Común. Más allá de la propiedad, el poder y el capitalismo

Por José Iglesias Fernández

Tierra, aire, agua, fuego, espacio, tiempo, energía, materia, conocimiento, todos bienes comunales.

Por José Iglesias FernándezIntroducción

INTRODUCCIÓN

Lo grave es un ignorante con la mente deformada y poder político. Es terrible que esta persona pueda decidir sobre lo que nos afecta a todos. Emilio Lledó

Observando la expansión de las formas de producción mundial y del poder que se ejerce desde los centros políticos del establisment, en el sentido de que cada vez el dominio de la propiedad privada es total, reduciendo a mínimos las funciones sociales de la propiedad pública; de que el poder de los Estados está convirtiendo la vida democrática en una farsa; y de que ambas expansiones se están realizando de forma que el capitalismo neoliberal se extienda y sea dominante en todo el planeta; entonces cobra sentido volver a proponer lo común 1 como alternativa al capitalismo,2 y de que la transformación no venga determinada desde los poderes del estado capitalista, sino por procesos que arranquen gestionados desde la autonomía popular.

Estos despliegues del capitalismo nos recuerdan lo escrito en otra parte y en otro momento: 3 en la lucha contra el sistema, los objetivos del proceso, de los instrumentos y de las alternativas han de ser ambiciosos, digamos revolucionarios. Isabel Rauber lo deja bien claro y explícito cuando dice que hay que “ir positivamente más allá del capital, y no simplemente un derrocamiento del capitalismo […] No habrá posibilidad alguna de superar la trampa cultural del modo de vida generado por el capital si no se rompe de raíz con la lógica de su funcionamiento, es decir, de su producción y reproducción en todos los ámbitos de la vida social. Para ello es vital construir otra lógica, no contraria a la del capital sino radicalmente diferente y superadora, capaz de poner fin a su cadena creciente de exclusión, enajenación, jerarquías, opresión y explotación humanas”.4 Raúl Zibechi también recalca lo mismo sobre la radicalidad que se ha de exigir a los procesos, a los instrumentos, y a las formas de vida que se proponen como alternativos: “en este momento de crisis del sistema y de crisis civilizatoria, el gran desafío de los movimientos antisistémicos es encontrar modos de producir y de vivir diferentes al capitalismo”.5

Sin embargo, ya desde finales del siglo XIX, los procesos de transformación revolucionaria en contra del capitalismo aparecen aparcados, debido a que el contenido de las propuestas de cambio, de índole dentro del sistema, vienen condicionadas por partidos y colectivos partidarios de utilizar los poderes de los estados como armas para combatir la pobreza y la desigualdad dentro del sistema, más que para originar otros modos de producir y vivir contra el sistema. Programas encaminados a conseguir un capitalismo ético. En este sentido, hicimos una relectura del Programa de Erfurt (1891),6 un programa donde los socialistas alemanes proponían conseguir para la clase obrera grandes conquistas sociales y políticas. Reconsiderado este texto en la actualidad, concluíamos con dos observaciones:

  • “Una, muchas de las reivindicaciones que contenía en favor de la clase obrera son hoy en día una realidad en muchos Estados de los países desarrollados:
  • Derecho al sufragio universal. Elección directa del legislativo; del poder jurídico; control de los impuestos. Control de la guerra y la paz por el legislativo. Abolición de leyes que discriminen la mujer. Libertad de expresión y asociación; libertad religiosa pero en lo privado. Secularización del sistema escolar. Libre administración de la justicia y asistencia gratuita. Sanidad pública. Impuestos a la propiedad; abolición de los impuestos indirectos o discriminatorios. Legislación laboral favoreciendo la jornada de ocho horas, la protección infantil, el trabajo nocturno, el descanso semanal, la higiene y las condiciones laborales, libertad de sindicación, seguros y mutualidades.

  • “Dos, pero que también muchas de estas conquistas sociales arrancadas al capitalismo están hoy en día en vías de que el sistema las vuelva a fagocitar. Esto nos demuestra que los derechos se ganan mediante las luchas sociales, pero se pierden en la medida que desaparecen”. Ya uno de sus autores, Karl Kautsky,7 sentenciaba su propio documento con las siguientes palabras: “el capitalismo parecía haber cambiado totalmente, y en sentido favorable al proletariado, puesto que en la era de prosperidad se elevan los salarios, crece el poder de las organizaciones gremiales y disminuye la desocupación. [Pero], bajo esas circunstancias nació el revisionismo, es decir la opinión de que varios conceptos fundamentales del Capital de Marx, y por consiguiente del programa de Erfurt, eran falsos o habían quedado rezagados”. Mi opinión es que el programa nunca se enfrentó realmente a los pilares del capitalismo: propiedad, poder, estado, estructuras verticales y representativas, etc. 8

Así mismo, hicimos otra evaluación del socialismo europeo a partir de la segunda guerra mundial en su papel de neutralizar la lucha de clases, reducir al mínimo la conciencia obrera y consolidar un capitalismo humanitario. Durante este período se confirmaría nítidamente lo que Marx había ya anticipado: la existencia de dos corrientes del socialismo, el reaccionario y el conservador. 9 De igual manera, citamos otro personaje más bien de tendencia progresista, 10 quién opina que “la socialdemocracia, de ser una organización obrera, [se ha convertido] hoy en una de las clases medias urbanas acomodadas”.11

Es decir, últimamente han aparecido una serie de voces, colectivos y asociaciones interesadas en recuperar el rostro humano del capitalismo; léase terceras vías, el tercer sector social, etc. Se apoyan en donaciones de fundaciones, en actos compasivos de personajes destacados de la música y el arte, o en inversiones de una parte de los fondos sociales de las cajas de ahorro, etc. Sometidas a la luz de la brújula/matriz, las propuestas más importantes, frecuentemente consideradas alternativas, tales como el capitalismo inclusivo, la responsabilidad social corporativa, la economía corporativa, la economía colaborativa, la economía social, la economia del trueque o del do, la soberanía alimentaria, y el decrecimiento/consumo responsable, no pasarían la prueba. Así mismo, otras experiencias de índole más local, a los que podríamos clasificar como instrumentos, como los bancos de tiempo y de alimentos, las monedas locales, la banca ética, los microcréditos, etc., tampoco pasarían el corte. Todo este sin fin de propuestas viene presentado como la nueva ética del capitalismo. Sin embargo, digamos que disentimos, pues para nosotros, lo ético no consiste en hacer limosna con lo que previamente se han apropiado los ricos, sino en construir una sociedad de iguales, en la cual todos vivimos de todos (comunidad de bienes), y sin que nadie dé nada a nadie (limosna).12

Relacionado con la democracia burguesa y el capitalismo ético, tiene sentido volver a repensar lo que opinaba una gran feminista negra, Sojourner Truth, que creía que cuando las mujeres fuesen jueces, abogados, jurados, etc., la justicia sería impartida más igualitariamente. Dijo: “sabemos que si es una hermana la que está sentada en el lugar del juez, no hará ninguna pregunta que sea impropia”. 13 Pues bien, no solo la mujer, sino incluso las mujeres negras, han conseguido <<empoderarse>> de estos cargos oficiales y profesiones, pero no me parece que la esencia del capitalismo haya sido modificada sustancialmente por la presencia de las mismas en tales órganos administrativos de poder.14 Por idénticas formas de razonar, a la vista están los resultados del mandato de Barack Obama, un hombre negro que llega a Presidente de los EE.UU, como pronto posiblemente comprobaremos los resultados de las políticas de Hilary Clinton, una mujer blanca al frente de las medidas sociales e inmigratorias de tan poderoso país, por citar algunas. 15 Ahora bien, si “el gran desafío de los movimientos antisistémicos es encontrar modos de producir y de vivir diferentes al capitalismo”,16 no esperamos que el paso de ambos presidentes por el más alto cargo de la administración norteamericana deje una huella que pueda ser tenida en cuenta como característica de transformación del capitalismo.

