Publicado en: 3 enero, 2018

Chile. (2ª Parte) Elementos para un análisis de las elecciones presidenciales del 2017

Por Manuel Acuña Asenjo

EXPLICACIÓN Decíamos, en la primera parte de este ensayo que, para explicar el triunfo del candidato de ‘Chile Vamos’, un número poco despreciable de analistas recurrían a afirmaciones pueriles y carentes de veracidad. No fue tal actitud, sin embargo, privativa de dichos analistas; también incurrieron en ese tipo de afirmaciones antojadizas algunos políticos como Manuel […]

EXPLICACIÓN

Decíamos, en la primera parte de este ensayo que, para explicar el triunfo del candidato de ‘Chile Vamos’, un número poco despreciable de analistas recurrían a afirmaciones pueriles y carentes de veracidad. No fue tal actitud, sin embargo, privativa de dichos analistas; también incurrieron en ese tipo de afirmaciones antojadizas algunos políticos como Manuel José Ossandón para quien Sebastián Piñera

“[…] le debe, a mi juicio, esta elección a la capacidad que él demostró, a su madurez, a la capacidad de equipos que tenía, pero en un 80 por ciento a la gratuidad”[i].

Aseverar aquello constituye, desde ya, un disparate como ya lo aseveramos en la primera parte de este ensayo por boca de otro analista. Con prescindencia de la superficialidad de tales expresiones, sostenemos nosotros que si los conflictos entre los seres humanos se definieran solamente por la acción de una, dos o más causas no se necesitarían análisis ni estudios acerca del comportamiento social; menos aún si tales causas o motivos fuesen atribuibles solamente a una de las partes en conflicto. La naturaleza de una sociedad no permite formas tan simples de ver las cosas o acontecimientos: hay actores sociales que, por lo mismo, y como lo dice su nombre, actúan. Y lo hacen de tal manera que, a menudo, pueden torcer o evitar aquello que parecía inevitable y dar un curso diferente a la contienda. De lo cual puede concluirse que la acción de una parte no basta para dar por superada una contienda; se necesita que la otra cometa errores o desaciertos y no aproveche aquellas circunstancias que a cada momento ofrece el desarrollo del conflicto.

En la teoría social se destacan numerosas proposiciones para explicar las preferencias que los electores manifiestan por los candidatos. Carlos Peña nos recuerda a Lipset y Rokkan con sus tesis sobre los clivajes preexistentes o posiciones materiales o simbólicas que las personas poseen en la estructura social para terminar señalando

“[…] que los viejos clivajes de la sociedad chilena, la clase social, la adscripción religiosa, la ruralidad, etcétera, no son predictores fieles de la adhesión política ni hacen probable la adhesión a la agenda temática de los partidos”[ii].

Olvida, no obstante, el profesor, que los actos de los seres humanos no dependen de una circunstancia sino de actores sociales cuyas acciones, a menudo, contribuyen, como ya lo hemos señalado, a inclinar a uno u otro lado la balanza del resultado.

Las palabras precedentes sirven para explicar, en cierta manera, lo que ocurrió al lado de los perdedores de la justa electoral de 17 de diciembre de 2017. No referirnos a ello implicaría callar actitudes sobre las cuales es necesario hablar y evitar, con ello, que en un futuro vuelvan a repetirse; porque, si bien la historia no se repite, reproduce determinados modelos o esquemas que, de no conocerse, pueden acarrear inevitables desastres.

EL COMPORTAMIENTO DE LA COALICIÓN ‘FRENTE AMPLIO’

El comportamiento del ‘Frente Amplio’ incidió en la derrota del abanderado independiente en tres grandes aspectos: fue, en primer lugar, incapaz o no quiso jamás entender su carácter de ‘independiente’; en segundo lugar, evitó en todo momento dar una clara señal de apoyo a su candidatura; y, en tercer lugar, no pudo impedir que parte considerable de su electorado votara por Piñera.

Incapacidad o falta de voluntad para entender el carácter independiente del candidato.

El ‘Frente Amplio’ jamás pudo entender el carácter independiente de Alejandro Guillier; y si, por el contrario, pudo hacerlo, no tuvo, en momento alguno, voluntad política para ello. Por el contrario: en la generalidad de las diatribas proferidas en contra del candidato independiente se le asimiló, porfiada e intencionadamente, a ‘Nueva Mayoría’, cuando no a la ‘Concertación’.

