Defensa popular del 1-O y la República (cast/cat)

Por La Directa

Los Comités de Defensa del Referéndum —o de la República— ponen sobre la mesa el potencial organizativo y combativo de los movimientos populares y asamblearios. Descubrimos las experiencias del Berguedà, Cerdanyola del Vallès, Sabadell y el Baix Montseny.

Los Comités de Defensa del Referéndum —o de la República— ponen sobre la mesa el potencial organizativo y combativo de los movimientos populares y asamblearios. Descubrimos las experiencias del Berguedà, Cerdanyola del Vallès, Sabadell y el Bajo Montseny

Evitando apropiaciones indebidas y diferenciando los contextos sociales y políticos que han atravesado y atraviesan la historia catalana, el reciente surgimiento de los Comités en Defensa del Referéndum (CDR) puede encontrar un espejo en un antecedente histórico y geográfico. Hablamos de los comités revolucionarios de barrio, surgidos en respuesta al golpe de estado fascista-militar del año 1936, como una extensión de los ya existentes grupos de afinidad y los comités de defensa de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). A pesar de reconocer leves paralelismos, Marc Dalmau, cooperativista y librero del barrio de Sants de Barcelona, insiste en las diferencias entre ambos momentos históricos: “La principal se encuentra en la dimensión material. En aquel momento estaba en juego la supervivencia, se venía de años muy duros de la dictadura de Primo de Rivera y la gente ya tenía experiencia organizativa y de redes de apoyo mutuo”. Una experiencia que principalmente provenía de los grupos de acción organizados ante el pistolerismo patronal (1917-1923) y reformulados como grupos de afinidad y cuadros de (auto)defensa, según recoge el historiador Agustí Guillamón en su libro Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938).

Los comités anarquistas de entonces operaban, en un primer momento, de manera clandestina, a menudo conformados por pelotones de pocas personas bastante experimentadas que se organizaban ante las numerosas amenazas y enemigos —policías, sacerdotes, fascistas y políticos burgueses— de la potente CNT de entonces (20.000 militantes sólo en Barcelona). Se trataba de brazos armados del sindicato, financiados por cuotas de sus militantes, que tenían el doble objetivo de representar el poder obrero armado y de proveer a la población de suministros mediante comedores populares, mercados y manteniendo escuelas, hospitales y ateneos.

Según la compilación de Guillamón, el detallismo y la precisión con que estaban configurados los comités a escala regional-nacional y gremial-sectorial les permitió hacer frente e incluso batir, en julio de 1936, “el armatoste militar y policial del Estado” que se levantó en Cataluña. Dalmau añade que, a pesar de que todavía en fase embrionaria, el centenar de CDR actuales —diecinueve de los cuales en barrios de Barcelona— “en cierto modo también han hecho cristalizar unas redes de autoorganización que ya existían previamente”. El librero concluye apuntando que “el conflicto actual no está tan escalado como entonces”, a pesar de que añade que el momento determinante será aquel en que se atraviese la barrera de lo que es simbólico y de lo que es material: “El conflicto por la soberanía corre el riesgo de caer en la espectacularidad y de acabar siendo tan sólo un producto mediático que defienda símbolos vacíos y posturas identitarias”. Por eso, “los CDR son de las pocas oportunidades que nos quedan para desbordar el régimen y el marco hegemónico neoliberal planteado”, concluye.

Cada municipio, un modelo de defensa

La tarde del martes 26 de septiembre, casi una semana después de que la Guardia Civil ocupara las oficinas del Departamento de Economía de la Generalitat y probara de entrar por la fuerza en la sede de la CUP, las vecinas de muchos pueblos de todo Cataluña bajaron a las plazas de sus municipios para organizarse en asamblea y decidir juntas como tejer una estrategia conjunta para defender las urnas el 1 de octubre, y a la vez hacer frente a la posible represión de los cuerpos policiales. Era el nacimiento y la extensión de los CDR fuera de las grandes capitales y ciudades del país. Arantzazu Sans, vecina de Sant Antoni de Vilamajor, nos explica que “después de lo que pasó el día 20 de septiembre muchas vecinas pensamos que nos teníamos que organizar” y considera “increíble” la reacción de este pequeño y tranquilo pueblo del Baix Montseny. El comité de su municipio se reunió con otras vecinas del pueblo de de al lado, Sant Pere de Vilamajor, para “sumar fuerzas y llegar a más lugares”, y en la segunda asamblea —dos días después— ya eran 80 personas organizadas “para defender las urnas”.

