Publicado en: 31 diciembre, 2016

El discurso de Rajoy como proyecto de régimen: restaurar el orden político, normalizar la excepcionalidad social

Por Beto Vazquez, Luís Juberías, Pedro Antonio Honrubia Hurtado y Laura Arroyo

El discurso que Rajoy dio este pasado viernes 30 de Diciembre no era un discurso triunfalista, ni la descripción de ningún “país de las maravillas” que solo el gobierno alcanza a ver, tal y como han recogido algunas críticas. No. Ni mucho menos. El discurso que Rajoy ofreció a la ciudadanía este viernes era un […]

El discurso que Rajoy dio este pasado viernes 30 de Diciembre no era un discurso triunfalista, ni la descripción de ningún “país de las maravillas” que solo el gobierno alcanza a ver, tal y como han recogido algunas críticas. No. Ni mucho menos. El discurso que Rajoy ofreció a la ciudadanía este viernes era un discurso muy real. Tan real como que estaba principalmente dirigido al objetivo discursivo de “construir realidad”; dirigido a trazar un proyecto de futuro que debe ser vivido por todos y todas como una realidad incuestionable para los próximos años. Una realidad según la cual hemos pasado de un periodo de excepción a un periodo de normalidad.

Rajoy no nos habló de la realidad tal y como a él le gustaría que fuera, no, sino de la realidad tal y como debe ser de ahora en adelante para el global de la ciudadanía. Nos habló de la existencia un nuevo periodo político y social en el cual la Triple Alianza es capaz de gestionar el estado de manera eficiente, garantizando la normalidad y la estabilidad democrática, y en el cual también, como derivado de ello, las consecuencias de las políticas de recortes sociales y de limitación de derechos laborales y civiles sufridas por el pueblo durante estos últimos seis años, considerados en principio como excepcionalidad, deben ser solidificadas y normalizadas.

Rajoy no hablaba en pasado ni en presente, no, hablaba en futuro. No estaba sacando pecho por su gestión sino avisando de que las consecuencias de la misma son ya invariables y que no queda más remedio que asumir que no existe vuelta atrás. Que todo lo que sus políticas han traído en pérdida de calidad de vida y calidad democrática ha venido para quedarse y que es inútil tratar de intentar revertirlo pues no existe margen alguno para poder hacerlo. Rajoy nos habló de un futuro que hemos de vivir queramos o no y del cual no nos van a dejar escapar.

Un futuro en el que tanto el PP, como Cs, como el PSOE están comprometidos. Un futuro en el que los acuerdos entre los partidos de la Triple Alianza serán el nuevo turnismo –por abstención- de nuestros días y en el cual entre ellos se irán repartiendo el poder para garantizar que nada cambia de aquí en adelante y que todo lo vivido en estos años serán el suelo y los cimientos de tal futuro. Y no era un deseo, no. Era una descripción del proyecto político del régimen en el que tanto Rajoy, como la gestora del PSOE, como Albert Rivera y los suyos, andan embarcados por orden y dictado de “los que mandan”. Un futuro que nació en Mayo de 2010 con Zapatero, que se hizo norma de estado con la reforma del 135 de la C.E., se consolidó con el primer gobierno Rajoy y que ahora se debe solidificar como estado natural de hechos del cual no es posible escapar y sobre el que debemos vivir nos guste o no. Un proyecto restaurador en lo político y de “normalización de la excepcionalidad” en lo social.

Rajoy nos habló de una realidad en la cual los recortes efectuados en sanidad, educación o dependencia deben ser asumidos como irreversibles y sus consecuencias directas asumidas como punto de partida para la medición de cualquier efecto de las políticas por venir. Una realidad donde el ratio profesor-alumno por clase es uno de los mayores de toda la UE, donde las listas de espera se convierten en interminables, donde cientos de miles de dependientes mueren antes de recibir la ayuda reconocida, donde la tasa de reposición docente se desploma a mínimos históricos, donde las urgencias de los hospitales se colapsan cada día y en especial en periodos de vacaciones o festivos, donde se fomenta lo privado como forma de compensar, para quien lo pueda pagar, las carencias de lo público, donde los niños y niñas que estudian en barracones se extienden cuantitativamente por las principales naciones y CCAA del estado, donde se cierran camas de hospitales por la falta de inversión necesaria, donde las empresas privadas que gestionan la dependencia ganan más por las horas “extras” que por los servicios prestados al pago de la administración pública, donde los médicos tienen que atender un número cada vez mayor de pacientes por la falta de profesionales contratados, etc., etc.

Es una realidad donde la precariedad laboral se convierte en norma. Donde los pensionistas actuales irán perdiendo poder adquisitivo año a año y donde los futuros pensionista deberán hacer milagros para tener siquiera derecho a pensión, donde los salarios a la baja serán la mejor arma de negociación para los empresarios y los derechos laborales un residuo cada vez más lejano de un pasado que no volverá, donde los trabajadores cuyo sueldo no les permite salir de la pobreza son santo y seña de los tiempos. Una realidad donde el desempleo se convierte en crónico y no hay esperanza alguna de que pueda bajar del 15% jamás, donde las prestaciones por desempleo pasan a ser casi un privilegio de unos pocos agraciados, donde las prestaciones por cotización se sustituyen por migajas asistenciales de 400 y poco euros en el mejor de los casos y por absolutamente nada en el peor y más extendido de los mismos.