¿Agrietar el capitalismo para construir desde sus pliegues o márgenes? 17 En cualquier caso, de lo que se trata es de “cultivar ideas y resistencias y desarrollar procesos de autonomía social”.18 Si ser de izquierdas es pertenecer a una forma de pensar y de actuar, la izquierda tiene que volver a ser coherente y combinar la praxis con la utopía. El contenido de las alternativas (utopía) prioriza que se debe y ha de hacer (praxis). En todo caso, ellas debieran coincidir en dar prioridad al common weal, valores apoyados en una filosofía social, en la que la persona es el centro de la comunidad, más que en al common wealth, valores apoyados en la riqueza, en la cual la propiedad es el centro del sistema. Todo mediante la consolidación del autogobierno, de la gestión comunal de la sociedad.


Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo

En tanto no consiga cuestionar los fundamentos del sistema, la izquierda seguirá desorientada, y si se aprovecha del ‘carro de la administración estatista de la crisis’ para proponer sus reformas sociales, descarrilará con él. Robert Kurtz

Sin embargo, la realidad de los procesos que Decio Machado y Raúl Zibechi analizan y evalúan en Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo, se mueven en el sentido de reforzar el capitalismo. 19 Tales procesos de consolidación son apenas perceptibles. De aquí la importancia de estas reflexiones, puestas ordenadamente en un libro que abunda en ejemplos tomados de realidades latinoamericanas, que crearon tantas expectativas y condicionaron procesos de cambio en el mundo, procesos tomados como espejos por las izquierdas europeas, tales como el de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela, etc.

Los autores analizan y evalúan estas experiencias, supongo que tanto para prevenir a los dirigentes convertidos en líderes de los modelos europeos en marcha, como para reflexionar sobre sus propias realidades a los sujetos transformadores de los propios países en cuestión. De alguna manera, los autores vienen a advertir de cómo lo que empieza como procesos populares autónomos, con objetivos de transformación del capitalismo en cada país, pronto es sustituido por líderes caudillistas que amainan el descontento y la propuesta y las encauzan vía las instituciones del sistema para ser integradas dentro del mismo. Un ejemplo de lo que ambos autores nos dicen que reflexionan en el libro es “sobre los procesos de insurgencia popular en varios países de la región, que produjeron hechos de enorme importancia pero caminaron hacia la institucionalización de los movimientos que habían protagonizado el conflicto social y político. Con la excepción de la revuelta zapatista a partir de 1994, todas las grandes acciones populares desembocaron en procesos electorales que llevaron al poder a dirigentes que habían participado de forma algo lateral en las revueltas (caso de Evo Morales), o habían actuado incluso en el campo opuesto al de los alzados (caso de Néstor Kirchner), siendo la excepción en este sentido la del Ecuador, en gran medida por el fracaso o traición del líder designado para encarnar las aspiraciones de los rebeldes (caso de Lucio Gutiérrez). Los tres casos, a los que podría sumarse el de Luiz Inácio Lula da Silva, hablan de las debilidades de los movimientos que fueron desplazados por los proyectos políticos enarbolados por partidos como el Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia y el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil. Si en algún lugar resulta sorprendente el encauzamiento e institucionalización de la rebelión es precisamente en Venezuela, que fue el país donde la revuelta popular fue más lejos, teniendo el carácter de insurrección armada popular masiva, que fue lo que en realidad hundió al sistema político bipartidista y abrió un vacío que fue ocupado, muy pronto por cierto, por el chavismo como fenómeno popular, mucho antes que se convirtiera en gobierno”.20

Esencia del texto

La síntesis del libro, realizada con párrafos de los propios autores, es:

  • “Con la excepción del Perú, en todos los países sudamericanos donde hubo grandes movilizaciones y levantamientos, las izquierdas y los progresismos llegaron al gobierno por la vía electoral. Una vez en la cúspide del poder estatal, aunque tuvieran mayorías suficientes para gobernar en solitario, tomaron el camino del fortalecimiento del aparato estatal, convencidas que esa era la herramienta adecuada para impulsar los cambios que deseaban…
  • Aquí confluyen dos problemas mayores: los cambios que necesitan y desean buena parte de los sectores populares no pueden procesarse a través del sistema electoral ni del aparato estatal. Nos guste o no, la democracia electoral ha sido creada para blindar los intereses de los grandes propietarios y garantizar la centralidad del Estado ante la sociedad, no para dar cauce a las necesidades de los oprimidos…
  • Ni en los procesos constituyentes que prometieron iban a “refundar el Estado”, ni los gobiernos que estuvieron al frente de ellos, impulsaron cambios de fondo en la estructura estatal. La burocracia militar no fue tocada ni sus jerarquías trastocadas; su cultura vertical no sufrió el menor menoscabo, de modo que las “revoluciones” se frenaron en la puerta de los cuarteles y jefaturas policiales. Lo mismo puede decirse de la burocracia civil, más allá de algunos cambios cosméticos (como colocarle el nombre “plurinacional” a las viejas instituciones heredadas de la colonia o crear nuevas reparticiones dentro de la misma lógica estatista) todo quedó en su lugar, aunque en despachos ministeriales y parlamentos aparecieron ponchos y polleras y se pronunciaron lenguas originarias…
  • A partir de la aprobación de una Constitución restringida, según las aspiraciones iniciales de los movimientos, se reconstruye la centralidad del poder estatal en contra de las organizaciones indígenas, campesinas y populares…
  • Correa demostró lo que significa el retorno del Estado, pero no de cualquier Estado, sino de un Estado fuerte en un país pequeño. Para construir esa realidad no requirió del impulso popular ni de la complicidad de organizaciones sociales fuertes. Demostró que las concesiones pueden ser escasas y no afectar aspectos estructurales del sistema, y enseñó cómo hacerlo renovando cargos de gestión institucional con una nueva generación tecnocrática en gran parte formada en el exterior, mostrando que para ello no es necesario cortar los hilos fundamentales que vinculan al poder político con el poder económico…
  • Lo cierto es que ninguno de los procesos ha dado pasos sólidos para salir del modelo extractivo, profundizando por el contrario la dependencia de las exportaciones de bienes primarios. Con los años ha quedado claro que este modelo presenta graves problemas ambientales y serias consecuencias sobre la salud, que han sido oportunamente denunciados por ONGs y movimientos sociales. Sin embargo, las consecuencias sociales han sido poco consideradas. El extractivismo genera fuerte polarización social, concentra renta y excluye a una parte de la población, por lo que las políticas sociales se han hecho imprescindibles para sostenerlo, cuando se pensaba que eran apenas un paso para superar la pobreza, ya que un modelo productivo integrador y relativamente igualador podría sustituirlo…
  • Por debajo de los nuevos movimientos, está naciendo una nueva cultura política –que además se define como apartidista pero no antipartidista, que decide por consenso y no funciona en base a la representación- que existe en todo el continente con diferentes grados de desarrollo, y que jugará un papel decisivo en el futuro de los procesos de cambio”.

