Encuentros narrados

Por Iñaki Urdanibia

Dos recientes libros de dos grandes escritores

Por Iñaki Urdanibia

La vida se balancea entre el azar y la necesidad que dijese Demócrito y repitiese el biólogo Monod; y en tales distintos polos se suceden encuentros y esperas; tanto en lo que hace a nivel personal como colectivo , allá en donde las condiciones subjetivas se encuentran con las objetivas dando lugar a movilizaciones importantes. Tal afirmación se ha abierto paso a lo largo de la historia de los humanos y en sus distintos quehaceres; entre estos últimos , la literatura ha sido un campo en el que la esperanza y la desesperanza han tenido cabida del mismo modo que lo han tenido los encuentros y hallazgos inesperados o lo contrario, concertados. Un par de novelas relatan algunos encuentros bien diferentes: las dos bien escritas y con una innegable profundidad. La una escrita por un Nobel, la otra por alguien al que desde hace algún tiempo se le coloca como candidato a tal galardón. Los dos son encuentros casuales: uno con una chiquilla perdida en la vida, la otra, con una mujer con enormes parecidos a su madre, casi desconocida.

Patrick Modiano

De quien fuese galardonado con el Nobel hace unos añitos, en 2014, no hay mucho que decir…tanto se ha dicho, aunque en las cajas de sorpresas siempre asoma lo inesperado; es el caso. Cualquiera que se haya acercado a alguno de sus libros habrá podido toparse con una serie de constantes que residen en los años de la ocupación germana de las tierras hexagonales, y muy en concreto en la capital del Sena,. además de la vida semiclandestina de un padre dedicado a negocios realmente sucios y una madre metida a artista de music- hall que abandonó el hogar y a la que rara vez veía; podría afirmarse, sin ningún tipo de pero, que la escritura de Modiano es un permanente ejercicio de anamnesis cuya intención es recomponer su desconocido pasado. Lo dicho queda confirmado novela tras novela aun cuando Patrick Modiano advierta – en su última novela , como ya había hecho en anteriores entregas- : « todos los personajes de este libro son imaginarios y en ningún caso se pueden identificar con personas que hayan existido »…ciertamente no son, pero sí están inspirados en…y de manera casi transparente.

En « Joyita », su última novela traducida de Pirineos abajo – con la que por cierto Anagrama concluye el rescate de la obra completa el Nobel de Literatura de 2014- , una niña que había sido abandonada por su madre que se marchó a Marruecos, y que según las noticias que le han llegado fragmentariamente está muerta. Pues bien, la joven en el metro, en la céntrica estación de Châtelet, cree ver a su madre, identificándola con una llamativa mujer cuya vestimenta , muy en concreto su ajado abrigo que ha pasado del amarillo chillón al gris descolorido, la señora da toda la imagen de estar como ausente, ida. La joven, que su madre trató de convertir en artista bajo el nombre de Joyita, sigue a la mujer hasta, la estación final de la línea , Vincennes, allá parece hallarse el barrio en el que vive , lo cual le va a suponer una rememoración de los malos tiempos vividos con sus angustias e inseguridades, en especial cuando fue abandonada en casa de unas amigas de su madre , cuyas vidas no parecían ser de lo más ejemplar. Ahora Joyita es Marine y se dedica a cuidar una niña de la pareja en cuya casa vive. Un París sombrío es el escenario de la búsqueda de la mujer que trata de reconstruir el pasado hurtado; en tal labor – digamos que- detectivesca, unos fortuitos encuentros le van a servir, cuando el abismo se antoja inevitable, de tabla de salvación para evitar la caída y salir para adelante [ dos cosas quisiera señalar: una, que en la vida del escritor hubo algunas amistades , cuando él era joven que le sirvieron para sacarle del agujero: así el escritor Raymond Queneau; la segunda es que no es de extrañar que la asociación francesa de detectives otorgase un premio, creado ad hoc, a Modiano por su perseverante labor investigadora]. Tristeza empieza por “t” como ternura, y cuando la lectura termina…cierto resabio de ambas queda en la mente lectora.