Cuarenta kilómetros más al sur, en el municipio de Cerdanyola del Vallès, los hechos se repetían el martes 26 de septiembre, cuando una treintena de ciudadanas se reunieron de manera totalmente espontánea en una sala del ateneo municipal para coordinar la actuación popular de cara tanto al referéndum de autodeterminación como a la huelga general planteada para el 3 de octubre. Según afirma Ruben Losada, un sindicalista integrado en este CDR del Vallès Occidental, el objetivo es crear un espacio de base “que se organice por si mismo y que pueda ir más allá de los hipotéticos frenos que pudieran surgir de la actual dirección del proceso”. De este primer encuentro sale la propuesta consensuada de convocar una asamblea abierta a todo el pueblo el viernes siguiente para coordinar las acciones de cara al día de la votación. A esta segunda convocatoria asisten cerca de un centenar de personas, que se acaban coordinando a través de grupos de Whatsapp y de Telegram, tanto a escala municipal como de barrio.

En la capital del Berguedà la aparición del CDR fue posterior al 1-O. Durante una asamblea abierta celebrada el 2 de octubre para analizar lo que había pasado en el referéndum se propuso la creación de una coordinadora de CDR del Berguedà con el objetivo de facilitar la organización de futuras acciones y movilizaciones en la comarca. Bernat Esteve, miembro de la coordinadora, explica que “cuando llamamos a la puerta de los pueblos que se habían movilizado para defender las urnas el 1-O nos dimos cuenta de que en Gironella y en Casserres ya se estaban organizando en comités, a diferencia de Berga, donde hasta entonces la protección de las urnas había recaído principalmente en manos de las asociaciones locales, la ANC y Òmnium”. En otros pueblos como Vilada, la Pobla y Guardiola también se han empezado a organizar en esta línea, y ahora ya participan “en la red de información comarcal que hemos creado”, añade Esteve.

En Cerdanyola, Berga y  los dos municipios del Baix Montseny, los comités se encargaron de organizar actividades desde la noche anterior al referéndum, y así defender los colegios electorales. Según Adrià Vilches, miembro del CDR de Sant Antoni de Vilamajor, “además de la gente que participaba en el comité, muchas vecinas del pueblo trajeron comida y bebida durante todo el día a las personas que protegían la escuela. Espontáneamente, se creó una cosa muy guapa aquel día. Se hizo pueblo”, afirma. “Teníamos cubiertos los seis puntos de acceso al pueblo, y nos íbamos comunicando minuto a minuto de lo que iba pasando”, comenta Sans, que explica que “al principio la gente tenía miedo de bloquear carreteras, pero cuando llegaron los avisos de que quizás venía la policía española muchas personas se animaron y trajeron tractores, e incluso un camión, para bloquear los accesos al pueblo y no dejarlos pasar”. Finalmente, la jornada de votación se desarrolló con total normalidad en los dos municipios del Baix Montseny, igual que en Cerdanyola, donde la defensa popular de los puntos de votación hizo posible que más de un 40% del electorado se dirigiera a cualquier colegio o entidad electoral para emitir su voto en libertad.

Un aspecto relevante de lo que pasa en los pueblos es que, como que hay un único punto de votación, “se junta gente muy diferente y se produce un choque de legitimidades entre la manera como se quiere actuar desde el Ayuntamiento y lo que se quiere hacer desde los comités”, explica Vilches, que considera que “mucha gente está acostumbrada que le digan desde arriba qué tiene que hacer y no se siente cómoda participante en la toma de decisiones”. Por eso considera que este movimiento de organización es “realmente transformador”, y que muchas vecinas por primera vez han funcionado de manera asamblearia y autogestionada: “En los CDR queremos trabajar desde la autoorganización: baja a la calle y participa. No queremos esperar que la ANC o el Ayuntamiento nos digan qué tenemos que hacer. Queremos ser responsables de nuestras decisiones como vecinas. Reunirnos en la plaza y entre todas decidir los próximos pasos”.

En Cerdanyola la carencia de un espacio popular previo tan transversal, donde se reunieron visiones políticas y sociales muy diferentes, creó discrepancias entre sus miembros. Según Ester López –militante feminista y miembro del CDR del municipio– muchos miembros del comité señalaron, especialmente con relación a la ANC y Òmnium, que tenían una jerarquía “demasiado vertical” y “poco transparente”. “Este conflicto crea muchas contradicciones dentro del CDR, pero se trata de saber hacerlas encajar y superarlas con éxito”, sentencia.