Podría pensarse que resulta, a menudo, difícil entender las disputas por la imposición de determinadas políticas al interior de las organizaciones políticas y se hace más fácil soslayarlas que explicarlas. Puede ser ésta una de las razones que hicieron al ‘Frente Amplio’ insistir majaderamente que Guillier y ‘Nueva Mayoría’ eran la misma expresión; la homologación resultaba más fácil de hacer que intentar una explicación de lo que sucedía al interior de las colectividades de ese conglomerado político. Pero, ¿era así, verdaderamente? ¿Era eso lo que ocurría? Las disputas al interior de cada uno de los partidos que integraban aquel pacto, ¿eran simples disputas de vecinos por los ladridos del perro? ¿Cómo explicarse lo que sucedía al interior del partido Socialista PS, de la Democracia Cristiana DC, del propio partido Por la Democracia PPD? ¿Se había anquilosado la práctica política de las colectividades que integraban al conglomerado ‘Nueva Mayoría’?

Puede suponerse que el concepto de disputas internas al interior de cada agrupación humana (lucha de intereses, lucha de clases) se había olvidado por parte del ‘Frente Amplio’, se había arrojado al tacho de la basura o, simplemente, se ignoraba, situación un tanto extraña en dirigentes académicos que hacían gala de conocer la teoría social. Tal vez. Pero podía, también, suponerse que se trataba de simples prejuicios que predominaban dentro de ese conglomerado en contra del candidato. Lo cierto es que el trato hacia aquel fue, simplemente, el que podría recibir el representante más odiado de ‘Nueva Mayoría’, factor que fue decisivo al momento de prestar el apoyo a su candidatura. Por eso, a la hora de intentar arreglar las cosas, el daño ya estaba hecho. Y contribuiría a consolidar esa separación la actitud del Comando del candidato que privilegiaba la alianza con otras fuerzas políticas derrotadas menos importantes. El prejuicio sería el factor que decidiría la dirección del voto. Por una parte.

Esta actitud de no entender o no querer entender las luchas que se daban (y se dan) permanentemente al interior de las organizaciones políticas y sociales no era privativa sólo del ‘Frente Amplio’; también otras personas reaccionaban de manera similar en sus análisis y comentarios hablando de ‘Nueva Mayoría’, como si no hubiere existido renovación alguna al interior de los partidos, como si toda la sociedad chilena se hubiere congelado, fuese imposible toda transformación y todo se redujese a cambiar de ropaje. La lucha de clases estaría, de esa manera, abolida[iii].

Esta forma de suponer —equivocadamente, a nuestro juicio— que ‘Nueva Mayoría’ seguía existiendo y que todo lo ocurrido no era más que engaños y mentiras también la exterioriza y muy bien el partido Humanista (integrante del ‘Frente Amplio’) en una declaración hecha pública el mismo día de la elección en donde podían leerse los siguientes párrafos:

“Ganó Piñera. Y por mucho más de lo que cualquiera podría haber pensado. Se hablaba de resultados estrechos y es muy fuerte la diferencia. En un mundo en donde avanza la derecha xenofóbica, que recorta los derechos sociales construidos luego de décadas de luchas y con una mirada valórica muy cercana a los sectores más integristas y conservadores de la ultraderecha, el triunfo de Piñera es una pésima noticia para todos quiénes pretendemos avanzar hacia un país más justo y solidario”.

“[…] la pregunta es si la Nueva Mayoría será capaz de hacer una autocrítica, que no han hecho después de la derrota del año 2009, tampoco después de la derrota de la reciente primera vuelta y los resultados de las elecciones parlamentarias. No fueron capaces de entender por qué sus referentes no fueron electos y siguieron como si nada hubiera pasado. No fueron capaces de responder a las demandas de la gente. Una vez más le han dado el gobierno a la derecha”[iv].

¿Podemos preguntarnos si acaso conocían los líderes y militantes del ‘Frente Amplio’ el concepto de ‘lucha de clases’ al interior de cada agrupación humana? Porque si no la conocían resulta hoy explicable esa actitud; pero, si la conocían e insistían porfiadamente en no reconocer lo que sucedía al interior de la coalición que apoyaba al candidato independiente, ¿predominaban los prejuicios en esa colectividad y su dirigencia por encima de los principios sobre los cuales asentaba su accionar?

