Publicado en: 13 marzo, 2018

Cuba. 13 de marzo: La historia del último sobreviviente del automóvil de José Antonio Echeverría

Por Yunier Javier Sifonte Díaz, Cuba Debate

Son más de las tres de la tarde del 13 de marzo de 1957 y desde uno de los estudios de la emisora Radio Reloj una voz estremece al país. Todo comienza con un enérgico “pueblo de Cuba”, y enseguida el anuncio del asalto al Palacio Presidencial por un grupo de jóvenes del Directorio Revolucionario rompe la quietud de la jornada. En […]

Son más de las tres de la tarde del 13 de marzo de 1957 y desde uno de los estudios de la emisora Radio Reloj una voz estremece al país. Todo comienza con un enérgico “pueblo de Cuba”, y enseguida el anuncio del asalto al Palacio Presidencial por un grupo de jóvenes del Directorio Revolucionario rompe la quietud de la jornada. En la cabina de transmisión está José Antonio Echeverría, reclinado sobre la mesa y con unos papeles estrujados en la mano; en la planta baja del edificio lo espera Otto Hernández Fernández, el último sobreviviente entre los que viajaron aquel día en el auto del líder estudiantil.

Con una voz que no parece la de un hombre de más de 80 años, Otto recuerda cómo llegó hasta el Directorio Revolucionario gracias al impulso de Joe Westbrook.

“Yo estudiaba en La Habana y tenía una amistad con él a partir de coincidir en varias reuniones. Luego de hablar algunas veces, en uno de aquellos encuentros él me propuso la idea de sumarme al grupo y yo acepté de inmediato”.

Sin embargo, en 1956 el gobierno cerró la universidad y ante la presión de sus padres Otto no tuvo más remedio que regresar a Santa Clara. No obstante, recuerda cómo le pidió a Westbrook que lo mantuviera al tanto de la situación y le avisara ante cualquier acción importante. La clave para convocarlo sería un telegrama con el texto: “Abuelo grave. Ven pronto. Alberto”. El mensaje no tardó mucho en llegar.

Según cuenta, recibió el aviso y le dijo a su padre que viajaría con unas muchachas para la cercana playa de Caibarién, pero en la noche del 10 de marzo tomó el último ómnibus hasta la capital. El dinero del pasaje lo recaudó entre sus amigos de confianza y ya al día siguiente el joven universitario llegaba a uno de los apartamentos seleccionados para agrupar al pequeño grupo de asaltantes.

“Pasaban los días y nosotros ocultos allí, porque aún no conocíamos cuándo o qué haríamos. Estuvimos todo el tiempo revisando documentos del Directorio y destruyendo los más comprometedores, como un fichero con el nombre de todos sus miembros. Primero los cortábamos en pedazos y luego los descargábamos por el inodoro. Toda una noche estuve en esa operación”.

Alrededor del mediodía del 13 de marzo cada uno de los participantes recibió el armamento y supo con exactitud los detalles de la operación.

“Los asaltantes a Radio Reloj salimos en tres autos. En el nuestro viajaban Carlos Figueredo como chofer, Fructuoso Rodríguez, José Antonio Echeverría, Joe Westbrook y yo. Por plan ese era el único que debía llegar hasta la puerta del edificio de la emisora CMQ. Los otros dos tenían la misión de cerrar la calle en cada esquina para evitar interrupciones”, dice como si aún tuviera poco más de 20 años y estudiara de nuevo el plan.

A más de seis décadas de aquel día todavía recuerda cómo José Antonio, Joe y Fructuoso bajaron del vehículo y “entraron al edificio con una decisión impresionante”. Mientras ellos subían hasta la cabina de transmisión, el chofer se concentró en evitar que el auto se apagara, “y yo salí con la ametralladora para asegurar el regreso sin contratiempos”.