Autoorganización después del 1-O

La historia de los CDR no acaba con el referéndum, y muestra de esto es que después del 1 de octubre las asambleas de los comités de pueblos y ciudades se coordinaron para efectuar acciones durante la jornada de huelga general convocada por el martes siguiente: miles de cerdañoleses se asociaron con vecinas de Ripollet para cortar la autopista C-58 durante tres cuartos de hora, un día en que Cerdanyola del Vallès vivió una de las manifestaciones más multitudinarias de su historia. Por su parte, Vilches y Sans explican que los miembros del comité del Baix Montseny se sumaron al llamamiento organizada desde el CDR de Cardedeu para cortar la AP-7 la mañana del 3 de octubre, que consiguió parar el tráfico por completo en los dos sentidos de la marcha durante media hora.

“Como que los acontecimientos están siendo tan inmediatos no tenemos tiempos por digerir todo el que está pasando y nos falta un debate profundo para analizar todo lo que está sucediendo”, explica Sans, que nos detalla que desde el CDR están organizando unas jornadas de debate para trabajar la parte emocional después de estos días tan intensos: “Hay muchas personas que después de la violencia y la tensión que están presenciando lo que más necesitan es apoyo psicológico y anímico. Creemos que es importante que desde los comités también se trabaje esto”, afirma. Y como retos futuros, las dos coinciden en señalar que los comités tendrían que saber llegar también a la población migrante del pueblo y a la gente que vota ‘no’: “Ahora queremos iniciar una comisión para intentar acercarnos a estos sectores. Si queremos hacer un nuevo país para todo el mundo, estas personas también formarán parte; por lo tanto, es necesario que trabajemos todas juntas”, concluyen desde el Baix Montseny. Desde el Vallès Occidental, López cierra la conversación: “Más allá de si se declara la independencia o no, se trata de mantener la movilización popular en clave municipal, tejer nuevas maneras de hacer política y seguir construyendo una estructura social de base que permita a los ciudadanos apoderarse tanto de la política como de sus propias vidas”.

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Coordinación y futuro en el encuentro de Sabadell

El 14 de octubre, CDR de todo Cataluña compartieron experiencias y debatieron sobre las potencialidades de establer redes a escala supramunicipal. Helena Vàzquez, portavoz del CDR nacional surgido del encuentro de Sabadell, se muestra satisfecha: “Superamos las expectativas, 91 asambleas y 200 personas. Entendemos que fuimos clave para defender los colegios y para hacer efectivo el derecho de autodeterminación, la gente ahora pide continuar la movilización”, afirma. Múltiples voces expresaron la necesidad de la autonomía de los CDR y de su composición local para que puedan decidir sin injerencias. Se abordó el malestar y la desmotivación generada después del 1 de octubre pero se mantuvo la consigna firme de defender la voluntad popular, hacer frente a la represión y exigir la retirada de las “fuerzas de ocupación”.

“Recuperaremos las calles ante futuros golpes represivos o de la posible suspensión de la autonomía. Tenemos la obligación de repetir movilizaciones masivas y pacíficas, pero firmes”, añade. Entre otras vías, decidieron seguir apostando por movilizaciones que incluyan acampadas indefinidas, manifestaciones e incluso huelgas de hambre rotatorias ante edificios públicos.

A una escala más amplia, se debatieron alternativas económicas y de consumo que puedan bloquear las estrategias del Estado español. Como retos inmediatos, el encuentro remarcó la necesidad de organizar una red de apoyo a poblaciones donde todavía no hay CDR, incluir personas migradas y/o que no vienen de colectivos sociales y trabajar en el proceso constituyente. “El 21 de octubre podremos dar un paso más para garantizar ante el mundo que el pueblo catalán tiene capacidad de respuesta”, concluye. Una de las herramientas que sale del encuentro es un mapa interactivo colgado a la red y que se irá ampliando día a día.