Entonces, ¿por qué es importante la lectura y reflexión de este libro en países con cultura eurocéntrica? Porque explican realidades de países que son tomadas como modelo de cambio por las izquierdas europeas. Sin embargo, los autores dejan bien claro que en esos países latinoamericanos en el que se miran muchos colectivos y partidos de izquierdas, no hay un proceso instituyente previo, de abajo arriba, sino una visión de los cambios diseñados desde arriba abajo, verticales. El estado capitalista y la democracia electoral están en función de defender los intereses de los capitalistas. Una vez en el poder, no se realiza ningún cambio que suponga una transformación del modelo de sociedad; los poderes de funcionarios, burócratas, técnicos, policías y militares siguen en activo. Más bien se está utilizando la centralidad del poder estatal en contra de las organizaciones populares que les llevaron al poder, de forma que estas quedan anuladas, cuando no perseguidas. Sabiendo utilizar medidas sociales de índole zanahoria, los gobiernos no necesitan aplicar medidas represoras, de forma que se puede mantener vinculados los poderes que defienden la naturaleza capitalista del sistema. Así mismo, los gobiernos progresistas mantienen, cuando no profundizan el modelo extractivista de producción, lo que supone que las riquezas de los países siguen en manos del capitalismo transnacional.

Como en todas partes, siempre viven y perviven movimientos anticapitalistas que no entran en la casa del amo, pero, por eso hemos añadido un capítulo en el que destacamos que hay que tener muy claro que procesos, que instrumentos, y que alternativas se han de proponer que vayan en contra del sistema capitalista. Uno de los autores remata este resumen muy lúcidamente: “es importante recuperar la calle, volver a tomar la ofensiva. La unidad orgánica no la veo como una necesidad imperiosa, aunque la coordinación de las luchas es imprescindible. Hoy lo que estamos viendo es lo primero, la movilización. Luego veremos hacia dónde quiere ir la gente. Lo que no comparto es que la gente lucha para luego votar. ¿A quién? ¿Para que vuelva Cristina [Zapatero, Sánchez, <<críticos susanistas/felipistas>>, cayos y garzones, podemistas, etc.]? ¿Para que gane una opción un poco más a la izquierda [PSOE, IU, Podemos y Mareas, etc.? ¿Para seguir cultivando soja [o cualquier otra mercancía y servicio bajo formulas capitalistas]? Miremos la última década y pensemos que se dilapidó mucha, pero mucha fuerza por meternos en las instituciones, por apostarle todo a una elección desarmando lo que hay en los barrios y pueblos. Si me dicen vamos a las elecciones, te digo, bueno pero primero vamos a discutir una estrategia, un camino real y posible para cambiar el país no para poner parches”.21

En toda la evaluación de los diversos países latinoamericanos, los autores destacan el ejemplo positivo de las comunidades zapatistas, en las cuales el proceso de desarrollo de las mismas se escapa de las características explicadas anteriormente y más bien se ajustan a las exigencias del instrumento brújula/matriz que explicaremos más adelante:

  • Propiedad comunal. “Lo que manda no es la titulación de una propiedad sino el uso de la misma”.
  • Producción comunal. “Las bases de apoyo que conforman la comunidad participan en los trabajos colectivos, que son el núcleo de la organización comunitaria y del proceso zapatista de construcción de nuevas relaciones sociales. Los cultivos y servicios (educación, salud, transporte, vivienda), se realizan dentro de unas organizaciones con trabajo comunitario”.
  • Decisión y gestión comunal. “Los cuatro niveles de la organización zapatista (pueblo o comunidad, región, municipios autónomos y zona) también son cuatro niveles de asambleas, ya que en ellas todo se decide; cada instancia es autónoma para la toma de decisiones. La asamblea de la comunidad decide cuántos días se trabaja para la familia y cuántos días son de trabajos colectivos. Pero esos trabajos colectivos no son sólo en la tierra, pueden ser en la venta de cosechas, en apoyo a la construcción de escuelas, hospitales o panaderías; pueden ser para apoyar a las familias de los promotores de salud y de educación, ya que a menudo la asamblea decide que el colectivo les cuida la milpa porque el hijo o la hija está trabajando para el movimiento.
  • Valores y prácticas comunales. “El concepto de trabajo colectivo no se reduce al cultivo de la tierra ni a la economía, sino que implica a toda la dinámica del proceso, incluyendo las asambleas y las tomas de decisiones, las tareas de los formadores y de representación. De ese modo impiden que nazca una burocracia. La gestión o administración es parte de los trabajos colectivos y quienes administran no sólo rotan cada muy poco tiempo, sino que son vigilados de cerca por el colectivo”. 22

Contraste con otros textos

Siendo más precisos, todas las reflexiones de Machado y Zibechi nos sirven para comparar otras propuestas recientes en las que todavía se mantiene el socialismo como proceso alternativo al capitalismo, y el Estado como arma de ejecución. Con sus ricos matices y diferencias, no obstante, autores como István Mészáros, Michael Lebowitz y David Harvey, entre otros, coinciden en estos dos aspectos generales.23 Destaco a Harvey por ser uno de los autores que más ha insistido últimamente. Este autor siempre finalizaba sus análisis políticos con la recomendación del Socialismo como alternativa al capitalismo, eso sí, refundido o purificado de las burocracias y tecnocracias ejercidas en la URRS y los países de Este; y el Estado como arma de poder a utilizar por los sujetos políticos enfrentados al cambio. 24 Ahora bien, en su último libro, el autor sigue destacando las muchas contradicciones que planean sobre el capital, pero modifica su análisis y acaba con una pregunta clave en la dirección de resaltar la importancia de contar con procesos y alternativas al sistema: “¿qué nos sugiere este análisis exhaustivo de las contradicciones del capital para la acción política anticapitalista?”.25 En su respuesta, que realiza en forma de diez y siete Ideas para una praxis política, aparece un cambio muy significativo en su análisis del sistema: ni el socialismo ni el estado, una alternativa y un arma que eran hasta ahora elementos indispensables para derribar el capitalismo, ya no aparecen sino que incluye dos recomendaciones que coinciden con mis últimas reflexiones:26

  • Una, el autor nos recuerda que la acumulación de capital nunca cesa; que hay que pararla. Que la clase capitalista no abandonará el poder; tendrá que ser desposeída, destruida.
  • Dos, que se necesita un fuerte movimiento político para conseguir tal desposesión. Pero que estará compuesto por colectivos y organizaciones que no tienen por qué ser únicamente los partidos ni los sindicatos, así como no podrán abordar la transformación sin disponer de una visión alternativa, visión que ha de abogar por un cambio entre los que las sociedades comunales deben ser tenidas en consideración.

A estos tres autores citados, se suma Álvaro García Linera, 27 con el matiz de que hay que incorporar a las funciones del Estado cierto grado de socialismo comunitario como respuesta, o guiño, al comunalismo practicado por los pueblos andinos, y de Abdullah Öcalan que disiente de todos ellos y propone que la transición contemple lo que él considera naciones sin Estado.

