Crónica de una invasión en Afrin

Por Francesc Casadó

La operación ‘Rama de Olivo’ que llevan a cabo las Fuerzas Armadas de Turquía desde el pasado 20 de enero en territorio sirio tiene como objetivo arrebatar el poder a los kurdos de las Unidades de Protección Popular (YPG) en las ciudades de Afrin y Tel Rifaat así como en la base aérea de Mennagh.

Por Francesc Casadó

El Gobierno de Damasco ha advertido al presidente Erdogan de que no tolerará maniobras militares en su país. El reciente derribo de un avión israelí que atravesó la frontera cuando participaba en una operación de ataque demuestra la determinación siria en defender su soberanía nacional. A iniciativa de las milicias kurdas se ha acordado el despliegue del ejército de Bashar Al-Assad para evitar la invasión y han aceptado cederle posiciones en Afrin y áreas próximas al país vecino.

El detonante de esta crisis ha sido el anuncio por parte del Pentágono de un plan para crear una nueva fuerza de seguridad de 30.000 combatientes árabes que tendría como misión defender la frontera entre Siria y Turquía. Estaría formada en su mayoría por miembros del grupo armado Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), esta unidad tiene una ideología secular y federalista, tras los últimos combates contra el Estado Islámico ha conquistado prácticamente toda la provincia situada en el margen este del Éufrates. Según medios rusos los EEUU habrían destinado 550 millones de dólares para financiar estas facciones aplicando su doctrina de “guerras híbridas” con la intención de construir una estructura de gobierno inclusiva y representativa entre las poblaciones locales para socavar la integridad territorial de Siria.

Por su parte Turquía está siendo apoyada por el Ejército Libre Sirio (ELS) en su ofensiva hacia Afrin, este nuevo aliado islamista es un grupo que fue creado y financiado por Occidente al inicio de la guerra civil para derrocar al presidente Al-Assad y permanecía inactivo desde 2014. En paralelo, las tropas de Ankara actúan coaligadas con el Frente Al-Nusra, una filial de Al Qaeda, en las provincias de Idlib y Alepo (noroeste).

Las unidades blindadas turcas avanzan lentamente en la zona montañosa donde se desarrollan los combates contra las milicias kurdas del YPG. Asediar la ciudad de Afrin hasta conquistarla es el principal objetivo del ejército invasor. Esto podría prolongarse en el tiempo pero conseguiría reducir el número de bajas en combate. El centro urbano se encuentra a escasos 20 kilómetros de la zona que permanece bajo control del Ejército del Gobierno sirio por lo que resultará harto difícil rodearlo por completo y conseguir aislarlo del exterior.

Pero el líder neo-otomano tiene a la sociedad turca de su lado en esta guerra y el propio primer ministro, Binali Yildirim, enfatizaba en este sentido declarando: “Erdogan no se puede rendir debido a la situación interna. Si dijo que iba a expulsar a los kurdos de todo el territorio de Siria, tiene que hacerlo, en otro caso, tendrá graves problemas internos”. La reacción de las dos grandes potencias ha sido de rechazo a la invasión, tanto Rusia como EEUU han calificado de muy negativa la política exterior de un presidente obsesionado en mantenerse en el poder tras las elecciones generales de 2019.

En este contexto de inestabilidad la vecina Irak ha recibido una partida de 73 tanques T-90S rusos, un modelo diseñado para su exportación, la cantidad total de estos blindados entregados a Bagdad podría ascender a varios centenares. Más complicada parece la adquisición de los sofisticados sistemas de defensa antiaérea S-400, también de fabricación rusa, debido al probable veto de los EEUU, pero el ejecutivo iraquí no descarta activar los contactos entre sus respectivas diplomacias y los agregados militares.

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