Publicado en: 9 febrero, 2018

CURRICULUM VITAE.

Por Asael

Puedo jurar que un trabajo como el mío es duro en varios sentidos. Siendo un proletario que se dedica a cargar, podrán estigmatizarme o pensar lo que quieran, pero nadie tiene autoridad moral para reprocharme que no trabajo duro, nadie puede señalar que no me gano el pan con el sudor de la frente.

Formación/Dicotomía laboral.

Desde pequeños, mi hermano y yo acompañábamos a mi padre a trabajar, en ese sentido puedo decir que no tuvimos niñez. No me pesa no haberla tenido, pues comprendo que la niñez está reservada para los hijos de las elites criollo-mestizas, pero los que pasamos nuestra infancia de este lado, es decir, los que somos de abajo, sabemos que uno tiene que aportar con lo que pueda, que en este constructo social nada es gratis y que siempre es bueno aprender a hacer algo que pueda poner pan sobre la mesa. Dada esta coyuntura aprendí el oficio de hacer mudanzas.

He tenido que entender mi trabajo a través de un sentido dicotómico; por un lado las condiciones de producción que me oprimen, por otro, la función social por medio de la cual me reconozco como socialmente necesario, y en consecuencia parte del colectivo.

Sé que al salir a trabajar me estoy objetivando ante el mercado como fuerza de trabajo, y que esta dinámica es siempre opresiva, pero a ello tengo que añadir el  peso de tener uno de los trabajos con peor reconocimiento por parte del cuerpo social, y es que el ser cargador en automático me asigna el estigma de ser tonto, incapaz, desaseado, perezoso e incluso susceptible a la caridad. Resumiendo ante los ojos de los demás formo parte de una hez. Este consenso que habita al menos en el inconsciente de la colectividad, me ha llevado a tener que enfrentar una serie de situaciones indeseables que si bien no acepto y no permito que me definan, terminan por hacerme gastar energía, sentir incomodidad, enojo, asco etc. Por ejemplo, al acudir a realizar un servicio a zonas gentrificadas, es común que se pida antes de entrar  registrarse y entregar una identificación oficial, la cual  representa la ciudadanía, y aunque esta para alguien como yo resulta ser muy feble, hay que cambiarla por un gafete que dice “servicio”, es decir, que si la ciudadanía nos da en teoría derechos, es menester renunciar a ellos, pues dentro de la draconiana racialización -estratificación  social a mí me toca servir.  Los privilegiados como mecanismo de autoafirmación, no conciben que un servicio pueda emanar de un igual, para sentirse cómodos y mantener su acervo de privilegios indemne, estos sujetos tienen la imperiosa necesidad de manifestar mediante un ejercicio vertical su poder por pírrico que este sea. En las edificaciones, existe una marcada disyunción arquitectónica enfocada a facilitar una segregación racial que deja al clasismo muy por detrás. Los espacios son clasificados como “de servicio” y “principales”, al contrastar las corporalidades que se encuentran en las áreas de “servicio” con las que se pueden ver en las “principales”, la racialización de la fuerza de trabajo se hace innegable. Me repugna tener que trabajar en estos sitios, la escena es una  grotesca reproducción colonial donde los blancos gozando de lo hermoso de la vida, son atendidos por seres en cuyos cuerpos la melanina se hace evidente.

Por otra parte, al entender el trabajo como una función social, me he comprometido con él, he tratado de cumplir hasta donde las condiciones tanto objetivas como subjetivas que enfrento al realizarlo me lo han permitido.  A través de la experiencia, obtuve el amaño, la técnica y el saber necesario para realizar mi labor a cabalidad. Para ello, aunque a muchos les cueste creer que pueda suceder en un empleo como el mío, tuve que pasar por un proceso epistemológico, en el cual me reconozco como sujeto cognoscente, y subrayo sujeto, pues me niego a ser el objeto social que la hegemonía espera que seamos los  trabajadores manuales.

Experiencia/Las ilusiones son para todos.

La narrativa neoliberal impone en el ethos de la sociedad una impostada meritocracia. Nos asegura que el secreto del éxito es el trabajo duro y el esfuerzo constante. Durante un buen tiempo de mi vida me la pase alienado y confiado en ello. Deseaba ser arquitecto, tener una vida libre de la impotencia económica que me rodeaba, y estar en condiciones de ayudar a mis padres y  hermanos. Como la felicidad es directamente proporcional al consumo, según el condicionamiento (pavloviano) del que somos objeto,  soñaba con ejercer un nivel de consumo tan alto como aquellos paradigmas de éxito que nos ofrece la propaganda liberal, personalidades que enfrentaron con valor la adversidad, y con trabajo duro y constante lograron vencerla para luego ser bendecidas por la “mano invisible”, de la misma manera que jehová bendijo a Israel luego de que este lo enfrento.