Mi lectura de los elementos que caracterizan el socialismo comunitario, y que prácticamente son coincidentes con los de las sociedades europeas gestionadas por gobiernos socialdemócratas, e incluso liberal demócratas, es:

  • Una cooptación con el poder. Convivencia de la democracia representativa en el parlamento (ámbito de lo político) con la de la democracia participativa en las asociaciones laborales y civiles (ámbito de los social y ciudadano).
  • Un reconocimiento de la propiedad privada en el corto y medio plazo. Por la coexistencia de muchas formas de propiedad y de gestión de la riqueza.
  • Nacionalización. Gestión comunitaria de esos bienes comunes, como son el agua, la salud, la educación, la ciencia, la tecnología, el medio ambiente.
  • Estado revolucionario, socialista, [lo que] puede hacer es ayudar a que lo comunitario que brota por acción propia de la sociedad, se expanda, se fortalezca, pueda superar obstáculos más rápidamente.

Para una valoración crítica del socialismo comunitario, recordamos lo que dice Jorge Viaña: “mientras no se profundice el desmontaje del Estado y de las relaciones sociales y de propiedad existentes, no podemos hablar estrictamente de que a corto plazo estemos viviendo un tránsito al socialismo. [Y remata], Marx justamente lo que demuestra es que el Estado encarna las lógicas de la dominación y, en especial, de la propiedad privada, por mucha teoría que se intente hacer”.28

Por otro lado, la propuesta del confederalismo democrático de Öcalan se sitúa en las antípodas del socialismo comunitario. Se define como un “tipo de autoridad o administración [que] puede ser llamada administración política no estatal o democracia sin Estado. Los procesos de toma de decisión democráticos no deben ser confundidos con los procesos conocidos de la administración pública. Los Estados sólo administran mientras que las democracias gobiernan. Los Estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo. El mandato en el Estado está determinado por decreto, aunque puede en parte ser legitimado a través de elecciones. Las democracias usan elecciones directas. El Estado usa la coerción como medio legítimo. Las democracias se apoyan sobre la participación voluntaria. El Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multi-cultural, anti-monopólico, y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales”. Así mismo, Öcalan admite que el “comunismo podría ser una alternativa al capitalismo”. 29

Seguramente, el anticapitalismo que permea todo el documento sobre el confederalismo democrático, así como el comunismo como sociedad a construir, sean razones para omitir la condena a la propiedad privada, reprobación que no aparece, y echamos de menos, en todo el texto.


Cambiar el mundo desde abajo. El potencial de lo común

Todo cambia, nada es. Heráclito

Como siempre, el descontento social y las protestas que originan, que se dan durante períodos de rebelión o disconformidad política, siempre nacen de la población oprimida, de los sujetos populares. Como siempre, los gobiernos de turno, conservadores, progresistas y hasta denominados de izquierdas, han utilizado el poder que le dan las instituciones del sistema para integrar o reprimir el conflicto popular mediante la aplicación de políticas de bienestar o de medidas represoras, según convenga a la coyuntura del momento.

Así mismo, no es menos frecuente encontrar entre los partidos, sindicatos y movimientos sociales, progresistas o de izquierdas, antes de conseguir entrar en las instituciones del sistema, lo que ya se ha convertido en una pregunta histórica: ¿qué hacer? Frecuentemente, encontramos dos tipos de respuestas por parte de estos sujetos sociales que podríamos clasificarlos como propuestas desde dentro, o que refuerzan y consolidan el capitalismo, y propuestas desde fuera, o en contra, encaminadas a minar el sistema. 30

Igualmente, ha proliferado un reflujo de partidos hacia las instituciones oficiales. Algunos de estos partidos y colectivos, unos nacidos en los albores del llamado 15-M, otros más perros viejos transitando las plazas buscando carnaza, y que en su momento enarbolaron consignas como “ni banqueros ni políticos”, “no nos representan”, “toma la calle”, ahora se han convertido en izquierdas funcionarias,31 las más activas e interesadas en convertir a las personas “indignadas” en ovejas contentas dentro del redil del capitalismo. Ya en su día, V. I. Lenin, criticando a los socialistas populares de su época, nos prevenía contra los funcionarios de izquierda, que hacen “reivindicaciones democráticas moderadas que no rebasaban el marco de la monarquía constitucional”.32 Byung-Chul Han es más taxativo y explica como las poblaciones están ya convertidas en sujetos de rendimiento […]: “resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona […], el sistema consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de la dominación”. 33 Tampoco la izquierda burócrata es ajena a la represión que ejercen cuando algún colectivo no se aviene a seguir las leyes, reglamentos y normas de la casa del amo.

En respuesta al ¿qué hacer?, hace bastante tiempo 34 que venimos proponiendo el municipalismo como proceso,35 y las sociedades comunales como alternativas 36 al capitalismo. Así mismo, hemos desarrollado un instrumento, la matriz/brújula, cuyas características indican si los procesos, los instrumentos y las alternativas que proponen los sujetos van a favor o en contra del sistema. Los elementos sistémicos que definen la matriz/brújula comunal son:

  • Riqueza comunal (eliminación de la propiedad privada).
  • Comunidad de bienes y recursos (producción).
  • Libre acceso a los productos que cubren las necesidades (distribución).
  • Gestión con democracia horizontal (gobierno de las iguales, autarkèia).
  • Apoyo mutuo para la sobrevivencia, gestión de conflictos, etc.

Curiosamente, y basándose en las corrientes humanistas que afloraban en la edad media, y en especial con referencia a los textos cervantinos, Francisco Garrote Pérez deduce un modelo de criterio de verificación similar al que acabamos de defender. Un modelo de arcadia que lo antecede en el tiempo en casi quinientos años. Las principales características son:

  • El igualitarismo y el comunitarismo de los bienes y de los medios de producción; rechazo de la propiedad privada.
  • Igualdad completa y general entre las personas.
  • Ausencia de cualquier explotación u opresión, fuente de cualquier alienación.
  • Amor fraterno generalizado como base de la convivencia.
  • Comunidad de bienes, tanto de recursos como de bienes y servicios producidos.37

Por tanto, si retomamos como utopía de trabajo una frase de Lewis Henry Morgan, “en el futuro de la humanidad puede existir un nivel de civilización más alto, cuando restablezcamos la propiedad colectiva de los recursos fundamentales”,38 entonces, proceso y alternativa, es decir, modelo de municipalismo comunal, y sociedad comunalista, se ajustan a las exigencias que componen la brújula/matriz contra el capitalismo.

No hace falta aclarar que estos no son los únicos criterios posibles para saber si formulamos alternativas contra, o simplemente medidas que actúan de tiritas cuando el capitalismo tiene una herida, pero mientras no ofrezcan otro, al menos ayuda a que no nos den gato por liebre, como en el caso del decrecimiento, el consumo responsable, la banca ética, los micro créditos, el comercio justo, las monedas complementarias, las empresas con responsabilidad social corporativa, el impuesto Tobin, la permacultura, y un largo etcétera, propuestas primarias 39 que pueden contener algunas de las características mencionadas de una forma embrionaria o latente, pero no explicitadas como instrumentos irrenunciables en el proceso de su devenir contra el sistema.40 Es decir, proliferan últimamente muchas propuestas, a la vez que están en marcha muchas experiencias activas, que se dan bajo el nombre de alternativas a secas, sin más. Sin embargo, muchas de estas propuestas postuladas o en fase de experimentación, no cuestionan la propiedad privada de la riqueza productiva. Tampoco proponen producir bienes y servicios para ser distribuidos libre y equitativamente como bienes comunales. Ni proponen un cambio en la forma de gobierno, ni exigen y garantizan que este sea horizontal, entre iguales. La idea del bien común como filosofía del buen vivir 41 de la comunidad no aparece, o al menos con la fuerza y el papel que ha de jugar, en la composición de las características fundamentales que ha de tener la brújula/matriz comunal. 42

