Publicado en: 13 septiembre, 2017

Chile. Comentarios sobre la “Marcha al revés” del 10 de septiembre en Santiago

Por Bosco González Jiménez

En varios momentos sentí que estábamos un poco tomados, absorbidos, por una iniciativa o voluntad independiente de nosotros, caracterizada por una eterna repetición orientada a la división, la fragmentación y la normalización.

 

Actuando y recordando, creando más que repitiendo

 

“Yo he preferido hablar de cosas imposibles,
porque de lo posible se sabe demasiado…”
Silvio Rodríguez.

 

 

Últimamente he asistido menos a marchas y manifestaciones, son muchas las circunstancias que me han llevado a dejar de hacerlo, desde las que van de lo estrictamente personal, como también desde las rupturas, continuidades y transformaciones en las organizaciones políticas en las que me tocó participar entre los años 1998 y 2008.

En varios momentos sentí que estábamos un poco tomados, absorbidos, por una iniciativa o voluntad independiente de nosotros, caracterizada por una eterna repetición orientada a la división, la fragmentación y la normalización.

Mucho de esto, al interior de organizaciones que en su esencia más general, buscan la desarticulación de los discursos hegemónicos y dispositivos orientados al disciplinamiento de la acción colectiva e individual, en pocas palabras, pienso que estábamos un poco tomados por la derrota de la izquierda, que tiene como efecto concreto, la improvisación política, el coyunturalismo y muchas veces la falta de convicción en la necesidad de operar en un sentido diferente al que se ha venido repitiendo, como un rito ancestral hace más de dos décadas.

En este contexto de reflexión personal sobre lo hecho y lo por hacer, considero que el 10 de septiembre pasado fue una excepción. Me llamó la atención, no con un cierto escepticismo, una convocatoria de nuevo tipo, realizada por quienes convocaron la conmemoración de los 52 años de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en el Cuartel Borgoño, me refiero a la “Marcha al revés” , la cual ya se ha reiterado en los tres últimos años como una alternativa a la tradicional romería al cementerio general.

Sobre este escepticismo conversé detenidamente con mi estimado Claudio Escobar, a quien después de muchos años, de nuestras travesías en el sur de Chile y en muchas calles de Santiago, pude reconocer en este acto como uno de los que siempre decidimos querer y seguir queriendo. Lo mismo va para Antonio Kadima, a quien he podido ver después de años, nuevamente con mucha gratitud y aprecio.

Las razones que esgrimo aquí y por las cuales no me arrepiento de haber asistido, permitirán entregar una descripción y balance de los resultados de esta convocatoria, claro está, desde una mirada parcial, la cual, me gustaría sirva de algo más que una simple descripción para quienes lean el presente, quizás como un insumo para la reflexión política de muchos y muchas que como yo, y claro que lo sé, hace algunos años han decidido mirar desde una relativa distancia las posiciones que ocupaban hace algunos años.

La hora y el lugar, la tumba de Miguel y Edgardo Enríquez a las 10 de la mañana, allí nos congregamos alrededor de doscientas personas y luego de que cada organización hiciera su ordenamiento y sus respectivos dirigentes entregaran algunas palabras antes de comenzar, partimos en caminata en sentido inverso a la tradicional marcha visitando los lugares de descanso de muchos militantes de distintas organizaciones políticas como el MIR, el Mapu Lautaro y otras.

Luego de esto una detención en el memorial, a pasos de la salida del Cementerio General, en el cual se homenajeó a diversos presos políticos, ejecutados y detenidos desaparecidos, algunos nombres: Carlos Lorca, Víctor Díaz, Miguel Enríquez y tantos más, de igual manera se manifestaron organizaciones internacionales como los miembros del colectivo Amauta del Perú y muchas organizaciones más, que por razones de extensión no mencionare aquí. Lo que me interesa es transmitir el sentido de la actividad, las ideas transmitidas, más que las organizaciones convocantes y la dimensión individual de su composición. Considero que esto se trata de ideas más que de personas.

