Cerro Libertad: cuando la banca es el terrateniente y el gobierno lo consiente

Por Curro Moreno

Mientras exista esta estructura económica que se enraíza de mil maneras en la estructura institucional creada por el régimen del PSOE andaluz, mientras existan ambas estructuras no podrá haber democracia para nuestro pueblo.

El campo es el futuro, tú aprende a hacer todas las labores (de la aceituna, corta, cura, recogida, etc.) y si eres bueno, no te falta trabajo en todo el año. Yo he estado en la industria, en la construcción, y todo se ha caído. Ahora, el campo no, el campo siempre está ahí, la gente siempre necesita comer”.

Con esas palabras mi manijero de la aceituna, jornalero de todos los sectores habidos y por haber, me resumía con maestría popular la importancia que la tierra tiene en Jaén y en Andalucía. A esto yo le respondía “que el campo es el futuro si, pero no así”.

Con un acaparamiento constante de cada vez más tierra en menos manos (66% de la tierra en manos del 6% de los propietarios en Andalucía), con una mecanización incesante que expulsa a jornaleras y campesinos de las tierras y los tajos, mecanización producida al 90% fuera de nuestro territorio, lo que nos hace doblemente dependientes, con una agricultura orientada a la exportación a granel y no a la transformación de cercanía y generación de valor añadido en el territorio, con una PAC que premia a quien más tiene, y un estado que recorta por abajo en vez de por arriba (pérdida de subvención a quien cobraba menos de 300€ de subvención, por ejemplo), con la extensión del monocultivo que acaba con la biodiversidad y favorece la desertización… y así podríamos continuar largo y tendido.

Con este panorama el campo es el futuro, pero para los cuatro de siempre. Bueno los de siempre no, hay algunos nuevos, entre los principales: la banca.

La burbuja inmobiliaria de antes del 2007, llevó a muchas grandes empresas inmobiliarias a invertir en tierras cultivables, en grandes fincas, bien para obtener beneficios de sus cultivos o bien para intentar la recalificación de los terrenos y pegar un pelotazo. Al quebrar estas empresas, los bancos con los que tenían negocios, reclamaron sus bienes, muchos de estos bienes eran tierras.

Entre el 30 y el 40% de las grandes fincas andaluzas se encuentran en manos de los bancos según agentes de la propiedad inmobiliaria (noticia aparecida en Canal sur el 7 de enero de 2015). La paradoja es que con estas fincas, igual que con las viviendas los bancos han llevado a a cabo todo tipo de operaciones especulativas y fraudes fiscales. Los mas comunes, transformar el valor monetario de la finca en bonos basura, que eran prestados, el prestamos era recuperado y el banco también obtenía beneficio al vender la finca. Es decir, obtenían por la finca el doble de su valor.

La otra operación, ésta de fraude, era no registrar las fincas como de su propiedad, de esta manera el banco de turno se ahorraba (defraudaba) pagar impuestos por ellas. Esto generaba también que el antiguo propietario seguía recibiendo la subvención de la PAC, por no trabajar ni tener la tierra.

No hay soberanía de Nuestra Tierra sin soberanía sobre la tierra

Si un puñado de veinte familias terratenientes, sumadas a cuatro banqueros que solo entienden de beneficios son los que deciden sobre la mayor parte de la tierra que tiene que dar de comer a nuestro pueblo, ¿Cómo vamos a tener en Andalucía soberanía, democracia, justicia ni nada que se le parezca?

Mientras exista esta estructura económica que se enraíza de mil maneras en la estructura institucional creada por el régimen del PSOE andaluz, mientras existan ambas estructuras no podrá haber democracia para nuestro pueblo.

No se puede hablar de transformar Andalucía desde la izquierda si no se contempla y se pone en el centro el problema de la tierra. Y desde luego no se puede hablar de dicha transformación firmando presupuestos que venden tierra pública, o leyes que liquidan la función social de la tierra convirtiéndola en pura mercancía.

Esta ley, la Ley de Reforma Agraria de 1984, que costó cientos de ocupaciones, huelgas de hambre masivas como las de Marinaleda, detenciones de sindicalistas y jornaleros, palos, represión…es una ley pobre, insuficiente, heredada del franquismo con cuatro retoques…pero era y es nuestra ley. Es la consecución por parte del pueblo andaluz del reconocimiento a la reivindicación de que la tierra es un bien común y tiene que tener un fin social. En una frase: que la tierra es de quien la trabaja.

