Colombia / Corrupción. “En todo caso fue a mis espaldas”

Por Carlos Alfonso Ortíz L., Colombia Informa

De los sucesivos escándalos y hechos de corrupción palpables, en un país como Colombia, los diferentes mandatarios o exmandatarios, siempre han dado a entender a la opinión publica -a la cual consideran ingenua- que en su figura presidencial o de candidato en campaña electoral, no percibieron el más mínimo asomo de que algo ilícito los […]

De los sucesivos escándalos y hechos de corrupción palpables, en un país como Colombia, los diferentes mandatarios o exmandatarios, siempre han dado a entender a la opinión publica -a la cual consideran ingenua- que en su figura presidencial o de candidato en campaña electoral, no percibieron el más mínimo asomo de que algo ilícito los estuviese rodeando, argumento inmortalizado en la célebre frase del expresidente Samper Pizano: “En todo caso fue a mis espaldas”.

El afamado caso 8.000, en el que se cuestionaba la infiltración de dineros de la mafia a la campaña del entonces aspirante presidencial Samper (1994-1998); los distintos hechos de corrupción, espionaje y criminalidad asociada a la figura del expresidente Uribe (2002-2010); y la financiación por parte de la cuestionada empresa brasileña Odebrecht en la campaña de “Santos Presidente I” cuando posaba de fiel heredero del uribismo, y “Santos Presidente II” cuando asumía el reto de hacer la Paz, sólo nos deja una simple pregunta ¿será cierto que no sabían de tales ilícitos?

En Colombia la línea delgada que separa lo ilegal de lo legal parece borrarse constantemente; el presidencialismo, que más parece una monarquía constitucional, asume demasiados poderes en la dirección del Estado, entre ellos la contratación. En un país altamente centralizado y con formas de gobierno tal verticales, no se entiende que para un mandatario o candidato presidencial pase desapercibido el flujo de capitales contados en billones y no se dé por enterado de las actuaciones de los aparatos de Estado que transgreden los Derechos Humanos.

A esto debe preguntarse ¿es tal el nivel de politización de los órganos de control y de justicia que pasaron de agache ante semejantes hechos de corrupción? ¿Será cierto que un ministro, viceministro, gerente de campaña, director de departamento, entre otros, haya traicionado la confianza de su superior o candidato en aras de apropiarse de recursos o recurrir a maniobras no santas para dar “buenos resultados”?

No se explica y es poco creíble que en un país como Colombia, altamente jerarquizado, clientelista y burocratizado en las instituciones de gobierno, los dineros y actuaciones a nombre del Estado en los que se involucran hechos de corrupción y crímenes, se hayan cometido sin un ojo que lo supervise, un oído que lo escuche, una boca que lo ordene y un mano que lo reciba.

CI CO/DM/20/3/17/14:00

*Carlos Alfonsp Ortíz L. es Politólogo y candidato a Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia y colaborador de Colombia Informa Medellín.

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