Las afirmaciones anteriores obligan a dar razones, argumentos. Primera, coincido con Michael Löwy que advierte como “un cambio en las formas de propiedad que no sea seguido por la gestión democrática (horizontal) y la reorganización del sistema productivo (propiedad comunal del saber, de los recursos y las mercancías producidas) solo puede llevar a un final terrible”.43 Segunda, los antisistema, especialmente los marxistas, podemos inspirarnos en lo que destacaba Marx en relación con la Comuna de Paris: “los trabajadores no pueden tomar posesión del aparato del Estado capitalista y ponerlo a funcionar a su servicio. Deben “demolerlo” y reemplazarlo por una forma de poder político radicalmente diferente, democrático y no estatal”.44 Tercera, recordar como el notable V.I. Lenin, en las Tesis de Abril (1917), todavía proponía para las tareas del partido una gestión de la sociedad rusa similar a la de la Comuna de Paris. 45 En este sentido, Mijail Bakunin también nos dice que “el socialismo revolucionario ha hecho su aparición brillante y práctica en la Comuna de París”. 46 Cuarta, también me convence Anthony Burguess cuando expresa sus temores: “el Estado moderno, tanto en un país totalitario como en un país democrático, tiene demasiado poder, y seguramente hacemos bien en tenerle miedo”.47 Y quinta, “los movimientos sociales de los últimos decenios han intentado salvar lo que podía ser salvado de los bienes públicos, de la protección social y el derecho laboral. Pero nos percatamos que el marco nacional y los mecanismos estatales son insuficientes o inadecuados para enfrentarse a las regresiones sociales y los riesgos ambientales. Se ve, sobre todo, que el Estado cambia de forma y de función a medida que se acentúa la competición capitalista mundial, y que su función actual es menos la de administrar una población para mejorar su bienestar que la de imponerle la dura ley de la mundialización. En realidad, si lo común se ha vuelto al día de hoy algo tan importante es porque revoca brutalmente las creencias y las esperanzas progresistas en el Estado”.48 Finalmente, John Holloway señala que “las formas de organización que apuntan hacia una sociedad diferente, no pueden concebirse como algo inmutable […] la revolución es siempre un proceso que implica construir los caminos propios” 49 en cada momento y por los propios sujetos que la impulsan. Sin embargo, creo oportuno recordar el largo recorrido que supone consolidar esta parte de la alternativa.

La propuesta de las sociedades comunales como alternativas al capitalismo ya viene de muy antiguo. De todas formas, por situarnos en algún punto de partida, en Los apuntes etnológicos (1880-1882), Marx afirmaba lo siguiente: “la comunidad primigenia, formada por iguales, es la forma revolucionaria de la sociedad, forma que recibirá un nuevo contenido tras la mutación histórica que ha experimentado la humanidad y una vez que haya sido superada la explotación en forma de esclavitud, servidumbre y capitalismo”.50 Según Lawrence Krader, recopilador de estos apuntes, Marx estaba recogiendo información de varios de los antropólogos más importantes de la época para proponer una alternativa al sistema que tan sistemáticamente había analizado.51 Así mismo, la respuesta afirmativa de Marx a Vera Zasulich sobre la validez de las comunas en los procesos de transformación social podría ser considerada otro indicador. 52 En este sentido, un autor tan cualificado como Michael Löwy coincide en estas apreciaciones: “Marx dice que la primera crítica que se hizo de la sociedad moderna tenía una perspectiva romántica medieval. Pero ahora aparece un nuevo tipo de crítica de la sociedad burguesa, que corresponde a una orientación socialista. Y consiste en ir mucho más allá de la Edad Media, hacia la época primitiva de cada pueblo. Y uno queda muy sorprendido de encontrar que es el más antiguo elemento. Sin embargo, es el más moderno, que es el principio de la igualdad social. Es decir, lo que encontramos en esas comunidades primitivas, rurales, precapitalistas, arcaicas son las ideas de la igualdad social, que para nosotros son muy modernas, porque precisamente son lo que queremos para la sociedad futura. Entonces, aquí vemos esa dialéctica entre el pasado y el futuro. La igualdad social que existía en el comunismo primitivo fue destruida por el aumento de la propiedad privada, del Estado, de la familia patriarcal, etc. Entonces, lo que fue por un lado el progreso, el desarrollo de los modos productivos, de la civilización y de la propiedad privada fue, también, desde el punto de vista social, una regresión. Se destruyó la igualdad, el espíritu comunitario, que existía en esas sociedades primitivas”. 53

Por tanto, se podría decir que el uso de los bienes comunales nace con la aparición de la especie humana. Centrándonos en un estudio reciente sobre los diversos usos y la gestión de los bienes comunales en Cataluña, de las muchas luchas sociales de los comuneros contra aristócratas y burgueses en la disputa por la apropiación de las tierras y los recursos comunales, la historia de las luchas sociales explicadas desde la propiedad cobra otra perspectiva a la acostumbrada a partir de los estamentos de poder: la lucha no es sólo contra la apropiación privada de los recursos y la riqueza, sino que descubre formas de autogestión y de autogobierno populares, de igualdad y ayuda mutua, de formas y modelos de vida comunitaria, etc.54 Si rascamos un poco en las realidades históricas, encontramos como todos los pueblos han luchado contra la apropiación de riqueza por parte de los poderosos y han ensayado formas de gestión de vida y convivencia comunal.

Todo lo dicho nos lleva a adelantar una conclusión, que la vida en los modelos futuros de sociedad comunal podría prescindir de la presencia de los cuatro pilares de las sociedades clasistas y heteropatriarcales, en donde los poderosos ejercen legalmente el dominio y el monopolio de la opresión, como son la Propiedad, el Estado, el Mercado y el Dinero, elementos reprobados por la matriz/brújula. Entonces, parafraseando un tanto la idea de Bakunin, la sociedad comunal, en la medida que se vaya desarrollando, estará formada por “la asociación libre de las comunas, desde abajo hacia arriba, primero en comunidades, luego en una federación regional de sociedades comunales, y en último extremo, en una asociación internacional de sociedades comunales”.55 Esta red comunitaria se irá consolidando en la medida que ellas mismas decidan qué es lo más oportuno en cada momento.

Sobre la dificultades, pero también la ventajas de la vida comunal, nos alerta Zibechi: “creo que para poder entrar en una fase diferente de eso que llaman desarrollismo es necesaria una profunda revolución o mutación cultural, que modifique nuestros modos de sentir la riqueza y la pobreza, la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, lo humano y lo no humano, y establezca relaciones no jerárquicas ni excluyentes sino complementarias entre ellos. O sea que el ser humano vuelva a la vida sencilla sin más pretensiones que vivir en armonía con sus semejantes y consigo mismo. El Buen Vivir va en esa dirección, pero quienes lo practican, o sea algunas comunidades andinas y amazónicas, son minorías pobres que no entusiasman a nadie, ni siquiera a los intelectuales que formularon en las constituciones de Bolivia y Ecuador esos conceptos tan importantes”.56 Ahora, bien, añadimos nosotros, el entusiasmo y la aprobación de estos modelos de sociedades corresponde fundamentarlos, aparte de quienes llevan ya siglos viviéndolos, a los que creemos en ellos.