Artículo publicado al número 440 de la ‘Directa’

 


 

Defensa popular de l’1-O i la República

Els Comitès de Defensa del Referèndum —o de la República— posen sobre la taula el potencial organitzatiu i combatiu dels moviments populars i assemblearis. Descobrim les experiències del Berguedà, Cerdanyola del Vallès, Sabadell i el Baix Montseny

Evitant apropiacions indegudes i diferenciant els contextos socials i polítics que han travessat i travessen la història catalana, el recent sorgiment dels Comitès en Defensa del Referèndum (CDR) pot trobar un mirall en un antecedent històric i geogràfic. Parlem dels comitès revolucionaris de barriada, sorgits en resposta al cop d’estat feixista-militar de l’any 1936, com una extensió dels ja existents grups d’afinitat i els comitès de defensa de la Confederació Nacional del Treball (CNT). Tot i reconèixer lleus paral·lelismes, Marc Dalmau, cooperativista i llibreter del barri de Sants de Barcelona, insisteix en les diferències entre ambdós moments històrics: “La principal es troba en la dimensió material. En aquell moment estava en joc la supervivència, es venia d’anys molt durs de la dictadura de Primo de Rivera i la gent ja tenia experiència organitzativa i de xarxes de suport mutu”. Una experiència que principalment provenia dels grups d’acció organitzats davant del pistolerisme patronal (1917-1923) i reformulats com a grups d’afinitat i quadres d’(auto)defensa, segons recull l’historiador Agustí Guillamón en el seu llibre Els Comitès de Defensa de la CNT a Barcelona (1933-1938).

La població de Sant Antoni de Vilamajor l’1-O / Flavio Nottalgiovanni

Els comitès anarquistes de llavors operaven, en un primer moment, de manera clandestina, sovint conformats per escamots de poques persones prou experimentades que s’organitzaven davant les nombroses amenaces i enemics —policies, sacerdots, feixistes i polítics burgesos— de la potent CNT de llavors (20.000 militants només a Barcelona). Es tractava de braços armats del sindicat, finançats per quotes dels seus militants, que tenien el doble objectiu de representar el poder obrer armat i de proveir la població de subministraments mitjançant menjadors populars, mercats i mantenint escoles, hospitals i ateneus.

Segons el recull de Guillamón, el detallisme i la precisió amb què estaven configurats els comitès a escala regional-nacional i gremial-sectorial els va permetre fer front i fins i tot batre, el juliol de 1936, “l’armatoste militar i policial de l’Estat” que es va alçar a Catalunya. Dalmau afegeix que, tot i que encara en fase embrionària, el centenar de CDR actuals —dinou dels quals en barris de Barcelona— “en certa manera també han fet cristal·litzar unes xarxes d’autoorganització que ja existien prèviament”. El llibreter conclou apuntant que “el conflicte actual no està tan escalat com llavors”, tot i que afegeix que el moment determinant serà aquell en què es travessi la barrera del que és simbòlic i del que és material: “El conflicte per la sobirania corre el risc de caure en l’espectacularitat i d’acabar sent tan sols un producte mediàtic que defensi símbols buits i postures identitàries”. Per això, “els CDR són de les poques oportunitats que ens queden per desbordar el règim i el marc hegemònic neoliberal plantejat”, conclou.

Cada municipi, un model de defensa

La tarda del dimarts 26 de setembre, quasi una setmana després que la Guàrdia Civil ocupés les oficines del Departament d’Economia de la Generalitat i provés d’entrar per la força a la seu de la CUP, les veïnes de molts pobles d’arreu de Catalunya van baixar a les places dels seus municipis per organitzar-se en assemblea i decidir juntes com teixir una estratègia conjunta per defensar les urnes l’1 d’octubre, i alhora fer front a la possible repressió dels cossos policials. Era el naixement i l’extensió dels CDR fora de les grans capitals i ciutats del país. Arantzazu Sans, veïna de Sant Antoni de Vilamajor, ens explica que “després del que va passar el dia 20 de setembre moltes veïnes vam pensar que ens havíem d’organitzar” i considera “increïble” la reacció d’aquest petit i tranquil poble del Baix Montseny. El comitè del seu municipi es va aplegar amb altres veïnes del poble del costat, Sant Pere de Vilamajor, per “sumar forces i arribar a més llocs”, i en la segona assemblea —dos dies després— ja eren 80 persones organitzades “per defensar les urnes”.