Gonçalo M. Tavares

Decía Marguerite Yourcenar mi patria son los libros, y de manera diferente se refería Quevedo a la literatura como conversación de difuntos, pues bien aunque no lo diga de manera tan explícita al menos en un par de obras, el luso Gonçalo M. Tavares ( Luanda, Angola, 1970) hace bueno lo dicho ya que en su El barrio ( Seix Barral, 2015) nos entregaba una especie de libros de los amigos –nada que ver con el libro de mismo título de Hugo von Hofmannsthal- , ya que en el barrio al que alude el título empiezan a confluir en movimiento centrípeto una serie de luminarias de la escritura ( Valery, Michaux, Brecht, Juarroz, Walser, Calvino, Breton, Kraus, Eliot, y algunos más); también mostró sus filias lectoras en una obra de explícito título no traducida por acá: Biblioteca, en donde campaban por sus respetos algunos autores tan singulares como singulares son sus gustos y es el propio escritor, de quien su compatriota José Saramago decía que « ganará el Premio Nobel en menos de treinta años. Estoy convencido. No tiene derecho a escribir tan bien. Dan ganas de pegarle» …lo del Nobel, no sé, lo de pegarle, a mí la verdad es que lo que me entran son ganas de leerle.

Si en la obra nombrada, la publicada por acá, entregaba unos empáticos retratos de sus admirados escritores, contagiándose hasta de su modo de escribir, y jugando con ellos y sus supuestas conversaciones, diálogos y sueños, en la presente ocasión, « Una niña está perdida en el siglo XX », recién editada por Seix Barral, en un movimiento centrífugo los protagonistas viajan a ninguna parte, aunque esta se llame Berlín. Hanna es una chiquilla que está perdida y afectada de trisomía 121 , Marius un hombre que huye de un ignoto pasado, para los lectores, se la encuentra y accede a un curioso manual de instrucciones que la chiquilla tiene en una caja con fichas que explican diferentes situaciones y el modo en que se ha de responder a ellas: desde cuestiones relacionadas con la orientación urbana, asuntos referidos al trato con los demás, a la expresión de sentimientos, de aceptación o rechazo, además de otras serie de indicaciones de cómo abrir algunos utensilios, etc., etc., etc. La niña busca a su padre, y Marius pregunta en os establecimientos cercanos para ver si alguien puede darle razón de Hanna y de su progenitor…nadie sabe nada. En el movimiento de búsqueda en lo que respecta a la niña y el de huida que es el de su acogedor acompañante no van a faltar los encuentros, encuentros con lugares y seres realmente variopintos. La galería de personajes conduce de sorpresa en sorpresa desde miniaturista capaz de escribir en un milímetro historia y reproducir detallados mapas que solo pueden ser vistos por medio del microscopio o por su ojo con superpoderes, un ser cuyos ojos tienen absolutamente divididas las capacidades y funciones, ya que uno ve solo lo referido a sus labores minúsculas, y el otro es el que le sirve para ver el exterior, un historiador que colecciona vìdeos con carreras de cien metros , un fotógrafo que retrata caballos y humanos en sus diferentes perfiles, un hotel en el que las habitaciones en vez de números se conocen por nombres que son los de los campos de concentración nacionalsocialista, un caballero que explica como hay una serie de judíos encargados por memorizar la historia del siglo XX, un enigmático señor que no se cansa de pegar carteles, labor que también desarrollan sus hermanos en diferentes lugares, con la esperanza de que algún día dichos pasquines rindan sus frutos al calar sus mensajes en las mentes de quienes les observan, un anticuario y su muestrario de curiosos objetos entre los que hay relojes de diferentes marcha, empleados por empresarios: uno el del tiempo cronológico, el otro marca las horas según la marcha de los obreros, …y en la unión de estos, en principio dislocados seres, subyace los retazos de memoria del pasado siglo, con algunos de los hechos, muy en especial los relacionados con los crímenes al por mayor cometidos por la locura racista, expuestos en fintas y guiños, que marcan el extraño tono de las historias y del conjunto que cobra coherencia en la suma de logrados relatos de los casos particulares, y que produce un efecto de espesura oscura.

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