El humor como arma revolucionaria

Por Manuel Carmona Curtido

“La risa infernal desencadenada por medios literarios es otra manera de protestar contra las condiciones sociales que vivimos”.

Por Manuel Carmona Curtido

En el año 2000 el escritor alemán Gunter Grass y el sociólogo francés Pierre Bourdieau mantuvieron una polémica en la que Grass echaba en falta el uso del humor en el estudio sociológico que había coordinado el francés titulado La miseria del mundo. Bourdieu defendía la tesis de que no puede haber humor en la tragedia, después de varias argumentaciones de ambos el escritor alemán terminó sentenciando “La risa infernal desencadenada por medios literarios es otra manera de protestar contra las condiciones sociales que vivimos”.

Esta sentencia del premio nobel de literatura Gunter Grass, viene a colación de la polémica suscitada a raíz de los chistes sobre el atentado llevado a cabo por ETA que acabó con la vida del entonces presidente del Estado Carrero Blanco, mano derecha del Francisco Franco, dictador que dirigió el destino de España durante cuarenta años y que de no haber sido así, posiblemente la democracia hubiera tardado más en llegar a nuestro país, según la mayoría de los analistas políticos e historiadores.

Hace unos años hubiera sido impensable que unos chistes, hubieran acabado con el chistoso/a en el banquillo de los acusados y mucho más inaudito que hubiera terminado con una condena a sus espaldas, pero en la actualidad esta situación parece de lo más normal.

Lejos de acabar con la situación, la condena a Cassandra, que así se llama la joven estudiante de historia que se le ocurrió hacer los chistes, los chistes del finado fascista se han multiplicado, incluso desde el perfil twitter de Alberto Garzón, coordinador federal de Izquierda Unida, el jueves 30 de marzo advertía “En @iunida nos sabemos unos cuantos chistes de sobre el fascista de Carrero, y los vamos a poner”, para acto seguido publicar una retahíla de chistes de Carrero, y haciéndose eco del reto miles de personas en todo el Estado desafiando a la Audiencia Nacional. Incluso un vecino de Valladolid se autoinculpa en comisaría por enaltecimiento del terrorismo en solidaridad con Cassandra.

La situación social actual, con unos índices de desempleo enormes, con un aumento de la pobreza en todo el país, y una Ley Mordaza ejerciendo una actividad represiva desconocida en cuarenta años de “democracia”, han hecho que la población, harta de aguantar, utilice el humor como método de protesta, haciendo efectiva la frase de Gunter Grass con la que he iniciado este artículo.

Parece inconcebible que se pueda juzgar a nadie por enaltecimiento del terrorismo por hacer un chiste. Existen millones de chistes con temáticas: racistas, machistas, xenófobos… y no he oído nunca que juzguen a alguien por apología de la violencia de género por hacer un chiste machista, que por cierto existen millones.

El problema es que cuando pones todo tu interés en reprimir a tu población pierdes hasta el sentido del humor, y la audiencia nacional ha convertido algo anecdótico en un foco de protesta del que aún no hemos salido, haciendo que el almirante haya tenido una carrera meteórica, llevándolo a las alturas de la fama para una generación que no sabía quién era, sin parar de subir, convirtiéndolo en Trending Topic, se podría decir que lo han lanzado al estrellato.

Podríamos decir que Cassandra se ha convertido en la Rosa Park española iniciando una campaña, a su pesar, a favor de la libertad de expresión y la utilización del humor como método de protesta.

La Audiencia Nacional ha olvidado que poniendo el foco de atención en algo lo han multiplicado y han provocado reacciones que habrían pasado desapercibidas en la inmensidad de la red.

Aunque las cosas no tengan gracia, es bueno reírnos de ellas, y quizás alguna vez las revoluciones se hagan contando chistes, matando a los enemigos de risa.

Salud.

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