso, empleando la terminología de andar por casa, que está requetebién…

Por Antonio Lorca Siero

Creo que sin llegar a exagerar -quizá un poco sí-, y haciendo caso de la propaganda, podría decirse que España va bien, o mejor, que va muy bien; incluso, empleando la terminología de andar por casa, que está requetebién, en lo que se refiere al bien vivir de buena parte de sus pobladores. Como la situación debe ser consecuencia no tanto del trabajo colectivo como del progreso importado, en este punto no serviría para la mayoría de beneficiados aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Para constatar el estado de la cuestión basta echar un simple vistazo al panorama general -procurando no profundizar para no encontrarse con sorpresas- en el que fundamentalmente se observa cierto grado de bien-estar desde una perspectiva económica, algo de trabajo, tiempo para el ocio y una retahíla de derechos y libertades al alcance de la mano. Acudiendo a los datos -aunque sean unos pocos para no fatigar la vista con la lectura-, basta con ver en televisión las inmejorables estadísticas de empleo, el auge del negocio del inmobiliario, el turismo boyante, el imparable aumento artificial de población, el buen funcionamiento de los servicios estatales e incluso la sólida marcha de la economía reflejada en la Bolsa, para llegar a la conclusión de que todo va bien y sigue bien. La tan cacareada cricri-crisis, se ha quedado solo en cricri, ya no hay crisis, se ha superado y la palabra crisis ha desaparecido del horizonte, aunque la realidad acecha tozuda.

Pese a ser sobradamente conocido que España es ese territorio situado en la parte sur del imperio europeo, cuya sede administrativa central se encuentra en la ciudad de Bruselas, situada más al norte, parece oportuno recalcarlo, habida cuenta de que algunas personas con residencia aquí mismo, en este lugar geográfico del extrarradio imperial, tal vez desconozcan su ubicación real en Europa por ser recién llegadas. Aunque posiblemente la observación sea innecesaria, si se tiene en cuenta que ya no debe existir ninguna persona sin acceso a la ilustración de internet a través de su smartphone, instrumento tan obligado para el existir que es considerado por muchos más necesario que el comer y cuya posesión personal debiera ser incluida como derecho fundamental.

Indicado el lugar geográfico donde se encuentra España, para confirmar que el anuncio que se hace en el titular no es simple chovinismo de los nativos, muy brevemente, echemos mano de los datos para certificar ese todo sigue bien por aquí. La fuente directa utilizada es la televisión, que, aunque alicaída en las audiencias por el empuje de internet, continúa siendo válida a tal fin, al menos como punto de referencia de lo que se viene llamando información pública de masas, un producto algo depreciado porque la realmente útil está reservada a las minorías selectas.

Comenzando por las estadísticas de empleo que se difunden, no dejan lugar a dudas de que todo va mejor que bien, con una situación casi-casi a un paso del pleno empleo. Una parte de los escasos parados que hay son voluntarios de la nueva profesión nini, en auge a la espera de que llegue el esperado salario universal. Incluso se habla de un empleo de calidad y bien retribuido. Efectivamente el empleo que proporciona la Administración lo es en algunos casos y ciertas empresas retribuyen muy bien a sus directivos. Sin embargo, lo frecuente suelen ser las generosas ofertas de empleo por días, con alta hoy y cese mañana, para repetir el proceso indefinidamente, de tal manera que según las estadísticas, el empleo crece imparable. Por tanto, el panorama, según el visor que se utilice, se oferta como alentador.
Como ya no se habla de la temida crisis, porque parece haberse prohibido por decreto, el negocio inmobiliario prospera. El ahorro ha sido arrinconado de tal forma que está condenado a la extinción, con lo que se fuerza la inversión y el consumo. Los residentes dentro del perímetro del Estado español en disposición de invertir en efectivo o a crédito lo hacen para animar el mercado, comprando alguna que otra pequeñez o grandes mansiones, satisfaciendo así su pretensión de ser propietarios. En lo fundamental no se trata más que de aliviar la carga de los fondos foráneos, que han adquirido a precio de saldo las existencias de sus antiguos poseedores, que deseaban maquillar sus balances, empeñados ahora en darlas salida. Movidos por el reclamo del negocio, también los nuevos promotores se han lanzado a la piscina, pero no tiene agua. Siguiendo el mandato de los especuladores internacionales, se ha vuelto a forjar la mentalidad compradora de conveniencia sobre todo en las grandes ciudades, porque el tradicional alquiler, según dice la publicidad interesada, se ha disparado. Parece claro que aquella sonora burbuja inmobiliaria de hace poco ha desaparecido, tomando ahora su lugar un gran globo que sube y sube hacia la estratosfera sin temor a explotar de momento.