Desde mi posición aún algo escéptica, seguía sin comprender absolutamente el sentido, y fue en este lugar, a pasos de la salida del cementerio que una consigna gritada al viento, capturó toda mi atención y logré comprender el significado de la actividad en la que me había incorporado… esta decía: “De la memoria al poder…de la memoria a la victoria”.

De esta manera salimos por Avenida Recoleta en dirección norte sur, banderas y diversos gritos y consignas, y la más reiterada, o quizás la que quizás más quise escuchar, es esta que señala el tránsito de la memoria al poder o de la memoria a la victoria y es en cierto lugar, una frase que sintetiza lo que podría denominar una relativa ruptura en la ritualizacion de la política, la cual permite pensar más allá de sí misma y plantearse cosas como el tránsito de la muerte a la vida o de la muerte a la creación y porque no decirlo, de la derrota a la iniciativa política.

Desde una perspectiva semiótica, intentando ver cómo se nos expresan estas actividades sociales no escritas, sino que muchas veces actuadas en ritos y manifestaciones orales, en las cuales nosotros mismos participamos, es posible sostener que unos marchan de la sociedad de los vivos a la muerte, del centro del poder hacia la muerte, de la organización central de la sociedad neoliberal a la derrota y otras formas de expresión de esta lógica, los menos, por ahora sin lugar a dudas, deciden hacerlo en sentido inverso; saliendo de la muerte hacia otro lugar, arrancándole la iniciativa a la organización política que controla la memoria histórica, la que frecuentemente selecciona, desde una externalidad, lo que se debe recordar y olvidar, cómo se debe hacer y cuándo. En este sentido creo que el momento en que se cruzaron ambas marchas se pudo sentir por minutos esta contradicción, paso a detallarlo…

Unas cuadras más al sur del Cerro Blanco, por Recoleta, se encontraron las dos marchas, una más grande que la otra, claro está, en cantidad de personas, pero por un minuto sentí que la grandeza no está determinada por la cantidad de personas, sino por las ideas que conducen a unos y otros, por la forma en que estos tienen de mirar un mismo fenómeno, y déjenme decirles, que muchos de los que venían del centro al cementerio, de la vida a la muerte, aplaudieron a los que caminábamos en un sentido contrario, otros se burlaron aludiendo a un factor cuantitativo, pero lo interesante de todo esto, es que la claridad y la firmeza con la que los que marchamos al revés, logramos continuar la marcha hacia la plaza de armas. Esto me hace pensar que año a año tendrá más adherentes y lo más importante, que nos abre caminos de pensamiento y acción de nuevo orden.

Muchos de los que aquí leen, podrán preguntarse por el sentido de ir contra la corriente, incluso de los que van ya contra la corriente; y el sentido está en recordar por fuera de la hegemonía ideológica, de recordar y actuar desde un lugar que no está definido por las instituciones que gobiernan la política de la memoria histórica -y no como un experimento académico para evaluar hipótesis psicosociales o antropológicas, como ocurre en ocasiones, al desarrollar acciones performativas-, sino como un medio que permita que las subjetividades reprimidas afloren y puedan construir espacios, donde se desplieguen y produzcan nuevas realidades sociales, apelando siempre a la posibilidad de volver a recordar victorias y no derrotas, de pensar en todo lo que se logró durante esos tres años de Unidad Popular y todo lo que hizo posible esos tres años, más que en cómo lo destruyeron, sin dejar de poner en primer orden la capacidad de reorganización, movilización y revitalización de la sociedad durante esos 17 años de horror.

Quizás habrá que dar vuelta todo, poner de cabeza nuestras creencias y comenzar, como dijo Marx, en la Ideología Alemana, poner de cabeza al pensamiento y comenzar a marchar al revés.

 

 *   Bosco González Jiménez es sociólogo, doctorante en historia (M) etnohistoria, U. de Chile.

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