El negocio de la manipulación periodística en España

Por Luis Villadiego

Cómo los medios tradicionales ganan dinero mintiendo y dividiendo a la sociedad.

Luis Villadiego

David Alandete, quien a los 40 años es ya el subdirector del principal medio escrito de España, el diario EL PAÍS, se jacta en Twitter de hacer periodismo y no acepta críticas de compañeras de profesión como la veterana periodista Rosa María Artal. Alandete considera periodismo a titulares escritos por su periódico como “9 trucos para calentar la casa sin encender la calefacción”, “Todo lo que he aprendido comiendo de la basura” o “Friganismo: la última dieta hipster es coger comida de la basura”, todos publicados por EL PÁIS, el periódico global.

Alandete es un claro ejemplo de la nueva hornada de periodistas de este país, que ahora ocupan puestos de dirección en la prensa tradicional y ven a los medios digitales como el nuestro a un enemigo. Se licenció en Comunicación Audiovisual en el año 2000 por la Universidad de Valencia y obtuvo un máster en Periodismo por la Escuela de Periodismo de EL PAÍS.

Nada más acabar este máster comenzó su carrera profesional, la cual ha estado siempre vinculada al Grupo PRISA. Tras trabajar como becario en la Cadena SER pasó a trabajar como reportero y presentador en Localia TV Madrid, una red de cadenas de televisión local perteneciente al Grupo PRISA y que cerró sus emisiones en el año 2008.

Tras su etapa en Localia TV, Alandete comenzó a trabajar para el diario EL PAÍS, también del Grupo PRISA en 2007. Durante sus primeros años en el periódico, estuvo seis años como corresponsal en la capital de Estados Unidos, donde cubrió las campañas presidenciales republicanas de 2008 y 2012.

En 2013, mientras su amigo Antonio Caño ponía en marcha la edición para Latinoamérica del diario, Alandete fue enviado como corresponsal del diario en Jerusalén. Durante esta etapa de su carrera profesional su nombre empezó a destacar en la redacción central del periódico. Los compañeros de la redacción echaban en falta en sus crónicas la opinión de los palestinos y generalmente tenían que añadirla ellos mismos en Madrid utilizando teletipos de agencias.

En 2014 el Grupo PRISA nombró a Antonio Caño como nuevo director del diario EL PAÍS y este a su vez nombró a su amigo David Alandete como su número dos.

Esta decisión no gustó a la plantilla del periódico que consideraban a Alandete “una persona inexperta que apenas ha pisado una redacción”. “Es muy joven, está en la treintena, y nada más hacer el Máster de El País se fue ya de corresponsal a Washington donde coincidió con el nuevo director, Caño”, explicaron en su día redactores de peso del periódico a ECD.

Su inexperiencia le jugó una mala pasada pocos meses después de llegar al puesto de director adjunto. El 11 de octubre de 2014, la edición digital de EL PAÍS publicó una foto de Teresa Romero, la enfermera infectada por ébola, en su habitación del hospital.

Otro ejemplo de “jovencito confuso” que llega a altos puestos de dirección de un periódico es Jorge Bustos, director de opinión del diario El Mundo. Este sujeto afirmó en una ocasión que prefería a un gobernante corrupto que a un comunista en el poderEste periodista mantiene vínculos con las altas esferas del Estadohasta el punto de tomar un vuelo fletado por el Ministerio de Defensa.

Los medios tradicionales se han visto duramente afectados en los últimos años por la crisis y un cambio en la manera en la que ahora se informa la sociedad. Esto hace que medios como EL PÁIS mantengan un modelo productivo anticuado, el de la prensa en papel, con unos costes muy elevados al mismo tiempo que aparecen nuevos medios sin una estructura que les ahogue y les acabe mandando en manos de la banca y empresas del IBEX, como en el caso del grupo PRISA.

Los medios tradicionales han formado una especie de “cartel de la verdad” y han inventado un término, el de “Fake News”, para referirse a todo lo que no salga de los medios tradicionales. Así medios como el de Alandete se permiten el lujo de publicar un artículo acusando a medios independientes como Digital Sevilla de manipular y difundir bulos, metiéndonos en el mismo saco que a medios muy extremos como La Tribuna de Cartagena, que publicó fotos y datos personales de la víctima de la violación de La Manada.

Sin embargo, EL PAÍS no aporta ningún artículo en concreto en el que hayamos contado algo que no sea cierto, y tan solo pone en duda la manera con la que nos financiamos, que es en parte la misma con la que se financian ellos (publicidad ofrecida por Google y Facebook).

Mientras tanto, EL PAÍS ha sido acusado en numerosas ocasiones de publicar información sesgada o directamente falsa. En uno de los casos más recientes, EL PAÍS fue condenado a publicar una rectificación tras publicar un artículo sobre la televisión autonómica catalana TV3.

El Juzgado de Primera Instancia número 20 de Barcelona condenó al diario EL PAÍS a publicar una rectificación por un artículo crítico sobre la cadena autonómica que denunció que “perjudicaba su imagen”.

El director de TV3 Vicent Sanchis exigió una rectificación al diario mediante una carta a Antonio Caño, que ignoró esta reclamación. Ahora un juzgado da la razón a la cadena. El artículo fue publicado el pasado 12 de noviembre de 2017 bajo el titular “Una semana en la burbuja de TV3”.

Quizás EL PAÍS, como medio perteneciente al GRUPO PRISA, ve peligrar millones de euros de publicidad institucional de determinados Gobiernos, como el de Susana Díaz, que da mucha pasta a la Cadena SER y a otros ‘clásicos’.

O más peligroso aún, que sea directamente un lacayo de la banca internacional y la geopolítica de la OTAN y que todo aquel que se haga eco de noticias sobre Rusia, Siria, Libia o Israel que no sean las que ellos quieren que se lean, hay que eliminarlo.

 

El negocio de la manipulación periodística en España

 

 

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