Una realidad donde la pobreza infantil, la gente que vive de la caridad tipo banco de alimentos o similar, o la pobreza energética, son tan propios del paisaje que hemos de ver y asumir como natural como lo es que salga el sol cada mañana. Una realidad en la que la emigración de nuestros jóvenes se debe concebir como una “aventura” que “te abre la mente”, donde nada que garantice una vida digna puede darse ya por seguro de cara a nuestro futuro, donde estudiar no te garantiza un empleo y donde un empleo no te garantiza una vida digna.

Una realidad, en definitiva, donde hemos de asumir que viviremos peor que nuestros padres y que nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Una realidad que han construido sobre el sufrimiento de millones de personas en estos últimos seis años de aplicación de medidas de “shock” y que ahora pretenden “solidificar”, convirtiendo con ello la excepcionalidad legislativa vivida durante estos últimos años en la normalidad por vivir. Una normalización de la excepción que no deja espacio a ninguna alternativa y sobre la que hemos de edificar nuestras vidas.

El discurso de Rajoy este pasado 30 de Diciembre no fue un discurso más de esos que se suelen hacer cada fin de año para valorar el año que muere. No. Ni mucho menos. Fue un discurso histórico en el sentido literal de la palabra. Un discurso con el que pretendió poner fin a una época y dar nacimiento a una época nueva. Un discurso en el que se trazaron los objetivos principales del régimen para los próximos años: consolidar el orden político vía combinación de acuerdos entre la Triple Alianza y sedimentar las consecuencias sociales, civiles y políticas de las políticas de “excepción” aplicadas estos últimos seis años.

Ahora nos toca a nosotros y nosotras dar respuesta cumplida a su proyecto. asumir que seguimos viviendo en un periodo de excepcionalidad y actuar conforme a tal. Ante la “normalización” de la desgracia, de este proceso de sudamericanización social – donde el Estado funciona para un tercio de la población mientras la inmensa mayoría debe buscarse la vida cotidianamente  en la incertidumbre y la total desprotección, en la desesperanza presente y futura -, hay que ser también en nuestra respuesta, como dijo recientemente Carolina Bescansa en un acto de Podemos, “excepcionales”. Hay que seguir construyendo un nuevo bloque político de cambio y rupturista que sea capaz de hacer frente a la excepción que nos quieren imponer como norma. Que no permita la restauración del orden político del turnismo y que no permita que los efectos de las políticas salvajes aplicadas contra el pueblo se conviertan en irreversibles. Que luche por devolver al pueblo lo que era suyo y que estas políticas salvajes le han arrebatado. Que aspire a devolver derechos sociales, civiles y laborales, a garantizar la seguridad en el futuro a las mayorías sociales, que luche contra la cronificación del desempleo y contra el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos.

Un proyecto de futuro que garantice una pensión digna a los ya pensionistas y a las próximas generaciones que deberán serlo, así como una vida digna y con seguridad a los que están por nacer. Que no se conforme con operar en la “normalidad restauradora” sino que aspire a cambiar la realidad para dar luz a un nuevo proyecto de estado que verdaderamente no deje a nadie atrás. Ser oposición a todo un régimen y su proyecto restaurador-normalizador y no solo a un gobierno concreto. Pues la batalla principal de nuestros días, como bien señala Manolo Monereo desde hace tiempo, no es otra que esa: que se restaure la “normalidad de régimen” y con ello perpetuar la existencia de un Estado puesto al servicio de los poderosos y sus intereses, al servicio de unos pocos privilegiados, o abrir un proceso constituyente que permita la aparición de un nuevo modelo de estado pensado para garantizar el futuro de los de abajo y defender los intereses políticos, sociales, civiles y económicos de los “muchos”, de las grandes mayorías sociales. En definitiva, como dijera alguien no hace tanto, estamos en ese momento donde debemos resolver entre todos si ir “hacia adelante” o “ir hacia atrás”. Sin desempate.

Respondamos pues al discurso de Rajoy con política. Que sepan que no le vamos a dejar que sus planes salgan bien. Sigamos siendo su peor pesadilla. Ante su “normalidad en la excepción”, nuestro “acabar con la excepcionalidad política y social como norma para construir un futuro mejor para todos y todas”. En Vistalegre 2 tenemos una buena oportunidad para debatirlo, concretarlo y trazar las líneas generales que nos permitan HACERLO. Ese debe ser nuestro debate fundamental allí y nada más. Unidos Podemos.

*Beto Vazquez, Luís Juberías, Pedro Antonio Honrubia Hurtado y Laura Arroyo. Analistas políticos y militantes de Podemos

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