No. La situación no es tan terminante. Esta visión estática de las organizaciones sociales y políticas también es compartida por otras personas. Así lo hace el diputado del PS Fidel Espinoza, declarado ‘laguista’, cuando señala:

“Yo creo que hay que ser bastante fríos. Nosotros, como Nueva Mayoría, sufrimos una derrota fuerte, estrepitosa, y las causas no son sólo de ahora […] Aquí hay errores y los que tienen responsabilidad —yo en eso comparto con Ricardo Lagos— han estado callados. Los presidentes de nuestros partidos tienen que dar la cara […] no creo que Álvaro Elizalde tenga que renunciar, pero tiene que haber un mea culpa […]”[v]

A nuestro parecer, la visión de estructuras partidarias anquilosadas es parte del triunfo de las formas culturales que imparten hoy los medios de comunicación que, como lo hemos afirmado permanentemente en nuestros documentos, son formadores de ideología. Es una forma de pensar que se hereda de la cultura vigente, impuesta en los años de la dictadura pinochetista, y son pocas las personas que pueden desprenderse de ella. Por eso, no puede sorprender que en uno de los editoriales de un conocido medio de comunicación social se pueda leer lo siguiente:

“No cabe duda que pretender separar lo electoral de lo político busca evadir la realidad y soslaya la responsabilidad que cabe al equipo político de haber transformado esta elección en un plebiscito respecto de la gestión de la presidenta Bachelet y de la misma Nueva Mayoría, ya que más que las propuestas del abanderado oficialista, el gobierno promovió la necesidad de una continuidad de las reformas y una defensa del legado de la mandataria”[vi].

Y ¿qué decir si uno de los más genuinos representantes del propio candidato independiente recurre a esta homologación cuya finalidad era desconocer, precisamente, su independencia de los partidos políticos para vincularlo estrechamente no a los magros éxitos sino, fundamentalmente, a los fracasos y actos corruptos de los personeros del gobierno de Bachelet?

“[…] Guillier ha sido culturalmente parte de la Nueva Mayoría y de la Concertación. Él sí era leal a eso”.

“Creo que hay una mentalidad binominal, la Nueva Mayoría debe cambiar su mentalidad binominal en la que a la ciudadanía les queda elegir sólo entre papa y arroz”.

“La Nueva Mayoría prometió muchos cambios y Bachelet los trató de hacer. Convengamos que la Nueva Mayoría no ha sido la más veloz para los cambios”[vii].

Ninguna palabra hacia ‘Fuerza de Mayoría’; ninguna referencia hacia aquella. No puede haber, en consecuencia, lamentaciones sobre hechos irrefutables.

Negativa a dar una clara señal de apoyo al candidato

Acordes con esa idea (prejuicio o ignorancia) de asimilar al candidato independiente con toda la corrupción y conveniencia que representaba tanto ‘Nueva Mayoría como la ‘Concertación de Partidos Por la Democracia’, era difícil pensar en obtener apoyo decidido del ‘Frente Amplio’ para la candidatura independiente de Alejandro Guillier. Pero no imposible. Dos hechos conspiraban contra ese deseo: era el primero, la inexistencia de una actitud positiva al interior del Comando del senador hacia aquella colectividad; era el segundo, la imposibilidad que tenía el ‘Frente Amplio’ para poder acceder a esa petición.

Actitud positiva del Comando del candidato independiente hacia el ‘Frente Amplio’.

Para obtener el apoyo del ‘Frente Amplio’ se requería una actitud tremendamente positiva del Comando del candidato independiente hacia aquel, lo que, precisamente, no ocurría. Interesado más bien en obtener el apoyo de grupos que, al reconocer su escaso poder electoral habían acordado prestar el apoyo incondicional al candidato, el Comando no sólo no consideró oportuno hacer esos gestos al ‘Frente Amplio’ sino, por el contrario, desautorizaba las palabras del propio candidato orientadas a tal efecto y terminaba de completar el equipo económico con conocidos defensores del neoliberalismo. En tales condiciones, no era difícil predecir lo que podría ocurrir en el futuro y que, en definitiva, ocurrió.

De si este error o desacierto fue culpa del Comando o de las presiones que dicho Comando recibía de las organizaciones políticas es algo que desconocemos, pero que no nos parece desatinado suponer. La política no es solamente el arte de hacer difíciles las cosas que parecen fáciles sino, también, el campo donde se enfrentan los intereses corporativos de las organizaciones políticas. En palabras más  corrientes, el ‘Frente Amplio’ necesitaba el beso que requiere el amante para entregarse. Y el Comando parecía más interesado en enviar besos a otros amantes más esquivos y perversos.

