El sabelotodo no sabía

Por Jose Luis Merino

A Camilo José Cela le pierden las cartas

Por Jose Luis Merino

Cuando en el mes de mayo de 2016 se cumplieron los cien años del nacimiento del escritor Camilo José Cela, se suscitaron no pocas controversias. Para unos, el que Cela hubiera trabajado en la censura franquista, y se ofreciera para señalar a aquellos adictos a la República durante la guerra civil (una carta suya lo evidencia), no puede restar valor a su singular calidad literaria. Para otros, por muy atesorados que sean sus méritos literarios, nunca podrán atenuar –y mucho menos justificar– su reprobable actitud delatora.

Las cartas le pierden a Don Camilo. Hablo de la carta que me envió en una ocasión. Todo empezó cuando le invitamos al escritor gallego a presentar un libro suyo (Oficio de tinieblas), en la librería donde yo trabajaba. C.J.C. contestó en una carta a mi nombre, donde aducía que no creía que a alguien en Bilbao le interesara cuanto él hacía, “salvo a usted y tres amigos” (subrayó).

Al mes escaso, vino a nuestra ciudad a dar una charla en la Escuela de Idiomas.

Años más tarde, Cela volvió a Bilbao. Daba una conferencia sobre Pío Baroja. Al acabar el acto fuimos a entrevistarle un joven periodista y yo. El escritor se sentó en medio de nosotros dos (teníamos como público a algunos asistentes a la conferencia). El joven le preguntó dónde había nacido y cuándo. Cela le atravesó con la mirada y la siguiente contestación: “Eso lo puede encontrar usted en cualquier manual de Bachiller”. Seguido, le formuló una nueva pregunta. La descarga verbal fue mayor. Ahí acabó la entrevista para el joven.

Llegó mi turno. El diálogo discurrió con normalidad. Contestaba rotundo-seguro-sin titubeos, hasta… ¿Sabe usted cuántas mantas utiliza la Luna en invierno? ¿Quién? La Luna. No tengo ni idea.

Concluido el encuentro, transcribí la cinta en mi casa. Escuché repetidas veces aquel pasaje de perpleja ignorancia del sabelotodo. Me reía con todas las ganas, y la risa me producía un placentero sentimiento de solidaridad con el colega, al que Cela había tratado con intempestiva desconsideración. Mi solidaridad no conoce límites mayores. Lo único que lamento es no haberle sugerido que el número de mantas usado por la Luna podía encontrarse también en cualquier manual de Bachiller.

[Vuelve de nuevo a recordarnos Elías Canetti: “Si conociéramos a muchos escritores, leeríamos menos]

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