Puedo jurar que un trabajo como el mío es duro en varios sentidos. Siendo un proletario que se dedica a cargar, podrán estigmatizarme o pensar lo que quieran, pero nadie tiene autoridad moral para reprocharme que no trabajo duro, nadie puede señalar que no me gano el pan con el sudor de la frente, sin embargo, comprendo que pudiera pasarme 500 años o más trabajando tan duro como hasta ahora y no lograría nada, seguiría siendo el mismo proletario  racializado, periferizado, marginal e inferiorizado carente de respeto y sin  reconocimiento alguno a mi humanidad. El relato neoliberal es insostenible;  si todos fuésemos ricos  ¿quién querría venderse como fuerza de trabajo? la única forma de ser rico (en el sentido aberrante que nos inculca el sistema) es expoliando a otros seres humanos. El modo de producción capitalista, necesita para ser operable que la sociedad este dividida en clases, y que una de estas al encontrarse desheredada se vea obligada a vender lo único que tiene; a saber, su ser. Es decir, que para el capitalismo   es preceptiva la existencia de pobres.

No se necesita estudiar años de economía burguesa ni sociología para darse cuenta que la producción de riqueza en un país como México estriba en manos prietas, a pesar de ello, los que la poseen son los descendientes de Europa.  La agenda chovinista nos anima a buscar amparo en la patria,  pero el arquetipo de ciudadano mexicano parte de la premisa de tomar al mestizo como el fruto superlativo de la colonia; de origen armónico e incruento, el mestizo encarna al progreso mismo. No obstante, los que tenemos memoria histórica e intuimos que nuestra genealogía no concuerda con aquel metarrelato, sabemos que lo indígena no es pasado sino futuro, y que  la negritud es también parte de nuestras raíces. Entendemos que los colonos se ocultaron tras la mitificación del mestizaje para mantener sus privilegios. A  fin de desmovilizar cualquier acción afirmativa, impulsaron el brote de una elite mestiza que sirvió de espejismo para perpetuar la hegemonía blanca.

 

Otros datos/Coste velado del capital variable

El ejemplo casi distópico de laborar por siglos, además de evidenciar la falsedad de la tesis capitalista, muestra que para mala suerte de la burguesía no podemos trabajar por siempre. Al imprimir un trabajo vivo al capital fijo lo valorizamos, pero este valor tiene un costo que no cubre el salario y  que pasa factura de manera directa a nuestros cuerpos en forma de patologías. Podemos afirmar que un alto porcentaje de su enriquecimiento descansa sobre nuestras corporalidades. En mi caso particular, pasarme algunos años de la infancia de manera intermitente y toda mi edad adulta generando plusvalía para unos pequeño-burgueses, me dejo como consecuencia una hernia inguinal derecha (que porto desde hace más de 6 años), un tronido en la rodilla derecha al subir escaleras, algo de dolor al hacer presión en la rodilla izquierda y una disminución bastante considerable de la fuerza en el brazo derecho.

El 18 de diciembre del año pasado acudí al servicio de urgencias por una complicación con la hernia. Antes  tuve que revelarle  a mi familia que la tenía, pues no había querido platicarles por no darles un motivo para preocuparse, también sentí que hablar de ello era aceptar otra carga más en mi vida. Esta tesitura me impide continuar viviendo en negación respecto a las deficiencias de salud que una vida de pobreza, marginación y racialización  me han acarreado. Tengo que señalar aquí, que he bregado contra estas condiciones, así que dentro de todo el dolor, la tristeza, aflicción, angustia, rabia, desazón etc. reconozco que al menos he dado la lucha. He tratado de librarme de los atavíos de la pobreza y me he esforzado quizá de manera exagerada en no representar el papel de oprimido. Producto precisamente de esa batalla diaria son los padecimientos que ahora a la edad de 30 años me aquejan. Sin embargo, para alguien como yo nunca es suficiente, después de todo lo que ha sido mi experiencia de vida, después de todo el desgaste, apenas y me he insertado en un modo de vida que podría catalogar como una economía de subsistencia, donde con dificultad  resuelvo la necesidad alimenticia.

Ahora tengo que lidiar con reconocerme como enfermo, débil e insuficiente, y delegar en “profesionales” el curso de mi vida. Esta situación me remonta a lo que decía Ivan Illich respecto de la pobreza moderna; en mi existencia se conjuga la pérdida del poder sobre las circunstancias con una pérdida de potencia personal. Para dar tratamiento a la hernia, he tenido y tendré que acudir al hospital prácticamente en calidad de mendigo rogando por la atención médica. Es denigrante enfrentarse a la burocracia de la institución, pero en la vida que he llevado, rara vez las opciones a mi alcance han sido deseables.

Objetivo/ Esperanza

La historia y la experiencia nos dicen que la hegemonía nos conduce hacia una crisis civilizatoria. El capital descompone todo lo que toca; nuestros cuerpos, nuestros territorios, nuestra agua, nuestros minerales, etc.  arrasa con todo lo que se le ponga en frente. Para nosotros como seres racializados, residuales, periferizados, marginales y empobrecidos el camino es claro. Formar un nuevo proyecto de humanidad que nos permita arrancar al capitalismo de manera tajante de  nuestras vidas. Podrá sonar utópico, incluso maniqueo, pero para los que no hemos obtenido absolutamente nada y en cambio nos han quitado todo, todo o nada no suena nada mal. Nos hemos formado ante adversidad como seres de lucha, basta que nos demos cuenta de ello para entonces disponer de esperanza, de la única esperanza que podemos tener, aquella que radica en el combate al sistema de muerte que ha regido nuestras vidas hasta ahora.

 

“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada”

EZLN. Fragmento Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

 

 

-->
COLABORA CON KAOS