“Como a los cinco minutos veo que el portero empieza a cerrar una puerta grande de cristal. Mientras Figueredo dispara dos veces desde su asiento, salgo hacia la entrada de CMQ, encañono al guardia y le digo “no cierres, porque si lo haces la voy a abrir a balazos. Aquel hombre se quedó paralizado, pero no siguió. Justo un momento después bajan José Antonio y los demás. Les habían cortado la transmisión y no terminaron de leer el mensaje”.

De acuerdo al asaltante, antes de subir otra vez al auto Echeverría se detuvo frente a un sargento de policía que llegó hasta el lugar, le habló unas palabras y le quitó el revolver. Para Otto, ese gesto demuestra el valor del presidente de la FEU y habla de su fortaleza moral.

“Realmente no sé qué le pudo comentar al oficial, solo no olvido sus gestos, la firmeza del rostro y la rapidez con que regresó al carro luego de desarmar al guardia”.

A partir de ahí cada uno de los tres autos tomó un rumbo diferente para llegar a la universidad y reagruparse. Con varios disparos al aire “cuando se podía, gritos de vivas a la Revolución y a la FEU, y otros de abajo Batista y la tiranía”, el pequeño grupo sorteó tranques de calles y el tráfico hasta acercarse al punto acordado. Sin embargo, casi al llegar a la colina el auto de José Antonio se topó con una patrulla que transitaba por la senda contraria.

“Cuando pasábamos la esquina de Jovellar y L sentimos la sirena de una perseguidora. Ahí mismo le digo al chino Figueredo que se mantuviera tranquilo y dejara pasar la patrulla para luego seguir nosotros. Bueno, pues él arrancó como un bólido y la embistió casi de frente. Con el choque yo caí al suelo, pero recuerdo cómo José Antonio tuvo el impulso de abrir la puerta y enfrentarse disparando a los policías. Aun hoy tengo muy claro en mi memoria al gordo cayendo casi delante de nosotros”.

Luego del intercambio de disparos los jóvenes lograron entrar a la universidad y esperar allí el regreso del comando encargado del ataque al Palacio Presidencial. Con la muerte de Echeverría y ante el fracaso de la acción decidieron retirarse y salvar la mayor cantidad de armas posibles. Otto salió hasta una casa de huéspedes, pero apenas logró permanecer allí algunas horas.

Según dice, la propietaria lo recriminó y le pidió que se fuera, aunque le permitió contactar con su familia en Santa Clara. Su padre buscó un auto de alquiler y lo sacó de la ciudad, oculto buena parte del trayecto en el maletero para evitar el control policial. Semanas más tarde conoció del asesinato de Joe Westbrook y Fructuoso Rodríguez en la masacre de Humboldt 7. Carlos Figueredo murió a inicios de 2009.

Con toda una vida dedicada a defender sus ideas, cuando Otto Hernández revive su papel en la toma de Radio Reloj no puede evitar contener la emoción. Aun sin cumplir sus objetivos, para él las acciones de aquel día sirvieron para estremecer al poder y demostrar que la vía armada era la única posible para alcanzar el triunfo.

“Aquello llevó a eliminar de la mente de los politiqueros que con elecciones se resolvería algo, y a los indecisos les confirmó nuestra voluntad de pelear hasta obtener la libertad”.

A 61 años de aquel 13 de marzo, este hombre habla de convicciones y evoca a los amigos caídos. Aunque solo escuchó las palabras de José Antonio Echeverría poco más de un lustro después, cuando casi por casualidad apareció la cinta original con la alocución del líder estudiantil, desde aquella vez confiesa sentir siempre la misma sensación de compromiso y orgullo. “Mientras me quede vida y fuerza trabajaré por Cuba, justo como pensaba cuando tomamos la emisora”. Luego prefiere callar, quizás porque para él todo quedó dicho aquella tarde en que un grupo de jóvenes estremeció al país.

www.cubadebate.cu/especiales/2018/03/13/13-de-marzo-la-historia-del-ultimo-sobreviviente-del-auto-de-jose-antonio-echeverria/#.Wqgp5OzwbIU

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