Publicado en: 18 diciembre, 2017

Desespero y desolación kafkianos

Por Jose Luis Merino

Preguntas imaginarias para respuestas auténticas de Franz Kafka

Por Jose Luis Merino

Las palabras de Franz Kafka, impostadas en forma de respuestas, son auténticas, hasta las comas y los puntos suspensivos. Mis preguntas se han acomodado al decir del escritor praguense.

 

¿Cómo definiría su escritura?

Mis historias son una especie de cerrar los ojos. Yo me he visto siempre como un escritor tirado en el suelo, y que busca por allí algo con qué escribir. El modo de escapar de la existencia humana es a través de la fantasía.

¿Quiere decirse que su obra es un constante sueño?

El sueño deja al descubierto la realidad, tras la cual permanece la imaginación. Esto es lo terrible de la vida, lo conmovedor del arte.

¿De qué modo valoraba aquello que escribía?

Jamás valoro lo que escribo, porque de ese modo haría inalcanzable lo que quiero escribir…

¿Podríamos decir que se pasó la vida en un permanente intento escritural?

Mi vida consistía en intentos de escribir, por lo general malogrados.

¡¿Cómo puede decir eso quien figura entre los mejores escritores del siglo XX?!

No me preocupo por los juicios de los demás. Sólo sé que soy el hombre más delgado que conozco. Si mis escritos no valen nada, es seguro que yo mismo no valgo nada en absoluto.

¿Por qué eligió aquella manera tan solitaria de escribir? ¿Qué fuerzas extrañas tiraban de usted durante la noche y le impulsaban a escribir como si fuera un fantasma inhumano?

Para poder escribir tenía necesidad de aislamiento; pero no como un ermitaño, cosa que no sería suficiente, sino como un muerto.

No entiendo.

Continuamente busco comunicar algo no comunicable, explicar algo inexplicable, hablar de algo que tengo en los huesos y que sólo puede ser vivido en esos huesos…

¿Eso lleva a pensar que usted fue el hombre menos feliz del universo?

¿Hay alguien que sepa por sí mismo, cuál es su verdadera situación?

Lo que parece indicar, pese a sus sufrimientos, que no sentía deseos de escapar de aquella compulsión interior que lo roía.

Sólo diré que un empantanado interior corre por sobre nosotros, y por allí pasan unas palabras que se nos escapan. Jamás conseguiremos llevarlas al papel. Esas palabras sólo están en el pensamiento. Cuando en alguna ocasión conseguimos aproximarnos a esas palabras, lo hacemos por casualidad, porque hemos tropezado con ellas sin darnos cuenta e incluso hemos sido arrastrados por ellas.

¿Encontró en alguna ocasión momentos de felicidad?

Sólo es posible alegrarse del mundo justamente cuando se huye de él.

¿Es que lo bueno y lo malo son lo mismo para usted?

Lo bueno es en cierto sentido desesperante.

¿Tal vez existe alguna escala de valores por donde alguien puede subir a la cúspide mediante el hecho estético?

No sé qué dirán otros. Sé que escribo diferente de lo que hablo, hablo diferente de lo que pienso, pienso diferente de lo que debería pensar, y así sucesivamente hasta la más profunda oscuridad.

¿Qué nos queda por decir? ¿Qué por hacer?

Dejar caer sobre el pecho la cabeza llena de asco y de odio.

Pero, ¿cómo no creer o pensar en alguna posibilidad esperanzada?

En teoría hay una posibilidad de felicidad.

¿Cuál es?

No merece la pena reseñarla.

Se lo ruego.

Creer en lo indestructible que hay en uno y no empeñarse por conseguirlo.

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