Els CDR del Baix Montseny tallen l’autopista AP-7 el 3 d’octubre / ARANTZAZU SANS

Quaranta quilòmetres més al sud, al municipi de Cerdanyola del Vallès, els fets es repetien el dimarts 26 de setembre, quan una trentena de ciutadanes es van reunir de manera totalment espontània en una sala de l’ateneu municipal per coordinar l’actuació popular de cara tant al referèndum d’autodeterminació com a la vaga general plantejada per al 3 d’octubre. Segons afirma Ruben Losada, un sindicalista integrat en aquest CDR del Vallès Occidental, l’objectiu és crear un espai de base “que s’organitzi per si mateix i que pugui anar més enllà dels hipotètics frens que poguessin sorgir de l’actual direcció del procés”. D’aquesta primera trobada surt la proposta consensuada de convocar una assemblea oberta a tot el poble el divendres següent per coordinar les accions de cara al dia de la votació. A aquesta segona convocatòria assisteixen prop d’un centenar de persones, que s’acaben coordinant a través de grups de Whatsapp i de Telegram, tant a escala municipal com de barri.

El CDR de Cerdanyola del Vallès va néixer amb una reunió ciutadana del tot espontània

A la capital del Berguedà l’aparició del CDR va ser posterior a l’1-O. Durant una assemblea oberta celebrada el 2 d’octubre per analitzar el que havia passat en el referèndum es va proposar la creació d’una coordinadora de CDR del Berguedà amb l’objectiu de facilitar l’organització de futures accions i mobilitzacions a la comarca. Bernat Esteve, membre de la coordinadora, explica que “quan vam picar la porta dels pobles que s’havien mobilitzat per defensar les urnes l’1-O ens vam adonar que a Gironella i a Casserres ja s’estaven organitzant en comitès, a diferència de Berga, on fins aleshores la protecció de les urnes havia recaigut principalment a mans de les associacions locals, l’ANC i Òmnium”. En altres pobles com Vilada, la Pobla i Guardiola també s’han començat a organitzar en aquesta línia, i ara ja participen “en la xarxa d’informació comarcal que hem creat”, afegeix Esteve.

A Cerdanyola, Berga i als dos municipis del Baix Montseny, els comitès es van encarregar d’organitzar activitats des de la nit anterior al referèndum, i així defensar els col·legis electorals. Segons Adrià Vilches, membre del CDR de Sant Antoni de Vilamajor, “a banda de la gent que participava en el comitè, moltes veïnes del poble van portar menjar i beguda durant tot el dia a les persones que protegien l’escola. Espontàniament, es va crear una cosa molt maca aquell dia. Es va fer poble”, afirma. “Teníem coberts els sis punts d’accés al poble, i ens anàvem comunicant minut a minut del que anava passant”, comenta Sans, que explica que “al principi la gent tenia por de bloquejar carreteres, però quan van arribar els avisos que potser venia la policia espanyola moltes persones es van animar i van portar tractors, i inclús un camió, per bloquejar els accessos al poble i no deixar-los passar”. Finalment, la jornada de votació es va desenvolupar amb total normalitat als dos municipis del Baix Montseny, igual que a Cerdanyola, on la defensa popular dels punts de votació va fer possible que més d’un 40% de l’electorat s’atansés a qualsevol col·legi o entitat electoral per emetre el seu vot en llibertat.

A Berga, després de l’1-O, es van adonar que a Gironella i Casserres ja tenien comitès

Un aspecte rellevant del que passa als pobles és que, com que hi ha un únic punt de votació, “s’ajunta gent molt diferent i es produeix un xoc de legitimitats entre la manera com es vol actuar des de l’Ajuntament i el que es vol fer des dels comitès”, explica Vilches, que considera que “molta gent està acostumada que li diguen des de dalt què ha de fer i no se sent còmoda participant en la presa de decisions”. Per això considera que aquest moviment d’organització és “realment transformador”, i que moltes veïnes per primer cop han funcionat de manera assembleària i autogestionada: “Als CDR volem treballar des de l’autoorganització: baixa al carrer i participa. No volem esperar que l’ANC o l’Ajuntament ens diguin què hem de fer. Volem ser responsables de les nostres decisions com a veïnes. Reunir-nos a la plaça i entre totes decidir els propers passos.”

