Publicado en: 10 octubre, 2018

Cuba: Hitos revolucionarios en 150 años (II)

Por Noel Manzanares Blanco

La intervención yanqui impidió nuestra independencia; se impuso el neocolonialismo. La Revolución del 30 pereció, por desunión. Llegó Fidel ¡y los mambises sí entraron a Santiago de Cuba!

Cuba

En la primera versión de este título, signifiqué pasajes de las vidas de Céspede y Agramonte, incluyendo que la pérdida del segundo tuvo que ver con la del primero; que ante el bochornoso Pacto del Zanjón, respondió la Protesta de Baraguá; y que las caídas de Martí y Maceo, condicionaron el después de las luchas mambisas. Ahora, continúo con las maniobras del “Norte revuelto y brutal” causante del cambio de metrópolis, así como con las acciones de rebeldía de nuestro pueblo y su liderazgo que constituyeron un impulso al inicio de las transformaciones para concretar la Independencia y Libertad soñadas por nuestros Héroes y Mártires.

Pienso que el análisis que se realice acerca de Cuba en la postrimería de la Guerra del 95, delata que España carecía de fuerza para impedir alcanzar los objetivos que llevaron a los mambises a luchar durante tres décadas largas (1868 a 1898) cargadas de la herencia de nuestros aborígenes ante la colonización, de nuestros esclavos sublevados, de nuestros criollos defensores del terruño, de los próceres que previamente incentivaron el amor a la Patria. Destaco el no siempre bien tratado/recordado aporte a nuestras luchas emancipadoras del negro José Aponte y la sublevación que él condujo en un momento temprano (1812) a costa de su propia vida.

En este contexto, el emergente imperialismo estadounidense estaba al asecho. Recuérdese que EEUU intentó comprar nuestra Isla a España en varias ocasiones y que apoyaron variables anexionistas y todo lo que fuera contrario al batallar independentista. Basta con rememorar cómo desarticularon la proeza realizada por José Martí en torno al Plan de La Fernandina ─tal vez el ejemplo más elocuente. Apenas agrego que desde 1823 apostaron por la “fruta madura” o sea, que las condiciones fueran propicias para intervenir y apoderarse de Cuba.

Llegó el año 1898. No me detengo en la explosión del acorazado Maine en plena bahía habanera que fue un anillo al dedo para el desenfreno yanqui. Es un hecho que nos “ayudaron” a sacar a España del campo bélico cubano, con el inestimable concurso del General Calixto García al frente de los mambises en los alrededores de Santiago de Cuba. Es imperdonable olvidar cómo después impidieron que nuestras tropas entraran a esa indómita ciudad. Poco debe extrañar, pues, que se aprovecharan de Estrada Palma para desaparecer el Partido Revolucionario Cubano (PRC) fundado por Martí; que licenciaran al Ejército Libertador por unas pocas monedas; que se aprovechan también de nuestras propias divisiones como la protagonizada por Gómez y la Asamblea del Cerro que fungía como nuestro Legislativo. Una vez firmado el Tratado de París el 10 de Diciembre de ese año de espalada a los cubanos, la Mayor de las Antillas pasó de las manos de Madrid a las de Washington.

Hasta 1902 fuimos colonia de EEUU. Gloria para aquellos versos de Bonifacio Byrnes cuando llegó a La Habana y vio flotar dos banderas, “donde basta con una: ¡la mía!” ─escribió. Ciertamente, los gringos no respiraban un ambiente anexionista: tuvieron que dar la apariencia de que “respetaban” nuestras aspiraciones independentistas. Engendraron una Constitución enmendada: se reservaron el “derecho” a intervenir militarmente en Cuba si así lo consideraban. Justo es decir que se levantó lo mejor del pensamiento cubano para denunciar la maniobra de turno. Ahí está “Voto particular contra la Enmienda Platt” del camagüeyano Cisneros Betancourt. Pero resultó indetenible por esos años impedir tratados onerosos como el de ¿reciprocidad? o de la base naval de Guantánamo aún presente contra nuestra voluntad, así como la intervención militar de 1906. Ni hablar de que la Isla de Pino, hoy de la Juventud, la retuvieron hasta 1925, entre otras barbaries Made in USA.

