En defensa de las sociedades comunales

Por José Iglesias Fernández

Las alternativas al capitalismo neoliberal: socialismo o comunalismo. En el socialismo, el poder existe y es ejercido por el Estado garante, mientras que en el comunalismo el poder se diluye en la participación popular, entre iguales

Por José Iglesias Fernández  

Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. Blas de Otero / Aguaviva

Desde hace tiempo, son muchas las corrientes de pensamiento, grupos y personas que nos enfrentamos a la cuestión de cómo acabar con el capitalismo, una sociedad que viene de lejos y cuyos resultados infernales para las poblaciones del planeta siempre fue, y es cada día, más pavoroso y alarmante.

Por su parte, el capitalismo está en su apogeo. Su modelo neoliberal, “antes que una ideología o política económica es, de entrada y ante todo, una racionalidad; y que, en consecuencia, tiende a estructurar y a organizar, no sólo la acción de los gobernantes, sino también la conducta de los propios gobernados […] El neoliberalismo es la razón del capitalismo contemporáneo, […] y se puede definir como el conjunto de los discursos, de las prácticas, de los dispositivos que determinan un nuevo modo de gobierno [político, económico y financiero] según el principio universal de la competencia”.1 El neoliberalismo cambia al ser mismo, de manera que todas las personas estamos enfrentadas contra todas, defendiendo la ley de la sobrevivencia de la más fuerte y preparada sobre la más débil e incapacitada, excepto los poderes, que siempre encuentran lugares, espacios e intereses particulares donde ponerse de acuerdo entre ellos.

Las alternativas al capitalismo neoliberal: socialismo o comunalismo

Históricamente, podemos trazar muchas de las respuestas sugeridas, de las alternativas aportadas, unas siguiendo los postulados marcados por el socialismo, y otras respondiendo más en la línea del comunalismo. Actualmente, las alternativas de índole socialista aparecen más modernizadas, sin el lastre de la intervención totalitaria del Estado ni la dirección vertical de una vanguardia orgánica, pero con el Estado como arma de transición y la propiedad pública como garante del acceso a la satisfacción de las necesidades materiales. Y por otro, las de índole comunal, en las cuales el Estado no tiene reconocido ningún papel, las personas son directamente consideradas los sujetos instituyentes, las comunidades se rigen mediante los procesos constituyentes, en unos y otros permanece la abolición de la propiedad privada, se ensalzan los principios de la propiedad en común como referente fundamental, el gobierno horizontal y la ayuda mutua como razón de intercambio de esfuerzos y aportaciones en el acceso a los bienes para cubrir las necesidades. En el socialismo, el poder existe y es ejercido por el Estado garante, mientras que en el comunalismo el poder se diluye en la participación popular, entre iguales. Lo mismo ocurre con la propiedad que, en el socialismo, es estatal o pública, mientras que en el comunalismo pasa a ser ejercida en común, como uso fruto de la colectividad. De hecho, la reivindicación del común (de lo en común y de lo pro común) “ha renacido en las luchas sociales y culturales contra el orden capitalista y el Estado empresarial”.2 Nacido con el albor de la humanidad, el común se postula como la vuelta a la sociedad primigenia, incorporando todos los saberes aprehendidos a lo largo de la historia de la especie humana.

Allá en el punto de llegada, socialismo y comunalismo podrían converger. De hecho, Karl Marx contemplaba el comunismo como sociedad inicial fruto de la culminación del proceso socialista.3 Pero este mismo autor contempló así mismo la sociedad primigenia como alternativa, pues “estaba ya formada por iguales, es la forma revolucionaria de la sociedad, forma que recibirá un nuevo contenido tras la mutación histórica que ha experimentado la humanidad y una vez que haya sido superada la explotación en forma de esclavitud, servidumbre y capitalismo”.4 Es decir, en otro texto, Marx reconoce que las sociedades comunales son “capaces de incorporar los logros positivos del sistema capitalista sin tener que pagarle un duro tributo. La comuna puede […] convertirse en un punto de partida directo del sistema económico hacia el cual tiende la sociedad moderna; puede abrir un nuevo capítulo que no comienza con su propio suicidio”. 5

En la actualidad, los dos caminos permanecen abiertos, en franca competencia: en ambas corrientes, el final del capitalismo se dará cuando socialistas y comuneros “expropiemos a los expropiadores” (Marx dixit). Yo hace tiempo que me incliné por la defensa de las sociedades comunales. Me inclino por la cosa común, rei commune, a expensas de la cosa pública, rei publicae, y contra la cosa privada, rei privata. Veo en el municipalismo el proceso contra el capitalismo, así como propongo las sociedades comunales como alternativas al capitalismo.6 El municipio como suma de barrios y ámbito de muchos colectivos, que deben ser los sujetos instituyentes y construir el poder popular que conduzca el proceso; pero también como espacio donde combatir y disolver el poder del Estado, a la vez que el poder popular planifica y transforma la riqueza en comunal, hoy considerada estatal o pública. La sociedad comunal, que nacerá de la voluntad del poder popular de eliminar los efectos de la propiedad privada; de ejercer la gobernabilidad política, la toma de decisiones entre seres iguales; de compartir los recursos y bienes bajo la motivación de la ayuda mutua: “compartir la felicidad común” que proclamó F. Babeuf.7

En resumen, la sociedad comunal tiene como ventaja sobre el socialismo que es el estadio en el que desaparecen directamente los pilares que sustentan el capitalismo: la propiedad, el mercado, el dinero y el Estado.

