Publicado en: 24 noviembre, 2017

Elogio de la destrucción

Por CandyColt

Texto sobre cómo se derrumbó el muro que partía Murcia en dos el 3 de octubre de este año.

En nuestro calendario de victorias hay muy pocas fechas señaladas en rojo. O en negro. A veces, el color del lápiz con el que se señala es importante. Puede que ninguna de esas victorias pueda llamarse anarquista. O sí, porque estaban inspiradas en principios y maneras que dan lugar a la esencia misma de la Idea. Recordamos una fiesta en la sala Gamma de Murcia celebrando el fin del Servicio Militar Obligatorio. Hicieron falta cientos de chicos encarcelados para conseguirlo. La Huelga General del 20J de 2002. Primero la negaron, después retiraron el Decretazo que intentaba humillar, aún más, a las trabajadoras y trabajadores. Cientos de personas inmigradas o grupo organizado para defender con la lucha activa sus derechos, según se quiera, consiguieron su regularización, y la 20.000 personas más, tras las docenas de encierros y otras acciones, incluyendo huelgas de hambre, que brotaron por todo el Estado español en 2001. Pudieron, pueden, estar aquí sin sentir miedo. Bueno, tal vez el miedo autóctono lo compartan. No llegar a fin de mes, un contrato basura con un salario de hambre, el futuro de las hijas, que los abrazos sean sinceros, el fraude estatal, la represión y las mil contradicciones diarias. La fiesta que organizamos el 15 de junio de 2012 para celebrar la reapertura de las bibliotecas municipales. Varias Asambleas de Barrio del 15M, el Movimiento de Renovación Pedagógica Antonia Maymón, la CGT, la Intersindical y personas que simplemente no podían tolerar tal barbarie consiguieron acabar con el cierre de las bibliotecas que el Ayuntamiento había perpetrado, dejando bien a las claras su cara analfabeta. Quinientos libros de una misma biblioteca municipal que permanecía abierta, ubicada, casualmente en el centro, fueron secuestrados por el Comando de Acción Bibliotecaria y no fueron puestos en libertad hasta que sus reivindicaciones se atendieron. Muchos de ellos fueron leídos durante su cautiverio.

El 3 de octubre de 2017, en el paso a nivel de Santiago el Mayor, Murcia, de nuevo (las fechas de las que mejor podemos escribir son las que hemos vivido con las compañeras y compañeros; las victorias que nos interesan no pueden ser inndirectas, no vale vivirlas desde el asiento del sofá del salón o tuiteando, mucho menos firmando por tal o cual causa en una de esas páginas pensadas para obtener nuestros datos), hubo una victoria ejemplar. En sentido riguroso no se parece a las enumeradas en el párrafo anterior. No se doblegó al Poder ni se consiguió objetivo alguno. Pero fue una victoria por lo que allí sucedió y por cómo sucedió. Fue “bello como una prisión en llamas”. No se quemó ninguna cárcel, pero sí un muro y disfrutamos de la belleza de las llamas.

Unos días antes, el 30 de septiembre, 50.000 personas se habían manifestado en la ciudad contra el muro y por el soterramiento de las vías que nos parten en dos, dejando al Norte con la mejor situación y al Sur con la peor. Huidrobo escribió que “los cuatro puntos cardinales / son tres / el Norte y el Sur”. Tal vez la gran manifestación contra la Segunda Guerra de Irak fue igual o mayor. Pero aquélla fue una manifestación regional y ésta era una más bien municipal. Ver las fotos de este día es evocador. Cuando has estado en lo que algunos llaman masa o “un grupo de ciento cincuenta radicales perfectamente organizados que actuaban con alevosía”, sabes que ambas cosas son falsas. En esas ocasiones, la comunidad es comunidad y es conjunto de personas libres que quieren estar, sentir y actuar juntas.