Imposibilidad del ‘Frente Amplio’ para entregar su apoyo incondicional.
El ‘Frente Amplio’ estaba imposibilitado, por otro lado, para entregar ese apoyo incondicional. Dos hechos lo hacían tremendamente difícil: el primero era su composición política; el segundo, la imposibilidad de dar a conocer esa debilidad suya.

Composición política del ‘Frente Amplio’.

No podía el ‘Frente Amplio’ entregar su apoyo incondicional al candidato independiente porque su composición política era de 9 partidos y dos movimientos sociales, lo que implicaba un conjunto bastante heterogéneo de sujetos. Para los partidos más poderosos de ese conglomerado, su proyecto había sido suplantar a ‘Nueva Mayoría’ en la conducción de la llamada ‘centroizquierda’, reemplazarla en la escena política de la nación y situarse allí en lugar de aquella; pero no todos compartían esa idea. Pero sí coincidían en la idea según la cual negociar con la misma era negar su propia esencia y ese era su primer escollo: el temor que muchas de sus bases no siguieran a la dirigencia.

Pero existía otro hecho grave cual era que los movimientos que integraban aquel conglomerado eran movimientos sociales, no partidos, y ese tipo de organizaciones no tiene una militancia teórica o ideológicamente determinada. En palabras más directas, son organizaciones que integran personas unidas por uno o dos motivos centrales, eminentemente reivindicativos; por lo mismo, respetan la identidad o filiación política de cada uno de sus miembros y las demandas sociales que defienden son bastante específicas. Y esto sí que era grave, pues siendo bastante reducidos los intereses defendidos por los movimientos resulta fácil entender que en ellos se manifiesten elementos tanto de ‘izquierda’ como de ‘derecha’ si por tales entendemos a quienes votan por partidos representativos de esas tendencias. Estar en contra de la corrupción no implica, necesariamente, ser de ideas de avanzada. En los desfiles del Movimiento ‘No + AFP’ participaron tanto ‘momios’ como ‘proletarios’ unidos por la idea de terminar con un régimen previsional injusto. Pero si se les ordenase votar por una persona determinada, pocos van a acatar ese acto de obediencia. Era lo que trataba de explicar un comentarista al señalar:

“[…] parece claro que una parte no despreciable de votantes de Sánchez y MEO se corresponde con personas de marcada identidad anti Concertación – Nueva Mayoría. Dicha identidad se superpondría a cualquier otra (por ej., la identidad de izquierda sería secundaria o inexistente entre estos votantes), lo que los haría impermeables a los llamados a votar por Guillier hechos por sus respectivos líderes”[viii].

Sin embargo, la presencia de elementos al interior del ‘Frente Amplio’ sobre los cuales era difícil ejercer presión no impedía que ese apoyo a la candidatura de Alejandro Guillier lo entregaran los partidos políticos que eran nueve. No obstante, se negaron a hacerlo. Y ese fue un error de magnitudes pues, una vez que se acepta participar en el juego que se libra dentro de la escena política de una nación, las organizaciones políticas no pueden excusarse de hacerlo alegando ser parte de los movimientos sociales. La política consiste, precisamente, en hacer uso de las armas que la propia normatividad institucional entrega a quienes desean participar en ella. La política no es un juego de niños caprichosos ni un recinto al que se puede estar ingresando y saliendo permanentemente. Y aquí radica uno de los desaciertos de esa coalición que debiendo pronunciarse oficialmente sobre un hecho político no lo hizo; mal podía, posteriormente, acusar de ‘vacilante’ al candidato derrotado.

Pero existía aún otra circunstancia difícil (por no decir, imposible) de superar: la existencia de tendencias dentro de algunos de los partidos que integraban (e integran) la coalición para quienes la sola circunstancia que Piñera saliera electo ‘agudizaba las contradicciones de clase’, estrategia que consideraban adecuada para la nueva fase que se avecinaba. Los partidarios de esas tendencias no vacilarían en votar por Piñera a fin de llevar a cabo esa estrategia que algunas organizaciones han dado en denominar ‘ultraizquierdismo’. En palabras más simples: a estos sectores les interesaba el triunfo de Piñera, lo deseaban y no vacilarían en trabajar en esa dirección.