Poco a poco fue creciendo la conciencia popular. Resalta el quehacer de Carlos Baliño, quien estuvo con Martí en la fundación del PRC y no dudó en acompañar a Julio A. Mella en la creación del primer Partido Comunista de Cuba en Agosto de 1925 cuyo eco patriótico fue llegando a los sectores juveniles y obreros, y se extendió a los campesinos. El movimiento revolucionario de esos años fue capaz de derrumbar a la dictadura Gerardo Machado, aunque no pudo conquistar todas las demandas populares. Otra vez la desunión jugó su triste papel. Asesinado Mella en tierras aztecas y sin coordinar sus respectivos esfuerzos combativos Guiteras Holmes y Martínez Villena, y desaparecidos físicamente ambos, hacia 1935 cerraba el capítulo de lo que se conoce en nuestra Historia como la Revolución del 30.

No obstante, paulatinamente tuvo lugar la reconstrucción de las fuerzas de izquierda cuya impronta se hizo sentir en postulados avanzados presentes en la Carta Magna de 1940 con el influjo de Blas Roca, Juan Marinello… Fulgencio Batista “abandonó” su cara represiva y resultó ser presidente de la república neocolonial (1940-44), seguido por dos gobiernos del denominado partido auténtico a través de los cuales no solo imperó la corrupción político-administrativa sino particularmente la represión contra las fuerzas progresistas de obreros, campesinos, estudiantes; al tiempo que los asesinatos estaban a la orden del día. Ahí está el ejemplo de Jesús Menéndez, quien muere a causa de los disparos de un capitán de los militares de turno, precisamente por sus luchas a favor de los proletarios azucareros y pueblo en general.

Entretanto, Fidel Castro fue desarrollando una posición cada vez más revolucionaria como estudiante universitario, como Abogado, como integrante de la Juventud Ortodaxa y simpatizante de su líder Eduardo Chibás. Ya martiano, marxista y leninista, una vez que se hizo prácticamente imposible llevar adelante la lucha en el marco de la democracia representativa justamente porque Batista había dado un golpe de Estado en Marzo de 1952, quien se convirtió en Comandante en Jefe de la Revolución Cubana se situó al frente de un grupo de Hombres y Mujeres pertenecientes a la Generación del Centenario del Apóstol, se dispuso a transformar radicalmente el panorama cubano de entonces y encabezó los Asaltos a los Cuarteles Guillermón Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos M. de Céspedes, de Bayamo, el 26 de Julio de 1953; un suceso que fracasó en lo inmediato pero devino impulso extraordinario a las luchas posteriores.

Después vino La historia me absolverá; la Prisión Fecunda; la reorganización del grupo moncadista al cual se le sumaron otros compañeros de donde salió el Movimiento Revolucionario 26 de Julio; el exilio en México y contacto con el argentino-cubano devenido Guerrillero Heroico ─este 9 de Octubre se conmemora el 51 aniversario de su asesinato a cargo de la CIA en Bolivia; el Granma; el revés de Alegría de Pío y la frase de Juan Almeida: ¡Aquí no se rinde nadie, c…!; el encuentro en Cinco Palmas y una expresión para la Historia al exclamar Fidel: ¡Ahora sí ganamos la guerra!; la Sierra Maestra y la lucha clandestina en las ciudades; la creación de los Frentes Guerrilleros; las Invasiones al Occidente comandadas por Che Guevara y Camilo Cienfuegos; la tiranía aupada por el gobierno de EEUU, destrozada y con seguidores incapaces de frenar la Huelga General del pueblo. Así, quedaron cortadas las posibilidades reales de que la reacción impidiera el Gran Enero de 1959 con el Liderazgo indiscutible de Fidel. ¡Entonces los mambises sí entraron a Santiago de Cuba!

Mas, el triunfo revolucionario no auguraba que en adelante las cosas fueran más fácil: “quizás en lo adelante todo sea más difícil” ─advirtió el propio Fidel ocho días tras la Victoria. Y, en efecto, contra viento y marea hemos tenido que edificar la Cuba que nos hemos dado el grueso de cubanas y cubanos. Una verdadera proeza ha sido edificada en casi seis décadas. A ello me referiré en otro trabajo.

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