Las primeras sociedades humanas, en la medida que recorrían los períodos que Lewis Henry Morgan caracterizaba como salvajismo, barbarie y civilización, 57 varios elementos se incorporaban que facilitaban la opresión de clase y el expolio de la naturaleza: la propiedad privada, el poder, los mercados, el dinero y cierto nivel de administración oficial que amparaba, desde una ‘legalidad’ decretada por el poder estatal, estas relaciones de clase. Defensor del libre mercado, como es Karl Polayni, no dudaba en admitir que “los métodos de la economía de mercado no podían ser aplicados con seguridad más que cuando existían esas condiciones previas. Allí donde los métodos librecambistas se impusieron sin que mediasen medidas protectoras, surgieron sufrimientos indecibles propios de pueblos [y clases sociales] indefensos […] Los trabajadores estaban condenados a morir de hambre si no eran capaces de conformarse con las reglas del trabajo asalariado”. 58 La propiedad, el mercado, el dinero, pueden facilitar el intercambio, pero no aseguran la igualdad.

El capitalismo ha pasado por muchas etapas, encontrando muchos defensores, desde los que creen en la existencia de un sistema de libre competencia, hasta los que constatan la presencia y dominio de poderes monopolísticos, o aceptan comportamientos colonialistas e imperialistas, etc. Además, pensamos que en todas las fases del desarrollo capitalista siempre hubo un mayor o menor grado de presencia de capitalismo furtivo 59 consustancial al sistema y, que en estos momentos, la transmutación del mismo se basa en el afianzamiento de un núcleo de actividades económicas fuertemente furtivas, ilícitas, como paso hacia un capitalismo distópico, 60 un sistema caracterizado por los elementos más negativos de las sociedades despóticas, crueles y totalitarias.

Ahora bien, como todo cambia, nada es, uno de los objetivos históricos común en el pensamiento radical dentro del universo de izquierdas fue siempre el diseño de utopías que asegurasen el bienestar material y espiritual del ser humano; es decir, asegurar que la vía del cambio vaya en la dirección deseada. 61 Esto requiere romper el sistema, destruir la bestia. 62 Pero, ¿cuál es el universo de alternativas hacia dónde mirar? Algunos volvemos a recordar la importancia de considerar lo común como alternativa, y lo municipal como proceso hacia este punto de llegada. 63 De hecho, Morgan ya explica cómo antes de alcanzar el nivel de civilización, la humanidad vivía en comunidades que eran fraternales y democráticas. En este sentido, Marx apunta más lejos y piensa que el hombre moderno posee en su conducta un componente arcaico comunal, que mantiene arraigado en su ser social un factor democrático e igualitario. La comparación con el pasado era para él algo básico a la hora de criticar la actual situación civilizada. 64 Por eso, no se trata tanto de proponer el volver al pasado, sino de dar una vuelta por el pasado en dirección al futuro. 65 Finalmente, añadimos las reflexiones de Pierre Clastres en defensa de las comunidades primitivas, que son “acusadas de ser sociedades menos evolucionadas, históricamente incompletas, e incapaces de dotarse de estructuras más complejas”. El autor las respalda “argumentando que la ausencia de un poder coercitivo en el seno de las mismas no se explica por una supuesta incapacidad organizativa y que tampoco supone un defecto, sino que responde a una decisión meditada, es decir a un rechazo consciente y explícito del Estado (y de la autoridad política centralizada) como forma de organización política y social”.66 De hecho afirma que, “en la sociedad primitiva, sociedad igualitaria por esencia, los hombres son dueños de su actividad, dueños de la circulación de los productos de esa actividad, cuando incluso la ley del intercambio de bienes mediatiza la relación directa del hombre con su producto […] La historia de los pueblos que tienen una historia es, se dice, la historia de la lucha de clases. La historia de los pueblos sin historia es, diremos por lo menos con igual grado de verdad, la historia de su lucha contra el Estado”. 67

Comunidades con formas de organización social y valores de ayuda mutua y amistad; en las que el buen vivir alcanza a todas las personas miembros por un igual; con decisión y gestión horizontal; sin poder, sin propiedad privada y sin Estado. En definitiva, sin disminuir la importancia de mantener la riqueza de inventos y la inmensa sabiduría acumulada por el ser humano a lo largo de su evolución y presencia en el planeta, proponemos la recuperación de aquellos elementos positivos del pasado pero para construir un futuro nuevo, utópico, comunal, entre iguales.


Resumen

Ser coherente es ser intransigente. Javier Pérez Andújar

Audre Lorde, quien tiene una visión del capitalismo, del Estado y de la democracia burguesa muy realista, y que los sujetos anticapitalistas debiéramos tener siempre presente, decía: hay que abastecerse de unos valores e instrumentos que “no podrán ser los del amo. [Porque los valores, el lenguaje y] las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo las reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio”.68

Entrar en la casa del amo, constituida por sus instituciones (parlamentos nacionales y autonómicos, tribunales y cuerpos de seguridad), adoptar sus herramientas (elecciones, legalidad vigente), adoptar su lenguaje y valores (ni derechas ni izquierdas, ni rojos ni azules, ni clases sociales, los de abajo contra los de arriba; ya en [“el colegio lo que he visto es que las palabras son el poder”] 69 ), es contribuir a la liquidación del poco poder popular que se estaba generando en el debate político de las plazas del 15-M (“nada existe más revolucionario que una plaza; es en la plazas donde se forma la voluntad del pueblo”),70 y a vaciar de líderes y militantes los movimientos sociales anticapitalistas, más lo poco que estaba floreciendo en las asociaciones vecinales críticas, etc. Así mismo, una vez dentro de los baluartes y las <<plazas construidas por el amo>>, la praxis que proponen estas organizaciones es la de reconvertir la fracasada socialdemocracia en liberalismo social (neoliberalismo oculto), a la vez que satisfacer propuestas de economía solidaria muy en línea de lo que Kurtz define como políticas placebo, para frenar los potenciales conflictos populares que tales carencias sociales podrían desencadenar. También Cornelius Castoriadis es penetrante y afirma que “la política no es la lucha por el poder en el seno de instituciones dadas; ni simple lucha por la transformación de las instituciones llamadas políticas, o de ciertas instituciones –o hasta de todas las instituciones-. La política es ahora lucha por la transformación de la relación entre la sociedad y sus instituciones; por la instauración de un estado de cosas en el que el hombre social pueda y quiera considerar las instituciones que regulan su vida como sus propias creaciones colectivas, y por tanto pueda y quiera transformarlas cada vez que sienta que es necesario o que lo desee (…). De lo que hablamos es de un estado en el que la validez de la ley quedará permanentemente abierta: no porque cualquiera pueda hacer lo que sea, sino porque la colectividad podrá siempre transformar sus reglas sabiendo que no proceden ni de la voluntad divina, ni de la naturaleza de las cosas, ni de la razón de la historia, sino de sí misma; y que si su campo de visión es forzosamente limitado, no se encuentra fatalmente encadenada a una posición, puede darse la vuelta y ver lo que hasta aquel momento estaba a su espalda”. 71

De aquí que ensalcemos, una vez más, la actualidad del libro de Machado y Zibechi, que viene a confirmar este gran peligro, cuando analiza y evalúa las realidades de aquellos gobiernos de estados latinoamericanos que nos presentaron, o vendieron, como avanzadillas de la transformación, utilizando los estados burgueses. Como ya hemos citado, “nos guste o no, la democracia electoral ha sido creada para blindar los intereses de los grandes propietarios y garantizar la centralidad del Estado ante la sociedad, no para dar cauce a las necesidades de los oprimidos”. En fin, que el amo está siempre conforme con abrir la puerta de sus instituciones y dar la bienvenida a partidos, sindicatos, oenegés, colectivos, terceras vías y sectores asistenciales, etc., que estén dispuestos a actuar en defensa de las normas del establishment, o convertirse en fuerzas represoras si llega el caso.