Sólo pasaron 72 horas hasta que se empezó a levantar el muro. Los vecinos y vecinas, que llevaban manifestándose desde el 12 de septiembre, 22 días de movilización permanente, reclamando una demanda con 30 años de antigüedad, se dice pronto, increparon a los obreros que estaban levantándolo. La traición de tu misma gente es la que más duele, se sea más o menos consciente de ella. Por supuesto, se vieron enfrentados por la Policía, que a primera hora de la mañana estaba ya defendiendo los intereses del Amo. Hay un largo historial de agresiones y detenciones por parte de los antidisturbios en la lucha por el soterramiento.

Era martes. Y como todos los martes, la Plataforma Prosoterramiento tenía convocada una concentración en las vías, como desde hace años. Pero, en ocasiones, la justa rabia desborda cualquier institución. El ambiente era silencioso y tenso. Cada vez llegaba más gente. La Plataforma decidió desconvocar pero nadie se marchó. Un rumor empezó a circular: A las nueve y diez tomamos las vías. Cara a cara con los antidisturbios había toda una transversalidad, perdón por este desliz al lenguaje consensuado por la Dominación. Hombres de 50 años, quien sabe si votantes del PP (evidentemente, en Murcia gobierna el PP). Chicas de 20 años vestidas de negro, alguna con un pañuelo cubriéndole parte del rostro. No podemos olvidar que nos vemos obligadas a tomar medidas contra la represión. Mujeres cabreadas que no están dispuestas a que les pongan un muro delante de sus narices y nuevos itinerarios de desplazamiento al antojo del Poder.

Lejos de la primera fila pero sin decidirse a irse, se podía ver chiquillos e incluso algún que otro carrito de bebé. Quien va con sus hijas e hijos a la lucha no es un cobarde ni un adoctrinador. Es alguien que sabe que la Revolución la compartiremos con nuestros hijos e hijas o no será.

¡LA POLICÍA, FUERA DE LAS VÍAS! se gritaba.

A las nueve y diez, un tren de cercanías se paró justo en el paso a nivel. Más tarde, la versión que más circulará será que un muchacho del barrio iba subido al tren y tiró del freno de emergencia. Intentamos tomar las vías. De esa noche podemos sacar muchas conclusiones, además de recuerdos que nos impulsarán a nuevas luchas. Una de ellas, de las conclusiones, es que, ni de lejos, estamos preparadas para enfrentarnos a la Policía. Les bastó un leve amago de carga para dispersarnos. Pero volvimos.

Ya nadie intentaba tomar las vías aunque nos manteníamos dispuestas a, al menos, seguir creyendo que las podíamos tomar. No era un empeño casual ni improvisado. Cortar las vías de comunicación daña al Poder. Basta ver el ataque mediático que desplegaron, Ministro de Fomento incluido, desde la mañana siguiente contra la Plataforma y contra quienes allí estuvimos. Toda acción que tenga como objetivo dañar al Poder será, por tanto, imprescindible en una lucha que quiera ser tenida en cuenta.

Al otro lado de las vías ardió un contenedor. Enseguida, otro. A lo lejos, se empezaron a oír golpes y estruendos. La gente se arremolinó. El muro estaba cayendo. Los primeros intentos fueron más bien gestos de ira. Pero, poco a poco, las personas allí reunidas, del Norte o del Sur, por mucho que algunos quisieran a posteriori descifrar el empadronamiento de las allí presentes, fueron organizándose. Como por arte de magia o una espontánea colectivización de las herramientas que hieren, en el grado que sea, al Sistema, aparecieron unas llaves de carraca del número adecuado para desatornillar los soportes verticales del muro. La inteligencia colectiva, el palpitar conjunto, encuentra siempre la solución adecuada. Al mismo tiempo, toda clase de objetos, algunos en llamas, se echaron sobre las vías, incluidos todos los paneles de metacrilato del muro. Se interrumpió el tráfico ferroviario. Adif como escarmiento lo mantuvo cerrado muchos más días de los justificables. La Policía desapareció. Días más tarde, sacaron un comunicado quejándose amargamente de la falta de efectivos. Deberíamos recordar que la Policía sintió miedo ante un grupo de personas decididas a actuar auque supieran a ciencia cierta que nadie les atacaría, todo lo contrario, si cargaban. Sin organizar, que era como estábamos, damos miedo. Organizadas podremos demostrar que no son invencibles.