Imposibilidad de dar a conocer aquellos hechos

Entonces, surge un factor conexo que no es posible ignorar: el ejercicio de la política impide dar a conocer las dificultades internas de cada organización. Con mayor razón, las que conmueven a un conglomerado de organizaciones políticas y sociales. El político es un actor: debe representar adecuadamente el rol que desempeña: hablar cuando debe hablar y callar cuando debe hacerlo. En una sociedad autoritaria como la chilena, los actores políticos no pueden dar la imagen de sujetos débiles, no pueden dar a conocer las contradicciones internas que inevitablemente se presentan al interior de toda organización humana. En palabras más simples, el actor político no puede mostrarse vacilante o exteriozar fragilidad. Mucho menos la de su organización. Esta circunstancia entorpece las relaciones políticas. El ‘Frente Amplio’ no podía dar a conocer las circunstancias que impedían dar el apoyo solicitado.

No pudo impedir que parte importante de su electorado votara por Piñera
No debe sorprender, entonces, que parte importante de ese electorado no votase por el candidato independiente sino lo hiciese por el de la coalición ‘Chile Vamos’, especialmente, el electorado femenino que reacciona con mayor virulencia ante las injusticias que crea la aplicación del modelo.

“Según la encuesta de ChileTendencia —que acertó casi de manera exacta al resultado de la segunda vuelta—, gran parte de la votación femenina de Beatriz Sánchez se trasladó a Sebastián Piñera ayudando considerablemente en el triunfo del candidato de Chile Vamos”[ix].

Dice un refrán nacional que ‘no se le puede pedir peras al olmo’; por eso, no era posible pedir apoyo incondicional al ‘Frente Amplio’ para la candidatura de Alejandro Guillier; por eso el ‘Frente Amplio’ no podía pronunciarse como un solo individuo sobre un apoyo de esa naturaleza.

Así, pues, los miembros del ‘Frente Amplio’ no han sido ni pueden ser calificados de ‘traidores’, ‘vendepatria’ o sujetos que sólo buscaban el triunfo del candidato de ‘Chile Vamos’, como se ha insistido majaderamente por algunas personas que no manifiestan mayor inquietud en buscar explicaciones a los hechos. Solamente puede decirse de aquella coalición que fue víctima de su propia calidad de tal. Que decidió participar en un juego como lo hacían los demás y, por esa sola circunstancia, quedó atrapado en el mismo. Nada más. Hoy ya no valen los llantos ni las lamentaciones.

Por lo extenso que nos ha resultado exponer las circunstancias que han afectado de una u otra manera las elecciones del presente mes, hemos debido separar una tercera parte en la que daremos a conocer nuestra visión acerca del comportamiento del candidato independiente.

Santiago, diciembre de 2017

[i] Redacción: “Ossandón asegura que Piñera le debe ‘en un 80 por ciento’ la victoria a la gratuidad”, ‘El Mostrador’, 18 de diciembre de 2017.

[ii] Peña, Carlos: “Lecciones de una derrota”, ‘El Mercurio’, versión digital, 20 de diciembre de 2017.

[iii]Una expresión bastante elocuente de esta forma de analizar los hechos lo constituye el artículo “Guillier no quiere ser el próximo presidente”, de Ricardo Candia Cares, publicado en ‘Punto Final’ correspondiente al mes de diciembre de 2017.

[iv] Redacción: “Partido Humanista dice que Nueva Mayoría es responsable de triunfo de Piñera ‘por alejarse de demandas sociales’”, ‘El Mostrador’, 18 de diciembre de 2017.

[v] Redacción: “Fidel Espinoza dispara contra Álvaro Elizalde: ‘Tiene que haber un mea culpa por la estrepitosa derrota’”, ‘El Mostrador’, 20 de dic iembre de 2017.
[vi] Editorial: “La derrota política de la Nueva Mayoría”, ‘La Tercera’, 24 de diciembre de 2017, pág.5.

[vii] Mandiola G., Carla: “Los partidos nunca pensaron que Guillier iba a ganar”, ‘Sábado’, 30 de diciembre de 2017, N° 1006, pág.7.

[viii] Guzmán Concha, César: “Piñera arrastró votos DC, izquierda anti-concertación y activó a la derecha con “Chilezuela”, CIPER, 21 de diciembre de 2017. La negrita es original.

[ix] Novoa V., Carmen: “Estudio electoral: las mujeres terminaron inclinando la balanza a favor de Sebastián Piñera”, ‘El Líbero’, 24 de diciembre de 2017.

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