De aquí que, por lo que se refiere a la política en el Estado español, culpemos a partidos recientes, como Podemos 72 y Ciudadanos, más otros de índole popular (Mareas) o independentistas, que se han sumado y convertido en casta para actuar de sedantes o disolventes del conflicto de clases que permanente genera el sistema capitalista. De hecho, Juan Manuel Bermudo se pregunta, nos pregunta: “¿cuál es el síntoma de esa peculiar y radical derrota que hemos diagnosticado como pérdida de la autoconciencia? Lo diré de forma directa: el síntoma es que la izquierda habla el lenguaje del enemigo, que de momento, y en abstracto, llamamos ideología dominante”.73 Y es que, instalados en la casa del amo, “nos han robado la ideología, junto con la ideología nos han robado el futuro, nos han robado el lenguaje, nos han robado el pensamiento insubordinado, nos han robado incluso el saber”. 74 Asumimos mansamente la condición de ser esclavos.

El capitalismo es un sistema que se desarrolla a través de crisis y expansiones; aprovecha la crisis para limpiar la casa de intrusos, depredar los recursos naturales y degradar las condiciones de vida de las gentes; y las expansiones para aumentar su capacidad de riqueza y de poder para la limpieza y la demolición siguiente. Por tanto, esta situación requiere más que nunca la presencia de los anticapitalistas, de los antisistema, de una “voluntad emancipatoria”. Pero, para enfrentarnos al capitalismo planetario en nuestros ámbitos, aquí y ahora, tenemos que preguntarnos por dónde comenzamos a construir procesos y sujetos de y para la transformación social; recomponer los sujetos de rendimiento en sujetos de cambio revolucionario, sujetos con voluntad de ir más allá del capital, del poder (económico, religioso, patriarcal, militar y policial) y del absolutismo en cualquiera de sus manifestaciones. Volviendo a citar a Bermudo, él afirma que es “en la crisis de la conciencia de sí, donde se acumulan las cadenas. Por eso trataré de argumentar, a partir de ahora, que no hay izquierda sin consciencia de izquierda; no hay consciencia de izquierda sin concepto de izquierda; y no hay concepto de izquierda sin conocimiento del capital, su origen y su enemigo, del cual nace y frente al cual ha de constituirse”.75

Esta labor de pensamiento y praxis es indispensable, y debe ser ampliamente debatida, aunque por suerte algunas personas ya lo vienen haciendo y, por eso hemos incluido en estas reflexiones la alternativa del comunalismo. Una alternativa abierta… y girando.


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José Iglesias Fernández

Barcelona, 01 diciembre del 2016

1 Donde todos los recursos del planeta no son de nadie y, por tanto, son de todos. Nadie puede ser propietario privado de aquello que es necesario para la sobrevivencia de los seres humanos.

2 Christian Laval y Pierre Dardot. Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI. Gedisa, 2015.

3 José Iglesias Fernández. Renta Básica de las iguales y Riqueza Comunal. Instrumentos contra el capitalismo.

En www.rentabasica.net.

4 Isabel Rauber. Tiempo de revoluciones desde abajo. En Itsván Mészáros. Más allá del capital. Hacia una teoría de la transición. En PDF.

5 Raúl Zibechi. Colonizadores. El pensamiento crítico y las prácticas emancipatorias. Próxima publicación

7 Los otros dos eran E. Bernstein y I. Bebel.

8 José Iglesias Fernández. El Programa de Erfurt. Reloaded casi 125 años más tarde. En

http://kaosenlared.net/el-programa-de-erfurt-reloaded-casi-125-anos-mas-tarde/

9 José Iglesias Fernández. Cuidado con el socialismo y los socialistas reaccionarios. En

http://old.kaosenlared.net/noticia/cuidado-socialismo-socialistas-reaccionarios

10 Un personaje inclasificable por su ambigüedad calculada. Ver José Iglesias Fernández. Ignacio Ramonet: poder, periodismo e hipocresía. En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/joseiglesias/1

11 Citado por Fran Fuentes Arana. Bildu y el virus de la socialdemocracia.

En http://www.kaosenlared.net/noticia/bildu-el-virus-socialdemocrata

12 José Iglesias Fernández. ¿Eres de los que defienden el capitalismo ético, el capitalismo verde? Abril del 2007. En

http://kaosenlared.net/author/jifernandez/

13 Sojourner Truth. Sufragio femenino. En Mercedes Jabardo. Feminismos negros, p.64. Traficante de sueños, 2012.

14 José Iglesias Fernández. El final está cerca, pero el comienzo también. Desde el marxismo, reflexiones para la recuperación del ecologismo. Baladre/Para escudriñadoras, 2014.

15 A Susan Sarandon tampoco le parecía que, el hecho de ser mujer per se, era condición suficiente para elegir a H. Clinton. Expresó su desacuerdo con sus ideas, actitudes y programas con una frase bien expresiva: Yo no voto con la vagina. Trump acabaría ganando las elecciones por un porcentaje no muy superior.

16 Raúl Zibechi. Colonizadores. El pensamiento crítico y las prácticas emancipatorias. Próxima publicación

17 John Holloway. Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo. El Viejo Topo, 2011.

18 Marina Garcés. Entrevista. El Periódico de Cataluña, 9 octubre del 2016.

19 Decio Machado y Raúl Zibechi. Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo. Ediciones Desde abajo, 2015.

20 D. Machado y R. Zibechi. Trabajo citado, pp. 5-6.

21 Raúl Zibechi. Es importante recuperar la calle, volver a tomar la ofensiva. En

http://www.coordinacionbaladre.org/noticia/raul-zibechi-es-importante-recuperar-la-calle-volver-a-tomar-la-ofensiva

22 D. Machado y R. Zibechi. Trabajo citado, pp. 19-22.

23 István Mészarós. Más allá del capital. Hacia una teoría de la transición, 1995. En

https://www.vicepresidencia.gob.bo/IMG/pdf/mas_alla_del_capital.pdf . Michael A. Lebowitz. La alternativa socialista: el verdadero desarrollo humano. Monthly Review, 2010. David Harvey. Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Akal, 2013. En http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/CIUDADES_REBELDES.pdf

24 José Iglesias Fernández. David Harvey opina que las alternativas al sistema se construyen desde el Estado, no desde las asambleas. En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/author/91-jos�iglesiasfern�ndez.html?start=30

25 David Harvey. Diez y siete contradicciones y el fin del capitalismo. En http://www.cpalsocial.org/documentos/73.pd

26 José Iglesias Fernández. Ver la trilogía El municipalismo como proceso contra el capitalismo, La sociedad comunal como alternativa al capitalismo, y La Renta Básica de las iguales y la Riqueza Comunal como instrumentos contra el capitalismo. En

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27 José Iglesias Fernández. García Linera y el socialismo comunitario del buen vivir. Reconvertido desde el comunalismo. En

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28 Jorge Viaña. Construyendo fundamentos en la lucha por un Socialismo Comunitario. En

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29 José Iglesias Fernández. Abdullah Öcalan. Confederalismo democrático. En

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30 José Iglesias Fernández. ¿Hay alternativas al capitalismo? La Renta Básica de las iguales. Baladre/Zambra, 2006.

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34 José Iglesias Fernández. ¿República, sí o no? Sobre las sociedades y las formas de gobierno: la propuesta del municipalismo. Virus editorial, 2009.