Por si fuera poca tamaña prosperidad, el turismo contribuye a mejorar el panorama. Aunque el procedente de fuera suele venir a dejar sus inmundicias y estupideces a precio de saldo, suma ceros en las estadísticas. Sin duda animadas por los efectos de la desestabilización del norte del continente africano y los riesgos planteados por el terrorismo, la sensación de estabilidad en el territorio español anima el mercado. También, afectado de mimetismo y promovido por la publicidad subliminal de las empresas que viven del negocio, el turista local se suele gastar el dinero -incluso el que no tiene, pero para eso está el crédito-, amén de en el exterior, en turismo interior. Se trata de cumplir fielmente el ritual de consumismo, forzado por los tipos cero. La cultura del desplazamiento de ocio avanza un paso más en su consolidación a nivel general, y la propensión al viaje ya es una necesidad vital, que está dispuesta para definirse también como derecho básico. Por lo que es posible que andando el tiempo, el derecho individual al turismo sea incluido específicamente en el listado de los derechos humanos, con la recomendación de que sea subvencionado a fondo perdido por los Estados.

En cuanto al gran problema derivado del estancamiento poblacional, ya se encuentra en vías de solución con la política de puertas abiertas. A través de la cual España aparece en los listados como el país más solidario del imperio europeo Si a esto se añade, en unos casos, desplegando el quijotismo tradicional y, en otros muchos, los intereses de los que viven del negocio de la inmigración, que los recién llegados suelen gozar de más prebendas que los ya residentes, lo del efecto llamada ha pasado a ser un clamor. De ahí que en poco tiempo podría triplicar o cuadruplicar su población, no solamente con las remesas procedentes de África y Sudamérica sino con los sobrantes de la propia Europa. En el orden práctico, el aumento de la población aportando savia nueva, cosmopolita ella, es decisivo para que todo marche mucho mejor, ya que entre todos es difícil que la empresa fracase. En cualquier caso queda claro que se ha resuelto el problema del envejecimiento de la población, lo que permitirá el sostenimiento del sistema. Hay otro punto favorable porque, con el crecimiento del número de habitantes, el imperio concederá en el futuro mayores remesas económicas para el país, y además pesará significativamente en la política comunitaria. Ese mayor reconocimiento tendrá un adelanto de inmediato, porque la solidaridad ha sido reconocida públicamente e incluso va a tener premio, una cantidad económica que acompañará a cada nuevo acogido para tratar de cubrir sus gastos temporales, quedando el resto, es decir, los definitivos o coste total de los futuros desempleados foráneos y sus familias, como un lastre que alguien pagará en el futuro, pero no hay problema porque para eso está la deuda. Nos encontramos una ventaja colateral, dado el aumento de población, la bonanza económica de las empresas está asegurada, por cuanto hay que procurar bienestar material a los recién llegados a cargo de los fondos estatales. Además, con la ingente cantidad de mano de obra pasiva, el sistema de seguridad social promete ser sostenible en teoría, porque en la práctica va a ser difícil que no haga aguas por todos los flancos. Lo importante, lo verdaderamente importante es que hoy, al menos hoy, la propaganda dice que todo marcha bien -claro que del mañana nadie habla- y hay que seguir con eso que llaman solidaridad para unos y negocio para otros, hasta que el barco se hunda.

