[desde la valla de Melilla] 11,5 kilómetros de injusticia

Por Laura Arau

Aparte de estos obstáculos físicos, España se ha dotado de las últimas tecnologías para blindar, aún más, el territorio: una alarma que salta cuando alguien toca la parte de la valla que da a Marruecos, cámaras móviles situadas cada 20-25 metros de distancia y que se orientan automáticamente con un detector de movimiento cuando alguien se mueve cerca de la valla donde, además, se disparan unas sirenas y unas luces para señalar el punto.

42 personas originarias de Guinea Conakry y Mali saltaron ayer la valla de Melilla. Desde el 26 de junio no lo había conseguido nadie. Estas formaban parte de las 1.800 personas que se estima que hay viviendo en los 15 campamentos que hay repartidos por varias montañas alrededor de Nador (Marruecos). La mayoría intentan llegar a España con patera. Otros -los que no disponen de dinero para pagar a las mafias- esperan en el monte Gurugú a la espera del mejor momento para saltar la valla.

La ciudad de Melilla está rodea por una valla que la blinda completamente de Marruecos. Hace 11,5 kilómetros de largo, tiene entre 6 y 7 metros de altura y, según el tramo, está compuesta por 2 o 3 líneas de valla. La que toca al lado marroquí es la más alta y tiene una inclinación de 15 grados para dificultar su escalada, además de una malla antiagarre. A esta enorme estructura de acero se le suman dos barreras más: un entramado de cables de 3 metros de altura y una última valla de 6 metros llena de alambre, cuchillas y mallas.

Aparte de estos obstáculos físicos, España se ha dotado de las últimas tecnologías para blindar, aún más, el territorio: una alarma que salta cuando alguien toca la parte de la valla que da a Marruecos, cámaras móviles situadas cada 20-25 metros de distancia y que se orientan automáticamente con un detector de movimiento cuando alguien se mueve cerca de la valla donde, además, se disparan unas sirenas y unas luces para señalar el punto. Entre las vallas también se ven unos tubos preparados para dispersar gas pimienta. Pero eso no es todo. Aquellas personas que consiguen saltar la valla se encuentran con helicópteros, torres de vigilancia y patrullas del GRS, especializadas en el control de masas.

Algunas voces dicen que hay personas que han llegado a saltar la valla en 1 minuto. Antes, habrán tenido que saltar, también, los obstáculos que el Estado español ha pactado con Marruecos: una doble alambrada de espino, un foso de 2 metros de profundidad por 4 de ancho y una pista de seguridad llena de agentes de las fuerzas auxiliares marroquíes.

Ayer 42 valientes personas lo consiguieron. Han saltado los impedimentos que el Estado español, con la complicidad de Marruecos, impone. Han saltado las barreras con ganchos de hierro en las manos, pies calzados con zapatos preparadas con clavos y, sobre todo, coraje. Ahora les queda saltar una última barrera, invisible: la mirada occidental que los sitúa en el escalón social más bajo de la Europa ‘civilizada. ¿Seremos capaces de derrumbar, juntas, esta última barrera?

#diesdefronterasud

(Texto: Laura Arau / Fotos: Anna Gas i Laura Arau)

Exibindo ceti1.jpg

Escribe un comentario

XHTML: Puedes usar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

COLABORA CON KAOS