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Hay versión en catalán de ambos artículos en http://espaifabrica.cat/

37 Francisco Garrote Pérez. La sociedad ideal de Cervantes, p.22. CEGAL, 1997.

39 Iván Miró seguramente las clasificaría como herramientas de retaguardia. En http://www.lamarea.com/2016/09/15/la-cooperativa-una-herramienta-retaguardia-revolucionaria/

40 La aplicación de la matriz comunal puede leerse más ampliamente en José Iglesias Fernández. Sobre el decrecimiento y otras rendiciones. Interpretación crítica sobre el decrecimiento y el consumo responsable. Baladre / Libreando 2010.

41 “Parte de nuestros deseos son naturales, y otra parte son vanos deseos; entre los naturales, unos son necesarios y otros no; y entre los necesarios, unos lo son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo y otros para la vida misma. Conociendo bien estas clases de deseos es posible referir toda elección a la salud del cuerpo y a la serenidad del alma, porque en ello consiste la vida feliz. Pues actuamos siempre para no sufrir dolor ni pesar, y una vez que lo hemos conseguido ya no necesitamos de nada más”. Epicuro. Carta a Meneceo. En http://www.webdianoia.com/helenismo/epicuro_fil.htm

42 En un próximo trabajo, Juicio a algunas experiencias actuales, someteremos las diversas y más frecuentes propuestas al veredicto de las características que componen la brújula/matriz.

43 Michael Löwy. Ecosocialismo: hacia una nueva civilización.

En http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-42/ecosocialismo-hacia-una-nueva-civilizacion

44 Michael Löwy. Ecosocialismo: hacia una nueva civilización. Trabajo citado.

45 Vladimir Lenin. Las tesis de Abril. Trabajo citado.

46 M. Bakunin. Socialismo sin Estado. Anarquismo. En http://www.marxismoeducar.cl/bakunin05.htm

47 Anthony Burgess. “La condición mecánica”. El País, 27 octubre del 2012.

48 Christian Laval y Pierre Dardot. Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, p. 19. Gedisa, 2015.

49 Lecturas cruzadas entre Michael Hardt y John Holloway. Crear Commonwealth y agrietar el capitalismo. En

http://argentina.indymedia.org/uploads/2012/02/hardt_y_holloway_lecturas_cruzadas.pdf

50 Lawrence Krader. Los apuntes etnológicos de Karl Marx. Siglo XXI, 1988. En

https://efchagasufc.files.wordpress.com/2012/04/19-los-apuntes-etnologicos-de-karl-marx.pdf

51 Tales como LH. Morgan, JB Phear, HS Maine y J. Lubbock.

52 Karl Marx. “Primer borrador” en respuesta a la carta de Vera I. Zasulich, 1881. En Theodor Shanin. El Marx tardío y la vía rusa. Editorial Revolución, 1990.

53 Michael Löwy. Marx, Engels y el romanticismo. En

https://marxismocritico.com/2015/12/14/marx-engels-y-el-romanticismo/ . Las cursivas son nuestras.

54 David Algarra Bascón. El comú català. La historia dels que no surten a l’història. En

https://drive.google.com/drive/folders/0B5_w_7QHqwZedXZSTDVxRUQwYWc?tid=0B5_w_7QHqwZedk5HTXpORDhHUjA

55 M. Bakunin. Socialismo sin Estado. Anarquismo. Trabajo citado.

56 Raúl Zibechi. Trabajo citado

57 Lewis H. Morgan. La sociedad primitiva, p.37. En https://fpa2014.files.wordpress.com/2014/01/morgan-la-sociedad-primitiva.pdf

58 Karl Polanyi. La gran transformación Crítica del liberalismo económico, pp. 341-343. La Piqueta, 1989

59 José Iglesias Fernández. Apuntes sobre la economía furtiva del capitalismo. 2011. En

http://www.rentabasica.net/otras_obras/Capitalismo_furtivo_definitivo.pdf

60 José Iglesias Fernández. Apuntes sobre el capitalismo distópico. 2015. En

http://rentabasica.net/otras_obras/Notas_sobre_El_capitalismo_distopico.pdf

61 José Iglesias Fernández. ¿Hay alternativas al capitalismo? La renta Básica de las iguales. Baladre /Zambra, 2006.

62 José Iglesias Fernández. Decrecimiento. El vano intento de poner a dieta a la bestia. Cuadernos 9. Baladre/Zambra, 2011.

63 José Iglesias Fernández. El municipalismo como proceso contra el capitalismo, y La sociedad comunal como alternativa al capitalismo. En www.rentabasica.net

64 Lawrence Krader. Los apuntes etnológicos de Karl Marx. Siglo XXI, 1988.

65 Michael Löwy. Marx, Engels y el romanticismo. En http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Madres/01-02/01-02-02/

66 Pierre Clastres. La sociedad contra el estado. Virus editorial.

67 Pierre Clastres. La sociedad contra el estado, pp. 90 y 99 En

https://docs.google.com/file/d/0B14Synwe1mHzWkp6bFBiT2NUaE0/edit

68 Mercedes Jabardo (ed.). Feminismos negros. Una antología, p. 33. Traficantes de sueños, 2012.

69 Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre, p.28.Tusquets, 2011.

70 Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre, p.60.Tusquets, 2011.

71 Cornelius Castoriadis. La sociedad burocrática, pp.70-72. En “Una antología de textos breves”. En

http://www.fundanin.org/antologiacastoriadis.htm#23

72 José Iglesias Fernández. Podemos: la fábrica de oxígeno del capitalismo. En

http://2014.kaosenlared.net/colaboradores/102291-podemos-la-f%C3%A1brica-de-ox%C3%ADgeno-que-necesita-el-capitalismo

73 Juan Manuel Bermudo. Izquierda y derecha en el zoo humano. Texto de una conferencia.

74 Juan Manuel Bermudo. Izquierda y derecha en el zoo humano. Trabajo citado.

75 Juan Manuel Bermudo. Izquierda y derecha en el zoo humano. Trabajo citado.

2 Comentarios
  1. Octaavio Alberola ¿Cómo construir un futuro nuevo...? dice:

    Mientras no seamos capaces de poner radicalmente en causa -en el discurso y en la practica- el objeto del deseo del Amo, que ha colonizado el imaginario social, no será posible “construir un futuro nuevo, utópico, comunal, entre iguales”.
    Lo lógico y urgente es, pues, preguntarnos cómo cambiar el objeto del deseo para que los esfuerzos por construirlo no sigan contribuyendo a la consolidación del poder del Amo y sirvan para encaminarnos hacia ese “futuro nuevo”…
    Fraternalmente

  2. pirmeo dice:

    en una sociedad comunista los productos se intercambian directamente,se coge del monton de manera gratuita y en fucion de la demanda de ese determinado bien se genera un baremo o cociente y la diferencia los que utilizan ese bien tendra que abonarse y ahi entra los bonos laborales intransferibles y caducables y que no circulan en fucion de lo que el individuo aporta a la sociedad…es el valor de uso que predomina y se neutraliza el valor de cambio…la comuna regulara por ej los pisos y los productos impedecederos en funcion de tanta oferta y tanta demanda y si en un palacete hay mucha demanda para entrar sera como un “hotel” se entrara gratuitamente pero en funcion de la demanda y la cola de espera habra varias familias ocupandola y se reducira la estancia el precio por alojarse en una localizacion privilegiada…y asi

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