Publicado en: 23 noviembre, 2017

En tierra de nadie

Por Manuel Carmona Curtido

Los años cincuenta y sesenta fueron años de emigración donde muchos andaluces, extremeños, manchegos, en definitiva del sur de España.

Por Manuel Carmona Curtido

Los años cincuenta y sesenta fueron años de emigración donde muchos andaluces, extremeños, manchegos, en definitiva del sur de España, la zona más pobre y deprimida del Estado, hizo las maletas para instalarse en zonas donde obtener un trabajo bien remunerado en zonas como Cataluña, el País Vasco o al incipiente florecimiento del sector turístico en la Islas Canarias. Fuerza de trabajo que fue indispensable para el crecimiento económico de esas áreas.

Esos movimientos migratorios, como casi todos,  generaron el rechazo de la población allí asentada, que no veía con buenos ojos la llegada de inmigrantes a sus pueblos y ciudades, por el “peligro” que conllevaba de abaratamiento de la mano de obra, por otro lado argumento muy recurrente en todas las épocas.

De ahí que nacieran apelativos como “charnego”, “maqueto” o “godo”, todos ellos apelativos despectivos hacia personas que no eran nacidas en Cataluña, País Vasco o Islas Canarias, respectivamente.

Personas que únicamente buscaban mejorar su calidad de vida, aportando a esas nuevas sociedades, lo único que tenían, su fuerza de trabajo, y que además enriquecieron a las sociedades de acogida con su cultura y un modo diferente de ver el mundo. Personas que trasladaron a sus familias y dinamizaron a la economía local gastando e invirtiendo sus ganancias allí, y a pesar de todo poder enviar algo de dinero a su localidad natal para mejorar la vida de los que allí quedaron, esos apelativos dificultaban su integración, y fomentaban la segregación, haciéndolos estar en tierra de nadie, sin poder vincularse a la sociedad de acogida y lejos de su sociedad de origen.

Ni que decir tiene que esos apelativos, difundidos por las mismas personas, cuya única diferencia socioeconómica es haber nacido en otro lugar no sentaban bien en las comunidades de donde partían los emigrantes.

Con el tiempo la comunidad de acogida y la comunidad migrante, compartieron puestos de trabajo, espacios de ocio, etc., pero la enemistad generada entre comunidades permanece aún.

Definitivamente, ambos colectivos tenían algo en común más fuerte que su origen geográfico, y es que ambos pertenecían a las clases populares y tenían que trabajar para sacar a su familia adelante, por lo que no tenían más remedio que llegar a entenderse.

Ni que decir tiene, que oír términos como los nombrados anteriormente no son del agrado de andaluces, manchegos, extremeños… conscientes de su contribución a la riqueza de esas zonas, tan necesitadas de mano de obra.

Todos tenemos derecho a buscar un futuro mejor allá donde se encuentre. No olvidemos que desde que comenzó la crisis, más de seiscientos mil españoles han tenido que buscar trabajo más allá de las fronteras, diseminando la cultura española por todos los rincones de Europa, y nos gustaría que fueran tratados con el mismo respeto que son tratados los ciudadanos de los países que los han acogido.

Estoy seguro que todas las personas que hayan leído esto estarán de acuerdo conmigo, en que el respeto se gana siendo respetuoso, y por lo tanto evitando utilizar términos despectivos hacia un colectivo simplemente por haber nacido en otro lugar.

Recuérdenlo antes llamar a otra persona: negro, moro, sudaca, machupichu, etc. A fin de cuentas solo están recorriendo el mismo camino que recorrieron otros antes que ellos.

Respeto.

Salud.

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