Plaça de la Vila de Sant Antoni de Vilamajor el 3 d’octubre

A Cerdanyola la manca d’un espai popular previ tan transversal, on es van aplegar visions polítiques i socials molt diferents, va crear discrepàncies entre els seus membres. Segons Ester López –militant feminista i membre del CDR del municipi– molts membres del comitè van assenyalar, especialment amb relació a l’ANC i Òmnium, de tenir una jerarquia “massa vertical” i “poc transparent”. “Aquest conflicte crea moltes contradiccions dins del CDR, però es tracta de saber fer-les encaixar i superar-les amb èxit”, sentencia.

Autoorganització després de l’1-O

La història dels CDR no acaba amb el referèndum, i mostra d’això és que després de l’1 d’octubre les assemblees dels comitès de pobles i ciutats es van coordinar per efectuar accions durant la jornada de vaga general convocada pel dimarts següent: milers de cerdanyolenques es van associar amb veïnes de Ripollet per tallar l’autopista C-58 durant tres quarts d’hora, un dia en què Cerdanyola del Vallès va viure una de les manifestacions més multitudinàries de la seva història. Per la seva banda, Vilches i Sans expliquen que els membres del comitè del Baix Montseny es van sumar a la crida organitzada des del CDR de Cardedeu per tallar l’AP-7 el matí del 3 d’octubre, que va aconseguir aturar el trànsit per complet en els dos sentits de la marxa durant mitja hora.

A Sant Antoni de Vilamajor van bloquejar l’accés al poble amb tractors per poder votar

“Com que els esdeveniments estan sent tan immediats no tenim temps per pair tot el que està passant i ens falta un debat profund per analitzar tot el que està succeint”, explica Sans, que ens detalla que des del CDR estan organitzant unes jornades de debat per treballar la part emocional després d’aquests dies tan intensos: “Hi ha moltes persones que després de la violència i la tensió que estan presenciant el que més necessiten és suport psicològic i anímic. Creiem que és important que des dels comitès també es treballi això”, afirma. I com a reptes futurs, totes dues coincideixen a assenyalar que els comitès haurien de saber arribar també a la població migrant del poble i a la gent que vota ‘no’: “Ara volem iniciar una comissió per intentar apropar-nos a aquests sectors. Si volem fer un nou país per a tothom, aquestes persones també en formaran part; per tant, és necessari que treballem totes juntes”, conclouen des del Baix Montseny. Des del Vallès Occidental, López tanca la conversa: “Més enllà de si es declara la independència o no, es tracta de mantenir la mobilització popular en clau municipal, teixir noves maneres de fer política i seguir construint una estructura social de base que permeti als ciutadans apoderar-se tant de la política com de les seves pròpies vides”.

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Coordinació i futur a la trobada de Sabadell

El 14 d’octubre, CDR de tot Catalunya van compartir experiències i van debatre sobre les potencialitats d’enxarxar-se a escala supramunicipal. Helena Vàzquez, portaveu del CDR nacional sorgit de l’encontre de Sabadell, es mostra satisfeta: “Vam superar les expectatives, 91 assemblees i 200 persones. Entenem que vam ser clau per defensar els col·legis i per fer efectiu el dret d’autodeterminació, la gent ara demana continuar la mobilització”, afirma. Múltiples veus van expressar la necessitat de l’autonomia dels CDR i de la seva composició local perquè puguin decidir sense ingerències. Es va abordar el malestar i la desmotivació generada després de l’1 d’octubre però es va mantenir la consigna ferma de defensar la voluntat popular, fer front a la repressió i exigir la retirada de les “forces d’ocupació”.

“Recuperarem els carrers davant de futurs cops repressius o de la possible suspensió de l’autonomia. Tenim l’obligació de repetir mobilitzacions massives i pacífiques, però fermes”, afegeix. Entre altres vies, van decidir seguir apostant per mobilitzacions que incloguin acampades indefinides, manifestacions i inclús vagues de fam rotatòries davant d’edificis públics.

A una escala més àmplia, es van debatre alternatives econòmiques i de consum que puguin bloquejar les estratègies de l’Estat espanyol. Com a reptes immediats, la trobada va remarcar la necessitat d’organitzar una xarxa de suport a poblacions on encara no hi ha CDR, incloure persones migrades i/o que no venen de col·lectius socials i treballar en el procés constituent. “El 21 d’octubre podrem fer un pas més per garantir davant del món que el poble català té capacitat de resposta”, conclou. Una de les eines que surt de la trobada és un mapa interactiu penjat a la xarxa i que s’anirà ampliant dia a dia.

 

Article publicat al número 440 de la ‘Directa’

 

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