José Iglesias Fernández

Barcelona, 6 noviembre del 2015

1 Christian Laval y Pierre Dardot. La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Pág. 15. Gedisa, 2013.

2 Christian Laval y Pierre Dardot. Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI. Pág. 21. Gedisa, 2015.

3 K. Marx y F. Engels. El Manifiesto Comunista. Ediciones Alba, 1987.

4 Lawrence Krader. Los apuntes etnológicos de Karl Marx. Siglo XXI, 1988. En

https://efchagasufc.files.wordpress.com/2012/04/19-los-apuntes-etnologicos-de-karl-marx.pdf

5 Karl Marx. “Primer borrador” en respuesta a la carta de Vera I, Zasulich, 1881. En Theodor Shanin. El Marx tardío y la vía rusa. Editorial Revolución. 1990.

6 Sobre estos dos aspectos, ver los argumentos en José Iglesias Fernández. El municipalismo como proceso contra el capitalismo y La sociedad comunal como alternativa al capitalismo. En http://kaosenlared.net/author/jifernandez/ . Hay versión de ambos artículos en catalán en http://espaifabrica.cat/ .

7 Fraçois Noël Babeuf. El manifiesto de los plebeyos. Realitat, nº 59-60. 1999.

2 Comentarios
  1. “El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones: o se engaña a sí mismo, o trata de engañar a otros”. Stendhal

    Sin Democracia formal o reglada, con separación de Poderes en origen, las ilusiones arcádicas de islitas comunales no resisten el menor montaje parafascista de la tiránica y expoliadora monarquía partidocrática tardofranqui$ta, para ser desbaratadas por las sicarias fuerzas de la reacción…

    Y tú lo sabes perfectamente, Iglesias, pero cualquier estratagema es válida para que los ‘apparátchiki’, vocacionales o a sueldo, os libréis de la oposición antisistema, ¿verdad, espabilado?

    ¿O acaso tratas de que repitamos la experiencia fallida de la Comuna de París, esta vez con el clásico a modo de FARSA?

    https://www.youtube.com/watch?v=gPTq6HQd-S0

  2. Tu si que eres una experiencia fallida, con tus trasnochadas y paranoicas intervenciones, fruto de una mente desnortada, o de un infiltrado que tantea las redes en la búsqueda de activistas sociales.
    En cuanto a lo dicho y escrito por el susodicho José Iglesias, que decir, cuando uno echa un vistazo esperando encontrar un análisis, desde premisas y experiencias del socialismo libertario, y se encuentra un pastiche marxista que hace rechinar los dientes, ya que resulta indecente y ofensivo para la inteligencia de los humanos, que nos presentes a Carlitos Marx y a los comunistas como defensores del comunalismo.
    Esta inequívoca y perseverante manía , mentirosa y demagógica de los marxistas empeñados en negarnos a los libertarios, a los anarquistas o a los anarcosindicalistas, mayor conocimiento teórico y hasta si quieres práctico, dadas las enseñanzas derivadas del comunalismo y la autogestión llevada a cabo por la CNT en España ( convendría que leyeses a Gaston Leval y sus estudios sobre la labor de las comunas libertarias en el Bajo Aragón), no sorprenden ya a nadie. Llegará un día en que todos los marxistas, incluido tú Pepe Iglesias, acabaréis afirmando o diciendo que vosotros en realidad sois anarquistas o libertarios y qué estáis empeñados en llevar a cabo una revolución social liberadora. De risa.
    Menos mal que ha llegado el chatarrero de siempre, el zumbado cañí, alias El dos neuronas, para poner las cosas en su sitio y reivindicar el estado que es lo que os gusta, y mucho, dejando claro que eso de los falansterios o la comuna de París, Hola revolución social que ha de ser libertaria y ecologista o no será, es cosa de los necios, es decir, de nosotros. porque somos nosotros los socialistas libertarios los llamados a realizar una honda transformación social, primero del individuo, para poder realizar la de la sociedad.
    Sois muy cansinos, mu pesaos, pero que mu pesaos los marxistas-narcisistas.
    Fdo. Siempre haciendo amigos.
    Adiós inútil cañí.

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