La Policía se fue y estalló la fiesta. Lo que allí se vivió fue fraterno, feliz, bello, efectivo. Cada cual invocó al Espíritu que quiso. Gamonal, por supuesto, y las veinte muchachas y muchachos que decidieron por su cuenta y riesgo parar las obras y dieron lugar a todo lo que vino a continuación. La Comuna de París, ¿por qué ponerle límites al Espíritu? Personas del otro lado de la vía pasaban botellas de agua a los compañeros y compañeras que estaban derribando el muro. Lo que antes se tiraba en quince minutos, ahora se hacía en cinco. La espontaneidad aprende rapidísimamente a organizarse. Cada vez que algo caía, se oían aplausos, silbidos, gritos alegres. Si alguien intentaba grabar o fotografiar, se le decía que no lo hiciera. Vamos aprendiendo. Lo que no impidió que cuatro muchachos fueran detenidos mucho más tarde por lo que ocurrió esa noche. La Dominación hace lo que haga falta para vengarse. Joderte la vida con una multa puesta al amparo de la Ley Mordaza. Añadir violencia verbal y asqueramente machista a la multa, como pudo comprobar una mujer tras una manifestación. Revisar las redes sociales vinculadas al movimiento en busca de víctimas. Inventarlas, en último término si fuera necesario.

A las pocas horas, el muro había desaparecido. Fourier explicaba que no hay mejor ejemplo de trabajo libre y emancipador que la construcción de barricadas. O el derribo de un muro. A la vista está. Es más que discutible que esa noche hubiera violencia. Al fin y al cabo, un muro derruido ni siente ni padece. Lo que ardió tampoco. Pero, si la hubo, no fue una violencia de agresión y sí de resistencia. A la mañana siguiente, nadie volvió para levantar el muro.

En Murcia, una de las muchas reglas que soportan cualquier Estado ha dejado de funcionar. Los políticos mentían y obedecían intereses contrarios al bien común y la llamada ciudadanía hacía como si no se enterara. De momento, nunca más. En Murcia ya nadie cree al alcalde, al consejero de fomento ni al portavoz de Adif. Es obvio, pero las vías no estarán soterradas hasta que estén soterradas. Los vecinos y vecinas deberán seguir organizadas hasta entonces porque ninguna promesa les vale ya.

En el momento de escribir van ya más de dos meses de movilización permanente. Algunas de las personas que salen a manifestarse cada noche acaban de volver de una jornada de mierda que no le impide estar donde quiere estar. O se ha pasado todo el día atendiendo hijos y casa. De hecho lleva a la niña a cuestas porque ya es tarde y se ha dormido. Algunas van en silla de ruedas o les cuesta andar por culpa de la edad pero hay que llevar los gritos ¡SO-TE-RRA-MIENTO! ¡BALLESTA, EL MURO EN TU PUERTA! ¡QUE NO, QUE NO, QUE NO QUEREMOS MURO! por toda la ciudad. Otras aprovechamos para estar con las amigas a las que tanto queremos. Más de dos meses de movilización permanente. Podría ser lo más parecido a una huelga salvaje que esté a la vista. Para Sorel, la huelga indefinida “entraña una revolución absoluta” y el “desenlace será siempre la catástrofe del enemigo”.

Es difícil saber si se está ganando o perdiendo la batalla, lo que cae por su propio peso es que si no se abandona es más probable ganar. El Poder, además, está revuelto. Es buena señal. Frente a todo pronóstico empírico, los vecinos y vecinas de Murcia, especialmente los de los barrios Sur, siguen oponiéndose al muro y exigiendo algo tan poco pretencioso como soterrar unas vías y que la ciudad vuelva a estar unida. No por humildes dejan de ser justas las luchas.

Cuando los cuatro muchachos que antes se mencionaban se vieron obligados a ir a declarar a la comisaría, una pancarta les daba apoyo. “Hemos sido tod@s”, decía. Y así debe seguir siendo.

 

Colectivo Tong

 

Nota: “Bello como una prisión en llamas” es el título de un libro de Julius Van Daal publicado por Pepitas de Calabaza.

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