Esa ley que está siendo liquidada poquito a poco desde casi su nacimiento, se le quiere dar la puntilla con la nueva “Ley de agricultura” que contempla la liquidación de todo el patrimonio agrario público andaluz. Supone el triunfo de la lógica del capitalismo sobre la tierra, paradójicamente a manos de quienes se dicen socialistas.

Está en manos de la oposición en el parlamento andaluz, de las organizaciones sindicales y agrarias, de los ayuntamientos, de la universidad andaluza, y de todas los agentes sociales de esta tierra, el generar un debate y unas acciones serias, profundas y radicales sobre esta cuestión que va mucho más allá de ser el cambio de una ley por otra. Ese debate sería sin duda un germen de unidad de acción popular más que necesario para la tarea de derribar al régimen andaluz, que la única normalidad que nos ofrece es la del paro, la emigración, la venta a precio de saldo de nuestra tierra, la represión y la prisión para quien lucha contra estos males que nuestra Andalucía tienen nombre y apellido.

La Rueda y el Cerro Libertad, o acaparamiento o gestión pública y popular de la tierra

Como teoría sin práctica y práctica sin teoría son cosas bastante inútiles, de nada serviría escribir sobre lo mala y usurera que es la banca, la Unión Europea y lo mal que nos tratan. Hay que actuar. Desde el SAT en Jaén hemos actuado contra el mal comentado en este artículo en dos ocasiones. La primera, en las finca La Rueda y Casa baja, finca de 600H en manos del BBVA y ahora propiedad de una empresario dedicado a las tripas de embutido. Las continuas ocupaciones de la Rueda, entre Jódar y Úbeda, costaron al SAT más de 60000€ en multas. Desde el principio lo dijimos: “en la Rueda, el pueblo o la barbarie” y triunfó la barbarie: jornaleros trabajando por jornales de 20€, miles de kilos de aceituna que siguen sin cogerse y pudriéndose en el suelo y estado de excepción con potentes dispositivos de la guardia civil al servicio de los terratenientes para impedir la rebusca de esos miles de kilos que se pudren en el suelo. La finca la empezó a trabajar el BBVA para impedir las ocupaciones, ahora la trabaja esta empresa cuyo negocio anterior, el de las tripas, está fuertemente subvencionado por la EU. He aquí otra muestra mas de nuestra carencia de soberanía: la UE decide lo que subvencionar, y a quien subvenciona se convierte en terrateniente, es decir, la UE fabrica terratenientes.

El segundo caso está pasando: el Cerro Libertá. Otra finca del BBVA, ésta en Jaén, de 75H en su mayoría de olivar. Finca abandonada durante 5 años que fue ocupada por 200 jornaleras y jornaleros del SAT el 1 de abril, día que Andrés Bódalo cumplía 1 año de prisión por una acción sindical en la que se reclamaba un plan de empleo para su pueblo, Jódar, con un 70% de paro en aquel año 2012. Una campaña de protesta que culminó con una huelga general local con el 100% del seguimiento.

El Cerro Libertad no para de crecer en vida, dignidad y solidaridad. Lo que reclamamos con nuestra acción que ya dura dos meses es que la tierra no puede estar abandonada mientras nos carcome el paro, la desidia y la angustia. Reclamamos que la Junta cumpla su propia ley, ya que de momento ha hecho caso omiso al escrito que le hemos presentado.

Reclamamos que la tierra tiene que estar viva y que para ello hay que hacerla diversa, acabar con el monocultivo y diversificar nuestros campos. Reclamamos que libres debemos ser y libre debe estar nuestra tierra para poder vivir en armonía en ella y con ella.

Reclamamos, queremos y sentimos que la tierra no se puede poseer, que es patrimonio del pueblo que ella habita. La tierra, ni se vende ni se compra, y la gestiona quien la cuida y la trabaja, que son las manos de los campesinos y jornaleros que la han trabajado toda la vida. Eso es dignidad, futuro y esperanza, eso es el Cerro Libertá.

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