Publicado en: 25 julio, 2017

Corre… corre libre!

Por Pepi Vegas

No se puede imponer como tradición cada acto que un pueblo realiza en un momento de su historia, sea de la índole que sea.

Por Pepi Vegas

El toreo nació de la ignorancia, el hambre y la miseria del pueblo, recordemos los comienzos con aquellos “maletillas” buscándose la vida de pueblo en pueblo…

Hoy todo se ha magnificado y convertido en un inmenso negocio, muy lucrativo para ganaderos, toreros, empresarios y demás individuos, generalmente poco cultos, machistas y crueles con los animales, que venden el evento incluso fuera de nuestras fronteras, como algo innato en todos los españoles, asociado a la silueta de un toro negro que no es más que la marca de otro negocio de alcohol español.

“Hispano carácter”… ¿Acaso españoles no somos todos? La verdad de España no es sólo negra, existen dodos los colores del Arco Iris.

El negro es la negación de la luz y luz les sobra a los espíritus sensibles españoles, a los artistas, creadores, los idealistas, los que se cuentan la verdad a ellos mismos, no la inventan para que la crean los otros.

Quiero creer en una España luminosa, en un mundo lleno de luz. Y si no es así para eso estamos, para encender las luces…

Te narraré una corrida de una tarde en que bajé del pedestal donde nos hemos auto-encumbrado la especie humana y me colé dentro del toro. Esto es lo que intuí…

Cuando el toro sale a la plaza ya es un animal maltratado, por tanto aterrorizado. Inspecciona el terreno intentando hallar una salida. Es obvio que se encuentra en un lugar extraño, donde el griterío humano y la música estruendosa le asustan terriblemente.

Interceptando su paso encuentra un hombre, o varios, que agitan un trapo en sus manos. Su reacción inmediata es atacar, embiste por miedo.

Pero una y otra vez es burlado por un enemigo que no aguanta el encontronazo como lo haría otro de su especie, si no que desaparece en el aire. Confundido por este comportamiento se detiene, a veces retrocede y nuevamente es invitado a una pelea que no está dentro de su esquema.

Poco después, desde lo alto de un caballo blindado, es atacado con una lanza que, mientras él lucha con el caballo medio sintético, se hunde en su espina dorsal provocando una enorme hemorragia y un dolor insufrible.

El caballo traidor desaparece, el ruido es ensordecedor y nuevamente el enemigo del “trapo”, al que es imposible enfrentarse porque no tiene cuerpo. Puede que con algo de suerte podrá tropezar con uno, podrá zarandearle o herirle, pero de inmediato aparece otro igual que lo sustituye.

Banderillas: arpones de colores que se clavan en sus costados a traición y que con sus propios movimientos desgarran la carne.

Dolor, terror, a veces mugidos desesperados, ¿llama a los suyos? La jauría humana aplaude, se divierte, se excita. A quien le excita el dolor de otro ser vivo es un sádico.

Más tarde, cuando las fuerzas flaquean por la tremenda hemorragia que cubre su cuerpo, cansado de luchar con un mentiroso, busca de nuevo la salida. La cerca es hermética, morbosamente redonda, no puede, ni tan sólo, refugiarse en un rincón.

El que ha de acabar con su vida aparece, más mentiroso que nunca pues esconde tras el trapo una espada que él no ve, y que se hunde sin aviso en su cuerpo torturado.

Ataca a su agresor, berrea de impotencia cuando sus ojos ya no ven nada… se va hacia la cerca… y mansamente se echa en la arena. El dolor y la desesperación bloquean su cerebro animal.

Es posible que en esos momentos la cerca desaparezca, la hierba verde se extienda ante sus ojos, y a lo lejos vea a los suyos junto al abrevadero de aguas claras que tanto desea beber.

Alguien se ensaña en su cuerpo y le clava un puñal en la cabeza, y le corta sus orejas, pero ya no importa. Él corre… ¡corre libre!… retozando en su pradera.

Un toro, contemplado en su hábitat natural es impresionante. Por su personalidad y trapío, sus bramidos detonantes, su fortaleza y su belleza.

Un animal de esas características debe ser respetado y protegido en Parques Naturales. Nunca degradado, torturado hasta la muerte en una fiesta cruel y vergonzante.

 

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