Pasando al tema de los servicios estatales, baste decir que son una maravilla de eficacia, no tanto por los empleados como por las máquinas que se utilizan. Todo funciona a su ritmo, sin prisas, para que no se agoten las expectativas de trabajo, asistidas por alguna pausa. Además con internet, impagable ayuda para que los empleados trabajen un poco menos, se han aliviado las largas colas, pero no el de las esperas. Los ordenadores y otras máquinas de última generación han resuelto el problema de la falta de eficacia, al menos el de la recaudación y el asunto de la vigilancia de las masas, siempre pensando en la otra recaudación adicional procedente de la multas. No es extraño que los ingresos crezcan, aunque nunca lleguen a alcanzar en la carrera a los gastos, por aquello del despilfarro o de tres me llevo uno. La política del bienestar está ahí, todo gratis, pero acomodado a los intereses de la burocracia y a garantizar el empleo de sus trabajadores. Citaremos, por ejemplo, que la seguridad física casi está garantizada en lo fundamental, pero con el ojo puesto el ejercicio del poder y a cierta distancia mirando al voto de la ciudadanía. La justicia sigue siendo lenta pero, como siempre, segura, lo que da confianza en contadas ocasiones. Las listas de espera en la sanidad se acompasan al ritmo marcado por la burocracia para que el trabajo no atosigue a los empleados y se garantice por el mayor tiempo posible, evitando así recortes de plantilla; en suma, mucha calma para el profesional y el usuario, a esperar que llegue el cada vez más lejano día de la cita, por si en ese lapso este último cura sus dolencias de alguna manera, aunque sea poco ortodoxa o natural. Sobre la educación oficial baste con decir que se cumple fielmente como un derecho más, aunque no puede librarse de la deficiencia teniendo en cuenta que funciona siguiendo las reglas de la burocracia, pero sus defectos apenas se echan en falta, porque los interesados los suplen acudiendo para completar su ilustración a internet. En general, salvando algunas nimiedades, no puede decirse que en el orden de la burocracia administrativa la cosa no marche, porque, aunque sea a trompicones, los servicios funcionan por inercia y seguirán operando al menos para dar empleo a un colectivo y hacer propaganda de los derechos de las personas.

Ya se sabe que el consumo es decisivo para que una economía funcione, y como hay consumismo obligado, porque el dinero en el banco languidece, desde esta dimensión todo va bien. Con el aumento poblacional en ciernes, la cosa irá mucho mejor, porque a mayor número de habitantes se consumirá más. En cuanto a la otra economía, la del dinero por el dinero, tenemos el ejemplo de la Bolsa. Su estabilidad es admirable, baste citar su índice más representativo para confirmarlo, deja pasar meses y muchos meses anclado en la misma zona, jugando con eso de la horquilla, moviéndose al vaivén de noticias creadas para cada ocasión, al objeto de provocar pequeñas subidas y bajadas para dar muestras de vida y para aportar un pequeño goce a los especuladores, pero siempre manteniendo la calma. Mientras los amos del dinero disparan otras Bolsas, ella se muestra sólida, no se mueve -debe ser porque nadie de fuera cree en ella-. He aquí el estado de la economía, aunque el ejemplo se trate de algo irreal por lo especulativo, resulta ser muy real porque opera con dinero, lo que da una idea para extrapolarla a la economía del ir tirando. A pesar del fantasma de la deuda, tranquilidad, mucha tranquilidad, todo va bien, o al menos es lo que dicen los enterados, hasta que no cambien de opinión porque el problema se les ha venido encima y nadie sabe como solucionarlo.
Aunque quepa la posibilidad de que España pudiera ir mejor, visto lo ejemplos apuntados y siguiendo los dictámenes de los expertos oficiales, a grandes rasgos la cosa no va tan mal, porque se va tirando, aunque sea a rastras. Un argumento determinante para confirmar las mejoras de presente es que, si se echa la vista atrás, cualquier tiempo pasado fue peor. Opino que para encontrar la causa de tal bonanza, declarada en términos de propaganda, hay que buscarla en el progreso tecnológico que viene de más allá de las fronteras, por eso es obligado seguir mirando hacia fuera, pero sin abandonar lo de dentro porque es lo nuestro.

Antonio Lorca Siero
Agosto de 2018

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